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PSYC225_M2_VOCABULARIO

Published by Recinto Online, 2019-11-08 11:51:10

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Módulo 2: Investigación en la Psicología Social VOCABULARIO

CONTENIDO YO............................................................................................................................ 3 AUTOESTIMA.......................................................................................................... 5 CONCEPTO PROPIO.............................................................................................. 6 PERCEPCIÓN SOCIAL ........................................................................................... 9 ATRIBUCIONES .................................................................................................... 11 ESTEREOTIPO...................................................................................................... 12 DISCRIMINACIÓN, EN GRUPOS Y FUERA DE GRUPO ..................................... 15 COMPORTAMIENTO NO VERBAL ....................................................................... 16 PROFECÍA DEL AUTO-CUMPLIMIENTO ............................................................. 19 TEORÍAS DE ATRIBUCIÓN .................................................................................. 21 REFERENCIAS...................................................................................................... 25

YO En la psicología conceptos como “Yo”, “Ego” o “Self” son utilizados a menudo para designar la dimensión autorreferencial de la experiencia humana. La percepción de continuidad y coherencia, y por tanto el desarrollo del sentido de la identidad, depende de que concibamos una parte de nosotros mismos como el sujeto que protagoniza nuestra vida. Desde que a finales del siglo XIX William James (1842-1910) distinguiera entre el “Yo” como observador y el “Mí” como objeto de la experiencia, ha surgido un gran número de teorías que intentan definir qué es el Yo (Figueroba & Barcelona, 2018). El Yo en el psicoanálisis En la teoría de Sigmund Freud (1856-1939) el Yo es entendido como la parte consciente de la mente, que debe satisfacer los impulsos instintivos e inconscientes del Ello teniendo en cuenta las exigencias del mundo externo y de la propia conciencia -el Superyó, constituido por normas sociales interiorizadas. El Yo o la identidad sería, por tanto, una instancia intermedia entre la biología de un individuo y el mundo que lo rodea. Según Freud sus funciones incluyen la percepción, el manejo de información, el razonamiento y el control de los mecanismos de defensa. Su discípulo Carl Gustav Jung (1875-1961) definió el Yo como el núcleo de la consciencia; todo fenómeno psíquico o experiencia vital que sea detectado por el Yo pasa a ser consciente. Así, el sentido del Yo se

entiende como una estructura compleja con un doble componente: somático y psíquico. Además, para Jung el Yo, centro de la identidad, está inmerso en el Sí mismo (“Self”), que constituye núcleo de la personalidad en general; el Self incluye lo inconsciente, además de la parte consciente de la experiencia. Sin embargo, somos incapaces de experimentar el Self de forma completa puesto que estamos anclados al Yo y a la consciencia (Figueroba & Barcelona, 2018). Los roles sociales del Yo En las ciencias sociales de la primera mitad del siglo XX gozó de una popularidad notable el interaccionismo simbólico, una corriente teórica que planteaba que las personas interpretamos el mundo y sus elementos a partir de los significados que se les otorgan socialmente. El Yo se construye a partir de la interacción cara a cara y de la estructura social. Si hablamos del Yo y de la identidad, dentro del interaccionismo simbólico cabe destacar el modelo dramatúrgico de Erving Goffman (1922- 1982). Este autor opinaba que las personas, como si fuéramos actores, intentamos aparentar consistencia ante las demás mediante la adopción de roles. Para Goffman el Yo no es más que el conjunto de roles que representamos. Posteriormente el psicólogo social Mark Snyder (1947- ) desarrolló su teoría de la autoobservación o automonitorización. Este modelo afirma que las personas altas en autoobservación adaptan sus roles, y por tanto su identidad, a la situación en la que se encuentran; por contra,

quienes se automonitorizan poco muestran más el “Yo” con el que se identifican (Figueroba & Barcelona, 2018). AUTOESTIMA La autoestima es el conjunto de percepciones, imágenes, pensamientos, juicios y afectos sobre nosotros mismos. Es lo que yo pienso y siento sobre mí. La satisfacción de cada uno respecto de sí mismo (Castilla y León, n.d.). • Características: o No es innata o Se desarrolla a lo largo de la vida o Podemos modificarla o Está influenciada por el contexto • Componentes: o Cognitivo: La descripción que tiene cada uno de sí mismo en las diferentes dimensiones de su vida. Incluye la opinión que se tiene de la propia personalidad y conducta, así como las ideas, creencias, etc. sobre sí mismo. \"Lo que pienso\" (Castilla y León, n.d.). o Afectivo: Es el resultado de la valoración que realizamos de la percepción de nosotros mismos. Supone un juicio de valor sobre nuestras cualidades personales, la respuesta afectiva ante la percepción de uno mismo. \"Lo que siento\" (Castilla y León, n.d.). o Conductual: Es el proceso final de la valoración anterior, que se plasma en la decisión e intención de actuar.

Lógicamente, nuestras acciones vendrán muy determinadas por la opinión que tengamos de nosotros mismos. “Lo que hago\" (Castilla y León, n.d.). La autoestima es una de las variables psicológicas más importantes para la salud emocional, el bienestar y es clave en nuestra relación positiva con el entorno. Pero, por desgracia, no todo el mundo posee una autoestima alta (García-Allen, 2019). Los estudios aseguran que este aspecto tan importante de la personalidad no es algo estático, sino que puede variar a lo largo de la vida de una persona, y según afirma la psicóloga Silvia Congost, autora de del libro “Autoestima Automática” (García-Allen, 2019). Su desarrollo depende aproximadamente en un 30% de factores genéticos, y el resto, es decir un 70%, depende del entorno y de las experiencias que nos ha tocado vivir (García-Allen, 2019). CONCEPTO PROPIO El concepto que cada uno de nosotros tiene de sí mismo consiste en quién y qué pensamos que somos. Generalmente todos tenemos una idea más o menos clara de quiénes somos; de nuestras características físicas y psicológicas; de nuestras virtudes y deficiencias; de nuestra personalidad en general (Rochín, 2012). Algunas de estas ideas son positivas, algunas son negativas, pero siempre influyen, ya sea consciente o inconscientemente, en nuestra manera de ser y presentarnos ante el mundo. El concepto de sí mismo

está formado por todas las creencias y actitudes que tiene la persona respecto a sí mismo (Rochín, 2012). Abarca un conjunto bastante amplio de representaciones mentales, que incluyen imágenes y juicios, no sólo conceptos, que el individuo tiene acerca de sí mismo y que engloban sus distintos aspectos corporales, psicológicos, sociales y morales (Rochín, 2012). Esto determina lo que la persona es, lo que piensa, lo que hace y lo que puede llegar a ser. Ciertamente el concepto que tenemos de nosotros mismos afecta en nuestro comportamiento porque es parte del núcleo central de nuestra personalidad (Rochín, 2012). Pues bien, en la infancia es cuando empezamos a formar nuestro carácter y por ende vamos acumulando ideas sobre nosotros mismos a través de la información que recibimos del medio ambiente y de las personas con quienes interactuamos, principalmente los padres, profesores, compañeros, etc (Rochín, 2012). Cada palabra o estímulo significativo en nuestra vida nos ha dejado huella en nuestra imagen de nosotros mismos; es así como, por medio de las experiencias vividas, nuestra personalidad y la idea de quienes somos se ha formado (Rochín, 2012). A nivel de la conciencia todo esto suena bastante lógico, pero debemos tener en cuenta que siempre hay factores inconscientes que también determinan nuestro comportamiento y que se han adquirido de la misma manera que aquellos de los que sí somos conscientes, pero que muchas de las veces nos traen inseguridad en lugar de confianza (Rochín, 2012). Es por eso que algunas personas tienen una autoestima elevada y eficiente y otras no. Si el medio ambiente no nos proporcionó la

satisfacción de nuestras necesidades o la estimulación adecuada de nuestra propia estima (promoviendo valores, actitudes y comportamientos; alentando habilidades e intereses; apoyando en las deficiencias para superarlas o corregirlas; motivando el desarrollo personal y celebrando logros) el resultado casi siempre será un concepto pobre e ineficiente del sí mismo (Rochín, 2012). En cambio, si el medio ambiente fue satisfactorio en lo antes mencionado presentaremos una autoestima eficiente y apropiada para manejarnos en el mundo y relacionarnos de manera estable y funcional (Rochín, 2012). Como vemos, tenemos en nuestra mente una carta de presentación ante el mundo y es nuestro concepto de sí mismo, que no fue heredado, sino aprendido (Rochín, 2012). Un dato curioso es que la mayoría de las veces nuestro concepto de sí mismo está distorsionado. Lo podemos observar cuando lo que pensamos no tiene congruencia con lo que decimos y lo que decimos no tiene congruencia con lo que hacemos (Rochín, 2012). Muchas veces nuestras ideas respecto a nosotros mismos no tienen parecido con lo que los demás piensan de nosotros, esto quiere decir que dichas ideas se han formado a base de fantasías neuróticas y disfuncionales, ya que no reflejan la realidad de nuestro comportamiento (Rochín, 2012). En todo caso la solución a esta problemática tiene que ver con la disposición de revisar nuestros pensamientos y comportamientos, y reflexionar si verdaderamente son congruentes; necesitamos enfrentar la realidad cuando la imagen que supuestamente presentamos ante el mundo tiene poco que ver con lo que el mundo percibe de nosotros.

A veces pensamos que somos inteligentes, pero el mundo percibe soberbia y desdén, lo que nos formaría una imagen de inmadurez ante los demás (Rochín, 2012). A veces pensamos que somos amorosos y bondadosos, pero el mundo percibe a una persona necesitada de aceptación y poco inteligente. Otras veces podemos afirmar que somos correctos y responsables pero nuestras acciones reflejan ambigüedad, pero el mundo percibiría esto como una manera de evitar responsabilidades, lo cual no sería congruente con nuestro concepto de sí mismo (Rochín, 2012). Es por esto que es necesario revisar si realmente nuestras ideas respecto a nosotros mismos son claras y funcionales en relación con la realidad, con lo que hacemos y lo que el medio ambiente percibe de nosotros (Rochín, 2012). Es común que tengamos una imagen ideal de cómo nos gustaría ser y que las personas nos vieran de tal manera, pero a veces la realidad dicta otra cosa. Lo importante es trabajar sobre la aceptación de nuestra personalidad de manera correcta, no en su totalidad cuando presentamos conductas que dañan a otros o a nosotros mismos, sino haciendo los cambios necesarios en nuestros pensamientos para poder hacerlos en nuestro comportamiento y vivir de una manera congruente y por ende mucho más felices (Rochín, 2012). PERCEPCIÓN SOCIAL La percepción social es el estudio de las influencias sociales sobre la percepción. Hay que tener en cuenta que las mismas cualidades

pueden producir impresiones diferentes, ya que interactúan entre sí de forma dinámica (Pérez Porto, y Gardey, 2008). Percepción hace referencia a la elaboración e interpretación de los estímulos captados para cada uno de los órganos de los sentidos un ser vivo. Se trata de un proceso cognitivo que cada individuo realiza de forma diferente para el cual se utilizan una serie de preconceptos que sirven para discriminar más rápidamente aquello a lo que nuestro organismo se ve expuesto (Pérez Porto, y Gardey, 2008). De tal forma, por ejemplo, que al tocar con nuestra mano algo que está muy caliente, rápidamente retiramos la mano porque comprendemos que eso nos hace daño. Las impresiones cuentan con una cierta estructura, donde hay cualidades centrales y cualidades periféricas. Cada parte forma un todo; la omisión o el agregado de una cualidad alteran la percepción globa (Pérez Porto, y Gardey, 2008). De acuerdo al valor del estímulo, puede producirse la acentuación perceptiva (cuando el valor de un estímulo es grande, éste se percibe mayor de lo que es) o el efecto halo (si una persona es vista de forma positiva en alguno de sus rasgos, tenderá a verse de forma positiva en otros rasgos). De acuerdo al significado emotivo del estímulo, puede provocarse la defensa perceptiva (ante estímulos amenazadores) o la perspicacia perceptiva (ante estímulos que pueden satisfacer una necesidad o brindar algún beneficio) (Pérez Porto, y Gardey, 2008). El estereotipo (la asignación de atributos en función de la identidad grupal), el prejuicio (la forma individual de establecer juicios sobre personas o cosas alejados de la percepción social común) y la proyección

(el efecto de las propias emociones al evaluar personas o situaciones) también son efectos alteradores de la percepción (Pérez Porto, y Gardey, 2008). ATRIBUCIONES En la psicología social la atribución es entendida como el proceso de inferir las causas de los acontecimientos o comportamientos. En la vida cotidiana, la atribución es algo que todos realizamos a diario, por lo general sin tener conciencia de los procesos subyacentes y los prejuicios que conducen a nuestras inferencias (Vergara, 2017). Por ejemplo, en el trascurso de un día típico es probable que realicemos numerosas atribuciones sobre nuestro propio comportamiento, así como el de aquellas personas que nos rodean. Cuando obtenemos una mala calificación en una prueba, es probable que culpemos al profesor por no explicarnos adecuadamente los contenidos, descartando por completo el hecho de no estudiamos para el examen (Vergara, 2017). Si un compañero de estudio obtuvo por el contrario una excelente nota, es probable que atribuyamos su buen desempeño a la suerte y dejar de lado el hecho de que tiene buenos hábitos de estudio. Las atribuciones que realizamos diariamente poseen una influencia importante en nuestros sentimientos, así como en la forma de pensar y relacionarnos con las otras personas (Vergara, 2017). • Tipos de atribución: ◦ Atribución interpersonal: al contar una historia a un grupo de amigos o conocidos, lo más probable es que contemos la

historia de una forma que nos dé una posición que nos favorezca. ◦ Atribución predictiva: también solemos realizar atribuciones de las circunstancias de una manera que nos permita realizar predicciones futuras, así si nuestro coche fue saqueado, es posible que atribuyamos este acto delictivo a que estacionamos en un lugar determinado, como consecuencia de ello, en el futuro evitaremos ese lugar de estacionamiento con el fin de evitar que el evento se vuelva a repetir. ◦ Atribución explicativa: realizamos atribuciones explicativas para ayudarnos a darle sentido al mundo que nos rodea, algunas personas pueden tener un estilo explicativo optimista, mientras que otros tienen una mirada más pesimista. ◦ Las personas que tienen un estilo optimista atribuyen el origen de los acontecimientos positivos a causas estables, internas y globales y los acontecimientos negativos a causas inestables, externas y específicas. ◦ Las personas con un estilo pesimista por el contrario atribuyen los acontecimientos negativos a causas internas, estables y globales, y los eventos positivos a causas externas, estables y específicas (Vergara, 2017). ESTEREOTIPO Los estereotipos son creencias o ideas organizadas sobre las características asociadas a diferentes grupos sociales: aspecto físico, intereses, ocupaciones, etnias, etc.

Se trata de imágenes simplificadas sobre cómo son vistos los grupos y lo qué hacen. Las categorías están constituidas por interpretaciones, ideas y opiniones sobre los elementos (Ramírez Lago, 2019). Desde la Psicología, estas cogniciones e interpretaciones sobre grupos sociales son los estereotipos. Todos tenemos estereotipos porque nuestra mente organiza los conceptos en categorías, y no son siempre negativos hay que entenderlos como dos caras de una misma moneda (Ramírez Lago, 2019). En definitiva, los estereotipos son generalizaciones muy difundidas sobre los miembros de un grupo social que provocan una tendencia a acentuar las semejanzas dentro del grupo, especialmente cuando la categorización tiene valor o importancia para quien la hace y las diferencias con otros grupos (Ramírez Lago, 2019). Si conocemos a una mujer negra y extranjera, le estamos clasificando en los grupos de mujer, extranjera y raza negra, debido a clasificarle dentro de estas categorías, surgen estereotipos hacia ellas de los tres grupos y en caso de que sean negativos se crean una serie de creencias e ideas sobre ellas que seguramente no se correspondan con la realidad (Ramírez Lago, 2019). La formación de estereotipos suele ser de origen social a través del aprendizaje observacional. Esta es la razón por la que es frecuente la naturalidad y la espontaneidad con la que se aprenden los estereotipos en nuestra conducta social (Ramírez Lago, 2019). En este caso, es preciso señalar que debemos ser capaces de anteponer la reflexión al heurístico que supone generalizar en exceso,

sobre todo en el caso en que, más o menos inconscientemente, tengamos estereotipos negativos hacia un grupo de personas. Ampliar el foco y abstraernos del poso cultural que nos impone ciertas ideas preestablecidas puede ser clave a la hora de mirar la realidad de forma natural y no estereotipada (Ramírez Lago, 2019). Los prejuicios son los sentimientos y emociones positivas o negativas que se tienen sobre un grupo social y sus miembros. Las evaluaciones afectivas dependen de las creencias sobre el grupo. Es el componente afectivo asociado a las categorías, la valoración. Están directamente relacionadas con los estereotipos, es decir, si un estereotipo es negativo, se pueden generar prejuicios negativos y si el estereotipo es positivo se podrá generar un prejuicio positivo. “Juzgando a priori” (Ramírez Lago, 2019). La diferencia básica radica en que el prejuicio es una especie de evaluación emocional, mientras que el estereotipo es una creencia previa de naturaleza cognitiva. En términos generales, las ideas y creencias previas dan lugar a evaluaciones ya “sesgadas” de forma positiva o negativa (Ramírez Lago, 2019). Aquellos que se identifiquen con el Atlético de Madrid valoran de forma más positiva a los que son socios del equipo, mientras que los socios del Real Madrid serán valorados de entrada de forma negativa. Los prejuicios y estereotipos suelen estar presentes al mismo tiempo sin originarse en fases diferenciadas (Ramírez Lago, 2019).

DISCRIMINACIÓN, EN GRUPOS Y FUERA DE GRUPO Se define como la conducta diferenciada y observable hacia un grupo social o sus miembros. En el caso del ejemplo de la mujer negra que vimos en los estereotipos, las personas que rodean a esta mujer además de estereotipos, pueden desarrollar prejuicios y esto puede llevar a la discriminación, es decir, se presentará una conducta diferenciada negativa o puede que sea positiva para algunos otros hacia su persona (Ramírez Lago, 2019). La discriminación consiste en tratar a una persona, grupo o institución de manera diferente y perjudicial. Esto puede deberse a diferentes motivos: raza, sexo, género, ideas, lugar de procedencia, aspecto físico, etc. (Armando Corbin, 2019). La discriminación no es algo nuevo, puesto que la humanidad desde siempre ha discriminado a otros individuos por cuestión de sus recursos, orígenes o inteligencia, e incluso pueblos enteros por sus ideas diferentes en cuanto a la religión o la política (Armando Corbin, 2019). La discriminación ocurre con frecuencia en todas las sociedades. Aunque la opinión pública critique algunas formas de discriminación como pueden ser el racismo o el machismo, apenas se inmuta ante sucesos discriminatorios que pueden ocurrir en el día a día como el que sufren, por ejemplo, las personas obesas (Armando Corbin, 2019). La discriminación puede ser un fenómeno individual o colectivo, y puede tener diferentes causas (Armando Corbin, 2019). Algunas de ellas son:

• La situación económica o social puede ser causante de conductas discriminatorias, ya sea por una mala situación económica o por un entorno que favorece este tipo de comportamientos. • La ideología es una de las principales causas de que se lleven a cabo los comportamientos discriminatorios hacia determinados grupos humanos. • El miedo puede hacer que pueblos enteros se movilicen de forma discriminatoria en contra de algunas personas. • La personalidad sumisa e imitativa puede provocar que algunas personas no dispongan de la suficiente capacidad crítica y simplemente se dejen llevar por otros. • La influencia del grupo también hace que muchas personas vean como normales los comportamientos discriminatorios. • La necesidad o el interés puede hacer que se manifiesten conductas discriminatorias hacia individuos o colectivos considerados como inferiores. ◦ La discriminación hace que la persona que es víctima sufra una serie de consecuencias. A nivel psicológico, la persona puede experimentar ansiedad, culpa, depresión y sentimientos de soledad. Pero los discriminados también pueden sufrir otros problemas, como dificultades para conseguir empleo, abandono escolar e incluso la muerte (Armando Corbin, 2019). COMPORTAMIENTO NO VERBAL El comportamiento no verbal es el término científico del lenguaje no verbal que tiende a ser el resultado de la expresión de las emociones

humanas que se manifiestan en el rostro, a través de los gestos, posturas, movimientos corporales y su orientación hacia un lugar u otro. Por su naturaleza es la comunicación más auténtica y relevante. Rafael López, experto en comportamiento no verbal, define comportamiento como cualquier actuación de una persona frente a todo lo que le rodea, puede ser ante otro ser vivo o espacio físico, el cual se divide en dos grandes grupos que son el verbal y el no verbal. El primer autor que habló sobre este tema fue Charles Darwin en su obra “La expresión de las emociones en el hombre y en los animales”, en la que explica cómo ellos expresan sus emociones a través de la cara. Según López si la expresión del rostro de un individuo está en sintonía con sus palabras, existe una alta probabilidad de que esté diciendo la verdad, pero si no es coherente, el gesto facial tiene mayor importancia porque emite la señal de que puede estar mintiendo sobre un hecho o manifestando un mensaje contrario a sus pensamientos o emociones (Diario, 2014). El autor señaló que el comportamiento no verbal existe una parte cultural y otra universal, esta última agrupa las expresiones de las emociones básicas y la información proxémica. El especialista López señala que las emociones básicas (innatas y universales) son alegría, tristeza, miedo, ira, sorpresa y asco. El desprecio se incluye en este grupo, pero se diferencia de las demás en que es un sentimiento asociado a una comparación de superioridad que aparece a partir de los dos años (Diario, 2014). El concepto designado por comunicación no verbal es enormemente amplio. Según, A. M. Cestero (1999) abarcaría todos los signos y sistemas de signos no lingüísticos que comunican o se utilizan para comunicar. Desde el primer momento los estudios de comunicación no verbal se

caracterizaron por su interdisciplinariedad. Las observaciones acerca de las expresiones emocionales en personas y animales que en 1872 llevó a cabo Darwin fueron muy importantes para el desarrollo de estos estudios. No obstante, desde una perspectiva científica, las investigaciones parecen remontarse a finales de los años cincuenta del siglo XX, gracias a antropólogos como R. Birdwhistell y E. T. Hall, y a las publicaciones de etólogos, psicólogos y psiquiatras de la época. Durante las décadas posteriores, la disciplina se fue consolidando gracias a especialistas de otras ciencias como la lingüística, la sociología, la psicología o el análisis de la conversación (Centro Virtual Cervantes, 2015). Existen diferentes clasificaciones de los elementos que componen el sistema no verbal, la más extendida es quizá la que recoge M. L. Knapp (1980): 1. Comportamiento cinésico. 2. Características físicas. 3. Conducta táctil. 4. Paralenguaje. 5. Proxémica. 6. Artefactos y 7. Factores del entorno Los signos no verbales pueden comunicar activa (una postura determinada como la de cruzar los brazos) o pasivamente (un perfume) y pueden ser utilizados de forma consciente o inconsciente (Centro Virtual Cervantes, 2015).

PROFECÍA DEL AUTO-CUMPLIMIENTO Una profecía autocumplida es una falsa creencia que, directa o indirectamente, lleva a su propio cumplimiento. Este proceso implica a tres eventos psicológicos: tener una falsa creencia sobre alguien, tratar a la persona de una forma que encaje con tu falsa creencia y la persona debe responder al tratamiento que recibe confirmando la falsa creencia (Rubín Martín, 2018). Es el sociólogo Robert K. Merton quien acuñó la expresión “profecía autocumplida” y formalizó su estructura y consecuencias. En su libro Teoría Social y Estructura Social, Merton define una profecía autocumplida así: “Una profecía autocumplida es una falsa definición de una situación o persona que evoca un nuevo comportamiento, el cuál hace que la falsa concepción se haga verdadera. Esta validez engañosa perpetúa el error. El poseedor de la falsa creencia, percibirá el curso de eventos como una prueba de que estaba en lo cierto desde el principio.” Ejemplo: cuando una esposa cree que su matrimonio fracasará, sus miedos causan que se confirmen ese fracaso. Por tanto, una profecía positiva o negativa (una creencia fuerte o un engaño), declarada como verdad, aunque sea falsa, podría influenciar suficientemente a una persona como para que sus reacciones cumplan esa creencia (Rubín Martín, 2018). Relación entre las falsas creencias y las profecías autocumplidas Una falsa creencia es una creencia que no coincide con el autoconcepto de una persona (lo que la persona piensa de sí misma).

Puede ser positiva o negativa. Por ejemplo, puedes tener la creencia de que una persona es capaz de hacer o no hacer algo (Rubín Martín, 2018). A partir de la falsa creencia se trata a la persona en una forma que coincide con ella y la persona puede que comience a responder a ese trato confirmando esa creencia. A su vez, la persona puede empezar a dudar de sí misma o creer en sí misma, dependiendo del tratamiento que recibe. Una profecía autocumplida es un poderoso efecto psicológico cuando tus expectativas de las habilidades de otra persona influyen en cómo se ve a sí misma esa persona. Las profecías autocumplidas se comenzaron a estudiar en el entorno escolar. Robert Rosenthal (1973) examinó como las maestras influenciaban en el rendimiento escolar. Encontró que era probable que las maestras trataran a sus estudiantes de acuerdo a sus creencias: “Creando un ambiente cálido y amigable para los estudiantes, dándole oportunidades para desarrollar sus habilidades y proporcionando retroalimentación basada en el desempeño” (Rubín Martín, 2018). En el experimento llevado a cabo por Rosenthal, se comunicó a los maestros de primaria que tres alumnos habían puntuado más que los demás en pruebas de aptitud. También se les dijo que no les trataran de forma diferente. Al final de año, se les pasó de nuevo las pruebas y esos tres alumnos puntuaron por encima de los demás. Lo interesante es que en la prueba inicial de aptitud los tres alumnos indicados habían puntuado como el resto de los alumnos (Rubín Martín, 2018).

TEORÍAS DE ATRIBUCIÓN Desde la psicología existen una serie de teorías explicativas para comprender mejor cómo funciona el proceso de atribución (Vergara, 2017). La psicología social intenta describir las leyes que regulan la interacción entre las personas y su influencia en la conducta, el pensamiento y la emoción. Desde esta rama de la psicología se han formulado teorías sobre cómo explicamos el comportamiento propio y el de los demás, así como los eventos que nos suceden; estos modelos son conocidos como “teorías de la atribución causal” (Figueroba, 2019). Teoría de la atribución causal de Heider El austriaco Fritz Heider formuló en 1958 la primera teoría de la atribución causal para explicar los factores que influyen en nuestra percepción sobre las causas de los acontecimientos. Heider opinaba que las personas actuamos como ‘científicos ingenuos’: conectamos los sucesos con causas no observables para entender la conducta de los demás y para predecir eventos futuros, obteniendo así una sensación de control sobre el entorno. No obstante, tendemos a hacer atribuciones causales simples que tienen en cuenta sobre todo un tipo de factor. El modelo atribucional de Heider distingue entre atribuciones internas o personales y externas o ambientales. Mientras que la capacidad y la motivación para llevar a cabo conductas son factores internos, la suerte y la dificultad de la tarea destacan entre las causas situacionales.

Si atribuimos nuestra propia conducta a causas internas nos responsabilizamos de ella, mientras que si creemos que la causa es externa esto no sucede (Figueroba, 2019). Teoría de las inferencias correspondientes de Jones y Davis La teoría de la atribución de Edward E. Jones y Keith Davis fue propuesta en 1965. El concepto central de este modelo es el de \"inferencia correspondiente\", que se refiere a las generalizaciones que hacemos sobre el comportamiento que tendrán otras personas en el futuro en función de cómo hemos explicado su conducta previa. Fundamentalmente, Jones y Davis plantearon que hacemos inferencias correspondientes cuando creemos que determinadas conductas de una persona se deben a su forma de ser. Para hacer estas atribuciones, en primer lugar es necesario que podamos afirmar que la persona tenía la intención y la capacidad de llevar a cabo la acción. Una vez hecha la atribución de intención habrá una mayor probabilidad de que hagamos además una atribución disposicional si la conducta evaluada tiene efectos no comunes con otros comportamientos que podrían haberse dado, si está mal vista socialmente, si afecta de forma intensa al actor (relevancia hedónica) y si va dirigida a quien hace la atribución (personalismo) (Figueroba, 2019). Modelo de covariación y configuración de Kelley Harold Kelley formuló en 1967 una teoría que distingue entre las atribuciones causales basadas en una sola observación de conducta y las

que se fundan en observaciones múltiples. Según Kelley, si sólo hemos hecho una observación la atribución se realiza en función de la configuración de las posibles causas de la conducta. Para esto usamos los esquemas causales, creencias sobre los tipos de causas que provocan determinados efectos. Destacan el esquema de las causas suficientes múltiples, que se aplica cuando un efecto puede deberse a una de entre varias causas posibles, y el de las causas necesarias múltiples, según el cual varias causas deben concurrir para que se produzca un efecto. El primero de estos esquemas suele aplicarse a eventos habituales y el segundo a otros más infrecuentes. En cambio, cuando tenemos información de diversas fuentes atribuiremos el suceso a la persona, a las circunstancias o al estímulo en función de la consistencia, la distintividad y el consenso en torno a la conducta. En concreto, atribuimos más fácilmente un suceso a las disposiciones personales del actor cuando la consistencia es alta (la persona reacciona igual en distintas circunstancias), la distintividad es baja (se comporta del mismo modo ante múltiples estímulos) y el consenso también (otras personas no realizan la misma conducta) (Figueroba, 2019). La atribución causal de Weiner La teoría de la atribución causal de Bernard Weiner, de 1979, propone que distinguimos las causas en función de tres dimensiones bipolares: estabilidad, controlabilidad y locus de control. Cada suceso se situaría en un punto determinado de estas tres dimensiones, dando lugar a ocho posibles combinaciones.

Los polos estabilidad e inestabilidad hacen referencia a la duración de la causa. Asimismo, los eventos pueden ser totalmente controlables o incontrolables, o bien situarse en un punto intermedio en esta dimensión. Por último, el locus de control se refiere a si el suceso se debe principalmente a factores internos o externos; esta dimensión es equivalente a la teoría de la atribución de Heider. Distintas personas pueden hacer atribuciones causales diferentes ante un mismo evento; por ejemplo, mientras que para algunas suspender un examen se debería a la falta de capacidad (causa interna y estable), para otras sería consecuencia de la dificultad del examen (causa externa e inestable). Estas variaciones tienen una influencia clave en las expectativas y en la autoestima (Figueroba, 2019).

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