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e-Literalia

Published by valeriamcolella, 2015-01-03 19:38:36

Description: Revista digital de literatura que tiene por objeto colaborar con la difusión de noveles escritores, amantes incondicionales de la escritura y poetas catárquicos.
e-Literalia es un proyecto formado por lectores-escritores, y viceversa, que aman volar con su imaginación por tierras lejanas, culturas extrañas, tiempos lejanos; conocer personajes nuevos, historias nuevas y diferentes, y compartir este sentir con otros aventureros como nosotros.
Recomendamos los libros que nos gustan, compartimos críticas, sensaciones y las experiencias que nos transmiten esas historias ajenas que hacemos propias.

Keywords: literatura,argentina,escribir

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e-literalia1el espacio virtual donde se vive la literatura Escritores cordobeses Decisiones que marcaron nuestras vidasCortázar / 100 añosElecciones insólitas Projecto Leitura Alimenta Leitura Alimenta foi desenvolvidoBibliodiversidad com a intenção de criar o hábito daUna manera de compartir leitura em pessoas que têm acesso restrito a livros.y legar literatura

e-Literalia Bienvenidosel espacio virtual donde e-Literalia es una revista digital que tiene por objeto colaborar se vive la literatura con la difusión de noveles escritores, amantes incondicionales de la Córdoba - año 1 - nro. 1 escritura y poetas catárquicos. septiembre de 2014 Es un proyecto formado por lectores-escritores, y viceversa, que Dirección creativa aman volar con su imaginación por tierras lejanas, culturas extra- Valeria Colella ñas, tiempos pasados o futuros; conocer personajes nuevos, historias nuevas y diferentes, y compartir este sentir con otros aventureros Diseño y maquetación como nosotros. VaCoDesign Recomendamos los libros que nos gustan, compartimos críticas, sen- Dirección multimedia saciones y las experiencias que nos transmiten esas historias ajenas Alejandra Córdoba que hacemos propias. Además, e-Literalia se enorgullece de ser un espacio donde los Corrección de textos escritores puedan someter sus escritos al veredicto respetuoso del Lorena Gonella público, e interactuar con él; fomentar la realización de talleres de Andrés Ledesma lectura, encuentros entre lectores y escritores y actividades cultura- les relacionadas con la lectura y la escritura. Fotografía e ilustración Andrea Lompo El eje central de esta primera edición es “Decisiones que marcaron nuestras vidas”. La propuesta de temas por edición se debe a que no Colaboran en esta edición pretendemos ser solo una recopilación de las expresiones del alma Daniel Córdoba sino también, y por sobre todas las cosas, un espacio que invite a Nico Medina Jara reflexionar sobre ellas. Verónica Scarponetti Será para nosotros un gran honor poder colaborar con un poquito Francisco Fierro de tiempo y trabajo a la difusión de esos mensajes del alma que, a Francisco Audisio veces, volcamos en palabras. Johan Plosky Sigurd Óðinnson Gracias por estos valiosos segundos que dedicó a leer esta carta, y Luci Canali Julia bienvenido a disfrutar de esta publicación. Claudio M. Zegom Nora Alicia Holub Mariela Segura e-literalia es una publicación de

Índice de la presente ediciónCortázar / 100 añosElecciones insólitas Decisiones que marcaron nuestra vidaDaniel Córdoba / Decisión Nico Medina Jara / Creí y me equivoquéVerónica Scarponetti / Aquellas decisiones que marcaron mi vida Francisco Fierro / Decidir, morir y nacerFrancisco Audisio / Decisiones Johan Plosky / Las pelonasSigurd Óðinnson / El Ojo de la Sangre Luci Canali Julia / La hija del rayoClaudio M. Zegom / Para la más bella Nora Alicia Holub / Vivir el vientoMariela Segura / La tardía historia de Juan IIIProjecto Leitura AlimentaLeitura Alimenta foi desenvolvido com a intenção de criar o hábito da leitura empessoas que têm acesso restrito a livros Bibliodiversidad Una manera de compartir y legar literatura



Cortázar / 100 añosElecciones insólitasEl pasado 26 de agosto se cumplieron aceptar las cosas tal como me son100 años del nacimiento de Julio Cor- dadas”.tázar y la enorme figura de su obra ylegado volvió a emerger en distintos Sus increíbles y tan prácticas analo-rincones del mundo. gías; increíbles por su razonamiento y prácticas por su lógica, como si algoEn su homenaje, se llevaron y llevan a así fuera posible para el resto de loscabo exposiciones y charlas, se editan humanos.libros y cortos audiovisuales, no soloen Argentina, sino también en otros “Creo que no te quiero, que sola-lugares del mundo como India, Brasil, mente quiero la imposibilidad tanMéxico, Cuba, entre otros. El mundo obvia de quererte. Como el guantese hizo eco de este aniversario, de este izquierdo enamorado de la manohomenaje a la vida de uno de los más derecha”.destacados y recordados escritores denuestro país. Y, por último, porque es argentino, y –dicho con sus palabras– “La culturaDe él nos queda la existencia del hom- es el ejercicio profundo de la iden-bre en una doble dimensión: la coti- tidad”. Y cuando leemos a Cortázardiana, visible y razonable, y la imagi- nos identificamos con su pensamiento,nación, que reside en la subconsciencia con sus personajes, con su sentir.del ser humano. Y gustosos celebraremos también susCon sus palabras lo expresaba de esta 200, 300 y 400 años, porque su obramanera: “En suma, desde pequeño, sobrevivirá; su legado acompañará ami relación con las palabras, con la las próximas generaciones, y no lesescritura, no se diferencia de mi asombre que sigan apareciendo obrasrelación con el mundo en general. inéditas, porque su genio sigue vivo,Yo parezco haber nacido para no escribiendo en papeles inesperados

que guarda en los bolsillos de sus cha- escritores de Córdoba han enviado paraquetas. la publicación de esta, nuestra primera edición de e-Literalia, comparatimosTambién como homenaje e introduc- este texto, breve pero maravilloso, ención de los trabajos que maravillosos su propia voz.No está convencido. No está para nada con- Se lo han dado a entender, sin violencia, ama-vencido. blemente.Le han dado a entender que puede elegir en- Entonces ha dicho: “en ese caso, elijo la bana-tre una banana, un tratado de Gabriel Marcel, na”.tres pares de calcetines nilón, una cafetera Desconfían de él, es natural.garantida, una rubia de costumbres elásticas Hubiera sido mucho más tranquilizado queo la jubilación antes de la edad reglamentaria, eligiese la cafetera o por lo menos, la rubia.pero sin embargo no está convencido. No deja de ser extraño que haya preferido laSu reticencia provoca el insomnio de algunos banana.funcionarios, de un cura y de la policía local. Se tiene la intención de estudiar nuevamenteComo no está convencido, han empezado a el caso.pensar si no habría que tomar medidas paraexpulsarlo del país. Julio Cortázar, 1969 (Último round, t. II, Siglo XXI, Madrid, 2009)

Decisionesque marcaronnuestras vidas Daniel Córdoba Nico Medina Jara Verónica Scarponetti Francisco Fierro Francisco Audisio Johan Plosky Sigurd Óðinnson Luci Canali Julia Claudio M. Zegom Nora Alicia Holub Mariela Segura



Decisión Daniel CórdobaEsta es la más importante decisión de tu vida. ¿Podés creerme? Cuando esa decisión se te imponga al frente. Vas a temblar cuando el destino te pregunte si amas con el corazón o con la cabeza. Vas a odiar cada idea que no supiste comprobar, con tus besos y un millón de mentiras. A dónde estoy, quién soy hoy, y dónde todo esto podría llegar a terminar. Podés definir con palabras cuando la carrera es la meta. Y la meta simplemente es comenzar. Porque me atrevo a soñar y a recordar. A cometer errores y a volver a empezar. Y el destino es un juego de participantes que no quieren disentir. Es hora de ponerle amor a cada cosa que se nos presenta... y te vas a dar cuenta de que el momento más importante de tu vida empieza... ahora.



Creí y me equivoqué Nico Medina JaraCreí que el tiempo lo curaba que tu imagen no estaría más ni mi cuerpo, ni mi mente, ni mi todo, en mí. alma soporta el cambio,quizá como un necio y tonto   no creo poder seguir así. esperaba que te arranque de mi, Creí tanto que me convencí de  Y cada día estoy aquí esperán-que te desprenda de mi piel, de que sería realmente posible, dote, recordándote, mi alma, de mi corazón,que te eche de mi mente, de pero la verdad es que no suce- nada logró esfumarse, solo se mis recuerdos. dió así. fortaleció,    el soñarte despierto o dormidoCreí que podría ser valiente y sigue siendo mi rutina diaria, seguir caminando solo, El tiempo solo abre más la herida de tu ausencia, ya que tu imagen siempreque podría ser fuerte y no sentir está ahí, delante de mí, a mi dolor alguno, te aferra a mi de- lado al dormir, a mi lado al seos día tras día de verte, despertar,que ni mi cuerpo, ni mente, ni alma sentirían el cambio, cada vez más a mi piel, mi caminando y sosteniendo mi alma, mi corazón, mano para no dejarme irquizá podía así seguir. jamás...  estás en mi mente y en mis recuerdos tan viva que duele.Creí realmente que con el pasar de los días olvidaría,  que mis recuerdos de vos se es- Aprendí que el valiente no es fumarían, quien camina solo,que el soñarte dormido o des- sino quien camina a tu lado, pierto dejaría de suceder, soy débil y el dolor me carcome por dentro, desgarrador e impaciente,



AQUELLAS DECISIONESQUE MARCARON MI VIDA Verónica ScarponettiAlgunos gustos y talentos son innatos. No dependen del aprendizaje ni del estímulo de nuestros padres. En mi caso, esa inclinación estuvo por el lado de la literatura. Me de- diqué a plasmar en papel muchos momentos de mi vida y siempre fue mi manera de expresarme. Aprendí a escribir leyendo. Leí cientos de libros, revistas y publicaciones, lo que me ayudó mucho a perfeccionar mi lenguaje y mis habilidades.Durante mi adolescencia, acompañada de una cierta melancolía y tristeza que parecían ha- ber llegado para quedarse, decidí que quería publicar un libro. Ahora que lo pienso, quizá fue así porque el arte es muy amigo de la tristeza. Por alguna razón, las mejores creaciones surgen en nuestros peores momentos.Comencé a redactar reflexiones, ideas e inquietudes en unas hojas de papel amarillentas. Nadie daba crédito a mis aspiraciones, pero igual continué con mi proyecto. Las hojas de papel se convirtieron al poco tiempo en un prolijo documento de word de varias páginas, y unos meses después en un ejemplar digital y en formato papel, gracias a una editorial virtual que había editado mi libro por un precio razonable.El libro no tuvo pública difusión, no se exhibió en librerías ni me dio dinero como para recu- perar la inversión. La mayor parte de los ejemplares los obsequié a amigos, parientes y personas a las que apreciaba. ¿Un fracaso? ¡En absoluto! Fue la mejor, una de las mejo- res decisiones de mi vida.Gracias a ese libro conocí a mi primer amor, y ese dejo de tristeza en mi alma dejó de existir para darle paso a una confortable alegría. Pero eso no fue todo.

Un par de meses más tarde, recibí un mail de un lejano familiar a quien no conocía, residente en España, y que hacía tiempo buscaba a mi padre. Gracias a mi libro había podido con- tactarse conmigo. Las llamadas telefónicas, el intercambio de correos y una propuesta de viaje fue el principio de mi sueño de conocer Europa.Casi dos años después de haber escrito ese libro, nos embarcábamos con mi papá en la aven- tura de conocer España y Francia. El viaje fue maravilloso. La belleza estaba en todas partes: en sus monumentos, en sus expresiones artísticas, en su gente y sus paisajes.El primer libro suele ser el más difícil. Luego de ese intento, no volví a publicar nada. Sólo escribí algunas cosas para mí y para difundir en la web. Hoy me inclino por los escritos poéticos y de narrativa. Mi tema predilecto es el amor. ¿Acaso hay algo más importante que el amor? En breve espero poder terminar mi primera novela.

Decidir, morir, nacer Francisco FierroMi abuelo siempre decía que los astutos, en esta vida, no son quienes saben escoger, sino quie- nes aprenden de lo escogido. Como si estuviéramos hechos imaginariamente de experiencia, me decía: “no seas repetitivo. Una puerta que se abrió una vez, vuelve a ser la misma cuando vuelvas. No tiene nada de diferente; más que la sutil y necia razón de que ya pasaste por ahí. Volver a la puerta que ya abriste sería como suicidarse por segunda vez.”Seguramente todos sepamos eso, claro, pero mi abuelo lo decía con su tono quebrado y tan filosó- ficamente perfecto que me convencía de que lo que él me decía no provenía de un señalador, ni de una página web llena de frases hechas por autores del siglo diecinueve o veinte. Yo sabía, en algún recoveco de mi conciencia, que lo que él me decía provenía de todas las puertas que una vez abrió. Los consejos tienen esa cualidad única, se visten de un buen traje de fiesta, se anudan la corbata, y, entre palabras, disfrazan a las frases hechas como si fueran un novedoso libro de autoayuda, sacando del tacho de basura unos recuerdos intachables del pasado más relativamente miserable y hermoso a la vez.Comprendí que este mundo, también hecho imaginariamente de experiencia, no nos enseña nada; no es él a quien se le ocurre vestirse con delantal y explicarnos con voz limpia y serena lo que significa vivir y decidir. Fuimos nosotros quienes nos adaptamos lentamente a él, mientras él iba sobornándonos con trágicas historias de Romeo y Julieta, conciertos de Beethoven y pinturas tétricas al estilo de Frida. Fuimos nosotros quienes, a cada paso que dábamos, nos alimentábamos de manzanas prohibidas, melancolías alcoholizadas y deshechos ajenos. Este mundo no nos enseñó eso. Desde el comienzo, nos enseñamos a nosotros mismos. Eva mordió la manzana; el chimpancé se sostuvo de los árboles, se irguió, y caminó hacia delante.Comprendí que no somos más que partículas que caminan sobre un globo, apuntando hacia un de- terminado lugar, guiados por pensamientos, intuiciones y sentimientos, empujados siempre ante un difuso y abstracto ente. Un ente que espera de nosotros más que pensamiento, más que sentimiento, más que intuición, que espera lo que Eva exactamente hizo: una decisión.

Y, quizá, ese ente no fuera más que a lo que algunos nos gusta llamar proféticamente “destino”y a otros escépticamente“experiencia”.“No te petrifiques ante eso”me aconsejaba mi abuelo, tosiendo un poco y absorbiendo el humo del cigarro. “Las decisiones conllevan miedo o curiosidad, el miedo conlleva paralización, enfren- tamiento o huida. Nunca huyas. La curiosidad, en el mejor de los casos, nos esperanza un poco, nos alimenta de futuro prometido inconscientemente. Pero en el peor, nos deja ciegos y torpes, escogiendo puertas como si fuera un juego de azar.”No hacía tiempo que había escarbado entre unos libros y encontrado el de Hermann Hesse, “El lobo estepario”. En él, como en muchos, las decisiones eran de vida o muerte. Se abría una puerta, la que elegías, y te enfrentabas a lo que te deparaba. Decidías por otros, decidías por vos, decidías por tu otro yo. A cada puerta, a cada elección, una parte de vos moría y otra nacía. Y me preguntaba, nostálgicamente, si eso no era lo que a todos nos ocurría. Morir y nacer ante una decisión. Eva murió y nació ante una de ellas. Llevada por la ambición, se convirtió en una nueva, en otras nuevas.Y si dijera que tengo latente el deseo de dejar de nacer, de seguir siendo siempre el mismo, estaría mintiendo. Sería como quedarme cómodamente encerrado luego de la última puerta que abrí y dejarme morir despacio, cual aire que se muere pesado dentro de una habitación cerrada.Morder la manzana, volverse responsable de los propios demonios que nos llevaron a ello, es un diferente, útil, arriesgado y hermoso suicidio. Un suicidio que no nos mata del todo, no nos pudre las vísceras ni nos quiebra las costillas. Es un suicidio que nos hace nacer, como el fénix que revive de entre las cenizas.“Por eso…”decía mi abuelo“…no te lamentes por tus decisiones. A cada puerta quizá pierdas una gran parte de vos, pero vas a revivir. Y no te molestes por descubrir cuán relevante es lo que te depara detrás de ella, porque cada decisión tiene dentro de sí la misma suicida importancia; cada una de esas puertas requiere tu muerte y te resucita.”Seguramente todos sepamos eso, claro, pero el disfraz humanista de mi abuelo me enseñaba más de lo que el mundo nunca me enseñó.

Decisiones Francisco AudisioY pensar que a una decisión podríamos encontrar el amor, la felicidad, nuestra mayor oportunidad y como todo en esta vida también podemos encontrar errores, caídas, golpes, dolor, la muerte, y sin embargo sabiendo el riesgo que representan vivimos de ellas todos los días.Es sorprendente como una cosa tan simple, tan cotidiana, como es decir“si”o decir“no”puede modificarnos completamente la vida. Decir si a la oportunidad, esa vieja aliada del tiem- po que viene de la mano con el cambio, significa querer avanzar, arriesgarnos a pesar de todo, ya sea en cosas pequeñas como es en que trabajar o que comer o también en cosas grandes como decidir enfrentar a esa persona que nos lleva tontos de acá para allá colga- dos de un sentimiento. Y lo extraño es que esas decisiones que más nos cuestan, que más miedo nos dan, que más nos modifican, son aquellas que más satisfacción nos dan, por que tomar esas decisiones es arriesgarnos a dar un paso que sabemos que puede ser un paso en falso, es arriesgarnos a tomar nuevos caminos, es saber que todo puede ser mejor y ELEGIR ser mejor.Porque no vale de nada saber que tenemos la vida al frente nuestro y no atrevernos a vivirla, los cobardes que siguen ese camino están condenados a tener que llevar en sus hombros el peso de una vida vacía y sin sentido, a tener que vivir inventado excusas para escudarse en ellas y no correr tras lo que realmente quieren.Decidir por nosotros mismos es sinónimo de libertad, y no solo de libertad física sino de libertad mental ya que al decidir por nosotros y no dejar al resto que lo haga es liberar a la mente de las cadenas de la opresión y del miedo del que dirán, que muchas veces nos mantienen atados y nos lleva a una existencia mediocre que poco a poco, silenciosa y lentamente nos va matando, nos va secando, nos va quitando esa gracia de vivir. Que nuestra brújula no marque el mismo norte que para el resto no quiere decir que nuestro camino sea malo,

solo es distinto y eso es bueno porque te ayuda a formar una perspectiva distinta y es en base a las distintas experiencias que crecemos a nivel personal.No le des lugar a la duda a la hora de decidir algo que sabes que te va a hacer feliz, y si esta trampa que tantas veces nos hace perder tiempo y oportunidades te mantiene prisionero, lo único que te puede liberar es hacer un viaje a tus raíces, al interior de vos mismo, ese lugar donde todo es puro, donde están nuestros deseos más grandes, donde guardamos nuestros sueños, aférrate a ellos y no los sueles, porque son tu escudo en los tiempos más difíciles y la mejor herramienta para comenzar a construir, los que te recuerdan de donde venís, a donde querías ir, como fue que empezaste este viaje.Así que no tengas miedo a comenzar un nuevo día, a querer un poco más, a decepcionar al resto por elegir algo con lo que realmente te identifica, la vida es una de las mayores aventuras, vivir es la más grande experiencia que jamás vamos a tener, y solo se nos da una vez, no dejes que una mala experiencia te cierre para siempre y no te deje avanzar, ya no culpes a nadie ni a nada, porque decidir ser feliz es algo de todos los días y esas son las decisiones que nos marcan la vida.

Las pelonas Johan PloskyEl nombre Simone Tarsilia* amó a 11 hombres y una mujer antes de cumplir 25 años. Sus ojos brillaron más veces que los ojos de las demás mujeres de su familia, sus labios se mordieron a sí mismos en más ocasiones que los labios de cualquier mujer de su pueblo, sus suspiros llegaron más alto que cualquier suspiro exhalado en su ciudad y sus orgasmos fueron gi- gantes y más azules, más verdes, más amarillos, más explosivos y más violentos que la tormenta de castigos que cayeron sobre ella cuando terminó la ocupación alemana en París y sus 11 hombres fueron encarcelados y su padre la presentó, desnuda, en la Plaza de Grève para que le fuera rapada la cabellera y la virtud, para que le fueran atenazadas las tetillas con unas pinzas de miradas, para que le fueran arrancados los pezones con calumnias, para que le fueran separados de su cuerpo los miembros tirados por cuatro caballos de odio y resentimiento injustificado y propiciado sólo por un nacionalismo que humillaba y le faltaba al respeto al pueblo, para que fuera lapidada con escupitajos, para que le fuera herrado en la cara con pintura roja la swastica del enemigo, para que sus res- tos fueran quemados con ofensas, agravios, reclamos y palabras ignorantes de la realidad, para que sus cenizas fueran lanzadas al viento o al río o al vacío infinito del destierro, para dar a conocer públicamente que su familia estaba arrepentida, avergonzada de su hija y para que nunca más nadie le podía llamar Simone Leblanc, porque en ese momento ya no era su hija. Simone Tarsilia fue mi hermana y adoptó el apellido griego de una mujer que aquella mañana de 1946 se abrió paso hasta la picota de reclamos en que estaba, se quitó el vestido mo- rado que llevaba puesto y cubrió el cuerpo desnudo de Simone ante las miradas atónitas de la Plaza de Grève, le limpió la cara con un pañuelo blanco y una botellita de perfume, quitó con sus labios los escupitajos de su espalda, le tendió el brazo y la sacó en medio de un silencio doloroso por en medio de la gente que le abría paso y bajaba la vista cuando pasaba. * Apellido griego que significa acogedora.

Yo que era de las personas que escupieron, ofendieron, agraviaron, humillaron, quemaron e hirieron gravemente el espíritu de mi hermana, exploté en llanto y caí arrodillada y traté de ocultar mi vergüenza entre las manos pero ya se me había convertido en lágrimas y escurría y caía al suelo y se convertía en lodo, como ese lodo en el que estábamos aho- gándonos y del cual no queríamos salir porque ahí nos había puesto el gobierno y no- sotros ciegamente le creímos que era lo mejor. Yo apoyé que los franceses externaran su vergüenza y raparan las cabelleras de las mujeres y lavaran sus cuerpos y las violaran por haberse acostado con el ocupante, por creer que así limpiaríamos el espíritu mancillado de la Francia más puta de todas, por creer que si el pueblo francés respaldaba al gobierno y aceptaba racionar la comida era un acto de traición comer, beber, dormir, usar medias y tener orgasmos con cuerpos extranjeros. Yo fui la primera en escupirla por habernos deja- do en la miseria y huir con un alemán y otro y otro y otro y otro hasta contar once, yo fui la primera en arrancarle el vestido de seda, la primera en pintar con resina roja su cara, yo fui la primera en gritarle su traición y ofenderla, y también fui la primera en romper en llanto cuando ningún soldado alemán llegó a salvarla y ella tomó la mano de otra mujer y le dijo adiós a nuestra familia, a nuestro pueblo, a nuestro país, a nuestras creencias y a nuestra vergüenza de ser ocupadas por el enemigo. Luego, en 1964, tras años de creer a mi hermana muerta, tras mirar como otras naciones fueron las beneficiarias de orquestar una invasión a nuestras calles, nuestros cuerpos y nuestras almas recibí una carta suya. Luego de leerla, corrí a la Plaza de Grève, me desnudé, rapé mi cabeza y grité la carta ante todos los presentes porque me dolió lo que hicimos, porque me dolía la realidad, porque mi padre había muerto al recibir una bala de la resistencia que trataba de matar al general, porque hace años había tomado una decisión equivocada.La carta ¿Y qué hubieras hecho tú si no tuvieras dinero para comer, si tu única moneda de cambio fuera tu cuerpo, si en una hora de prostituirte podías ganar el equivalente a lo que el gobier- no te racionaba de pensión en un mes, si estabas harta de no comer o comer cebollas y agua, si los soldados enemigos eran tan limpios, educados, atractivos, varoniles, amables y tu marido estaba prisionero o muerto o acuartelado de por vida, si en las tiendas no se vendía comida, si ya sabías que la amabilidad de los ocupantes no duraría mucho, si como mujeres éramos educadas sólo como receptáculo genético y cuidadoras de los hijos de los franceses, si el general había prohibido que las mujeres estudiáramos, si nos había entre- gado como carne para saciar placeres del enemigo y obtener información, si ya no se podía dormir tranquila pensando que una noche cualquiera un grupo armado de compatriotas

nos iba a violar y descuartizar si no accedíamos a acostarnos con el enemigo para que ellos pudieran emboscarlo?¿Qué harías tú si de nuevo en la historia ocurriera lo que al inicio de la misma, si los hombres se volvían de nuevo animales con necesidades y no te quedaba más que saciarlas sin recibir nada a cambio, si sólo algunos hombres poseían comida, si sólo algunos podían asegurar un plato de sopa en la mesa, si solo algunos tenían medicinas, si sólo unos cuantos po- seían telas, si tu marido te había enviado una carta diciéndote que no regresaría, que se cambiaría la nacionalidad, que se iría con cualquier caravana de gitanos que le prometiera una comida al día, si las ciudades ya eran habitadas solo por mujeres, si estabas en medio de la guerra sin comida, ni agua, ni dinero, ni hombre, ni permiso del gobierno para irte, ni posibilidad de darte un balazo porque las balas estaban contadas y eran enviadas a las fronteras, si las leyes de tu país ya no te protegían más, si te obligaban a tener a sus hijos a cambio de nada, si se consideraba públicamente que una mujer sin hijos era un desperdi- cio, si los hombres franceses que quedaban sólo se preocupaban por su honor mancillado, si no estaba permitido marcharse a otro país y si hasta cuando dormías te despertabas a la misma realidad en la que no había comida, ni agua, ni dinero y sí una fila de soldados alemanes esperando poseerte?¿Qué harías tú si alrededor mirabas que las demás mujeres, las que sí comían, llevaban en el vientre un hijo alemán, si sus maridos se habían quitado la vida por desesperación y frus- tración en los lugares donde eran prisioneros y el gobierno francés autorizó que recibieran una carta en la que se les informaba que sus esposas, hijas, madres, hermanas, compa- ñeras o novias habían decidido acostarse con el enemigo, habían decidido entregarse a él por hambre?¿Qué harías si un día cualquiera miras por las calles principales una fila interminable y casi infinita de soldados alemanes que te veían como la mujer más hermosa del mundo, que te daban de fumar, de beber, de comer, te hacían reír, te trataban bien, te ayudaban a cargar cualquier maleta, te ayudaban a bajar del tren, te enamoraban con sus acciones, con sus palabras, con sus manos frías tocando tu piel, con sus dedos blancos entrando en ti, con sus olores a jabón, con sus silencios analíticos, con su acento marcado, con su fusil, con su cuchillo, con su flor por delante, con su mirada victoriosa y la promesa de llevarte a un mejor lugar y tomarte como esposa?Yo no aguanté.Yo me dejé caer.Yo no soporté mirar a los soldados franceses tirados, desaseados, humillados, quebrados, en- cerrados, sometidos y condenados a bajar la mirada. Yo no quise vivir en un mundo en el que mis compatriotas me querían preñar y ponerme a cocinar y lavar y a contonearme para despertar su lujuria a cambio de ser la esposa y la madre de Francia. Yo no podía

respirar el olor de la derrota en los labios de mi esposo, yo no podía creer la mirada de la esclavitud en los ojos de mi padre, yo no me encerraría a esperar que el gobierno nos diera mendrugos. Yo no.Así que soy culpable.Soy culpable de no querer el hambre, soy culpable de no arrodillarme a esperar una limosna del gobierno, soy culpable de maldecir a los hombres de mi país por cobardes, por vendidos, por alienados, soy culpable de no dejar que otro humillara mi cuerpo, soy culpable de entregarme voluntariamente a las manos alemanas, de lamer sus labios y saciar mi sed con sus botellas, de quitarles la comida de sus mesas, de acariciar sus uniformes por la mañana, de mirarme en sus ojos cuando mi clítoris explotaba, de dejarme llevar por su sexo y sus caricias, de cambiarles su tela por mis besos, de obligarlos a hincarse y lamer- me los pies, de azotarlos con sus propias fornituras, de fumar sus cigarrillos mientras los obligaba a lamerme la vulva, de venirme en sus caras, de agotar sus fuerzas militares a fuerza de fallármelos a todos, de hacerlos sonreír como imbéciles, de exigirles regalos, de aprovecharme de sus cargos, de tener electricidad en las campiñas que se robaban, de darme duchas de agua caliente frente a sus ojos, de esconderles sus armas, de ponerles veneno en la comida, de escucharlos, de entenderlos, de amarlos.Soy culpable de haber escapado de mi casa cuando mi padre quería obligarnos a prostituirnos para el gobierno francés, cuando mi padre se avergonzó de mí por mirar la belleza de los cuerpos alemanes, cuando mi padre mandó a mi hermano pequeño a una guerra perdida. Soy culpable de unirme a la resistencia, soy culpable de armar sus planes, soy culpable de hurtar botellas de vino para ellos, soy culpable de criticar a un gobierno temeroso y convenenciero, soy culpable de querer ser libre, soy culpable de querer ser mujer libre, soy culpable de ser mujer porque si hubiera sido hombre, si hubiera agachado la cabeza, si hubiera permitido que el gobierno enrolara a mi mujer en un ejército de putas, si hubiera permitido que me encerraran y me hicieran creer que las mujeres de mi país se habían ido con el enemigo y que ya no había un país al cual regresar, que estábamos luchando por nada, que el gobierno ya había pactado nuestra rendición y que como hombres no valíamos ni la ropa que usábamos, me hubiera matado, me hubiera sacado los ojos, me hubiera puesto una bomba en el pecho y hubiera ido a matar al presidente, al general, al rey, al jefe, a quien quiera que estuviera en el poder.Nunca he sido tan libre como bajo la ocupación alemana. Simone Tarsilia, Creta, 1964.

La plaza Y los ojos de la plaza me miraron y una fila de mujeres de todas las edades comenzaron a formarse frente a mí. Todas se raparon, todas mostraron sus cabezas desnudas volunta- riamente, todas fueron hijas, hermanas, sobrinas, tías o abuelas de las mujeres rapadas y humilladas públicamente en 1946, algunas eran hijas de las mujeres fusiladas, algunas otras no sabían lo ocurrido. Y toda la plaza se llenó de cabezas rapadas y el gobierno nos rodeó con sus fuerzas policiacas y militares, y todas con nuestros cuerpos desnudos los enfrentamos y los enfrentaremos cada que sea necesario.



El Ojo de la Sangre Sigurd Óðinnson¿Nunca antes has deseado algo con toda tu alma…Tanto que estarías dispuesto a hacer cual- quier cosa por conseguirlo?Si es así, y quieres obtener lo que deseas a cualquier precio te hablaré, oh aventurero, del Ojo de La Sangre.Antes que nada debes saber que al ojo le gustan los juegos, por lo tanto, si decides seguir ade- lante con esto espero que estés dispuesto a jugar.Primero que nada procura estar solo en casa, así nadie podrá interrumpir.Luego de este punto, no habrá vuelta atrás. Si decides no jugar, solo vete, cierra el navegador y olvida que alguna vez estuviste ante la presencia de El Ojo de la Sangre. Pero si decides jugar, no te preocupes, yo seré tu guía mientras no haya ni la más mínima señal de duda en tu espíritu.Buena suerte…Cuenta hasta diez mientras el ojo te observa. No importa que tan bien guardes tus secretos, mentiras y pecados. El ojo llegará hasta las profundidades más recónditas de tu alma y encontrará y desnudará todo aquello que escondes. Si te encuentra indigno no te preo- cupes, el juego ha terminado antes de comenzar y eres libre de irte, o puedes quedarte de espectador. Pero no intentes jugar. Esa es una grave ofensa y recuerda que él conoce muchas maneras de torturar un alma y un cuerpo.Pero, si el ojo te ha considerado digno, escucharás en los momentos siguientes un suave tinti- neo de campanas que parece sonar solo dentro de tu cabeza. El juego ha comenzado y el lleva la ventaja.Rápido, ponte de pie, ya no hay vuelta atrás. Corre y apaga todas las luces que estén encendi- das. Todas absolutamente todas, Rómpelas si es necesario porque has llamado a las cria- turas de la oscuridad para que te ayuden y no lo harán si hay alguna fuente de luz en tu hogar. Luego vuelve aquí.Comenzarás a escuchar susurros que parecen seguirte a donde quiera que vayas. Las criaturas de las tinieblas han respondido a tu llamado de ayuda y te están juzgando.

Si no te han aprobado, las luces volverán a tu hogar y las criaturas te llevarán a las profundida- des del abismo donde serás objeto de las más crueles torturas y perversiones que nunca han pasado por la mente de los humanos.Pero si has pasado será mejor que continuemos, pues el ojo es impaciente y no le gusta que lo hagan esperar.Corre rápidamente al baño de tu casa, y no prendas la luz, enciérrate y coloca dos velas cerca del espejo, No importa si no tenías velas, ya tendrás dos en tu bolsillo. Espera a escuchar una voz de niña, dulce e infantil que tararea una melodía que seguramente te será conocida de tu infancia. En los momentos siguientes escucharás como la niña comienza a gritar pi- diéndote que toques el espejo. No lo hagas… Será violada, torturada, mutilada, descuar- tizada y asesinada. No importa lo que escuches en medio de esa oscuridad, no importa lo que ella diga. No le hagas caso a sus gritos de ayuda. Ella murió hace tiempo, y nada de lo que hagas puede ayudarla. Está condenada a vivir sus últimos momentos de vida por la eternidad y no debes intervenir a menos que quieras sufrir su destino en carne propia.Todo permanecerá en silencio unos segundos hasta que las dos velas se encenderán de pronto. En el espejo podrás ver el rostro de la niña, sin labios ni ojos que te mira sonriendo y estira una mano hacia ti para hacerte lo mismo que le hicieron a ella.No te preocupes, recuerda que las criaturas de la oscuridad están de tu parte y no permitirán que te toque.El espíritu de la niña entonces se quitará un lazo rojo del cabello y lo dejará en tus manos de- seándote buena suerte, ahora sabe que estás jugando al mismo juego que ella perdió hace ya muchos años y ha decidido ayudarte.Guárdalo en tu bolsillo.Si has llegado hasta aquí significa que tu espíritu es fuerte, sin embargo tu destino aún es nebuloso.Ahora debes ir hacia la cocina, una vez allí toma un cuchillo, el más afilado que tengas. Esto último es lo más importante, debe estar lo más afilado posible.Ahora si tienes alguna habitación en la que guarden cajas y cosas viejas, algo así como un de- pósito dirígete a toda prisa hacia él.La puerta estará cerrada y la manija de esta arderá al rojo.Golpea tres veces y cuando escuches un gruñido parecido al que hace alguien que habla con la boca llena, entra.La habitación estará en penumbras y vacía a excepción de una mesa y una silla en frente de ti. Sobre la mesa habrá un elegante mantel blanco de seda y un plato de porcelana. Siéntate

educadamente en la silla y espera a que tu acompañante al que no puedes ver bien ter- mine de comer. El hedor a carne descompuesta que despide es nauseabundo pero debes evitar hacer una sola mueca de asco. Pero si no puedes contigo mismo y no logras evitarlo, el parará de comer y te mirará a los ojos, aunque no puedas verlo sabrás que lo está ha- ciendo. En ese momento di“Lo siento, algo que comí me ha hecho mal”.Tu acompañante no mediará palabra y continuará con su comida.Espera a que deje de comer y arroje su plato al suelo.Todo permanecerá en silencio por unos instantes y luego te pedirá algo para comer. No importa lo que te pida no se lo niegues pues más que la carne de los humanos, le gustan sus gritos. “Dedo” será seguramente su primera palabra. No dudes y toma el cuchillo que tenías y cercena uno de tus dedos. No importa si gritas y te retuerces. El disfruta el espectáculo.Coloca el dedo en tu plato y pásaselo. El se lo comerá y te devolverá el plato vacío para que lo llenes de nuevo con lo que te pida a continuación.Depende de la valentía que haya en tu corazón el número de partes que te pida pues solo dis- fruta masticando la carne de los débiles.Lo último que dirá será“corazón”. No te alteres y coloca en el plato el lazo manchado de sangre que te dio la niña y pásaselo de nuevo.El devorará el lazo y se atragantará con él. Proferirá múltiples alaridos hasta caer muerto sobre la mesa.Ponte de pie, lo más difícil ya pasó. Acércate a él y busca en el plato que le pasaste con el lazo. Encontrarás dos esferas viscosas, son un par de ojos. No los mires y guárdalos en tu bolsillo mientras sales de la habitación.Tendrás todos tus dedos de vuelta y el dolor habrá desaparecido.Hasta este momento has demostrado ser un digno oponente para El Ojo de la Sangre y ahora enfrentarás la última prueba que decidirá tu destino.Debes regresar a tu habitación y sentarte frente al ordenador como si nada.Ella está detrás de ti ahora, por favor no voltees. Ella antes solía ser una hermosa mujer, pero pagó con su belleza y su vida la traición hacia su marido. Este le arrancó la nariz y los la- bios, le amputó los senos y abrió con un cuchillo su vientre en el que llevaba el fruto de la infidelidad.Respira tranquilo, ella no te hará daño por ahora.Comenzará a sollozar por lo bajo lo injusta que fue la vida con ella y lo cruel que fue su muerte y que jamás podrá ver a su hijo al que aun lleva descomponiéndose en su útero destajado y cocido por gruesos hilos de entre los cuales mana sangre purulenta.

Levántate, no la mires directo a la cara ni al vientre y di con toda la firmeza que puedas “Un humilde regalo para una dama tan bella”y sin mirarlos entrégale los ojos que tienes en tu bolsillo.Si ella ríe de manera diabólica con una voz gruesa y sobrenatural, no has sido lo suficientemen- te convincente y ella personalmente te quitará tus ojos, abrirá tu estómago y coserá en él a su niño putrefacto.Pero si ríe con macabra inocencia tu regalo le ha gustado y ha decidido darte su bendición. Ella se colocará los ojos y por primera y última vez podrás verla como era antes, quizás la más bella mujer que verás en tu vida y sentirás el impulso de seguirla cuando se esté yendo. Pero recuerda su verdadera imagen y despídela cuando te dé un beso en la mejilla.La habitación se oscurecerá totalmente y solo quedará un sangriento punto rojo en una de las paredes de la habitación en la que estas.Se respetuoso pues estas ante El Ojo de la Sangre. Está furioso porque lo has vencido en su juego y no perderá oportunidad de hacer con tu cuerpo cosas inimaginables y hacerte experimentar niveles de dolor que no crees posibles.Pero al fin y al cabo has ganado. Ahora puedes pedirle tres y solo tres deseos. Puedes pedirle lo que quieras excepto, obviamente, mas deseos. Eso sería estúpido de tu parte después de todo lo que has pasado.Puedes pedirle que mate a alguien a quien odias, riquezas, fortuna, poder, conocimiento. Cual- quier cosa que pase por tu mente.Una vez que hayas terminado aparecerá ante ti un vial de vidrio y una pequeña navaja. Sin pen- sarlo córtate un poco el brazo lo suficiente para llenar un poco el vial, no es necesario lle- narlo del todo. Has alimentado al Ojo de la Sangre con la tuya propia y por esto, te dejará ir.Cierra tus ojos, las luces que antes apagaste se encenderán y aparecerás en tu hogar. No ol- vides darle las gracias a las criaturas de las tinieblas que te han ayudado y despídelas con cortesía. Jamás las volverás a ver ni a ellas ni a las demás criaturas que viste hoy. Sin embargo conservarás por siempre la cicatriz del corte en tu brazo con el que llenaste el vial de sangre.Recuerda que lo que has visto esta noche es un secreto del cual jamás debes hablar con nadie. No te preocupes, nadie te preguntará por las cosas que hayas obtenido mediante los de- seos anteriores.Considérate afortunado pues eres uno de los pocos que ha vencido al Ojo de la Sangre.Esto es todo, ha llegado mi hora de irme… Gracias por jugar.





La Hija del Rayo Luci Canali JuliaCapítulo 1* Todo comenzó el día en que los pájaros me hablaron. Hasta ese momento mi vida era prácticamente normal. Iba al colegio, el cual odiaba; vivía en una pequeña casa de la ciudad y salía con mis amigas; lo que llamaría una típica experien- cia adolescente; pero, de un día para el otro, todo comenzó a cambiar. Por cierto, ese día también era mi cumpleaños: veintiuno de junio. Cumplía dieciséis años, así que era una fecha importante, aun cuando solo María y Laura, mis únicas amigas, lo sa- bían. ¿Recuerdas que había dicho que era prácticamente normal? Bueno, lo cierto es que el práctica- mente era un eufemismo. Cuando la gente te evita como si portaras la peste es una clara señal de que te habías pasado la línea de corriente a la de fenómeno. Lamentablemente, tampoco podría culparlos por hacerlo. Mi aspecto no cuadraba con la regla normal. Era flaca y de estura media. Tenía el pelo negro azabache cortado irregularmente al hombro (obra mía, por supuesto) y tenía unos ojos grises tormentosos, como una nube en un día lluvioso. Siempre vestía unos pantalones negros hechos polvo, anchos y llenos de bolsillos. Además, usaba remeras anchas y de manga corta. Agregándose al look, una cadena de plata colgaba en mi cadera, y guantes negros en mis manos. Mi padre agregó estos últimos, siempre obligándomelos a ponérmelos aun cuando era verano y el calor de la tela no era bienvenida. Más de una vez le exigí que me contara porque los creía tan urgentes, pero él solo sonreía con misterio. -Se ven bonitos -me decía, evadiendo cualquier otra pregunta. Trate de sacármelos algunas veces, pero mi piel parecía haberse acostumbrado demasiado a no tener contacto directo con nada y no parecía feliz con el cambio. Después de la decima persona acusándome irritado de haberle dado corriente, me los volví a poner. Ir a una escuela privada no ayuda precisamente con mi look. Todas las chicas vestían jeans híper ajustados o minis, junto a remeras escotadísimas y al cuerpo. Usaban maquillaje y litros de perfume. Era supuesto que no encajaría con ellas. Generalmente, chicas como yo encajaban mejor entre varones, pero nuevamente era la excepción a la regla. Los chicos * Primer libro de La Saga de los Espíritus. Género: juvenil y fantasía.

me consideraban demasiado extraña para hacer algún intento de acercamiento fuera del corriente “hola”.Ese día rezaba con todas mis fuerzas para que terminara el colegio e irme a casa. Seguramente papá tendría una torta preparada y un libro de regalo. Festejaríamos viendo películas y comiendo pizzas, probablemente molestándonos uno al otro; pero, sobre todas las cosas, hoy seguramente me podría hablar de ella…-¡Alma! -me llamó una voz. Levanté la vista para encontrarme con mi profesora. Fruncí el en- trecejo. No era el mejor momento para interrumpir mis pensamientos.-¿Si? –pregunté, intentando mantenerme educada.-¿Puede decirme que es tan importante, que no está prestando atención? -me preguntó.Resoplé. Me hubiera gustado hacerle notar que nadie le prestaba atención y que su clase era una completa perdida de tiempo, pero, lamentablemente, no podía hacerlo. Ya había lle- nado mi cupo de advertencias con esa profesora.-Nada –terminé diciendo y la mujer alzó la vista al cielo, lanzando un suspiro.-¿Será posible que usted siempre este en la luna? –preguntó- realmente, señorita Grey, no sé lo que hará usted de su vida en ese camino…-¿Será posible que usted siempre se mete en lo que no le importa? -le espeté, furiosa.Silencio total. La profesora entornó los ojos sobre mí con expresión asesina. Buen trabajo, Alma.Diez minutos más tarde estaba en el pasillo junto a la oficina del director. No era nada sorpren- dente en mi rutina diaria (después de todo pasaba por allí varias veces a la semana), pero había esperado que ese día no sucediera. Papá detestaba que me metiera en problemas y que fuera mi cumpleaños no me salvaría de la reprimenda o aun peor. Que se negara a hablarme de ella y que nuevamente dejara el interrogante abierto hasta el próximo cum- pleaños. Ya no podía soportar un año más para saber solo un pequeño dato. Tenía que saberlo todo ahora.El secreto mejor guardado de mi padre...Me moví inquieta en mi silla, lanzando una mirada furibunda al despacho. Odiaba esperar. Sin poder contenerme, me cambié de asiento, intentando mantenerme en movimiento para no volverme loca.La puerta al fin se abrió y mi director, un hombre rechoncho y de unos cincuenta años, salió y me dedicó una sonrisa.-Ya podes entrar Alma -me invitó y me paré de un salto, entrando rápidamente. El hombre entró tras de mí, sentándose tranquilamente en su escritorio, observándome- otra vez aquí… -susurró y me miró.-Los profesores no tienen buena paciencia –observé y él sonrió.-¿Qué hiciste esta vez? –preguntó.-¿Qué dijo que hice? –pregunté y el hombre revisó el papel sobre su escritorio.

-“Actitud insolente e irrupción de clases”–leyó en voz alta y me miró- nada fuera de lo ordina- rio…-No sabía que no podía llamar metidos a los profes. Son gente muy sensible –comenté y él director lanzó una carcajada, pero me dedicó tal mirada que logró avergonzarme, obligán- dome a mirar al suelo- no fue culpa mía… -murmuré- no pude contenerme… -mascu- llé, repitiendo la frase de siempre. La profesora tenía una capacidad innata para relucir la peor parte de mi carácter, pero no podía acusarla por ello.A pesar de todo, el director me sonrió.-Quiere que te ponga amonestaciones y que avisé a tu padre de tu mal comportamiento, -di un respingo, nerviosa- pero por hoy lo voy a dejar pasar.El alivio volvió mi alma al cuerpo, dejándome sonreír.-Gracias, director.-De nada -dijo- pero cuidado la próxima vez. La profesora Fernández está llegando al límite de sus capacidades con vos –dijo y me guiñó un ojo.-Me esforzare –prometí, pero los dos sabíamos que probablemente volvería al día siguiente. No importaba cuanto lo intentara, controlar mi lengua era algo que jamás había logrado aprender.-Espero que si –me dijo de todos modos y volvió a sus papeles- puedes retirarte, ya toca el timbre.Asentí y me dirigí a la puerta. Cuando la abrí escuche detrás:-Y por cierto, Alma, feliz cumpleaños.Mi mano apretó el marco de la puerta, tensándose.-Gracias -dije y salí rápidamente.No tarde en encontrarme con mis amigas. Para ser tan diferente a los ojos de los demás, debía admitir que tenía amigas tan especiales como yo. Lau tenía el pelo castaño oscuro, siem- pre recogido en una coleta. Usaba remeras de bandas de rock debajo del uniforme y solía usar maquillaje, cosas no permitidas dentro del ámbito escolar, pero se ganaba el cariño de los profesores en formas que yo nunca lograría hacer: con buenas notas y trabajos ex- tra. María era más rebelde, con el pelo castaño enrulado y largo, y con un historial casi tan largo como el mío. Siempre nos habíamos mantenido juntas, casi desde el jardín de infantes, convirtiéndose en una ley natural entre nosotras.-¿Cómo te fue? –me preguntaron al verme, mirándome con picardía.-Bien. Me perdono por mi cumpleaños –contesté, encogiéndome de hombros.-Típico –replicó María- seguramente la profe levantara un sumario cuando se entere –comen- tó, sonriendo.-La dejaste furiosa –me aseguró Lau y sonreí.

-Ella tiene la culpa por interrumpirme –repliqué y ellas pusieron los ojos en blanco.-En fin, ¿tenes algo planeado para hoy? -me preguntaron y yo negué con la cabeza.-Lo pasó con mi papá, como siempre –contestó y ellas resoplaron.-¡Cumplís dieciséis! –se quejaron.-¡Deberíamos hacer algo divertido! –objetó María y yo me reí.-Es divertido para mí… -murmuré y ellas pusieron los ojos en blanco.-Entonces tal vez deberemos cantarte el feliz cumpleaños en el aula –sugirió Lau, haciéndose la indiferente- ya que no podemos festejarlo…-Ni se les ocurra –objeté. Las felicitaciones o la simple canción de cumpleaños era algo que detestaba. Me resultaba falso recibirlas de personas que en otra ocasión no me dirigían la palabra; pero el daño ya estaba hecho. Pronto escuché una voz a mi espalda, llamando mi atención.-¿Cumpleaños?Helena estaba allí, sonriendo como si disfrutara de la situación. Como siempre, su sequito esta- ba tras ella mirándome burlonas, pero no les di importancia.-¿Es tu cumpleaños, Alma? –repitió y las chicas tras ella soltaron risitas.-No, no es hoy –negué, queriendo irme, pero ella sonrió, agarrándome.-¡Si, si es hoy! -dijo ella riendo- que tonta, no me había dado cuenta –hiso un falso mohín- al menos hubiera podido pagarte ropa mejor y un corte de pelo decente –declaró y sus ami- gas rieron.La miré con odio, aguantándome para no agarrarla de los pelos.-Pensé que ahorrabas para tu cirugía -le contesté- aunque una nariz torcida puede ser atractivo para algunos… -dije, inocentemente. Los ojos de ella centellaron, entornándose.-No me hago cirugías, soy perfecta -replicó y dio un paso adelante- salí a mi mamá –declaró- ¿la tuya era un bicho que saliste así de fea? -dijo y sonrío maliciosa.La furia me llenó como un liquido hirviente. Podía soportar burlas por muchas cosas, pero mi madre era un tabú. Nadie podía mencionarla así.No estaba segura de lo que paso después, pero recuerdo haber querido empujarla cuando una corriente se había trasladado por mis brazos, circulando por mis venas a una velocidad increíble. En el mismísimo instante en que mis manos la rozaron, ella recibió tal choque que salió volando, cayendo sentada en el piso tres metros más atrás.Todos voltearon a vernos, observando con estupefacción a Helena, quien era ayudada por sus asustadas amigas a levantarse.-¡Monstruo! –me gritó, acusándome con su mirada furiosa y por primera vez no encontré pala- bras para defenderme. Estaba aturdida, sin ni siquiera reaccionar a moverme.-Vamos -dijeron las chicas y me arrastraron lejos de ahí mientras seguía mirando hacia atrás, intentando buscar una respuesta.





Para la más bella Claudio M. ZegomEn las bodas de la diosa Tetis con el mortal Peleo, se olvidaron de invitar a la diosa Eris, diosa de la discordia. Para vengarse Eris, ingreso a la boda sin que nadie la viera y dejo una manzana de oro con la inscripción: “para la más bella”. Pronto tres diosas reclamaron la manzana: Hera, Atenea y Afrodita, además convocaron a Zeus para que juzgase cuál de las tres era la más bella. Zeus por temor al enfado de las diosas delego ese concurso de belleza a Paris que había vivido mucho tiempo en el campo, alejado del mundo de los hombres y sus pasiones. Así para zanjar quién era la más bella las diosas comenzaron a proponer: Hera esposa de Zeus le prometió todas las tierras de Europa y Asia, Atenea diosa de la inte- ligencia y de la guerra le prometió victoria en todas las batallas, finalmente Afrodita diosa del amor y de la belleza le ofreció el amor de la mujer más bella del mundo:-“Tú eres la más bella”–respondo Paris señalando a Afrodita sin comprender lo que estaba por suceder–. Yo, estaba en la calle Obispo Trejo en la provincia de Córdoba, con un ramo de flores entre mis manos, en los bordes del ramo adherido una carta con una inscripción que decía:“Para la más bella”. Ella no imaginaba lo que estaba por suceder, yo tampoco.En las bodas de la diosa Tetis con el mortal Peleo, se olvidaron de invitar a Eris diosa de la discordia. Para vengarse Eris, arrojo una manzana de oro con una leyenda: “para la más bella”. Pronto tres diosas reclamaron la manzana: Hera, Atenea y Afrodita, el apuesto Paris dirimió la cuestión. Dos diosas prometieron Poder e Inmortalidad, sin embargo, Afrodita le prometió la mujer más hermosa del mundo-Tú eres la más bella sentencio Paris, pero nadie intuía lo que estaba por venir.Yo, estaba en la calle Obispo Trejo, sostenía un ramo de flores con una tarjeta, en cuyo epígrafe decía:“Para la más bella”. Ella no imaginaba lo que estaba por suceder, yo tampoco.



Vivir el viento Nora Alicia HolubAgosto es mes de vientos. Dicen que es malo el viento de agos- to, que trae el frio de la muerte y una nostalgia tristísima.Son las diez de la noche, la calle está vacía.El viento es más fuerte y más... no se ve, lo escucho amotinarse en ventanas cerradas, en copas ajadas de árboles.Logra arremolinarse en mi cabeza, hasta doblar la esquina.Un cachorro de huracán levanta alguna que otra rama caída.No debí aventurarme en pleno agosto; las ráfagas se llevan pen- samientos hasta convertirlos en ecos de mí misma.Me empuja con furia. Arremete. Cubro agujeros de ausencia. Des- aparezco hasta perder la noción del tiempo.Luego regreso en polvo. Quizá ya no estoy y arrastra mis cenizas.Escucho un murmullo de eternidad.Y de prontoces... pobre viento seco.



La tardía historia de Juan III Mariela SeguraCapítulo Uno Juan nació en casa de sus padres, a los diez meses de gestación. La comadrona que lo trajo al mundo estaba borracha y se desmayó antes de cortar el cordón umbilical, entonces su mamá lo cortó con los dientes y le hizo un nudo, terminando así con los trabajos de parto. Su nombre no es nada original, sobre todo si se toma en cuenta el hecho de que era el último de tres Juanes. Pero proviniendo de un padre analfabeto y de una madre campesina el mero hecho de que portara un nombre ya es mucho decir. Juan Tercero era el menor de nueve hermanos e hijo de Amadeo y Encarna. Amadeo LXV era hombre robusto, sensato, cobarde. Todas las tardes al salir de la mina iba a la taberna a emborracharse con ron y a contar historias de fundadores, golfas y contraban- distas. Amadeo Fulgencio VI, su tátara tatarabuelo, y un grupo de nómades que se desplazaban en busca de agua, llegaron al lugar guiados por la dirección del viento, orinaron la tierra para marcar territorio y se instalaron a la vera del exiguo río. Eran tiempos difíciles cuando la sequía azotaba la tierra; los cultivos se perdían, las vacas pro- ducían leche agria y las plagas se propagaban. En ese entonces era común que los críos murieran antes de nacer o que nacieran con despro- porciones, achaques o anomalías. Tal era el caso del primogénito de Amadeo Fulgencio y Brígida Auxiliadora, que vino a este mundo con una incipiente protuberancia ósea en la cabeza que le continuó creciendo has- ta el final de sus días. Esas razones empujaron a los provisorios habitantes a abandonar el inhóspito lugar y seguir la marcha. Pero la noche antes de la partida ocurrió algo extraño e inesperado, algo que

recordarían por el resto de sus efímeras pero intensas vidas: cayó un aguacero que duró cuarenta noches y ningún día. Aunque ese fenómeno no volvería a repetirse se transmitió de generación en generación hasta convertirse en leyenda.Amadeo Fulgencio VI y los nómades creyeron en lo que vieron, allí se asentaron y así nació Santa Aguada.Sus herederos, Amadeo VII, Amadeo VIII y Fulgencio VII fueron de los primeros nativos y su madre, Brígida Auxiliadora, fue de las primeras suripantas e intercambiaba sus servicios por especies varias.En aquella época la permuta era la moneda de cambio.Sus primitivos lugareños comercializaban frutos morados que extraían de un árbol que crecía únicamente en su suelo y sus vecinos más próximos negociaban con granos blancos que proliferaban por doquier.Los siguientes asentamientos no tardaron en llegar y rápidamente Santa Aguada se convirtió en lugar poblado. Algunas tribus se asentaron río abajo con intención de dedicarse a la pesca, pero terminaron permutando un hongo de nauseabundo olor y exquisito sabor que crecía naturalmente a la orilla del Aguado (así llamaron al río).La convivencia era pacífica entre los pobladores, todos contribuían para hacer de Santa Aguada un lugar mejor, hasta que al otro lado del río se descubrió una mina de carbón.Un tiempo después entre sus habitantes inmediatos formaron una comarca separada del pue- blo y monopolizaron la explotación de la mina. De esa manera intercambiaban, distri- buían y regateaban el mineral a conveniencia.Fue así como Amadeo Fulgencio y los nómades se convirtieron en los mayores contrabandistas de carbón de todos los tiempos.Pronto los otros tuvieron conocimiento de los saqueos nocturnos y tomaron represalias, dando comienzo a la primera guerra conocida como la Guerra Negra.Amadeo Fulgencio no era un guerrero pero sí un gran estratega que a fuerza de migrar durante buena parte de su existencia descubrió los misterios de la vida y la muerte. En uno de esos caminos conoció a un oriental que le develó las prácticas milenarias del arte de la guerra.Akiito Tsu Tang MDX le compartió toda su sabiduría ancestral: los proverbios, la filosofía del I chin y las técnicas para comer con los palitos.Amadeo Fulgencio VI se puso al frente de su tropa y trazó un plan de batalla que años después repetirían sus sucesores.Su tátara tatarabuelo era hombre de armas tomar pero su descendiente, Amadeo LXV, cuando se armaba la batahola era consciente de que había tomado demasiado y se iba a su casa a dormir la mona.Encarnación Ifigenia (Encarna para los vecinos) mujer laboriosa, esposa fiel, madre abnegada, si las hay; parió once hijos, se le murió uno, vendió otro y crió nueve. Cinco varones y cuatro

mujeres. Gertrudis, Aguada, Encarnación Brígida y Zaria. Su nombre original era Zaira pero el empleado del archivo comunal de las personas anotó mal su nombre, adulterando así su identidad.Los varones, Juan I, Amadeo Belisario I, Fulgencio I, Juan II, y Juan III, crecieron fuertes y sanos a excepción de Fulgencio II, gemelo de Fulgencio I que murió al nacer porque no había terminado de formarse.Cuando alumbraba a sus hijos Encarna se sentía la mujer más feliz de la comuna, pero sabía que ninguna felicidad era completa y después del nacimiento de su octavo hijo, su marido enfermó gravemente.Debido a que la medicina de Amadeo era muy costosa y no contaban con el dinero suficiente para pagarle al boticario, su mujer tuvo que entregarle al recién nacido como forma de pago.De esa manera Simón XIII se convirtió en hijo adoptivo de Simón II, descendiente de Simón Tiburcio III el drogón.Simón Tiburcio III llegó a Santa Aguada para cultivar una hierba que al destilarla tenía efectos medicinales, al fumarla, efectos alucinógenos y al mezclarla, efectos colaterales.La misma que el boticario utilizó para preparar el remedio de Amadeo y que su mujer debía ir a buscar al pueblo de La Herbolaria semana a semana.Encarna trabajaba incansablemente todo el día y a la hora de la siesta no dudaba en propinarle una paliza a quien no la dejara pegar un ojo.Juan III no dormía la siesta, mientras sus hermanos hacían la tarea y/o los quehaceres domés- ticos, él usaba ese tiempo para jugar a que era un pirata con pata de palo, un consejero comunal o un valiente soldado.Juan III iba a la iglesia todos los domingos junto a sus hermanos como Dios y su madre man- daban. Entendía que se iba a ir al cielo, que tenía un ángel protector y que Dios era omni- presente.Pero no entendió cuando Zaria le señaló a su madre la absurdidad de ir a la iglesia cuando Dios está en todas partes y se llevó la zurra de su vida.No faltó el turno de Juan II después de explicarle a la directora que se iba a retirar antes de la escuela porque le dolían terriblemente sus ovarios (una excusa que siempre le resultaba a Gertrudis).También tuvieron su merecido Aguada, Amadeo Belisario I y Fulgencio I cuando se escaparon una siesta a robar moras al pueblo de Cruz Alta.Lo que no recordaba eran las tundas a Gertrudis, Juan I y Encarnación Brígida. Tal vez fuera porque él aún no había llegado a esta vida o porque su memoria no había terminado de formarse.Lo que sí recordaba era que él nunca había recibido una paliza.

Tal vez fuera porque era el más pequeño, o porque se portaba bien, o porque estaba enfermo.Juan III no iba a la escuela porque cuando llegaba a la puerta del recinto educativo se desma- yaba. Era una rara patología cuyas causas no se habían podido determinar, según expresó el doctor Olegario CVI.Cuando Juan cumplió siete años, su madre (quien opinaba que con un analfabeto en la familia ya estaba bueno) le pidió a su hermana mayor, Gertrudis, que le enseñara a leer y a escribir.Por ese entonces Gertrudis imaginaba que no se llamaba Gertrudis. Que no era la mayor de nueve hermanos. Que no la obligaban a lavar la ropa de toda la familia. Que no estaba en edad de merecer. Que no se casaría con un imberbe de otro pueblo (como le vaticinó su madre). Que no iba a terminar sus días cuidando siete críos. Que no se llamarían Panta- león I, II, III, IV, V, VI y VII y que no debía ir todas las mañanas a recoger agua del pozo de la iglesia.Los habitantes de Santa Aguada habían decidido aceptar pacientemente el hecho de tener que esperar por la construcción del acueducto que traería agua desde la represa de Montene- gro. Pero ya habían transcurrido varios años desde el anuncio de la obra y el acueducto no figuraba ni en planes.A causa de la sequía la vida se les hacía imposible y decidieron recurrir a la justicia.Contando con el apoyo de su consejero, intimaron e intimidaron al consejero general, a través de una notificación judicial, para que en un plazo perentorio de ciento ochenta días se construyera el acueducto.Y así se hizo, aunque mil cuatrocientos setenta y tres días después de que Gertrudis tuviera tiempo de merecer y casarse con Pantaleón Bucéfalo XIX como le vaticinó su madre.Encarna tenía un don y su hija lo sabía por eso le rehuía la mirada.Sabía cuando una hembra estaba preñada, sabía cuando iba a llover, sabía cuando iban a pasar hambre, sabía cuando su marido iba a volver borracho, sabía cuando la iba a golpear, sabía cuando defenderse y cuando no.Juan III era un niño especial y su madre también lo sabía, desde que lo llevaba con la curandera para entrarle el pupo, hasta que dejó de darle la teta a los cinco años de edad.Asimismo caminar le tomó más tiempo ya que la planta de su pie izquierdo no terminó de ar- quearse y usó zapato ortopédico hasta los trece años para corregirla. Debido a esa anoma- lía Juan no tenía estabilidad al caminar e irremediablemente siempre terminaba dándose de cabeza contra el suelo.En esa época su padre le había encomendado al herrero que le confeccionara una máscara para cubrir el rostro del pequeño en pos de evitar que se lastimara cada vez que se cayera. Si bien la pieza de hierro cumplía con creces su objetivo, su madre concluyó que ese pedazo de hojalata deformaría las facciones de su hijo y resolvió que ya no volvería a usarla. Sin embargo cada vez que Juan se daba un porrazo los chichones y los hematomas cambiaban de momento su fisonomía y el cuerpo le quedaba cubierto de magulladuras.

Siempre tuvo dificultades con el lado izquierdo de su cuerpo. Cuando comenzó a escribir con la zurda lo llevaron nuevamente a la curandera, la misma que lo hizo caminar descalzo por tierra de cementerio para curarle su pie defectuoso y que tiempo atrás le había ubicado el ombligo.Alcira llegó al pueblo huyendo de Cruz Alta donde la acusaron de nigromante y negligente.No obstante como en ese tiempo, en Santa Aguada, practicar la brujería era legal se quedó para siempre. Aunque tiempo después tuvo que desaparecer debido a que un grupo de habitantes quiso lincharla.En tiempos de la fundación las consecuencias de la falta de agua hacían estragos entre sus habitantes. Tanto así que en ocasiones las mujeres traían a la vida seres tan espantosos, que sus maridos se negaban a reconocer como propios, de manera que se las acusaba de aparearse con los demonios.En esos casos se las condenaba a morir en la hoguera y a los pequeños adefesios se los sacrifi- caba.Tal fue el de su tatarabuela, Primitiva, que murió carbonizada tras ser inculpada de fornicar con un demonio y malparir un descendiente del mal. Pero según cuenta la leyenda, el engen- dro sobrevivió al sacrificio y desde entonces hay quienes dicen haber visto al espantajo en las noches sin luna merodeando por el pueblo, clamando por su madre.El pueblo de Santa Aguada formaba parte de la comuna de Nomadía, que estaba integrada además por los pueblos de La Herbolaria y Los Cañales, y Comarcas Confederadas; com- puesta por Colonia, Cruz Alta y Montenegro.El Consejo del bienestar de la comuna ejercía el gobierno sobre la misma; se concentraba en Colonia, estaba formado por los consejeros de cada uno de los pueblos que la componían, y era dirigido por el consejero general.El consejero de Santa Aguada era Amadeo Mamerto LVII, descendiente de AmadeoVIII, herma- no de AmadeoVII el cornudo, que fue castrado y más tarde, acusado de matar a un hombre de una cornada, fue desterrado del pueblo.Amadeo VII llevaba el estigma de la sequía en la frente. Su cuerno puntiagudo crecía incesan- temente junto al desprecio y la burla que recibía por parte de sus congéneres. Cuando niño su madre se lo limaba con una piedra pómez para evitar que se le enredara entre las ramas de los árboles. Conforme pasó el tiempo fue albergando en su interior un fiero resentimiento hacia la raza humana, que lo llevó a entenderse con los animales. Así se lo podía ver indistintamente revolcarse con los chanchos, durmiendo entre las mulas y hasta comiendo con las vacas.Una siesta calurosa Idelfonso III, un primitivo habitante del pueblo, lo acusó de violar a su vaca porque el animal había malparido un ternero unicornio.Y los habitantes (a pesar de que era el primogénito del fundador del pueblo) resolvieron cas- trarlo para evitar que su simiente maldita proliferara.

Amadeo VII decidió buscar refugio lejos de aquellos que le hicieron tanto mal y se estableció en una cueva junto al río.Tiempo después durante una trifulca, el cornudo volvió a caer en desgracia, cuando mató bru- talmente a su contrincante. Luego de tomar impulso lo embistió violentamente y le ensar- tó el cuerno hasta el fondo de su ser.Esa vez había llegado demasiado lejos y por tanto debía irse demasiado lejos. Aquella fue, quizás, la última vez que en Santa Aguada oyeron su nombre.Y hasta la fecha está prohibido siquiera recordar tales sucesos.Sin embargo, cuando a Amadeo LXV se le pasaba la mano con el ron rememoraba las bestiali- dades de su antepasado, y se las relataba a sus hijos como si fueran grandes hazañas.Hasta que una noche Encarna, cansada de la verborragia etílica de su marido, le ordenó callarse.Cuando Amadeo levantó la mano en un intento por golpearla, ella tomó la botella de ron y se la partió en la cabeza. Después de ese incidente Amadeo ya no volvió a mencionar a su pariente aspudo. Esa fue la primera noche que su hijo menor se orinó en la cama. A la mañana siguiente su madre lo llevó a ver a Alcira, para que lo ayudara con su problema de incontinencia.Después de examinarlo con detenimiento la curandera llegó a la conclusión de que estaba ojeado.El tratamiento para curar su mal consistía en tomar durante siete días consecutivos su propia orina mezclada con ruda macho. Debía hacerlo rigurosamente a las cuatro y cuarto de la mañana de lo contrario no surtiría efecto.Por la noche comenzaron a preparar el brebaje.Mientras su mamá lo obligaba a orinar en un tarro, sus hermanos lo miraban y se reían delibe- radamente de su padecimiento.Encarna le había prometido al menor de sus hijos que si lograba contener su esfínter, su her- mano mayor lo llevaría a pasear en mula. Juan I tenía una mula que le había regalado su bisabuelo antes de morir y por las tardes llevaba a Juan III montado atrás a dar unas vueltas por el pueblo.Pero un día de invierno Juan I debió establecerse como jefe de familia y ocupar el puesto de su padre en la mina (pese a la disconformidad de su madre) y ya no pudo acompañar a su pequeño hermano.La llegada del invierno hacía estragos entre los habitantes de Nomadía, principalmente en los trabajadores de la mina, máxime en aquellos que tenían un achaque permanente como era el caso de Amadeo LXV.Amadeo yacía en cama desde hacía dos semanas y no mostraba signos de mejoría, a pesar de tomar la medicación en tiempo y forma como le había indicado el médico. Además de la constante carraspera y de los accesos de fiebre, su dificultad para respirar se acentuaba cada vez más. Estaba tan consumido que parecía haber envejecido más que su padre.

Nicanor XII tenía un pie sobre la tumba, no sólo porque ya le había llegado la hora, sino también porque él mismo se cavaba la fosa. A los cuarenta y nueve años trabajaba en el cementerio de la comuna, ubicado en el pueblo de Colonia.Su abuelo Nicanor Amadeo I fue el sereno del cementerio, que se fundó después de la guerra de los cien días en ese lugar, a razón de la cantidad de muertos que quedaron desperdigados.Nicanor Amadeo I decía haber conocido a Bucéfalo IX cuando era un viejo decrépito y senil.Bucéfalo Cómodo XC, era el consejero de Colonia, hombre y nombre ilustre entre los habitantes de la comuna.Cuando los colonizadores invadieron territorio nómade, Bucéfalo IX con tan sólo dieciocho años, reunió a sus tropas y opuso resistencia.Pero sus campañas militares fueron un completo desastre, a pesar de usar el mismo plan de batalla trazado por Amadeo Fulgencio VI, medio siglo antes.Cien días después de iniciada la contienda (en realidad fueron noventa y siete) condujo a su pueblo a la derrota en la batalla que tuvo lugar en lo que sería el actual territorio de Colonia.El pueblo quedó devastado y Bucéfalo IX al verse rodeado de cadáveres propios y ajenos (más lo primero que lo segundo) por honor y por vergüenza (más lo segundo que lo primero) intentó cortarse las venas, pero la espada estaba oxidada y apenas se hizo dos raspones.A razón de tan notable arrojo lo convirtieron en héroe, murió de viejo a los cincuenta años y fue el primer prócer que tuvo Nomadía. Su monumento se encuentra en el centro de la plaza principal del pueblo de Colonia.En la comuna la esperanza de vida siempre fue de cincuenta años, tanto para los hombres como para las mujeres.Por esa razón a Encarna le preocupaba que su marido no pasara de los treinta y tres, que Juan I corriera la misma suerte que su padre, que Gertrudis no contrajera enlace antes de los dieciséis y que Zaria aún no hubiera hecho su primera comunión.Zaria siempre se había mostrado escéptica hacia los preceptos religiosos, desde que había cues- tionado a su madre a cerca del sentido de concurrir a misa, hasta la tarde en que presenció el exorcismo de su hermano menor.Esos y otros motivos fueron los que condujeron a Encarna a recluirla en el convento.Sor Piedad, superiora del convento de Santa Anunciación Milagrosa, era la consejera del pueblo de Cruz Alta.El único modo en que una mujer accediera a ocupar el cargo de consejera era fornicando con el consejero general (o siendo religiosa).La residencia estaba emplazada en medio de una floresta, al norte del pueblo y sobre su capilla se elevaba una cruz de hierro de cinco metros.La decisión de internar a Zaria en el noviciado fue desacertada, ya que no lograba adaptarse a la forma de vida del claustro y rebatía cada una de las órdenes que la superiora impartía.En ese sentido se parecía a Juan II, ambos eran rebeldes e irreverentes.

Juan II era un niño sumamente inteligente según les refirió a sus padres la directora de la es- cuela. Era un verdadero portento tratándose de alguien que provenía de un padre analfa- beto y de una madre campesina. Su mayor inconveniente radicaba en que era totalmente indisciplinado.Por otra parte desde el nacimiento de Juan III se había sentido desplazado, ya que el pequeño cretino necesitaba más cuidados y atenciones debido a su naturaleza equívoca y tardía. Lo cual lo conducía a hacerle la vida áspera en cada oportunidad que se le presentara y a mo- farse de todos sus infortunios. Fue así que una fatídica siesta de junio, Juan II, enfermo de celos, lo difamó divulgando su más temible secreto. Desde entonces comenzó a llamarlo el meón junto a sus compañeros de escuela y además se reía de que su hermano menor le tuviera terror al cuadrúpedo.Cansado de soportar las burlas de Juan II, Juan III quiso aprender a andar en mula.El animal era manso pero estaba viejo y cansado.Cuando Juan intentaba montarla, la mula reculaba y cuando por fin lo conseguía, se negaba rotundamente a marchar.Hasta que al fin un día salió por en medio de la calle de tierra y para Juan significó toda una hazaña. Pero una tarde nublada, la bestia, tras asustarse al oír disparos de escopeta, enlo- queció y atropelló a una niña.Desde ese entonces Juan III y Mística se hicieron inseparables.Puesto que él no iba a la escuela se encontraban los domingos en la iglesia. Como ella era muy religiosa iba a confesarse tres días a la semana y Juan decidió hacerse monaguillo.Aunque su época como ayudante del clérigo fue efímera.El padre Prudencio XXIII era hombre proveniente de familia de Santos. Justo y severo invocaba la protección de San Florencio y asestaba aporreos y penitencias a quien no se ganara el favor Divino. Para ese entonces ya le había prometido el infierno a media comuna. Pero Juan III aún tenía posibilidades de salvarse si lo asistía en la iglesia.Algunas de sus tareas antes de la misa consistían en pasar la escoba, preparar el altar y sacar lustre al cáliz sagrado. Y así lo hizo durante dos semanas pero a la tercera se dejó tentar.Sentía curiosidad por saber a que sabía la sangre de Cristo y una mañana cualquiera empinó la botella de mistela.El padre al notar su ausencia comenzó a buscarlo por toda la iglesia. Cuando finalmente lo descubrió durmiendo la mona en el confesionario, lo echó a patadas en el trasero, le dijo que iba ir derecho al infierno y le dio a rezar diez Padres Nuestros, siete Aves Marías, cinco Credos y dos Pésames.Después de ese episodio Juan III tuvo la amarga sensación de que su ángel protector lo había abandonado a su suerte.Al punto los padres de Mística le prohibieron categóricamente al pequeño sacrílego acercarse a su niña.




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