Descubren una nueva especie de homínido Un equipo internacional de científicos, con colaboración del Museo Nacional de Ciencias Naturales, describe una nueva especie de homínido, llamada Homo naledi, cuya morfología se sitúa entre los géneros Australopithecus y Homo. Los científicos, que desconocen aún cuándo vivió este homínido, hallaron los restos de al menos 15 individuos de esta especie en el yacimiento Dinaledi en Sudáfrica. Reconstrucción de Homo naledi por el paleoartista John Gurche, que pasó más de 700 horas para recrear la cabeza a partir de los escáneres de los huesos. / Mark Thiessen/National Geographic Con una capacidad craneal de alrededor de 500 cm3, mucho menor que la de humanos actuales, Homo naledi tenía características muy cercanas al género \"Morfológicamente, los análisis Homo en cuanto a masticación, manipulación y sitúan a la nueva especie en el locomoción se refiere. Sin embargo por la estructura de origen del género 'Homo”, su torso y el juego del tórax con la pelvis, aparte de la explica Markus Bastir capacidad craneal, se acercaría más a Australopithecus, un género de primates homínidos que desapareció hace unos dos millones de años. “No disponemos todavía de dataciones así que, de momento, no podemos saber cuándo vivió, pero, morfológicamente, los análisis sitúan a la nueva especie en el origen del género Homo”, explica Markus Bastir, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC). “Además, estos fósiles indican que la evolución de aspectos tan importantes como la manipulación y la locomoción se produjo independientemente de la encefalización, es decir, del aumento del tamaño cerebral”, continúa Bastir.
Esqueleto compuesto de H.naledi. / Robert Clark/National Geographic Según los resultados de la descripción de Homo naledi, realizada por científicos de la Universidad de Witwatersrand de Johannesburgo (Sudáfrica), la Universidad de Nueva York (EE UU) y el MNCN-CSIC y publicada hoy en la revista eLIFE, la morfología de la nueva especie de homínido se sitúa entre los géneros Australopithecus y Homo. Los investigadores analizaron los restos de 15 individuos en diferentes etapas de desarrollo hallados en el yacimiento Dinaledi, encontrado en la cueva Rising Star (Sudáfrica) en 2013. Restos depositados deliberadamente En el yacimiento no se ha excavado más de un metro cuadrado, pero ya han encontrado más de 1.550 fósiles, el mayor número de restos asociados jamás encontrados en el continente africano. La importancia de este descubrimiento radica en que estos individuos no sólo pertenecieron a la misma especie, sino que eran una misma población, algo no muy frecuente en paleoantropología. En España en yacimientos como El Sidrón (Asturias) o en Atapuerca se ha encontrado algo parecido. Además, están representados la mayoría de los elementos del esqueleto. “Estamos ante una estupenda oportunidad para obtener información que nos permita reconstruir nuestra compleja historia evolutiva”, apunta el investigador. Un aspecto importante es la hipótesis que sugiere que los cuerpos fueron colocados deliberadamente por sus congéneres en la cámara Dinaledi. “Aunque las condiciones de sedimento impiden por ahora una datación, los datos apuntan a que esta especie de Homo, morfológicamente primitiva, podría haber tenido unos patrones de comportamiento más complejos de los que le atribuimos en un principio”, contextualiza Bastir. ”Al no tener la referencia de la edad geológica, el significado evolutivo es difícil de
determinar”, aclara el experto. Si la edad de los fósiles fuera más antigua de 2,6 millones de años (datación del fragmento de mandíbula descrito recientemente en la revista Science), los fósiles de H. naledi serían la representación esquelética más completa de un grupo de homínidos y la más antigua del género Homo. Pero \"si su cronología fuera menor de un millón de años, los restos encontrados serían la prueba de la coexistencia en África de especies del género Homo muy diferentes entre sí”, continúa el investigador. Para analizar los restos, la Universidad de Witwatersrand junto con el gobierno de Sudáfrica organizó en Johannesburgo en mayo de 2014 un taller denominado “Rising Star Workshop”. Financiado en gran medida también por National Geographic, se invitó a científicos especializados en las diferentes regiones anatómicas a compartir sus datos y su experiencia, para que cada especialista pudiera hacer un análisis exhaustivo relacionado con su área concreta de trabajo. La aportación española al descubrimiento Los investigadores del MNCN-CSIC, Markus Bastir y Daniel García Martínez, se centraron en el estudio del tórax de la nueva especie. A partir del análisis de los fósiles de diferentes fragmentos vertebrales y costales, han determinado cómo era la estructura del tórax de H. naledi. Los resultados detallados están en fase de publicación en el Journal of Human Evolution. El tórax es un sistema anatómico complejo compuesto El tórax de 'Homo naledi' era por más de 30 huesos entre costillas y vértebras. Los más próximo al de los paleoantropólogos casi nunca cuentan con todos los individuos del género elementos del tórax, muchas veces las costillas están 'Australopithecus' que a los de fragmentadas y nunca disponen de los tejidos blandos humanos modernos que lo componen. “Averiguar cómo se articulan las costillas a las vértebras y las vértebras entre sí, así como deducir la curvatura de la costilla a partir de un simple fragmento del hueso, forma parte de una reconstrucción muy compleja”, explica Bastir. “Eso es precisamente lo que hemos desarrollado en el laboratorio de morfología virtual de MNCN, una metodología que permite proponer reconstrucciones de una estructura tan compleja como el tórax a partir de alguna de sus partes”, continúa Daniel García Martínez. El desarrollo de este proyecto comenzó en 2011, cuando iniciaron los trabajos para modelizar un tórax neandertal. Ahora no solo saben cómo era el tórax de un neandertal sino que han logrado hacer predicciones cuantitativas de cómo ha evolucionado esta parte del cuerpo. Con una base de datos que contiene información de la estructura del tórax de Homo sapiens, así como de algunos de los grandes simios y otros primates no humanos, los investigadores pudieron comparar los datos de las especies actuales con los de los fósiles encontrados para estimar cómo era el tórax de H. naledi. Además, han determinado que, morfológicamente, su tórax era más próximo al de los individuos del género Australopithecusque a los de humanos modernos. Este mismo grupo ya descubrió en 2013 que la parte superior del tórax crece de forma independiente de la parte inferior, lo cual encaja con las teorías de otros investigadores que proponen que la evolución de estas dos partes del cuerpo se produce de forma independiente. Esto es debido a que la parte superior se vincula con los brazos mientras que la parte inferior está en coordinación con la pelvis y las extremidades inferiores.
Descubiertos nuevos fósiles del Homo naledi, el misterioso antepasado humano El paleoantropólogo Lee Berger ha anunciado en directo desde Sudáfrica el descubrimiento de huesos que, según él, pertenecerían a la especie Homo naledi. Nuevos restos fósiles han sido descubiertos en una estrecha cueva sudafricana, lo que aportará más información a lo que sabemos sobre un inusual pariente de los humanos modernos, según anunciaron los científicos responsables del hallazgo el pasado 13 de septiembre. El paleoantropólogo Lee Berger reveló en una transmisión en directo desde el sistema de cuevas de Rising Star, en Sudáfrica, que las excavaciones en curso habían revelado nuevos esqueletos en la cámara Dinaledi, justo cuatro años después del descubrimiento de la propia cámara. El yacimiento es famoso por contener los primeros fósiles de un pariente humano anteriormente desconocido llamado Homo naledi. La especie de cerebro diminuto, desvelada en 2015, posee un increíble mosaico de rasgos modernos y arcaicos. El pie del H. naledi es prácticamente idéntico al de un humano moderno, pero sus hombros y su torso son más simiescos. Sin embargo, a diferencia de descubrimientos anteriores, los excavadores descubrieron los nuevos restos en la base del «conducto», una ranura de 20 centímetros de ancho y 12 metros de largo que usan los exploradores modernos para entrar a la cámara. «Una de las grandes preguntas desde que comenzó la expedición del Homo naledi es la siguiente: ¿pasó el Homo naledi por este conducto?», dijo Berger, explorador residente de National Geographic. «Nadie creía que fuera posible; de hecho, creo que muchos de nosotros teníamos nuestras dudas».
El conducto de Dinaledi Puede parecer un detalle pequeño, pero la localización del nuevo fósil es importante ya que así podemos hacernos una idea de cómo —y por qué— este pariente humano de cerebro diminuto acabó a tal profundidad en un complejo sistema de cuevas. Berger cree que, pese al pequeño tamaño de su cerebro, el H. naledi no se quedaba atrás en intelecto. Su cerebro podría haber tenido una sorprendente estructura similar a la humana y sus manos podrían haber fabricado y manipulado herramientas, según argumenta él. Sin embargo, por ahora, los científicos no han encontrado ninguna herramienta de piedra asociada al H. naledi. Quizá la parte más polémica del debate sobre el H. naledi tiene que ver con la misma caverna de Dinaledi. El equipo de Berger argumenta que los individuos descubiertos hasta ahora debieron entrar a Dinaledi a través del conducto pero, a diferencia de los espeleólogos actuales, algunos H. naledi podrían no haber entrado vivos en la cámara. En su lugar, según postula el equipo, algunos de los esqueletos acabaron en Dinaledi debido a que la antigua especie se deshacía deliberadamente de sus muertos yendo hasta la cueva y arrojando los cadáveres por el conducto. Este tipo de comportamiento mortuorio se asocia generalmente a los seres humanos modernos y a sus parientes con cerebros grandes, incluidos los neandertales. Esta idea de deshacerse de sus muertos ha recibido una buena dosis de críticas, y algunos expertos sugieren que el H. naledi podría haber entrado a Dinaledi a través de pasadizos alternativos que podrían haberse derrumbado desde entonces. Pero si los cadáveres de H. naledi hubieran acabado en la cueva a través de esta ranura, los restos óseos probablemente habrían estado apilados en un cono de escombros cerca de la boca del conducto. Cerca de la parte inferior de este cono de escombros, el equipo afirma haber descubierto huesos sepultados en sedimentos y, según Berger, pertenecerían a un H. naledi. «La importancia del descubrimiento es que significa que el H. naledi, o al menos algunos de ellos, sí bajaron por el conducto, bajaron a través de esos estrechos confines», dijo. «Creo que es un gran descubrimiento para nosotros, muy emocionante para la paleoantropología». Sin embargo, llevará meses o incluso años realizar estudios científicos formales de los restos. El equipo tampoco ha especificado en qué capa de sedimentos de la cueva encontraron los nuevos esqueletos, por lo que actualmente es imposible confirmar la antigüedad de los huesos. Si se encontraron en la capa que contenía los restos de H. naledi de 2015, probablemente tendrían entre 236.000 y 335.000 años de antigüedad. Aunque el estudio de los nuevos huesos acaba de empezar, los científicos del equipo son prudentemente optimistas. «Hemos recuperado varios especímenes de homínidos similares de una zona cercana a la base del conducto, bajo la superficie sedimentaria actual», explica el paleoantropólogo de la Universidad de Wisconsin- Madison John Hawks, miembro del equipo de Rising Star. «Por esta razón estamos tranquilos al afirmar que podríamos haber alcanzado el objetivo principal de esta excavación en la cámara Dinaledi».
¿Convivió este misterioso hombre-simio con nuestros antepasados? Después de añadir al Homo Naledi al árbol genealógico humano, los investigadores han revelado que la especie sería más joven de lo que sugiere su cuerpo inusualmente primitivo.jueves, 9 de noviembre de 2017 Este Homo naledi, elaborado con arcilla y moldeado con silicona por el paleoartista John Gurche, fue elaborado a partir de los restos de cráneo hallados en las cámaras del sistema de cuevas de Rising Star, la cámara Dinaledi y la cámara Lesedi. El esqueleto del H. naledi tenía características primitivas, pero la cara, el cráneo y los dientes muestran rasgos modernos, pruebas suficientes para justificar su colocación en el género Homo. foto por Mark Thiessen / Revista National Geographic Un año y medio después de añadir un nuevo y desconcertante miembro al árbol genealógico humano, un equipo de investigadores que trabajaba en Sudáfrica nos ha proporcionado información adicional: la especie sería mucho más joven de lo que sugiere su extraña morfología primitiva y podría haber compartido su hábitat con los primeros Homo sapiens. Este impresionante tesoro oculto de restos de homínidos, descubierto por primera vez en 2013 por dos espeleólogos que exploraban el sistema de cuevas de Rising Star, en Sudáfrica, es el único yacimiento fósil de este tipo jamás encontrado en África, así como el más abundante. Los restos pertenecían a una especie de cerebro pequeño, con hombros y torso parecidos a los de un simio, pero también con algunas características humanas inconfundibles. El nombre de este mosaico de huesos es Homo naledi, palabra que en el idioma sesotho significa «estrella». Y ahora, la estrella de la especie brilla en todo su esplendor. En los trabajos publicados el martes en la publicación eLife, el equipo dirigido por el paleoantropólogo de la Universidad de Witwatersrand (Wits), Lee Berger, ha asignado un margen de edad a los restos de los que se informó por primera vez en 2015: entre 236.000 y 335.000 años de edad. El equipo también ha descrito una segunda cámara dentro de Rising Star que contiene los restos de un Homo naledi, todavía sin datar. De confirmarse, estas fechas podrían implicar que, mientras nuestra propia especie estaba evolucionando a partir de otros antepasados de cerebro grande, un linaje primitivo en la sombra, de cerebro pequeño, perduraba desde un período mucho más temprano, quizá desde hace dos millones de años o más. La franja de edad propuesta para los fósiles también se superpone con el principio de la Edad de Piedra
intermedia, lo que supondría una posibilidad provocativa, aunque todavía por demostrar: el registro de herramientas de piedra en Sudáfrica desde ese momento no habría sido solamente la obra de los seres humanos anatómicamente modernos. «¿Cómo sabemos que estos yacimientos a los que denominamos [ejemplos de] la aparición del comportamiento humano moderno no pertenecían a los Homo naledi?», afirma Berger, quien también es un explorador residente de National Geographic. «Puedes imaginarte lo perturbador que esto podría ser». LA PIEZA PERDIDA DEL PUZZLE Cuando el Homo naledi debutó públicamente en 2015, varios detalles clave de la especie todavía acechaban en las sombras. ¿De qué forma estaba emparentado el H. naledi con otras especies de homínidos? ¿Era este el \"Homo raíz\" en el árbol del linaje de nuestro género, como sugeriría su morfología? «Sin datar, estos fósiles son meras curiosidades antes que un punto de inflexión», declaró William Jungers, paleoantropólogo de la Universidad Estatal de Nueva York, Stony Brook, en una entrevista en 2015.«Su lugar en el árbol genealógico se verá influenciado por su edad: son una ramita en busca de un tronco». Algunos estudios posteriores intentaron llenar el vacío estimando de forma estadística la edad del H. naledi, basándose en las comparaciones de su cráneo y sus dientes con los de otros homínidos. Uno de ellos situaba a la especie aproximadamente dos millones de años atrás, año arriba, año abajo. El otro, un estudio de la investigadora de la Universidad Simon Fraser, Mana Dembo, sugería que tenía unos 912.000 años de antigüedad... es decir, más o menos un millón de años. Pero durante todo ese tiempo, el equipo de Berger tenía la corazonada de que el H. naledi era más joven. «Ver esto ha sido algo precioso, porque mientras todos estos estudios se publicaban, sabíamos que iba a tener menos de medio millón de años de edad», afirma Paul Dirks, geólogo en la Wits y James Cook University. Dirks explicó que el equipo prefirió no sacar nada a la luz una propuesta de fecha para los especímenes, ya que si los datos iniciales eran incorrectos, los escépticos se habrían aprovechado de este fallo como prueba de la imprudencia del equipo. Pese a todo, se trata de una crítica que el equipo todavía recibe por su vertiginoso ritmo de publicación. La inusual falta de restos de fauna en la cueva también
implicaba que la datación requeriría la realización de un muestreo destructivo de los inestimables fósiles. Por ello, después de que se describieran los fósiles, Dirks y otros 19 científicos decidieron aplicarles los procesos metodológicos ordinarios, usando seis métodos diferentes de datación para acotar lo máximo posible la edad del H. naledi. Para empezar, emplearon datación radiométrica sobre las coladas –capas de calcita depositadas por el flujo de agua– que habían cubierto parte de los restos del H. naledi. Dos laboratorios demostraron de forma independiente que la colada tenía unos 236.000 años, lo que significaría que los restos subyacentes del H. naledi tendrían que ser más antiguos. Conseguir probar una edad máxima resultó más difícil, ya que no existía una capa inferior de colada bajo los fósiles. El equipo llegó a un límite superior –de 335.000 años– sometiendo los granos sedimentarios y tres dientes de H. naledi a una serie de métodos de datación, algunos de ellos basados en la dosis de radiación que los materiales habían recibido tras haber estado expuestos a la radiactividad natural de la cueva. «Cuando acabamos, teníamos una gran confianza en los resultados», afirma John Hawks, paleoantropólogo de la Universidad de Wisconsin-Madison que forma parte del equipo del H. naledi. Hawks y Berger hablan de la datación y la historia completa del descubrimiento del H. naledi en un libro recién publicado de National Geographic, Almost Human. Jungers, que actualmente trabaja como investigador asociado en la Asociación Vahatra de Madagascar, afirma que la nueva datación señala de nuevo el hecho de que atribuir una edad a los fósiles basándose en su forma plantea riesgos. «El Homo naledi (al igual que el Homo floresiensis) coloca otro clavo en ese ataúd analítico», escribió por correo electrónico. El H. floresiensis, apodado «el Hobbit», era una especie diminuta y de cerebro pequeño que existió en la isla indonesia de Flores hasta hace unos 60.000 o 100.000 años. Warren Sharp, geocronólogo de la Universidad de California, Berkeley, que no participó en el estudio, aplaude al equipo por la meticulosidad de su esfuerzo. Sin embargo, insiste en que el límite de edad superior del equipo requiere necesariamente establecer un modelo de la radiactividad y del comportamiento de la cueva a través del tiempo, una tarea que entraña una gran dificultad. «Puede que hayan hecho el mejor trabajo posible con esas técnicas... [pero] las fechas de los dientes son en esencia menos convincentes», afirma Sharp. «No estoy diciendo que sea culpa de los autores. Sólo digo que es una noción con la que tenemos que vivir». UN RAYO DE LUZ EN LA OSCURIDAD Berger y sus colegas también anunciaron el martes que se ha encontrado una segunda cámara en el sistema Rising Star que contiene fósiles de H. naledi, descubiertos durante el trabajo de campo en noviembre de 2013 por Steven Tucker y Rick Hunter, los mismos espeleólogos que habían encontrado el primer tesoro escondido en una cueva llamada Dinaledi. La segunda cámara, llamada Lesedi – palabra que significa «luz» en idioma setsuana–, se encuentra a más de 90 metros de la cámara Dinaledi, que contenía más de 1.500 restos fósiles de H. naledi. Hasta la fecha se han recuperado cerca de 130 especímenes más en la cámara Lesedi, pertenecientes a dos adultos y a al menos un niño. Uno de los dos esqueletos adultos, probablemente un varón, se conserva sorprendentemente completo, e incluye un cráneo que conserva muchos huesos faciales, lo que aportaría la
información crucial que faltaba en el hallazgo original. No es de extrañar que el equipo nombrase a este individuo Neo, palabra que en sesotho significa «regalo». «Realmente, [Neo] se puede comparar con el estado de conservación del esqueleto Lucy», dice Hawks, refiriéndose al famoso esqueleto de 3,2 millones de años de antigüedad de un Australopithecus afarensis encontrado en Etiopía. «Nos faltan algunas partes que Lucy sí tiene; y tenemos algunas partes que Lucy no tiene». Al igual que la cámara Dinaledi, cuya entrada es una ranura de poco más de 17 centímetros de ancho, la cámara Lesedi también plantea desafíos únicos para las excavaciones arqueológicas. Marina Elliott, científica de exploración de Wits que ha dirigido excavaciones en ambas cámaras, afirma que, aunque Lesedi no es tan difícil de alcanzar como Dinaledi, sí es más difícil de excavar. Encontraron a Neo en un estrecho hueco «ciego» de menos de 60 centímetros de ancho. «Básicamente excavé acostada sobre mi pecho o en posición fetal, con mis dos hombros inmovilizados por la roca a ambos lados», explica. «Es una tarea muy difícil físicamente; he intentado hacer mucho yoga para ser capaz de hacerlo». Ni siquiera Berger ha puesto los pies en Dinaledi, y sólo se ha aventurado en Lesedi en una ocasión. Durante su regreso a la superficie, se quedó atascado durante casi una hora y sus colegas tuvieron que sacarlo tirando de cuerdas atadas a sus muñecas. Ahora sus compañeros se refieren a eso como «squeeze the Berger Box», o algo así como «tocar el acordeón Berger» (squeezebox significa acordeón en inglés). Marina Elliott, científica de exploración de la Universidad de Witwatersrand, abajo, se prepara para excavar los restos del Homo naledi encontrados en la cámara Lesedi dentro del sistema de cuevas de Rising Star en 2014 en Sudáfrica. La ayudan los paleontólogos Ashley Kruger, en el centro, y Dirk van Rooyen. El ordenador permite al paleontólogo Lee Berger seguir su progreso desde la superficie. foto por Elliot Ross, revista National Geographic UN CUERPO LLENO DE PRUEBAS A la luz del descubrimiento en la cámara de Lesedi, el equipo de Berger ha reivindicado una de sus hipótesis más polémicas: que, de alguna forma, el H. naledi utilizó el sistema de cuevas de Rising Star como un lugar en el que deshacerse de
sus muertos. Esa audaz teoría surgió por la simple rareza de la cámara Dinaledi, una rareza que comparte con la cámara Lesedi. Las cámaras contienen casi exclusivamente restos del H. naledi, algo muy inusual (aunque Lesedi contiene algunos restos de fauna). Es más, Berger y sus colegas todavía no han encontrado entradas alternativas a las cámaras. «¿Cuáles son las probabilidades de que el responsable de las acumulaciones de múltiples cuerpos, adultos y jóvenes, fuera un fenómeno natural que los hubiera depositado en dos partes separadas de la cueva, en circunstancias de deposición muy similares, y que además encontremos ambas cuevas?», explica Hawks. «Es muy difícil creer que se trate de una especie de coincidencia». Algunos expertos exigen más pruebas de siquiera sopesar esta idea. «Muchos expertos (yo entre ellos) consideramos que este comportamiento complejo es improbable en una criatura con un cerebro de un tamaño similar al de un gorila, particularmente porque sería necesario añadir un requisito para el uso controlado del fuego (para encenderlo)», declaró Chris Stringer, antropólogo del Museo de Historia Natural de Londres, quien revisó los artículos recién publicados. Además, los arqueólogos y los miembros del equipo advierten de que si el H. naledi realmente hubiera dispuesto allí a sus muertos, no significa necesariamente que le impulsara una razón o un ritual humano. «Lo que sí es seguro es que aquí pasó algo realmente extraño», afirma Aurore Val, estudiante postdoctoral de Wits que criticó la hipótesis de que estos homínidos se deshacían de sus muertos en un ensayo de 2016. «Hay que ser precavidos con las prácticas mortuorias... no cavaban agujeros ni hay presencia de herramientas. Este no es un ritual per se, como los que observamos en el Homo sapiens y en los neandertales». «Creemos que los seres humanos son muy inteligentes y tienen razones para todo», declaró Hawks. «No pienso en la razón, lo más simple que puedes hacer es asegurarte de que los depredadores no devoren estos cuerpos o que no queden a merced de los elementos». UN TIEMPO Y UN LUGAR Berger y su equipo todavía no han datado los restos de Lesedi, y las fechas que tienen de Dinaledi no demuestran la longevidad de H. naledi como especie. Pero la breve instantánea que ofrecen las fechas sí incluye el comienzo de la Edad de Piedra intermedia, época en la que el género Homo seguía siendo un arbusto diverso y enmarañado, no el linaje podado de una única especie que observamos hoy. Entre 230 a 330.000 años atrás, no sólo había precursores humanos anatómicamente modernos en este entorno: habrían existido neandertales en Europa y Asia, denisovanos en Asia, quizá algunos reductos eurasiáticos de nuestros antepasados Homo erectus, así como los precursores del H. floresiensis. En medio de este panteón, el H. naledi sería el primer homínido conocido que vivió en África en ese momento. Sin embargo, todavía no está claro cómo encaja el H. naledi en el árbol de la humanidad. La mayoría de los investigadores coinciden en que el antepasado inmediato del Homo sapiens fue el Homo erectus, que apareció por primera vez hace 1,8 millones de años. Pero un análisis realizado por Berger y sus colegas sugiere que, a pesar de la edad más reciente de los restos del H. naledi, su morfología sugiere que podría tratarse de un candidato mejor para nuestro progenitor, y que habría sobrevivido de forma paralela durante millones de años dando lugar posteriormente a la rama que se prolonga hasta los seres humanos modernos.
Otros científicos creen que es más probable que los restos de Rising Star representen un linaje descendiente que sobrevivió en una especie de callejón sin salida continental, como hizo el H. floresiensis en su refugio isleño. «Quizá al final no se sitúe en la línea directa que lleva hasta los seres humanos», afirma William Kimbel, director del Instituto de Orígenes Humanos en la Universidad Estatal de Arizona. «Pero eso no significa que no sea importante. Resulta fascinante». Y puesto que el registro fósil en el África subsahariana es todavía escaso, resultaría probable que el H. naledi no hubiera estado solo. «No debemos sorprendernos de que existiesen otros experimentos evolutivos en el Pleistoceno que hubieran contribuido o no a la aparición del Homo sapiens», escribió Jungers por correo electrónico. «El Homo naledi sugiere que África probablemente alberga otras sorpresas paleoantropológicas». El equipo de Berger también sostiene que si el H. naledi y los seres humanos modernos hubieran convivido, las herramientas de piedra de ese periodo de tiempo encontradas por toda Sudáfrica podrían no haber sido obra de los humanos. «Hemos asumido que esta [fabricación de herramientas] representa un signo de la complejidad humana moderna, pero el hecho es que esta es una zona del mundo donde el naledi es el homínido mejor documentado», explicó Hawks. Reconstruyendo la cara de un nuevo antepasado: el Homo Naledi «La gente se precipita y asume que [los fabricantes de herramientas] eran humanos modernos», añade Berger. «Pero si vas a jugar conforme a las reglas científicas, alguien como yo podría recostarse en su cómoda silla mientras fuma en pipa y decir: '¿Ah sí? Pruébalo'». Con una valentía similar, el equipo de Rising Star también argumenta que el H. naledi podría indicar que el África subecuatorial fue la principal impulsora de la diversidad de los primeros homínidos. Esto contrasta con la afirmación de que el África oriental fue la incubadora de la evolución temprana de la humanidad, un relato que descansa impreso sobre yacimientos en los que abundan los fósiles de homínidos en Etiopía, Kenia y Tanzania. Berger reconoce que su argumento resulta polémico. Pero también le enfurece la sugerencia de que el H. naledi representa solo un intrigante espectáculo secundario de la evolución, mientras que el África oriental fue el escenario principal de este acontecimiento. «No es así como debemos leer los mapas, la evolución no ocurre de esa forma, ni tampoco era este el objetivo de la expansión de homínidos», afirma. Bernard Wood, paleoantropólogo de la Universidad George Washington, señala que, en cualquier caso, el debate sobre el origen del Homo podría estar intensificándose innecesariamente. «Debemos asegurarnos de no caer en la trampa de asumir que todos los acontecimientos importantes en la evolución de los homínidos tuvieron lugar allí donde hemos tenido la buena suerte de encontrar fósiles\", dice Wood. «No tiene mucho sentido revocar una hipótesis equivocada del Jardín del Edén con otra hipótesis igualmente equivocada de otro Jardín del Edén. Debemos calmarnos, respirar profundamente [y] celebrar el hecho de que esta es una prueba interesante».
Al menos parece que Rising Star será motivo de más celebraciones en los próximos años. Hawks estima que, hasta ahora, menos del cinco por ciento de la cámara Dinaledi ha sido excavada y que Lesedi probablemente contiene otros restos. El equipo también está explorando otros sistemas de cuevas cercanos, en busca de pruebas adicionales de nuestros primos lejanos. «También debe alentarnos para no abandonar la esperanza en la exploración», afirma Elliott. «La exploración no está muerta».
El ‘Homo naledi’ era más joven de lo que se pensaba Hace dos años el descubrimiento en Sudáfrica de una nueva especie de homínido la situaba en el origen del género Homo, en hace unos dos millones de años. Sin embargo, el hallazgo de nuevos restos fósiles de Homo naledi y el uso de técnicas de datación han permitido estimar que la especie vivió hace entre 226.000 y 335.000 años, mucho antes de lo que se pensaba, por lo que pudo coincidir incluso con los humanos modernos. cráneo de Homo naledi de la cámara Lesedi. / Wits University / John Hawks Uno de los grandes descubrimientos del 2015 fue la presentación de una nueva especie de homínido denominado Homo naledi, con una morfología arcaica que se encuentra entre el Australopithecus y el género Homo. En aquel momento no existía una respuesta clara sobre la datación de estos fósiles pero los primeros estudios, basados en aspectos morfológicos, indicaban que el Homo naledi vivió hace unos dos millones de años. Sin embargo, el hallazgo de una nueva cámara con unos 130 restos ha permitido a los científicos realizar unos trabajos de datación más exactos que ubican a la especie en una cronología mucho más reciente. Los últimos análisis apuntan a que este homínido pudo coincidir con otras especies de homínidos y con los humanos modernos, en un rango que los científicos acotan entre hace 226.000 y 335.000 años. “Hemos hecho pruebas con el método doble-ciego (que previene que los resultados estén influidos por el sesgo del observador) en las técnicas de datación más punteras y todas se han replicado, dándonos mucha confianza en las conclusiones”, explica a Sinc John Hawks, de la Universidad de Winsconsin-Madison (EE UU) y uno de los autores principales de la serie de estudios sobre el tema que se publican hoy en la revista eLife. “Lo sorprendente es que el Homo naledi existió hasta hace poco tiempo, junto con los humanos arcaicos y potencialmente los humanos modernos. Esto significa que tenemos que volver a examinar el resto de los registros fósiles para entender cómo todo esto se relaciona entre sí”, añade Hawks. Convivencia de Homo naledi y Homo sapiens Los primeros análisis de los restos encontrados en 2015 mostraban que el Homo naledi compartía muchos rasgos con las primeras especies de homínidos que vivieron hace dos millones de años y se asumió que tenían una edad similar. Los nuevos trabajos de datación se han llevado a cabo por un equipo internacional formado por investigadores de Australia, EE UU, Sudáfrica y España, en el que se encuentra el
Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) de Burgos. “Realmente no se han datado de verdad los restos hasta ahora. Se hicieron muchas interpretaciones basadas en la morfología de los restos fósiles, pero sin métodos de datación independientes”, cuenta en declaraciones a Sinc Mathieu Duval, uno de los investigadores del CENIEH. Con estos nuevos datos se estima que la diversidad de homínidos alrededor del mundo fue mucho mayor de lo que se piensa y sobre todo se replantea el lugar que ocupa el Homo naledi en el árbol genealógico del género Homo. “El Homo naledi es claramente una especie primitiva del género Homo a pesar de los rasgos que comparte con los humanos arcaicos y modernos”, establece Lee Berger, de la Universidad de Witwatersrand (Sudáfrica), colíder del equipo y uno de los descubridores de la especie en 2015. Los investigadores creen ahora que el Homo naledi vivió en el mismo tiempo y lugar que los humanos modernos. Los estudios de los restos, especialmente calaveras y dientes establecen, según Duval, dos posibles escenarios para las relaciones de esta especie. Comparativa del esqueleto de \"Lucy\" (izquierda) y \"Neo\" (derecha). / Wits University / John Hawks “Un primer escenario supondría que el Homo naledi pudo emerger cerca del origen del género Homo, al mismo tiempo que el Homo habilis, Homo rudolfensis y Homo erectus. La segunda opción es que puede estar más relacionado con los humanos arcaicos y modernos, convirtiendo al Homo erectus en una rama divergente del Homo”, explica el investigador del CENIEH. No obstante, advierte Duval, “las pruebas no nos permiten excluir ninguna de las dos posibilidades”. La coexistencia entre estas especies también permite especular sobre otros aspectos como, por ejemplo, la tecnología. No se encontraron herramientas de piedra entre los restos, así que aún se ignora si eran capaces de elaborar artefactos líticos. Sin embargo, muchas de las herramientas encontradas en África se han atribuido a los humanos modernos y a sus ancestros aún sin que se hayan encontrado restos fósiles. “Los nuevos resultados ofrecen ahora una incertidumbre adicional sobre la autoría de estas herramientas líticas”, apunta Duval. Un esqueleto más completo que el de Lucy La primera cámara, encontrada en 2013, llamada por los científicos Dinaledi, contenía más de 1.550 fósiles pertenecientes a 15 individuos. La nueva, bautizada como Lesedi –‘luz’ en el idioma Setswana–, se encuentra a 100 metros de la primera.
En ella se han encontrado 130 fósiles que pertenecen a tres ejemplares, dos adultos y un joven, de entre los que destaca un cráneo “maravillosamente completo”, según John Hawks. \"El esqueleto descubierto es técnicamente más completo que el fósil de Lucy\", dice el científico De entre los restos recuperados, los más llamativos son los de uno de los ejemplares adultos, al que se ha llamado Neo. Según los autores, los fósiles han permitido una reconstrucción muy completa de su esqueleto, en especial la calavera que aporta que conserva gran parte de la cara, incluyendo los huesos de la región interna del ojo y la nariz. “El esqueleto de Neo es uno de los más intactos jamás descubiertos. Técnicamente es más completo que el fósil de Lucy teniendo en cuenta el estado de conservación de cráneo y la mandíbula\", apunta Lee Berger. Para los autores, el estado de conservación de estos huesos añade muchos más detalles y ayuda a confirmar aspectos que ya se conocían tras el análisis de los primeros restos de este homínido. “Este esqueleto conserva la clavícula y un fémur casi completo, lo que permite corroborar lo que ya sabíamos sobre su estatura y tamaño, y también que era capaz de caminar perfectamente y de escalar. Las vértebras, que están muy bien conservadas y son únicas, tienen una forma que solo habíamos visto en los neandertales”, explica Hawks. Almacenamiento de cuerpos en cámaras funerarias Las cámaras forman parte del sistema de cuevas Rising Star y se encuentran muy cerca entre sí. Esta cercanía y el hecho de encontrar restos de varios individuos en ellas sugiere a los científicos la idea de que el Homo naledi confinaba allí a sus muertos, un comportamiento que podría ser muestra de que tenían una gran inteligencia y, posiblemente, los primeros atisbos de cultura. \"Podríamos estar ante las raíces más profundas de las prácticas culturales de la humanidad”, señala el autor “Esto añade peso a la hipótesis de que el Homo naledi usaba lugares oscuros y remotos para enterrar a sus muertos. ¿Qué posibilidades hay de que un hecho casi idéntico ocurra por casualidad?”, observa Hawks. Este tratamiento a los muertos es similar al de otras especies. Por ejemplo en España, en el yacimiento de la Sima de los Huesos, se han encontrado cuerpos neandertales almacenados de hace unos 400.000 años. “Lo llamativo es que el cerebro del Homo naledi medía una tercera parte del nuestro. Claramente no eran humanos pero tenían un comportamiento reconocible, un cuidado por otros individuos que continuaba después de sus muertes. Creo que podríamos estar ante las raíces más profundas de las prácticas culturales de la humanidad”, concluye Hawks. Los restos almacenados en ambas cámaras proveen a los científicos del registro más completo de una especie homínida más allá de humanos y neandertales: unos 2.000 fósiles que suponen los esqueletos de 18 individuos.
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