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Cocina con Harry Potter

Published by William Books, 2022-05-23 17:31:48

Description: ¿Hay alguien en el mundo capaz de leer los libros de Harry Potter sin que se le haga la boca agua? La comida es un elemento espectacular de la saga creada por J.K. Rowling y se manifiesta, sorprendente y deliciosamente, de mil formas y en mil ocasiones: desayunos, almuerzos, cenas, aperitivos o meriendas. Son platos suntuosos elaborados con todo tipo de ingredientes que, además, tienen algo en común: todos son fantásticos y, gracias a este mágico libro, están al alcance de todos. La saga que ha vendido? 12 millones de ejemplares? ¡llega a la cocina! «Lleno de recetas para preparar los platos de la saga. Un libro muy divertido que acercará a los amantes de Harry Potter al mundo de la cocina

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8 cucharadas de mantequilla (una pastilla), fría y cortada en pedazos Relleno 1 bote de leche condensada de 14 onzas (397 g) ½ plátano maduro, pero firme, cortado en rodajas muy finas (no pelar ni cortar hasta el momento de preparar la tarta) Cobertura de nata montada ½ taza de nata líquida (35% MG mínimo) 2 cucharadas de azúcar glas ½ cucharadita de café instantáneo 1. Para la masa, poner en el robot de cocina la harina, el azúcar y la sal y pulsar el botón hasta mezclar. Agregar la mantequilla. Apretar el botón unas 15 veces, hasta que la masa parezca puré amarillo sin restos de polvo blanco. Verter la pasta en un cuenco grande. Añadir cuatro cucharadas de agua encima y remover con una espátula de silicona hasta que la masa se aglutine. Si queda seca, echar más agua, una cucharada cada vez (es preferible que quede húmeda a que quede seca). Formar una bola con la masa, envolver y enfriar 1 hora mínimo, hasta 3 días máximo. 2. Precalentar el horno a 220 ºC. Sacar del frigorífico la masa. En una superficie enharinada, aplastar la masa hasta que quede de un grosor de 3 mm. Cortar seis círculos de 12 cm. Meterlos en una bandeja de 6 magdalenas. Rizar los bordes para que quede bonito. Congelar 15 minutos. 3. Forrar las copas de masa con papel de plata, cubriendo los bordes. Llenarlas con legumbres secas o bolitas metálicas o de cerámica. Hornear unos 20 minutos, hasta que la pasta se seque y esté firme. Quitar el papel de plata y las bolitas, reducir la temperatura a 180 ºC y hornear otros 8 minutos, hasta que las copas se doren. Sacar del horno y dejar que se enfríen. 4. Meter la lata de leche condensada en un cazo y cubrirlo con agua. Hervir 3 horas, echando más agua si se evapora y baja de nivel. Si baja demasiado de nivel, el bote puede explotar. Apagar el fuego. Cuando el bote se enfríe y se pueda tocar, sacarlo del cazo y meterlo en el frigorífico hasta que esté muy frío. 5. Para preparar nata montada, batir la nata, el azúcar glas y el café en un cuenco hasta que se monte. 6. Para ensamblar la tarta, poner dos rodajas de plátano en el fondo de cada copa de masa. Echar una cucharada de leche condensada sobre las rodajas. Tomarse la leche condensada que quede o guardarla para otros usos. Acabar echando la nata o regar la leche condensada con la nata usando una manga pastelera. Refrigerar hasta que esté lista para servir (antes de 24 horas). NO PREPARAR esta receta si sois olvidadizos. Si el agua que hierve se evapora, el bote explotará. Hay que vigilar todo el tiempo el nivel del agua del cazo.

Faisán asado Malfoy se siente excluido, pero Harry prefiere estar con sus amigos a cenar con el profesor Slughorn en el tren de Hogwarts, donde Slughorn ha invitado a comer faisán a los selectos miembros del Club de las Eminencias (véase Harry Potter y el misterio del príncipe, capítulo 7). «¿Faisán con cruasán? ¡Este sultán es un patán!» En Shrek, el libro ilustrado de William Steig, hay un pasaje en que se menciona la palabra faisán que entusiasma a los americanos porque contiene rimas y aliteraciones, pero aquí lo hemos adaptado. El faisán fue introducido en Inglaterra por los romanos, que no eran patanes ni conocían los cruasanes, pero tenían buen apetito y sabían apreciar una buena pata de pato o de pito en pepito o en pepitoria. Para 4 personas. 1 cebolla en rodajas muy finas 2 tallos de apio troceados 2 zanahorias troceadas 4 dientes de ajo 1 faisán Aceite de oliva para pintar el faisán Sal y pimienta negra recién molida 1 taza de agua 1. Precalentar el horno a 190 ºC. Poner la cebolla en una bandeja con rejilla y agregar encima el apio, la zanahoria y los ajos. 2. Lavar el faisán con agua fría y secarlo con papel de cocina. Ponerlo en la rejilla: las pechugas arriba, las alas remetidas debajo. Pintar con el aceite y espolvorear encima la sal y la pimienta. Poner el agua en la bandeja. 3. Meter la bandeja en el horno y asar 45 minutos o hasta que la carne esté jugosa. 4. Sacar el faisán del horno y dejar reposar 20 minutos antes de trinchar. Capítulo cuarto Recetas de un gigante y un elfo Hagrid es el tipo más valiente que ha conocido Harry, y aunque como cocinero es un desastre, hay que admirar la gran iniciativa que tiene en la cocina. No le asustan las comidas que incluso los cocineros experimentados dejan en manos de los profesionales. No tiene miedo de preparar por primera vez el caramelo de melaza (y si se nos quedan

los dientes pegados, da igual) ni los bollos de azúcar que deben fermentar dos veces. Hagrid, el guardabosques de Hogwarts, vive en una pequeña cabaña de madera cercana al Bosque Prohibido. Está muy orgulloso de las dos importantes misiones que le han confiado: dejar a Harry con los Dursley a la muerte de sus padres y llevarlo a Hogwarts cuando alcance la edad escolar. Hagrid tiene un interés especial por Harry y rápidamente se hacen amigos (véase Harry Potter y la piedra filosofal). Harry y sus amigos lo visitan a menudo para tomar el té y en su cabaña aprenden que tener experiencia en la cocina no garantiza buenos resultados. Fingen que les gustan los pasteles que prepara, que están duros como las piedras, y cierto guisado de carne en el que encuentran una garra. No tengáis miedo; las recetas que hay a continuación no son como las de Hagrid y están ricas, pero si tenéis el espíritu aventurero de Harry Potter, seguid las instrucciones especiales para que os salgan como a Hagrid. Pasteles de roca Este manjar, si se puede l amar así a algo preparado por Hagrid, suele encontrarse en su despensa, como se indica en más de tres ocasiones en los libros de Harry. Aunque los pasteles de roca de Hagrid no son nada del otro mundo, veréis que son muy sabrosos (véase Harry Potter y la piedra filosofal, capítulo 8; Harry Potter y el cáliz de fuego>,capítulo 3; y Harry Potter y el misterio del príncipe, capítulo 11). Los pasteles de roca, que no son pasteles, sino pastas que se toman tradicionalmente a la hora del té, parecen de piedra pómez, pero no saben a piedra, a no ser que se guarden un par de meses, que seguramente es lo que hace Hagrid. Los pasteles de roca tienen una historia breve y parece que los inventaron los victorianos. Salen 12 pastas. 2 tazas de harina de trigo ½ taza de azúcar granulado 1 cucharadita de levadura ½ cucharadita de canela ¼ de cucharadita de sal 1 pastilla de mantequilla fría (8 cucharadas), cortada en pedazos 1 huevo 1/3 tercio de taza de leche entera 1 taza de pasas 1. Precalentar el horno a 180 ºC. Engrasar y enharinar una bandeja grande para pastas. Mezclar en un cuenco la

harina, el azúcar, la levadura, la canela y la sal. Mezclar los ingredientes secos con la mantequilla, con los dedos, hasta que la pasta tenga la consistencia de arena mojada. 2. Batir el huevo con la leche y verter la mezcla sobre la pasta de la mantequilla. Remover con una espátula hasta que la masa quede firme. Hundir las pasas en la masa. Poner cucharadas de masa (con cuchara redonda), separadas entre sí 5 cm, en la bandeja previamente preparada. 3. Hornear 25 minutos o hasta que la base de las pastas se dore, girando la bandeja a mitad de cocción. Si queréis que os salgan como las de Hagrid, horneadlas más tiempo y coméoslas una semana después. Ojalá viváis para contarlo. Primera tarta de cumpleaños de Harry: Tarta rellena de chocolate Por muy poco corazón que tenga una mujer, es de esperar que alguna vez prepare o compre una tarta de cumpleaños para un sobrino huérfano. Pero Harry Potter no tiene esa suerte y recibe su primera tarta cuando cumple once, y se la prepara Hagrid (véase Harry Potter y la piedra filosofal, capítulo 4). Los antiguos pueblos de México valoraban tanto los granos de cacao que los utilizaban como moneda. Hernán Cortés y sus muchachos volvieron con ellos a España en el siglo xvi y muy poco tiempo después ya se fabricaba y consumía chocolate en toda Europa. Los holandeses acabaron preparando el chocolate y el cacao en polvo tal como los conocemos actualmente, y los suizos añadieron la leche. Para 16 raciones. Tarta de chocolate ¾ de taza de agua hirviendo ½ taza de cacao en polvo desgrasado 1 cucharadita de café instantáneo 1 taza de harina de trigo común 1 cucharadita de levadura ¼ de cucharadita de sal 1 pastilla de mantequilla

(8 cucharadas), a temperatura ambiente 1 taza de azúcar granulado ½ taza de azúcar moreno 3 huevos a temperatura ambiente 1 cucharadita de extracto de vainilla pura Glaseado de chocolate > 220 g de chocolate negro picado ¾ de taza de nata líquida (35% MG mínimo) ¼ de pastilla de mantequilla (2 cucharadas) ¼ de taza de jarabe de maíz Baño de chocolate 1 pastilla de mantequilla (8 cucharadas) 1 taza de azúcar glas 1 cucharada de nata líquida

1 cucharadita de extracto de vainilla pura La mitad del glaseado de chocolate de más arriba Baño verde 1 taza de azúcar gla Agua para pasta Colorante alimentario verde 1. Para hacer la tarta, precalentar el horno a 180 ºC. Engrasar y enharinar dos moldes redondos de 20 cm y forrar el fondo con papel de horno. 2. Mezclar el agua hirviendo, el cacao y el café en un cuenco pequeño o un vaso graduado hasta que la pasta quede sin grumos; reservar. Mezclar en otro cuenco la harina, la levadura y la sal, y reservar. 3. En un recipiente grande batir con batidora eléctrica la mantequilla, el azúcar granulado y el azúcar moreno hasta que la pasta quede suave y esponjosa, rascando los laterales si hace falta, durante unos 5 minutos. Agregar los huevos, uno a uno, batiendo continuamente y rascando los laterales si es necesario. Añadir la vainilla y mezclar. Echar el cacao caliente y seguir removiendo, rascando las paredes si es necesario. Echar la mezcla de harina y batir a velocidad mínima. Rascar el fondo del cuenco y echarlo a la mezcla con una espátula. Repartir la masa entre los dos moldes y hornear 20 minutos hasta que los pasteles estén firmes; si se clava un mondadientes en el centro, ha de salir con algunas migas. Procurar que el pastel no se haga demasiado. Enfriarlos en los moldes 10 minutos, luego volcarlos en una rejilla y dejar enfriar del todo. 4. Para el glaseado, echar en un cuenco el chocolate, la nata líquida, la mantequilla y el jarabe de maíz, y poner en el microondas un par de minutos. Remover hasta deshacer los grumos. Enfriar hasta que se espese, pero que se pueda verter. 5. Para la cobertura de chocolate, echar en un cuenco grande la mantequilla, el azúcar glas, la nata y la vainilla, y batir unos 7 minutos, hasta que la masa quede suave y esponjosa, rascando las paredes si hace falta. Echar la mitad del glaseado de chocolate frío y mezclar de nuevo. Si la cobertura ha quedado demasiado líquida, enfriar 10 minutos y seguir batiendo. 6. Para el glaseado, echar una cucharada de agua al azúcar glas cada vez y mezclar hasta formar una pasta espesa. Añadir el colorante poco a poco hasta conseguir el matiz de verde que se desea. 7. Para montar la tarta, poner una capa boca abajo en una bandeja redonda de cartón. Extender por encima tres cuartos de taza de la cobertura de chocolate y alisar hasta los bordes. Poner la otra capa encima, boca arriba, y extender por encima y por los lados el chocolate que queda. Agregar el glaseado restante por encima y alisar hasta los bordes, dejando que gotee un poco de manera asimétrica (si el glaseado ha quedado demasiado espeso, calentar un poco en el microondas y remover para repartir el calor. Puede que haya que esperar otra vez a que se enfríe). Si ha quedado cobertura de chocolate, meter en una manga pastelera y formar una orla decorativa alrededor de la base de la tarta. Meter el glaseado verde en una manga pastelera de boquilla redonda y escribir encima «Feliz cumpleaños, Harry». La tarta tendrá un aspecto muy casero. Eso esperamos. La ha hecho Hagrid. En vez de manga pastelera, usar una bolsa de plástico corriente. Cortar una punta con unas tijeras, llenar la bolsa con el glaseado verde y apretar para que salga por el agujero.

Bollos de azúcar Cuando Hagrid invita a Ron y a Harry a tomar el té en Harry Potter y el prisionero de Azkaban, Ron piensa que Hagrid quiere enterarse de todos los detalles acerca del ataque de Sirius Black contra él. Pero Hagrid quiere hablarles… de Hermione. Así que toman asiento y se sienten culpables por partida doble: han olvidado ayudar a Hagrid en el juicio del hipogrifo Buckbeak y no han sido buenos amigos con Hermione. Pero estos sentimientos de culpa no les impiden rechazar los bollos de azúcar de Hagrid. Saben muy bien a qué sabrán. Bath, ciudad del suroeste de Inglaterra, es famosa no solo por sus termas y sus ruinas romanas, sino también por unos bollos de azúcar que se llaman «bollos de Bath». Su creación se atribuye, de manera errónea seguramente, a William Oliver, un médico del siglo xviii. Los historiadores no acaban de creerse que un médico que inventó productos para ayudar en la digestión de sus pacientes (como las galletas digestivas Bath Oliver), recetara unos bollos que saben a gloria. Para 8-16 bollos. ¼ de taza de agua caliente 2 cucharaditas y ¼ de levadura seca (1 sobre) 7 cucharadas de azúcar granulado ½ taza de leche entera ¼ de pastilla de mantequilla (2 cucharadas) 2 tazas y ½ de harina de trigo común 1 cucharadita de sal 2 huevos a temperatura ambiente Corteza rallada de 1 limón Corteza rallada de 1 naranja ¾ de taza de pasas de Corinto o de arándanos rojos, secos y edulcorados 1 cucharadita de carvis (semillas de alcaravea)

1 huevo batido con 1 cucharada de agua, para pintar los bollos Azúcar turbinado (véase el capítulo «Introducción»), para espolvorear 1. Engrasar y enharinar dos bandejas de pastas o forrar con papel de horno y reservar. Rociar con espray de cocina un cuenco grande y dejar a un lado. Mezclar en un cuenco el agua, la levadura y una cucharada de azúcar y reservar 10 minutos, hasta que suba la levadura. Calentar la leche y la mantequilla en una cacerola hasta que se derrita la mantequilla. Quitarla del fuego, pero mantenerla caliente (no quemando; si está demasiado caliente echará a perder la levadura). 2. Mezclar la harina, el azúcar granulado restante y la sal. Verter en la leche los huevos, las ralladuras de limón y naranja y mezclar. Echar en la harina la levadura, la mezcla de leche, las pasas o los arándanos y los carvis, y mezclar. Amasar entre 10 y 15 minutos en el cuenco o en una superficie ligeramente enharinada, hasta que quede sin grumos y elástica. Estará pegajosa, pero perderá esta cualidad conforme se amase. Si sigue pegajosa, añadir una cucharada de harina cada vez (media taza máximo). Si tienes una batidora con pie fijo, se puede amasar con el brazo de batir; la masa debería dejar limpios los laterales del cuenco. 3. Poner la masa en el cuenco engrasado y darle vueltas para que se impregne (o rociar la parte superior con espray de cocina). Cubrirlo con plástico y dejar alrededor de hora y media en un lugar cálido y no aireado, hasta que la masa adquiera el doble de volumen. 4. Poner la masa en una superficie limpia y partir por la mitad. Cortar por la mitad otra vez las dos mitades; partir cada cuarto por la mitad y seguir así hasta formar 16 porciones de masa. Formar una bola con cada una. Ponerlas en las bandejas de pastas. Dejarlas hasta que adquieran el doble de volumen, unas 2 horas. 5. Precalentar el horno a 180 ºC. Pintar las bolas de masa con el huevo batido y espolvorear el azúcar turbinado. Hornear los bollos 15 minutos, hasta que se dore la parte superior, dando la vuelta a las bandejas a mitad de cocción. Sacar del horno y poner en una rejilla hasta que se enfríen del todo. Estos bollos no se conservan bien. Deben comerse al poco de hornearse, un par de horas después a lo sumo. Caramelo de melaza El caramelo de Hagrid que pega los dientes resulta la mar de útil: cuando se l evan a Hagrid a Azkaban, Harry se lo da de comer a Fang para calmarlo. Fang no puede ladrar porque tiene los colmil os pegados. El caramelo no es algo que todo el mundo sepa hacer, así que no es de extrañar que a Hagrid no le salga del todo bien (véase Harry Potter y la cámara secreta, capítulo 15). Hacer caramelo estuvo de moda en los colegios femeninos de finales del siglo xix. ¿Sois capaces de imaginar que eso fuera lo más guay en los colegios de hoy en día? Desde luego, los tiempos han cambiado. No sabemos quién inventó el caramelo, pero se especula que fue en Estados Unidos, a principios del siglo xix. La palabra española «caramelo» procede del portugués y viene del latín medieval cannamellis, «caña de miel».

Salen 64 caramelos. 1 taza de azúcar granulado 1 taza colmada de azúcar moreno 1 pastilla de mantequilla (8 cucharadas) ½ taza de nata líquida 2 cucharadas de melaza negra ¼ de cucharadita de crémor tártaro 1 cucharadita de extracto de vainilla pura 1. Engrasar una cacerola cuadrada de 20 x 20 cm y reservar. Echar en una cacerola mediana el azúcar granulado, el azúcar moreno, la mantequilla, la nata, la melaza y el crémor. Cocer a fuego medio-alto, removiendo continuamente, hasta que la mantequilla se funda y los ingredientes se mezclen. Si el azúcar cristaliza en los lados de la cacerola, mojarlo con pincel de repostería previamente humedecido en agua caliente para impedir que cristalice otra vez. Adosar a la cacerola un termómetro y seguir cociendo sin remover hasta que la mezcla llegue a 115 ºC. 2. Retirar la cacerola del fuego y agregar la vainilla removiendo. Esperar a que deje de burbujear y se enfríe un poco, unos 5 minutos. Quitar el termómetro y batir o remover con energía con una cuchara de madera durante 15 o 20 minutos, hasta que la mezcla pierda brillo y quede muy espesa. Verter la mezcla en la cacerola preparada al principio y alisar la superficie. Puede hacerse con una lámina de plástico o con la palma de la mano. 3. Enfriar del todo hasta cortar dados de 5 cm. Si la mezcla se calienta demasiado, el caramelo se apelmazará y cuando quiera removerse será un terrón duro y granulado. Y si no se calienta lo suficiente, no se espesará y quedará como un puré pastoso. En este último caso puede salvarse volviendo a echarlo en la cacerola con un poco de agua (no pasa nada, se evaporará) y recalentar hasta alcanzar la temperatura justa. Pastel Dundee (bizcocho de frutas) para niños y niñas Hagrid está a punto de ofrecer a Harry y a Ron un bizcocho de frutas, pero está muy nervioso. Sospecha que en cualquier momento se lo l evarán a Azkaban por un delito que no ha cometido. Cuando oye que l aman a la puerta, tiembla tanto que el pastel se le cae al suelo ( Harry Potter y la cámara secreta, capítulo 14). Érase una vez una ciudad muy lejana, llamada Dundee (Escocia), que fabricaba mermelada. Pero no se fabricaba todo el año. Y para matar el resto del tiempo, a los fabricantes se les ocurrió fabricar un bizcocho de frutas con cáscara de naranja y almendras que importaban comerciantes españoles. Y así nació el pastel Dundee.

Salen 16 raciones, o 32, si el personal se contenta con menos. 2 tazas de harina de trigo común ½ taza de almendras molidas 1 cucharadita de levadura ½ cucharadita de sal 1 pastilla y ½ de mantequilla (12 cucharadas) 1 taza y ½ de azúcar granulado 2 huevos ¼ de cucharadita de extracto de almendras Zumo y corteza de una naranja ¼ de taza de mermelada ¼ de taza de zumo de manzana ½ taza de pasas negras ½ taza de pasas rubias ½ taza de pasas de Corinto o arándanos rojos, secos y edulcorados ½ taza de cerezas confitadas y picadas (opcional) Almendras crudas enteras para decorar el pastel 1. Precalentar el horno a 150 ºC. Engrasar y enharinar un molde de pasteles de 23 cm y 5 cm de grosor mínimo, y reservar. Batir la harina con las almendras molidas, la levadura y la sal. 2. En otro cuenco mezclar la mantequilla y el azúcar con batidora eléctrica, unos 5 minutos, hasta que la pasta quede suave y esponjosa, rascando los laterales si hace falta. Echar los huevos, uno a uno, batiendo conforme se echan, hasta homogeneizar la mezcla. Echar el extracto de almendras y batir. Añadir la cáscara de naranja, el zumo y la mermelada, y batir hasta homogeneizar. Añadir el zumo de manzana y batir. Agregar luego la mezcla de la harina, batiendo a velocidad mínima, hasta homogeneizar. Verter las pasas negras, las rubias, las de Corinto o los arándanos, y las cerezas (si procede) sin dejar de batir. 3. Verter la masa en el molde y alisar la superficie con una espátula de silicona. Decorar por encima con las almendras enteras, formando círculos concéntricos. Hornear una hora, luego reducir la temperatura a 135 ºC y hornear otra hora o hasta que salga limpio un mondadientes hundido en el centro. 4. Sacar del horno y enfriar en el molde. Cuando esté totalmente frío, volcarlo en una bandeja redonda de cartón y volver a volcarlo en una fuente o en otra bandeja de cartón. Como es casi imposible encontrar cáscara de naranja confitada, en esta receta utilizamos mermelada. Si sois adultos y queréis hacer el pastel Dundee tradicional, en vez de zumo de manzana, poned brandy.

Tarta de melaza con almendra, jengibre y melocotón Harry lo está pasando mal. No es divertido entrar en la mente de Voldemort. A punto de vomitar, se levanta bruscamente de la mesa. Kreacher, últimamente preocupado por su amo, le ofrece tarta de melaza (véase Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, capítulo 12). La melaza es un residuo de la fabricación del azúcar y se parece mucho a la miel negra o de caña. Se usa sobre todo en Inglaterra y tiene un sabor delicioso. Si no se encuentra sirope dorado (melaza clara), puede emplearse miel de caña, sirope negro de maíz, e incluso sirope de arce puro. Para 8 bocas hambrientas. Masa base 1 taza de harina de trigo ½ taza de almendras molidas ¼ de taza de azúcar granulado ¼ de cucharadita de sal 1 pastilla de mantequilla o margarina fría (8 cucharadas), en trozos 1 yema de huevo 1 cucharada de nata líquida (35% MG mínimo) 1 cucharadita de vainilla Relleno 1 melocotón en rodajas finas 1 taza de sirope dorado o de sirope negro de maíz 2 tazas de pan rallado (de 6 a 8 rodajas trituradas en el robot de cocina) ½ taza de almendras picadas 1 cucharadita de jengibre molido 1 huevo batido con una cucharada de agua, para pintar la superficie 1. Mezclar en un cuenco grande la harina, las almendras molidas, el azúcar y la sal. Picar la mantequilla encima de la harina hasta que la cubra por completo; picar con un cortador de pasta, con dos cuchillos, incluso con los dedos; también puede emplearse el robot de cocina, pulsando entre 15 y 20 veces; no han de quedar restos harinosos y la mezcla ha de parecer un puré amarillo. Pasar esta masa a un cuenco grande.

2. Batir la yema con la nata y la vainilla, y verter en la masa que acaba de prepararse. Remover con una espátula hasta que la mezcla quede homogénea y luego amasar brevemente. Formar una bola con un tercio de la masa y otra con los dos tercios restantes. Envolver en plástico y enfriar entre 2 horas mínimo y 3 días máximo. 3. Precalentar el horno a 180 ºC. Sacar del frigorífico la bola más grande y espolvorear ambas caras con abundante harina. En una superficie enharinada, aplanarla hasta que tenga 25 cm de diámetro. Poner en un molde de 23 cm y apretar en el fondo y en los lados. Es una masa muy delicada, pero también muy maleable, sobre todo si se usa margarina en vez de mantequilla (lo que se pierde en sabor se gana en seguridad). Se podrá remodelar, amasar y extender varias veces sin que pierda elasticidad. Si queda demasiado blanda, meter otra vez en el frigorífico para que adquiera firmeza. 4. Poner las rodajas de melocotón en el fondo de la tarta. Calentar el sirope dorado en el microondas o en una cacerola pequeña hasta que adquiera liquidez. Echar en un cuenco el sirope dorado, el pan, las almendras picadas y el jengibre y mezclar bien. Verter la mezcla sobre la masa base de la tarta y extenderla sobre las rodajas de melocotón con una espátula de silicona. 5. Sacar del frigorífico el disco menor y espolvorear por ambos lados con harina abundante. Aplanar el disco en una superficie enharinada hasta que tenga 30 mm de grosor. Cortar la masa en tiras con un cuchillo. Poner la mitad de las tiras encima de la tarta en un sentido y la otra mitad en el otro sentido, formando una reja. No entrecruzarlas. Basta ponerlas encima, porque pueden romperse si se manipulan y en ese caso habrá que repararlas. 6. Pintar las tiras con el huevo batido y cocer la tarta 45 minutos, hasta que se dore. Servir templada o a temperatura ambiente, con o sin una cucharada de helado de vainilla. Galletas de azúcar Harry ha sufrido una fuerte conmoción; ha visto a Voldemort matar a un compañero de Hogwarts y él mismo se ha salvado por los pelos; y aparte de Ron y Hermione, Hagrid es de las pocas personas en quienes confía. Días después del trágico episodio, Harry está en la cabaña de Hagrid, tomando el té con las gal etas pastosas del gigante (véase Harry Potter y el cáliz de fuego, capítulo 27). Si quieres imitar las chapuzas de Hagrid, puedes hacer las gal etas más gruesas de lo recomendado y hornearlas la mitad de tiempo. Los americanos dicen cookie, los británicos dicen biscuit y en español se llama «galleta» tanto el bizcocho marinero que se hace con harina sin levadura («bizcocho» significa «cocido dos veces», lo mismo que biscuit) como la golosina que conocemos hoy. Los romanos confeccionaban galletas secas que freían y se comían con miel y pimienta. En tiempos modernos, los cocineros aprendieron a mezclar la harina con azúcar, huevos, mantequilla y otras mil cosas apetitosas y así tenemos la gran variedad de galletas que hay en la actualidad. Salen 8 docenas de galletas de 4 cm o 4 docenas de galletas de 8 cm. 3 tazas de harina de trigo común ½ cucharadita de bicarbonato

¼ de cucharadita de sal 2 pastillas de mantequilla (16 cucharadas) 1 taza y ½ de azúcar granulado 2 huevos 1 cucharadita y ½ de extracto de vainilla pura Azúcar turbinado o granulado para espolvorear (véase el capítulo «Introducción») 1. Mezclar la harina, el bicarbonato y la sal. 2. En otro cuenco mezclar la mantequilla y el azúcar con batidora eléctrica, unos 5 minutos, hasta que la pasta esté suave y esponjosa, rascando los laterales si hace falta. Echar los huevos, uno cada vez, batiendo según se echan, hasta homogeneizar la pasta. Agregar la vainilla y batir. Añadir la mezcla harinosa y batir a velocidad mínima hasta homogeneizar, rascando los laterales si hace falta. Dividir la masa en dos, formar sendos discos, envolver en plástico y enfriar unas 2 horas, hasta que adquieran firmeza. 3. Precalentar el horno a 180 ºC y forrar con papel de horno dos bandejas de galletas. Sacar los discos del frigorífico. Trabajar primero un disco y luego el otro. Aplanar la masa hasta que tenga unos 6-7 mm de grosor. Cortar círculos de masa con un molde de entre 4 cm y 8 cm de diámetro. Poner los círculos en las bandejas y espolvorear con azúcar turbinado o granulado. 4. Hornear 12 minutos, girando las bandejas a mitad de cocción. Enfriar pasando las galletas a una rejilla. Repetir hasta agotar la masa. Para hacer galletas pastosas como las de Hagrid, hornearlas la mitad de tiempo. Pero ojo, porque la pasta de galleta mal horneada os puede sentar mal y como mínimo daros dolor de estómago. Sopa de cebolla de Kreacher Dar a Kreacher el medal ón de Regulus fue una buena jugada: Harry nunca había probado una sopa de cebol a mejor (véase Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, capítulo 12).

La sopa de cebolla fue comida de pobres durante dos mil años o más. Pero cuando los franceses le añadieron caldo de carne, queso fundido y tropezones (generalmente picatostes picados), el guiso se convirtió en un plato exquisito para paladares exigentes. Para 6 personas. 4 cebollas medianas ½ pastilla de mantequilla fundida (4 cucharadas) 1 baguette ½ taza de parmesano rallado 1 cucharadita de sal ¼ de taza de pimienta negra recién molida ¼ de cucharadita de azúcar 1 cucharada de harina de trigo 6 tazas de caldo de ternera o de pollo (mejor ternera) Más parmesano rallado, para servir 1. Precalentar el horno a 180 ºC. Pelar las cebollas, cortarlas por la mitad en sentido vertical y en rodajas muy finas. Calentar la mantequilla en una olla. Quitar la olla del fuego. 2. Partir una punta de la baguette y cortar rodajas de 2 cm de anchura para hacer picatostes. Tapar la pastilla cortada y guardar para el final. Mojar un pincel de repostería en la mantequilla caliente de la olla y pintar una cara de cada rodaja de pan. Poner las rodajas con el lado untado hacia arriba en una bandeja de horno y espolvorear con el queso. Tostar en el horno unos 10 minutos o hasta que se doren. 3. Mientras se tuestan, poner la olla en el fuego y echar las cebollas. Sazonar con sal y pimienta. Añadir el azúcar sin dejar de remover y seguir así con fuego medio-alto unos 15 minutos, hasta que las cebollas estén doradas. 4. Verter la harina sin dejar de mezclar. Añadir poco a poco el caldo mientras se remueve y llevar la sopa a punto de ebullición. Reducir a fuego lento y cocer sin tapar 30 minutos. 5. Servir la sopa en tazones templados y poner una tostada con queso en el centro, luego espolvorear queso alrededor. Para hacer sopa de cebolla a la francesa con Gruyère y no con parmesano, precalentar el horno a 160 ºC. Servirla en tazones refractarios. Espolvorear una cucharada de Gruyère troceado y media cucharadita de ajo crudo rallado por cada tazón. Poner encima una tostada untada con mantequilla y espolvorear con menos de un cuarto de taza de Gruyère rallado. Cocer 20 minutos o hasta que se dore a la parrilla.

Estofado de carne con albóndigas de finas hierbas Precisamente cuando Harry está a punto de vomitar a raíz de otra incursión en la mente de Voldemort, Kreacher quiere ofrecerle estofado. No apetecen este tipo de platos en momentos así, ¿verdad? (Véase Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, capítulo 12). No es precisamente alta cocina, pero no hay nada como este plato para templar el ánimo y el esqueleto. Las humildes albóndigas están en circulación desde hace siglos. Los escoceses las hacen con hojas de ortiga, brotes de espino y hojas de diente de león: ¿a que parece más un brebaje de bruja que una comida? Y es que los gustos han cambiado mucho. Para 6 platos. Albóndigas de finas hierbas 1 taza de harina ¼ de taza de sal 1 cucharadita de levadura ¼ de cucharadita de pimienta negra recién molida ¼ de cucharadita de salvia molida ¼ de cucharadita de tomillo molido ¼ de cucharadita de mejorana seca 2 cucharadas de perejil fresco picado ½ pastilla de mantequilla o margarina (4 cucharadas), fría y en pedazos 2 cucharadas de leche 1 huevo Estofado de ternera 3 cucharadas de aceite vegetal ¾ de kilo de filete de aguja, sin grasa y en dados de 1 cm 1 cebolla picada 1 cucharada de harina 1 envase de caldo de pollo (400 ml) Sal y pimienta negra recién molida, al gusto 2 zanahorias cortadas en dados de 2 cm 2 tallos de apio cortados en trozos de 2 cm 4 patatas rojas, sin pelar, restregadas y cortadas en dados de 2 cm 1. Para hacer las albóndigas, mezclar la harina, la sal, la levadura, la pimienta negra y las hierbas. Echar la mantequilla y mezclar con los dedos hasta que quede como un puré, sin restos de polvo.

2. Batir los huevos y la leche y añadir a la mezcla anterior. Remover con una espátula de silicona hasta que la masa se aglutine. Aplastar la superficie con plástico y enfriar hasta que se necesite. 3. Para hacer el estofado, calentar una cucharada de aceite en una olla o una cacerola ancha y echar la carne por tandas, dorando los dados por ambas partes a fuego alto, 4 o 5 minutos, hasta que se pongan ligeramente crujientes, y pasar cada tanda a una fuente. Echar las dos cucharadas de aceite que quedan en la cacerola. Echar la cebolla y cocer a fuego medio-bajo hasta que se ablande, rascando las adherencias del fondo con una cuchara de madera. 4. Echar la harina en la cacerola y remover hasta que se mezcle. Verter el caldo de pollo y remover hasta mezclar bien. Añadir la sal, la pimienta y la carne con el jugo acumulado y cocer a fuego medioalto, removiendo de vez en cuando, hasta que se espese y burbujee. Reducir a fuego lento y cocer así hora y media. 5. Agregar las zanahorias, el apio y las patatas y cocer a fuego lento una hora, removiendo de vez en cuando. Sacar del frigorífico la masa de las albóndigas. Con las manos húmedas hacer bolas de 2,5 cm de diámetro, incorporándolas al estofado conforme se hacen. Humedecerse las manos cuando haga falta, para que no se pegue la masa. Tapar la cacerola y cocer a fuego lento otros 30 minutos, hasta que las albóndigas se hinchen y se noten hechas cuando se aprieten con Bollitos calientes Desayunar café y bol itos calientes… Mmmm, qué pasada, oiga. Por desgracia, es la última comida que Kreacher sirve a nuestro trío favorito. Cuando escapan del Ministerio de Magia, vagan de bosque en bosque, muertos de hambre y suspirando por los maravil osos platos de Kreacher (véase Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, capítulo 7). Los bollos se consumen más en el desayuno porque suben y se cuecen más deprisa que los panecillos, pero para hacerlos hay que levantarse muy temprano. Si te gusta dormir, prepáralos el día anterior y deja que suban en el frigorífico por la noche. Lo único que tendrás que hacer por la mañana es meterlos en el horno. De lo contrario, el cansancio podrá contigo. Para 8 bollos. ¼ de taza de agua caliente 1 cucharada (1 sobre) de levadura seca 1 cucharada de azúcar granulado ½ pastilla de mantequilla (4 cucharadas) ½ taza de leche entera 1 huevo 1 yema de huevo

2 tazas y ½ de harina de trigo 1/3 de taza de azúcar granulado ½ cucharadita de sal 1. Mezclar en un cuenco el agua, la levadura y la cucharada de azúcar y apartar hasta que la masa se ponga esponjosa. En una cacerola pequeña echar la mantequilla y la leche y calentar hasta que la mantequilla se derrita. Verter en un cuenco e incorporar sin dejar de batir el huevo y la yema. En otro cuenco mezclar la harina, el azúcar restante y la sal. Echar la mezcla de la levadura y la mezcla de la leche en el cuenco de la mezcla de la harina y remover con una cuchara de madera hasta homogeneizar. Amasar en el cuenco o en una superficie ligeramente enharinada, entre 10 y 15 minutos, hasta que la masa quede sin grumos y elástica. Poner en un bol engrasado, girando la masa para impregnarla por todos los lados. Cubrir el bol con plástico y dejar en un lugar cálido y libre de corrientes unas 2 horas, para que suba hasta alcanzar el doble de volumen. 2. Engrasar y enharinar una bandeja de horno. Volcar la masa en una superficie limpia. Cortarla por la mitad, cortar las mitades en dos y así hasta que haya 8 masas. Formar con ellas flautas de 10 cm y hacer lazos, remetiendo los extremos. También pueden moldearse como pelotas. Poner las masas en una bandeja y reservar entre 2 y 3 horas, para que suban y alcancen el doble de volumen. 3. Precalentar el horno a 180 ºC. Hornear los bollos 15 minutos, dando la vuelta a la bandeja a mitad de cocción, hasta que se doren ligeramente. Pasar a una rejilla para que se enfríen un poco. Servir calientes. Al cabo de unas horas, los bollos se endurecen y se comen mejor recién salidos del horno, abiertos y rellenos con mantequilla y mermelada. Guisado de carne He aquí una bonita y acogedora escena: los cuatro sentados a la mesa de la cabaña de Hagrid, la l uvia azota las ventanas, el fuego arde alegremente en la chimenea, y Harry, Ron y Hermione comentan lo que saben sobre el Torneo de los Tres Magos. Tenemos el ambiente y el tema de conversación; solo falta una buena comida. Nuestros héroes han rechazado el estofado de ternera porque han encontrado una garra en un plato (véase Harry Potter y el cáliz de fuego, capítulo 16). Para 4 lobos hambrientos. Cuando llegaba el domingo, los antiguos britanos comían asado. El resto de la carne lo dejaban para preparar otros platos con grasa y alimentos parecidos. Por suerte, hoy podemos comprar carne en pequeñas cantidades y cocinarla cuando aún está fresca. El guisado de carne, que cuesta un poco de preparar, pero vale la pena, sabe estupendo

mezclado con puré de patatas, con arroz o con pasta (con tallarines al huevo queda muy elegante). 3 cucharadas soperas de aceite vegetal ¾ de kilo de filete de aguja, sin grasa y en dados de 2-3 cm 1 cebolla picada 1 tallo de apio picado 3 cucharadas de harina de trigo común 3 tazas de caldo de pollo 1 cucharada de pasta de tomate 300 g de champiñones en rodajas Sal y pimienta negra recién molida 1. Precalentar el horno a 180 ºC. Poner al fuego una cazuela grande y calentar una cucharada de aceite. Poner la mitad de la carne sin que se amontone y freír a fuego alto unos 5 minutos, hasta que se dore. Dar la vuelta a los dados para que se dore la otra cara. Pasar la carne a una fuente. Limpiar la cazuela y calentar otra cucharada de aceite. Repetir con el resto de la carne. 2. Limpiar la cazuela y calentar la última cucharada de aceite. Echar la cebolla y el apio. Freír a fuego medio 10-15 minutos, hasta que la cebolla se dore, raspando los pegotes que se adhieran al fondo de la cazuela. 3. Espolvorear la harina encima de la cebolla y el apio, y remover hasta que se disuelva. Verter el caldo mientras se remueve. Añadir la pasta de tomate, los champiñones, la sal y la pimienta. Incorporar la carne mezclando bien y llevar a ebullición. Apagar el fuego. 4. Tapar la cazuela y meter en el horno. Cocer 2 horas. Remover cada 30 minutos para que el fondo no se queme y echar agua si es necesario. Servir con puré de patatas, arroz o pasta. Puede que os cueste encontrar una garra de águila o de halcón para echarla en la cazuela, pero si tenéis un dragón en casa, le cortáis las uñas y las echáis en el guisado. Capítulo quinto Los favoritos de la cocinera La señora Weasley es la madre de Ron, el mejor amigo de Harry. Regordeta, amable y protectora, puede llegar a ser un demonio si sus criaturas —y también su marido, el señor Weasley— se portan mal. La señora Weasley es casi como la madre que Harry no ha tenido, y el lugar donde más prefiere estar después de Hogwarts es la Madriguera, la caótica casa de los Weasley, que parece a punto de caerse. Allí Harry pasa el tiempo con Ron, sus hermanos y su hermana Ginny, mientras toma comidas caseras y es tratado como si fuera uno más de la familia. La mejor cocinera que ha conocido Harry es la señora Weasley ¡y vaya si lo es! Prepara de todo con cuatro tonterías, usa ingredientes naturales y frescos y tiene una habilidad sobrehumana para preparar platos que superan la cocina casera corriente. Naturalmente, tiene una varita mágica. Aquí intentaremos imitarla, aunque avisamos que la varita mágica que teníamos se nos perdió en el autobús.

Caramelo casero Harry se queda atónito y estupefacto cuando la mañana del día de Navidad ve junto a su cama un montón de regalos. Ron le pregunta si esperaba nabos. Pero es que Harry nunca ha recibido tantos regalos, ni en Navidad ni en su cumpleaños, por eso está que salta de alegría con los caramelos y el suéter hecho a mano (o tejido con varita mágica) que la señora Weasley le ha mandado por Navidad (véase Harry Potter y la piedra filosofal, capítulo 12). Un buen caramelo debería tener una textura ligeramente granulada, pero también suave y cremosa. Hacerlo bien puede requerir cierta práctica. Aunque los americanos asocian los caramelos con los bombones, en Inglaterra es más frecuente que no tengan chocolate. Sus variedades se llaman «caramelos ópera» y están para chuparse los dedos. Salen 64 caramelos. 2 tazas de azúcar granulado 2 tazas de leche entera 2 cucharadas de sirope dorado o jarabe de maíz ¼ de pastilla de mantequilla (2 cucharadas) ¼ de taza de nata líquida (35% MG mínimo) ¼ de cucharadita de sal ¼ de cucharadita de crémor tártaro 1 cucharadita de extracto de vainilla pura 1. Engrasar una cacerola cuadrada de 20 x 20 cm. Forrar con papel de horno, dejando que sobresalga por dos lados. Es para sacar el caramelo más fácilmente. 2. En una cacerola grande mezclar el azúcar, la leche, el sirope dorado o el jarabe de maíz, la mantequilla, la nata, la sal y el crémor (mientras se cuece, la mezcla subirá una barbaridad, así que hay que procurar que la cacerola sea grande, por lo menos de cuatro litros de capacidad). Cocer a fuego medio-alto, removiendo constantemente, hasta que la mantequilla se derrita y los ingredientes se mezclen. Limpiar los cristales de azúcar de los laterales con un pincel de pastelería mojado en agua caliente. Unos pocos cristales podrían impedir que el caramelo volviera a cristalizar. 3. Adosar a la cacerola un termómetro y seguir cociendo, removiendo sin cesar, hasta que la mezcla alcance los 105 ºC. Continuar removiendo hasta que llegue a 115 ºC. Esto puede tardar más de 30 minutos, así que hay que ser pacientes. No hay que preocuparse si la mezcla parece coagulada; se suavizará cuando se espese durante el batido.

4. Quitar la cacerola del fuego y esperar hasta que la mezcla se enfríe a 45 ºC. Quitar el termómetro, echar la vainilla y batir o remover con energía con una cuchara de madera, unos 10 minutos, hasta que la mezcla pierda brillo y quede muy espesa. Echar la mezcla en la cacerola cuadrada y alisar la superficie. Puede hacerse con un plástico o con la palma de la mano. 5. Enfriar del todo y cortar en dados de 2-3 cm. Si la mezcla se calienta demasiado, el caramelo estará muy duro cuando quiera removerse. Si no se calienta lo suficiente, no se espesará y quedará hecho un puré aguado. En este último caso puede salvarse poniendo otra vez la pasta en el recipiente, con un poco de agua (tranquilos: se evaporará) y recalentando a la temperatura justa. Pan de soda irlandés La señora Weasley siempre parece preparada cuando se trata de comida. Ya puede irrumpir Harry en su casa a las tantas de la noche que el a estará lista para ponerle un plato exquisito en la mesa. El pan tierno es parte de su menú cuando Dumbledore l eva a Harry a la Madriguera después de l evarlo a casa del profesor Slughorn (véase Harry Potter y el misterio del príncipe, capítulo 5). Los irlandeses no eran muy hábiles preparando pan con levadura (la culpa la tenían sus útiles de cocina, que eran poco apropiados), así que tuvieron que alegrarse mucho cuando apareció el bicarbonato sódico, ya que se pusieron a hacer pan con esta sustancia, que suele emplearse para favorecer la digestión. Y lo vienen preparando así desde finales del siglo xix. Este pan es para acompañar sopas y guisados, y tostado está de rechupete. Hemos horneado 1 pan. 4 tazas de harina de trigo común y otro poco para espolvorear 1 cucharadita y ½ de bicarbonato 1 cucharadita y ½ de crémor tártaro 1 cucharadita de sal 3 cucharadas de azúcar granulado ½ pastilla de mantequilla (4 cucharadas) 1 huevo batido 1 taza y ½ de suero de leche

1. Precalentar el horno a 220 ºC. Engrasar y enharinar una bandeja de horno, redonda, de 22 cm de diámetro. 2. Mezclar en un cuenco grande la harina, el bicarbonato, el crémor, la sal y el azúcar. Echar la mantequilla y remover con los dedos hasta mezclarla. La masa quedará harinosa a causa de la elevada cantidad de harina que contiene. Agregar sin dejar de remover con una cuchara de madera el huevo y el suero hasta que se forme una masa. Poner la masa en una superficie enharinada y amasar un poco, hasta que quede compacta. Redondearla y espolvorear con harina. Ponerla en la bandeja y marcar una X encima, de 1 cm de profundidad. 3. Hornear 15 minutos; bajar la temperatura a 180 ºC y hornear otros 40 minutos, hasta que el fondo se dore. 4. Enfriar completamente en una rejilla antes de servir. Este pan sabe mejor si se come el mismo día que se hornea, pero está mejor tostado si se deja para el día siguiente. Servir con sopa o con guisado de carne. Pudin de melaza Parece que a Harry le gusta cualquier cosa que tenga melaza. Siempre escoge la tarta de melaza en el comedor de Hogwarts y parece que le gustó de veras el pudin de melaza que la señora Weasley preparó de postre la noche antes de que dejara la Madriguera para ir a Hogwarts (véase Harry Potter y la cámara secreta, capítulo 5). La melaza es como la miel negra y se produce durante el refinado del azúcar. Los británicos la llaman black treacle y los americanos molasses. La melaza clara se llama también sirope dorado y se vende en supermercados y tiendas especializadas. La variedad clara es tan buena que cuando se tiene en casa, la tentación es irresistible y se vuelve inevitable comer algunas cucharadas de vez en cuando. Para 8 raciones. 2 tazas y ½ de harina de trigo 1 cucharadita de bicarbonato 1 cucharadita de levadura ¼ de cucharadita de sal 2 pastillas de mantequilla a temperatura ambiente ½ taza de azúcar granulado

1/3 de taza de sirope dorado o melaza clara 3 huevos a temperatura ambiente Corteza rallada y zumo de 1 limón 2/3 de taza de leche a temperatura ambiente ½ taza de sirope dorado o melaza clara y un poco más para servir 1. Llenar de agua una cacerola ancha y poner dentro, boca abajo, un cuenco pequeño. Hervir el agua. Engrasar con mantequilla y enharinar una fuente de horno, o recipiente de cristal, junto con su tapa, de dos litros y medio; reservar. 2. Mezclar en un cuenco la harina, el bicarbonato, la levadura y la sal y poner aparte. En otro cuenco grande, batir la mantequilla, el azúcar y el tercio de taza de sirope dorado o melaza, rascando los laterales si hace falta, durante 5 minutos, hasta que la masa quede suave y esponjosa. Agregar los huevos, uno a uno, en intervalos de 30 segundos, mezclando a velocidad media hasta homogeneizar. Añadir la ralladura y el zumo de limón y batir hasta homogeneizar. Rascar las paredes e incorporar la mezcla de la harina y la leche, alternativamente, batiendo a velocidad mínima hasta homogeneizar, empezando y terminando con la harina. Rascar paredes y fondo con espátula de silicona y mezclar bien. 3. Verter la media taza de sirope dorado o de melaza en el fondo de la fuente de horno o recipiente de cristal. Echar la masa en la fuente y alisar la superficie con la espátula. Cerrar herméticamente con la tapa y ponerla en la cacerola, encima del cuenco invertido, procurando que el agua le llegue hasta la mitad. Tapar la cacerola y cocer a fuego lento unas 2 horas y media. Comprobar a menudo si hay que echar más agua (la cacerola no debe quedarse sin agua). 4. Sacar el pudin de la cacerola. Quitar la tapa y volcar el pudin en una fuente de loza. Servir con sirope dorado caliente. Chocolate caliente Cuando Harry sale como una flecha hacia la Madriguera en el Ford Anglia del señor Weasley, pasa el resto de las vacaciones con Ron. La víspera del comienzo del curso se zampa una cena fabulosa que ha preparado la señora Weasley, la fantástica cocinera, y la remata con un postre y chocolate caliente (véase Harry Potter y la cámara secreta, capítulo 5). Antes de que Coenraad van Houten viniera al mundo, la gente preparaba el chocolate a la taza con piscinas de grasa. Pero a principios del siglo xix apareció este químico holandés, que ideó una forma de fabricar mantequilla de cacao a partir de los granos de cacao. Además, inventó el cacao a la holandesa, que está mucho mejor que el cacao natural. Los terrícolas actuales hemos contraído una gran deuda con él: todas las ciudades deberían levantarle un monumento

y todos los pueblos y aldeas deberían tener una calle de Coenraad van Houtten. Para 4 raciones. ½ taza de agua ¼ de taza de azúcar granulado 2 cucharadas de cacao en polvo desgrasado 2 cucharaditas de café instantáneo 50 g de chocolate negro picado 2 tazas de leche entera ½ cucharadita de extracto de vainilla pura Nata montada para servir (opcional) Cacao en polvo desgrasado para servir (opcional) 1. Mezclar en una cacerola pequeña el agua, el azúcar, el cacao y el café y calentar a fuego medioalto, removiendo continuamente, hasta que la mezcla esté muy caliente y burbujee. Apartar del fuego y añadir removiendo el chocolate hasta que quede sin grumos. Volver a poner en el fuego y agregar la leche, removiendo hasta que se caliente, pero sin hervir. Quitar del fuego e incorporar la vainilla sin dejar de remover. 2. Echar el chocolate inmediatamente en cuatro tazas. Se puede cubrir con una capa de nata montada y espolvorear cacao por encima. Este chocolate caliente está riquísimo. Si se prefiere una versión más ligera, echar en un tazón una cucharadita colmada de cacao en polvo, 3-4 cucharaditas colmadas de azúcar granulado, una cucharadita de café instantáneo y unas pizcas de extracto de vainilla. Añadir agua hirviendo y remover hasta que se disuelva. Echar más agua hasta llenar tres cuartos del tazón. Remover bien y luego añadir leche o crema hasta llenar el tazón. Antes de consumirlo se pueden echar unas bolitas de malvavisco. Para añadir sabor, remover con un palito de canela en rama. Si se prefiere más suave, sustituir el chocolate negro por chocolate blanco. Crocante con frutos secos variados Cuando Harry está en el tercer curso de Hogwarts, la señora Weasley le manda muchas golosinas, entre el as crocante. Pero Harry apenas se percata de lo sabrosas que están cuando ve la Saeta de Fuego que le ha enviado un misterioso benefactor (véase Harry Potter y el prisionero de Azkaban, capítulo 11). El crocante o guirlache es una de las golosinas más deliciosas que existen, de esas que, cuando te das cuenta, ya te

has comido medio kilo. Se viene confeccionando desde hace siglos y por buenos motivos, ya que es pariente del turrón. Es fácil de preparar; solo hace falta vigilar la temperatura. Sale medio kilo. 1 taza de azúcar granulado ½ taza de sirope dorado o jarabe de maíz claro ¼ de taza de agua ¼ de cucharadita de sal ¼ de pastilla de mantequilla (2 cucharadas) 1 taza y ½ de frutos secos crudos picados (almendras, nueces pecanas, cacahuetes o cualquier otro tipo que te apetezca) ½ cucharada de extracto de vainilla pura ½ cucharada de bicarbonato 1. Engrasar una bandeja de horno con borde y forrarla con papel de horno. Adosar un termómetro de pastelería a una cacerola de unos cuatro litros de capacidad como mínimo. Echar el azúcar, el sirope dorado o jarabe de maíz, el agua y la sal y cocer a fuego medio-alto, removiendo continuamente, hasta que la temperatura alcance los 140 ºC. 2. Añadir la mantequilla y los frutos secos y seguir cociendo, removiendo sin cesar, hasta que la mezcla llegue a 150 ºC. Quitar la cacerola del fuego y añadir removiendo la vainilla y el bicarbonato (la mezcla burbujeará y subirá mucho). 3. Verter la mezcla en la bandeja y extenderla con una cuchara de madera todo lo que se pueda; deberá tener poco más de ½ cm de espesor. Enfriar completamente antes de partirla y empezar a devorarla. Tofe con baño de chocolate y frutos secos La habilidad de la señora Weasley en la cocina es impresionante. Casi todas las cocineras domésticas, incluso las más capacitadas, prefieren que el tofe lo hagan los profesionales. Pero la señora Weasley no. El a manda a Harry, a Ron y a Hermione huevos de Pascua l enos de tofe casero. Hermione se l eva una desilusión al comprobar que su huevo es más pequeño. ¿Por qué? Porque «ha estado leyendo a Rita Skeeter»

(véase Harry Potter y el cáliz de fuego, capítulo 28). Con el diccionario de la Academia a mano, se sabe en seguida que el tofe no es el tofu, ni un tofo, ni un tafo, ni un tefe, ni un tufo. Por desgracia, no nos aclarará que los británicos llaman toffee (pronúnciese «tofi») a lo que los americanos llaman taffy, aunque para los americanos son dos cosas distintas. El tofe se puede hacer con mucha mantequilla y puede salir duro o blando, mientras que el taffy es crujiente y masticable, tanto que al final se te rompen los dientes. Es fácil echar a perder el tofe. Hay que vigilar la temperatura para que no se queme. Así que no desesperéis si las primeras veces os sale mal. Sale aproximadamente 1 kilo. 1 taza de azúcar granulado ½ taza de sirope dorado o jarabe de maíz 1 pastilla y ½ de mantequilla (12 cucharadas) ½ taza de nata líquida (35% MG mínimo) ¼ de cucharadita de crémor tártaro ¾ de cucharadita de sal 1 cucharadita de lecitina de soja* (opcional) 1 cucharadita de extracto de vainilla pura ½ kg de chocolate negro, picado 2 tazas de nueces pecanas tostadas picadas 1. Engrasar una bandeja con borde y forrarla con papel de horno, dejando que sobresalga por los dos extremos. Es para quitar el tofe de la bandeja cuando se enfríe. En una cacerola mediana echar el azúcar, el sirope o el jarabe, la mantequilla, la nata, el crémor, la sal y la lecitina, cocer a fuego medio-alto removiendo continuamente, hasta homogeneizar. Reducir el calor a medio-bajo. Con pincel de pastelería mojado en agua caliente, limpiar los cristales de azúcar de los laterales de la cacerola. Unos cuantos cristales pueden impedir que el tofe vuelva a cristalizar. 2. Adosar un termómetro a la cacerola. Seguir cociendo, removiendo sin cesar, hasta que la temperatura alcance los 150 ºC. 3. Quitar la cacerola del fuego y verter inmediatamente la vainilla sin dejar de remover. Echar en seguida la mezcla en la bandeja y extender uniformemente hasta los bordes con una cuchara de madera. Hay que ir con rapidez porque el caramelo se endurece en seguida Enfriar completamente en la bandeja. 4. Fundir el chocolate en un microondas. Extender la mitad del chocolate sobre el tofe, verter por encima la mitad de las nueces pecanas, apretando con la mano para que se peguen. Enfriar 10 minutos para que el chocolate se endurezca. 5. Cuando el chocolate esté duro, tirar de un extremo del papel de horno para que se suelte el tofe, luego darle la vuelta con cuidado y despegar el papel. Extender encima el resto del chocolate y repartir por encima las nueces pecanas que queden, apretando con la mano. Cuando el chocolate esté duro, romper el tofe en trozos desiguales.

Muffins gigantes de arándanos con baño crujiente Harry está demasiado nervioso para comer la mañana de la vista que decidirá su expulsión, pero la señora Weasley le presenta en Grimmauld Place varias cosas para desayunar, entre el as unos muffins. Al final importa poco lo que Harry elija porque no le pasa nada por la garganta (véase Harry Potter y la Orden del Fénix, capítulo 7). Las levaduras químicas se descubrieron en Estados Unidos a principios del siglo xix y muy poco después se inventaron los muffins, que eran muy parecidos a las magdalenas que ya circulaban por Francia y España desde hacía tiempo. La variedad que más aceptación tuvo fue la de arándanos negros. Los americanos no guardaron el secreto y los británicos no tardaron en desayunar también con muffins a la americana. Para 12 muffins. 2 tazas de harina de trigo 2 cucharaditas de bicarbonato sódico ¼ de cucharadita de sal 2 huevos a temperatura ambiente 1 taza de azúcar granulado 1 pastilla de mantequilla fundida (8 cucharadas) Corteza rallada de 1 limón 1 cucharadita de extracto de vainilla pura 1 taza de crema agria a temperatura ambiente ½ kg de arándanos negros, lavados y secados Azúcar turbinado para espolvorear (véase el capítulo «Introducción») 1. Precalentar el horno a 180 ºC. Engrasar y enharinar una bandeja para magdalenas de 12 unidades. Mezclar en un cuenco la harina, el bicarbonato y la sal. Reservar. 2. Batir bien los huevos en un cuenco grande. Echar el azúcar batiendo hasta que la mezcla quede suave y esponjosa. Añadir la mantequilla fundida sin dejar de remover, y después las ralladuras de limón y la vainilla. No dejar de batir. Agregar la mezcla de harina y la crema agria, alternando las porciones, empezando y terminando por la harina. La mezcla será espesa. Incorporar los arándanos. 3. Repartir la mezcla entre los moldes de la bandeja (hasta el borde). Espolvorear generosamente con azúcar turbinado. Cocer unos 25

minutos, dando la vuelta a la bandeja a mitad de cocción, hasta que se dore la parte superior. Para hacer muffins de manzana y canela, añadir a la mezcla dos cucharaditas de canela molida en el punto 1. Omitir la vainilla y la ralladura de limón del punto 2 y sustituir los arándanos por una taza de manzana en dados. Cocer del mismo modo. Dulces de picadillo Los dulces de picadil o son muy navideños y, como es lógico, la señora Weasley, cuando l egan esas fechas, le manda a Harry unos cuantos junto con otras golosinas (véase Harry Potter y el prisionero de Azkaban, capítulo 11). Quien come dulces de picadillo los doce días de Navidad, preferentemente en una casa distinta cada día, tendrá un feliz año nuevo, según una antigua superstición que corre por el Yorkshire inglés. El picadillo solía ser antiguamente de carne de vacuno (de ahí que en inglés se llame mincemeat, «carne picada») mezclada con manzana, frutos secos, sebo, azúcar, especias y brandy. Gracias al cielo, hace 200 años empezó a prescindirse de la carne. La siguiente receta no se hace con sebo, sino con mantequilla. Salen unos 10 dulces. Masa 2 tazas y ½ de harina de trigo 2 cucharadas de azúcar granulado ½ cucharadita de sal 1 pastilla de mantequilla fría en pedazos (8 cucharadas) ½ taza de manteca vegetal (8 cucharadas), fría y en pedazos ½ taza generosa de agua fría Relleno ½ taza de pasas negras ½ taza de pasas rubias ½ taza de pasas de Corinto o arándanos rojos endulzados Corteza rallada y zumo de 1 limón Corteza rallada y zumo de 1 naranja

1 taza de zumo de manzana concentrado 2 manzanas ácidas, peladas y picadas 2 manzanas dulces, peladas y picadas 1 taza colmada de azúcar moreno ¼ de cucharadita de sal 1 cucharadita de canela molida ¼ de cucharadita de nuez moscada molida 1/8 de cucharadita de pimienta dulce molida 1/8 de cucharadita de clavo molido ½ pastilla de mantequilla (4 cucharadas) 1 huevo batido con una cucharada de agua, para pintar la superficie 1 cucharada de canela molida mezclada con 3 cucharadas de azúcar, para espolvorear 1. Poner en un robot de cocina la harina, el azúcar y la sal, y mezclar. Echar por encima los pedazos de mantequilla y de manteca vegetal. Pulsar unas 15 veces, hasta que la mezcla parezca un puré amarillo sin puntos blancos. Pasar la mezcla a un cuenco grande. Rociar con media taza de agua y remover con una espátula hasta que la masa coagule. Si queda seca, remover echando una cucharada de agua cada vez (más vale húmeda que seca). Dividir la masa por la mitad, formar sendos discos, envolver en plástico y enfriar 1 hora mínimo y 3 días máximo. 2. Para hacer el relleno, mezclar en una cacerola grande todos los ingredientes menos la mantequilla. Cocer a fuego medio-alto, removiendo, hasta que hierva. Reducir a fuego lento y cocer hora y media. Subir el fuego para que vuelva a hervir y cocer unos 10 minutos removiendo constantemente, hasta que se evapore el líquido y la mezcla quede muy espesa. Quitar la cacerola del fuego y echar la mantequilla removiendo. Enfriar a temperatura ambiente y luego en el frigorífico. 3. Precalentar el horno a 180 ºC. Sacar del frigorífico un disco de masa y aplanarlo en una superficie enharinada hasta que tenga unos 3 cm de grosor. Con un troquel redondo de 12 cm cortar diez redondeles de masa. No aprovechar la masa sobrante; si salen menos de diez redondeles, no pasa nada (reaprovechar la masa la endurece). Poner los redondeles en una bandeja de magdalenas para 12 unidades. 4. Poner en cada redondel una cucharada colmada de relleno (si sobra relleno, leer la nota del final). En una superficie enharinada extender el otro disco de masa hasta que tenga unos 3 cm de grosor. Con un troquel para pastas de 8 cm cortar otros 10 redondeles de masa. Humedecer los bordes, poner estos redondeles encima de los otros y sellar los bordes con los dedos o con un tenedor. 5. Pintar la parte superior de los dulces con el huevo batido y espolvorear la canela azucarada. Hacer ranuras para que no revienten. Llenar con agua los moldes que hayan quedado vacíos. Cocer 30-40 minutos, hasta que se doren. Enfriar completamente en la bandeja. Sacar los dulces de la bandeja pasando un cuchillo por los bordes. Hay diversas formas de aprovechar el relleno sobrante. Para hacer un salteado de picadillo, echar el resto del relleno en una bandeja cuadrada, de 20 cm de lado, previamente engrasada, y poner encima los restos de la masa. Pintar con el resto de huevo batido, espolvorear la canela azucarada y hornear junto con los dulces. Otra solución es echar una taza de relleno en un litro de helado de vainilla ablandado y volver a enfriar hasta que recupere firmeza (véase el capítulo octavo para el helado de picadillo). Los adultos, para obtener un picadillo más auténtico, pueden echar removiendo un cuarto de taza de brandy con la mantequilla, en el punto 2. El relleno aguantará bien varios meses en el frigorífico.

Migas crujientes de ruibarbo con natillas líquidas Lo primero que come Harry en el cuartel general de la Orden del Fénix es una comida espectacular seguida por un postre espectacular, preparado por la cocinera favorita de Harry. El compañerismo que propicia la buena comida desaparece en un santiamén después de las migas de ruibarbo con natil as cuando Sirius invita a Harry a preguntar lo que quiera sobre la Orden del Fénix (véase Harry Potter y la Orden del Fénix, capítulo 5). En el siglo xvi podía ocurrir perfectamente que ofrecieran infusión de ruibarbo a modo de medicamento. Pero no funcionaba: no curaba los efectos de la peste bubónica. Tres siglos después, el ruibarbo entró en la repostería. Había pasado mucho tiempo, pero hay que agradecer que figure en multitud de pasteles. Si se prueba esta receta, se entenderá por qué Harry pidió tres raciones. Para 8 raciones. Relleno de ruibarbo ½ kg de ruibarbo congelado ½ taza de azúcar granulado 1 cucharadita de corteza de limón rallado 1 cucharadita de bicarbonato Cobertura de migas 1 taza de harina de trigo común 1 taza prensada de azúcar moreno ½ taza de nueces pecanas troceadas ½ cucharadita de canela ½ pastilla de mantequilla fría (4 cucharadas) en trozos Natillas líquidas ¼ de taza de azúcar granulado Una pizca de sal 1 cucharadita de harina de maíz 1 taza de leche entera y ½ taza de nata líquida o 1 taza y ½ de leche

3 yemas de huevo 1 cucharadita y ½ de extracto de vainilla pura 1. Precalentar el horno a 180 ºC. En un molde redondo echar el ruibarbo, el azúcar, la ralladura de limón y el bicarbonato. Cocer 10 minutos. 2. Mientras se hace el ruibarbo, preparar la cobertura. En un cuenco mezclar la harina, el azúcar moreno, las nueces pecanas y la canela. Añadir la mantequilla y mezclar con los dedos hasta que la pasta quede como arena mojada. 3. Sacar del horno el ruibarbo, removerlo otra vez y echar la cobertura en el centro, extendiéndola con los dedos hasta los bordes. Volver a meter el molde en el horno y cocer 50 minutos o hasta que el ruibarbo burbujee en los bordes. 4. Para hacer las natillas, mezclar en una cacerola el azúcar, la sal y la harina de maíz. Agregar removiendo la leche y la nata y seguir removiendo hasta que se disuelva la harina de maíz. Cocer a fuego medio-alto, sin dejar de mezclar, hasta que esté muy caliente pero no burbujee. Reducir a fuego lento y verter despacio media taza de la mezcla encima de las yemas, batiendo continuamente. Añadir las yemas batidas en la cacerola removiendo suavemente. Subir a fuego medio y seguir cociendo y removiendo continuamente, hasta que la mezcla se espese y burbujee. Quitar la cacerola del fuego y pasar las natillas por un colador. Agregar la vainilla y remover para homogeneizar. Servir el ruibarbo templado con las natillas calientes. El bicarbonato contribuye a neutralizar parte de la acidez del ruibarbo, lo vuelve más meloso y suave. Quien prefiera un postre más fuerte, suprima el bicarbonato. Sopa de cebolla cremosa Antes de empezar el curso, Dumbledore, en plena noche, l eva a Harry a la Madriguera, donde la señora Weasley sirve al hambriento muchacho un plato de sopa de cebol a caliente (véase Harry Potter y el misterio del príncipe, capítulo 5). Esta sopa, espesa, cremosa, caliente y reconfortante es el plato perfecto para el viajero cansado que se presenta en una casa a la una de la madrugada. Servir con pan de soda irlandés (capítulo 5). Las cebollas pertenecen al mismo género que los ajos y los puerros, y llegaron a Europa procedentes de Asia gracias a los griegos y a los romanos, aunque sus libros de cocina no se ocuparon mucho de ellas. El único libro de cocina latino que se conserva, De re coquinaria, atribuido con poco fundamento a Marco Gavio Apicio, apenas las menciona, tal vez porque a los romanos no les gustaba que el aliento oliera a cebolla. Pero hoy tenemos pastillas para la halitosis, o sea que ¡servidnos cebollas! Para 6 platos. ¼ de pastilla de mantequilla (2 cucharadas)

2 cebollas grandes, partidas verticalmente y cortadas en rodajas finas 4 tazas de caldo de pollo o 4 tazas de agua y 4 cucharaditas de sopa con sabor a pollo con mezcla de especias Pimienta negra recién molida Sal 2 tazas de leche entera 1/3 de taza de harina 1. Calentar la mantequilla en una cacerola de 4 litros. Echar las cebollas y cocer a fuego lento unos 30 minutos, hasta que se doren. 2. Verter el caldo de pollo o el agua con la sopa concentrada, y sal y pimienta al gusto. Hervir, reducir el calor y seguir cociendo a fuego lento unos 30 minutos, hasta que las cebollas estén muy blandas. 3. Añadir en un cuenco la harina y un tercio de taza de leche, y mezclar bien, deshaciendo los grumos con una batidora manual. Echar muy despacio esta mezcla en la sopa removiendo constantemente. Cocer removiendo con frecuencia, hasta que la mezcla se espese. Echar el resto de la leche y calentar otro poco; no hervir. Albóndigas de Molly en salsa de cebolla La mañana en que se juzga a Harry en el Ministerio de Magia, el señor Weasley tropieza con Kingsley Shacklebolt. Fingen no conocerse, pero el señor Weasley se las apaña para susurrarle que la señora Weasley servirá albóndigas de carne en la cena y que debería probarlas (véase Harry Potter y la Orden del Fénix, capítulo 7). Es poco lo que puede decirse sobre las albóndigas de carne. No hace falta mucha imaginación para picar carne, mezclarla con alguna otra cosa, formar bolas y cocinarlas. La palabra «albóndiga» procede del árabe, aunque es de origen griego. Se sabe que los romanos las preparaban con carne de vacuno, de pollo, de pavo real, de conejo y de cerdo. También es antigua la costumbre de mezclarlas con pan rallado y especias. Como es usual comerlas con arroz o con espaguetis, aquí ofrecemos una variante. Para 6 personas. Albóndigas ½ kg de ternera picada ½ taza de pan duro o tierno rallado 1 huevo 1 cebolla picada 2 cucharaditas de perejil fresco picado

½ cucharadita de sal ¼ de cucharadita de pimienta negra recién molida ½ cucharadita de nuez moscada molida 2 cucharadas soperas de aceite Salsa de cebolla 2 cucharadas de aceite vegetal 1 cebolla picada 1 cucharada de harina de trigo común 1 envase de caldo de pollo (400 ml) 1. Para hacer las albóndigas, mezclar bien en un cuenco grande la ternera, el pan, el huevo, la cebolla, el perejil, la sal, la pimienta negra y la nuez moscada. 2. Calentar el aceite en una sartén. Moldear pelotas de 3,5 cm, añadirlas por tandas y freírlas por todos los lados unos 4 minutos, hasta que estén bien doradas. Pasarlas a una fuente. 3. Para preparar la salsa, echar las dos cucharadas de aceite en la sartén y calentar. Añadir la cebolla picada y freír a fuego medio, removiendo de vez en cuando, hasta que se dore. Echar la harina y remover hasta mezclar. Verter el caldo de pollo y seguir cociendo, removiendo continuamente, hasta que se espese y burbujee. Volver a echar las albóndigas a la sartén y cocer a fuego lento 15 minutos. Servir con arroz, puré de patatas o tallarines. Coles de Bruselas con castañas Mientras limpian kilos de coles para la señora Weasley, Harry y Ron hablan en voz baja sobre el profesor Snape y su siniestra promesa de ayudar a Draco Malfoy. Ron está de mal humor porque él y Harry tienen que limpiar las coles una por una sin recurrir a la magia (véase Harry Potter y el misterio del príncipe, capítulo 16). Las legiones romanas exportaban cultivos allí donde iban y los castaños no fueron una excepción. Poblaron de castaños el norte de la península ibérica y los llevaron hasta las islas británicas. Durante mucho tiempo fue costumbre moler las castañas y mezclarlas con harina de trigo, aunque también se comían asadas como ahora. El poeta Luis de Góngora (siglo xvii), en su poema «Ande yo caliente y ríase la gente», hablaba de tener en invierno el brasero lleno de castañas. Aunque a él no se le habría ocurrido comérselas con coles de Bruselas, dado que por entonces aún no se conocían. Para 4-6 raciones. ½ kg de coles de Bruselas congeladas 1 taza de agua

½ cucharadita de sal ¼ de pastilla de mantequilla (2 cucharadas) 1 taza de castañas en lata picadas 2 cucharadas de azúcar moreno Una pizca de nuez moscada 1. Hervir las coles en una cacerola mediana con agua y sal. Pasar a fuego lento y cocer unos 7 minutos, hasta que las coles estén tiernas. Escurrir y cortar las coles en cuartos. 2. Calentar la mantequilla en una sartén hasta que espumee. Echar las coles, las castañas, el azúcar y la nuez moscada. Cocinar removiendo constantemente, hasta que se caliente el preparado. Servir en seguida. Helado doble de fresa ¿Alguna vez habéis querido tener en casa una cocinera como la señora Weasley? Imaginad que después de cenar un día entre semana os sirven un helado de fresa casero. Harry saboreó este delicioso postre después de engul ir una cena aún más deliciosa la noche previa al fatídico partido internacional de quidditch (véase Harry Potter y el cáliz de fuego, capítulo 5). «Es indudable que Dios pudo crear unas fresas más dulces, pero es indudable que no las creó», dijo William Butler, un inglés del siglo xvi con fama de excéntrico, de borracho y de ser el mejor médico de su época. En aquellos tiempos, las fresas se comían con nata, igual que ahora, ¿y qué hemos hecho actualmente para mejorar este plato? Mezclar los dos ingredientes y helarlos. Unas 6 raciones. ½ kg de fresas picadas ¼ de taza de azúcar granulado 1 taza de gelatina de fresa (no mermelada ni compota) 1 taza y ½ de leche 1 taza y ½ de nata líquida 3 yemas de huevo 1. Mezclar las fresas con el azúcar y dejar reposar una hora para que suelten el zumo. Escurrir bien y guardar el zumo. Reservar.

2. En una cacerola mediana mezclar la gelatina, la leche y la nata y cocer a fuego alto, removiendo continuamente, hasta que la gelatina se deshaga y la mezcla quede suave; no hervir. Batir los huevos echándoles encima una taza de la mezcla caliente; luego verter las yemas en la cacerola sin dejar de batir. Cocer hasta que la mezcla se espese un poco, sin hervir. Pasar la mezcla por un colador. 3. Añadir el zumo apartado removiendo. Cubrir la cacerola con una lámina de plástico para que no se forme corteza y enfriar a temperatura ambiente. Meter en el frigorífico la mezcla y las fresas picadas en contenedores diferentes, hasta que estén muy frías, unas 6 horas. 4. Meter la mezcla en una heladera y seguir las instrucciones del fabricante. Agregar las fresas dos minutos antes de que acabe el proceso. Pasar a un recipiente hermético y congelar hasta que la mezcla adquiera firmeza. Pastel de manzana Por muy enfadado que esté Ron, no hay nada que le quite el apetito. Mientras devora el pastel de manzana, está que trina con su madre porque lo ha obligado a ordenar su habitación. En el siglo xiv aparecieron varios libros de cocina en distintos países europeos. En la corona de Aragón se escribió el Llibre de Sent Soví, de autor desconocido, y en Inglaterra apareció La forma de cocinar, en el que se mencionan los pasteles, aunque se describen como una simple torta: una masa de harina con otros ingredientes, cocida en el horno. Y eso es básicamente todo lo que se necesita saber. Para 8 personas. Masa 1 taza y ½ de harina de trigo común ½ taza de azúcar granulado ¼ de cucharadita de sal 1 pastilla de mantequilla fría (8 cucharadas), en pedazos pequeños 1 yema de huevo 3 cucharadas de nata líquida (35% MG mínimo)

1 cucharadita de extracto de vainilla pura Relleno 5 cucharadas de mantequilla 4 manzanas dulces peladas y cortadas en rodajas ½ taza de azúcar granulado y otra cantidad para espolvorear ½ cucharadita de canela 4 manzanas ácidas, peladas y cortadas en rodajas 1. Para hacer la masa, añadir a un robot de cocina la harina, el azúcar y la sal, y pulsar el botón hasta mezclar. Repartir por encima los trozos de mantequilla y pulsar unas 15 veces, hasta que la masa quede como un puré amarillo. Pasar la mezcla a un cuenco grande. En otro cuenco pequeño batir la yema con la nata y la vainilla. Echarla en el cuenco grande y mezclar con una espátula de silicona hasta que la masa se aglutine. Sacar la masa y formar un disco. Envolver en plástico y enfriar 2 horas mínimo y 3 días máximo. 2. Precalentar el horno a 200 ºC. Sacar la masa del frigorífico (si está demasiado rígida, dejarla reposar en la encimera 10 minutos) y extenderla en una superficie enharinada hasta formar un círculo de 30 cm de diámetro. Doblarla en cuartos, limpiando con un pincel de pastelería la harina sobrante cada vez que se doble. Luego, desplegar y colocar encima de un molde de 23 cm, con fondo extraíble. Acoplar la masa al interior y apretar suavemente en los lados, doblando hacia fuera la masa que sobresale. Pinchar la base con un tenedor varias veces. 3. Cubrir la masa con papel de plata y cubrirlo con legumbres secas o bolitas de metal o porcelana. Cocer unos 20 minutos, hasta que la masa se seque, pero siga de color claro. Sacar del horno y quitar el papel de plata y el material que se haya puesto encima. 4. Para hacer el relleno, derretir dos cucharadas de mantequilla en una sartén grande. Cuando espumee, echar las manzanas dulces, un cuarto de taza de azúcar y la canela. Cocer a fuego medio-alto, removiendo con frecuencia, hasta que las manzanas se ablanden. Seguir cociendo, picando con la base de un vaso graduado de material refractario, hasta desmigar las manzanas. Seguir cociendo y removiendo sin cesar hasta que las manzanas se doren y el líquido se haya evaporado. El tiempo total de cocción debería ser de unos 20 minutos. Pasar las manzanas a un plato y dejar enfriar a temperatura ambiente. 5. Limpiar la sartén con papel de cocina y calentar otras dos cucharadas de mantequilla. Cuando espumee, echar las manzanas ácidas y el cuarto de taza de azúcar que queda. Cocer a fuego medio-alto, removiendo con frecuencia, hasta que las manzanas empiecen a ablandarse. Pasar a un plato y enfriar a temperatura ambiente. 6. Precalentar el horno a 190 ºC. Extender de forma uniforme la manzana dulce por el fondo de la base endurecida. Colocar en círculos concéntricos las rodajas de manzana ácida, encima de la picadura de manzana dulce. Fundir la mantequilla restante y pintar las rodajas de manzana. Espolvorear generosamente el azúcar y cocer en el horno unos 25 minutos, hasta que los bordes de las manzanas se oscurezcan. Servir caliente o a temperatura ambiente con una cucharada de helado de vainilla.

Pollo asado a las finas hierbas con puré de patatas, ajo y cebolla Harry recupera el apetito cuando el jurado de magos desestima las acusaciones contra él. Y está tan contento que devora el pol o asado con puré de patatas que le ha preparado la señora Weasley. Pero una vez más, piensa en Dumbledore, la cicatriz le quema y se le quita el hambre (véase Harry Potter y la Orden del Fénix, capítulo 9). Las hierbas son muy importantes para los estudiantes del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, y también para las brujas de muchos cuentos. Los adeptos a la Wicca y otros paganos (generalmente llamados brujos) las usan en rituales y los naturópatas las emplean para hacer medicamentos. Los demás mortales somos tan infelices que solo las utilizamos para aromatizar platos, como este pollo que presentamos, que está para comérselo (ñam, ñam). Salen 4 raciones. Pollo a las finas hierbas 1 cebolla mediana en rodajas 6 dientes de ajo pelados 1 pollo de ¾ de kilo 2 cucharadas de mantequilla o margarina ablandada ¼ de cucharadita de tomillo molido ¼ de cucharadita de salvia molida Una cucharada de perejil fresco picado Sal y pimienta negra recién molida ½ taza de agua Puré de patatas 1 kg y ¼ de patatas amarillas (6 más o menos) peladas y troceadas 2 cucharadas de aceite vegetal 1 cebolla mediana picada 2 dientes de ajo picados ½ taza de aceite vegetal 1 taza de caldo de pollo Sal y pimienta negra recién molida, al gusto 1. Precalentar el horno a 190 ºC y poner las rodajas de cebolla y los ajos en una bandeja. Lavar el pollo y secarlo con un paño. 2. Mezclar la mantequilla o margarina con el tomillo, la salvia y el perejil y embutirlo bajo la piel de las pechugas y los muslos; primero hay que soltarla y levantarla con los dedos. Poner el pollo en la bandeja, con las pechugas hacia arriba, encima de la cebolla y los ajos, y espolvorear con sal y pimienta. Verter el agua en la bandeja. 3. Cocer 50 minutos. Girar la bandeja, subir la temperatura a 230 ºC y cocer otros 30 minutos o hasta que un termómetro insertado en el muslo llegue a 80 ºC. 4. Mientras se asa el pollo, preparar el puré de patatas. Ponerlas en una cacerola ancha, cubrirlas con agua y dejar que hiervan. Reducir a fuego lento unos 25 minutos, hasta que estén tiernas.

5. Calentar las dos cucharadas de aceite en una sartén y echar las cebollas. Freír a fuego medio, removiendo con frecuencia, unos 10 minutos, hasta que se doren bien. Añadir el ajo y freír hasta que huela bien, unos 15 segundos. Apartar del fuego. 6. Escurrir las patatas. Agregar la mezcla de ajo y cebolla, la media taza de aceite, el caldo de pollo y la sal y la pimienta. Triturar con un pasapurés. Cuatro pastelillos de carne Decididos a no dejar que Harry se muera de hambre en casa de los Dursley, sus amigos le mandan fruta y dulces, y la señora Weasley una comida más sustanciosa. Le manda una variedad de pastelil os de carne con una tarta, que lo reconforta bastante más que un trozo de pomelo (véase Harry Potter y el cáliz de fuego, capítulo 3). Las recetas que siguen son típicamente británicas. No es de extrañar que la señora Weasley mande a Harry todo un surtido de pastelillos de carne, dado que se consumen mucho en Inglaterra, aunque también en otros países. Gastrónomos españoles como Ignacio Doménech y Teodoro Bardají ya hablaban de los de carne y pescado a principios del siglo xx. Para 6 o 7 unidades. Pastelillos de ternera Masa 2 tazas y ½ de harina de trigo común 1 cucharadita de sal 1 pastilla de mantequilla (8 cucharadas soperas) fría y troceada ½ taza de manteca vegetal (8 cucharadas soperas) fría y troceada ½ taza o ¾ de agua fría Relleno 3 cucharadas de aceite vegetal 250 g de filete de aguja, sin grasa y cortado en dados de ½ cm 1 cebolla mediana picada 130 g de champiñones picados 1 cucharada de harina de trigo 1 taza de caldo de pollo

½ cucharadita de tomillo molido 1 cucharada de pasta de tomate Sal y pimienta 1 huevo batido con una cucharada sopera de agua 1. Mezclar en un robot de cocina la harina y la sal. Agregar los trozos de mantequilla y manteca vegetal. Pulsar unas 15 veces, hasta que la pasta parezca un puré amarillo sin puntos harinosos blancos. Pasar esta mezcla a un cuenco ancho. Salpicar con media taza de agua y remover con una espátula de silicona hasta que se aglutine. Si queda seca, añadir más agua, una cucharada cada vez (mejor húmeda que seca). Partir la masa por la mitad, formar dos discos, envolverlos en plástico y enfriar 2 horas mínimo y 3 días máximo. 2. Para hacer el relleno, calentar una cucharada de aceite en una sartén y echar la ternera en dos tandas, friendo a fuego vivo hasta que se doren las dos caras, unos 4 minutos por cara. Pasar las dos tandas a un plato y apartar. Añadir el resto del aceite en la sartén y calentar a fuego medio. Agregar las cebollas y los champiñones y freír removiendo y rascando los pegotes del fondo, hasta que la cebolla se dore bien. Incorporar la harina y mezclar hasta homogeneizar. Echar el caldo de pollo y mezclar hasta homogeneizar. Poner la ternera a la sartén; añadir el tomillo, la pasta de tomate, la sal y la pimienta. Cocer a fuego lento 2 horas. Pasar a un cuenco, cubrir con plástico y enfriar a temperatura ambiente. 3. Precalentar el horno a 220 ºC. Sacar la masa del frigorífico. En una superficie muy enharinada, aplastar un disco hasta que quede una masa muy fina. Cortar círculos con un troquel de pastas de 10 cm. Ponerlos en una bandeja de magdalenas de 6 unidades. Cubrir generosamente con el relleno. 4. Aplanar el otro disco. Cortar seis círculos con un troquel de 8 cm. Puede que sobre masa de los dos discos para cortar dos círculos más (en ese caso puede utilizarse una bandeja de 12 unidades y echar agua en los moldes vacíos, hasta la mitad). Pintar con agua los bordes, poner los círculos menores encima del relleno y cerrar los bordes con los dedos. Pintar por encima con el huevo batido y pinchar con un cuchillo para abrir respiraderos. Hornear 10 minutos, bajar la temperatura a 180 ºC y hornear otros 20 minutos, hasta que los pastelillos se doren. Es más difícil encontrar carne de ovino mayor que carne de cordero, o sea que habrá que utilizar esta última. Por suerte, el azúcar, los frutos secos y las especias dulces desaparecieron de los pastelillos de ovino, y desde el siglo xviii hay excelentes recetas para preparar pastelillos salados. Como los pastelillos de ternera lechal y de cerdo, los de ovino se hacen con base de tartaleta, pero la receta que damos aquí es para base de empanadilla. Pastelillos de ovino Salen entre 6 y 8 pastelillos. ½ kg de ovino mayor o cordero, en cubos y sin deshuesar Caldo de carne Huesos de ovino mayor o de cordero 1 hoja de laurel ½ zanahoria ½ tallo de apio

¼ de cebolla ½ cucharadita de sal 1 cucharadita de hojas secas de romero Unas ramitas de perejil Unas ramitas de eneldo Relleno 2 cucharadas de aceite vegetal Carne de ovino mayor o de cordero deshuesada, sin grasa y cortada en dados de ½ cm 1 cebolla pequeña picada 1 cucharada de harina de trigo 1 taza de caldo de carne de ovino mayor o de cordero Pimienta negra recién molida Masa 2 tazas y media de harina de trigo común 1 cucharadita de sal 1 pastilla de mantequilla fría (8 cucharadas), troceada ½ taza de manteca vegetal (8 cucharadas), fría y troceada ½ taza o más de agua fría 1 huevo batido con una cucharada de agua, para pintar por encima 1. Para hacer el caldo, poner los huesos en una cacerola pequeña, cubrirlos de agua, echar el laurel y llevar a punto de ebullición. Reducir a fuego lento y cocer una hora. Echar la zanahoria, el apio, la cebolla, la sal, el romero, el perejil y el eneldo, y cocer a fuego lento media hora más. Pasar el caldo por un colador y enfriar. Para quitar la capa de grasa, usar un separador o enfriar el caldo. Sacar una taza de caldo y reservar. 2. Para hacer el relleno, calentar en una cacerola ancha una cucharada de aceite, freír la carne por tandas a fuego alto, 4 o 5 minutos por cara, hasta que se doren los dados, y pasarlas a una fuente. Echar el aceite restante en la cacerola. Freír la cebolla a fuego medio-bajo, rascando los pegotes del fondo, hasta que la cebolla se reblandezca. Añadir la harina y remover para mezclar. Incorporar el caldo de la taza apartada. Cocer removiendo continuamente hasta que el contenido se espese y burbujee. Volver a verter la carne con el jugo que haya soltado y la pimienta negra. Cocer una hora a fuego lento y luego enfriar a temperatura ambiente. 3. Para hacer la masa, mezclar la harina y la sal en un robot de cocina. Agregar los trozos de mantequilla y de manteca. Pulsar el botón unas 15

veces, hasta que la mezcla parezca un puré amarillo, sin puntos harinosos blancos. Pasar la masa a un cuenco grande. Salpicar encima media taza de agua y remover con una espátula de silicona hasta que se aglutine. Si queda seca, echar más agua, una cucharada cada vez (mejor húmeda que seca). Partir la masa en dos y formar sendos discos, envolverlos en plástico y enfriar una hora mínimo. 4. Para hacer los pastelillos, precalentar el horno a 230 ºC y forrar dos bandejas con papel de horno. Trabajar los discos uno a uno. Aplanarlos hasta que las masas tengan 6 mm de grosor. Cortar círculos de masa con un troquel de 10 cm de diámetro. Echar una cucharada de relleno encima de la mitad de los círculos. Humedecer los bordes y cubrir con los círculos restantes. Sellar los bordes con un tenedor enharinado. Pintar encima con el huevo batido y abrir ranuras para que hagan de respiraderos. Colocar los pastelillos en las bandejas y cocer 15 minutos, girando las bandejas a mitad de cocción. Reducir la temperatura a 180 ºC y cocer otros 5 minutos, hasta que se doren. Para ahorrar tiempo y no aburrirse preparando el caldo, se puede utilizar caldo de pollo o de ternera envasado. Pastelillos de ternera lechal Para 10 pastelillos. ½ kg de ternera lechal con hueso Caldo de carne Huesos de la ternera 1 hoja de laurel ½ zanahoria ½ tallo de apio ¼ de cebolla ½ cucharadita de sal Unas ramitas de perejil Unas ramitas de eneldo Relleno La ternera deshuesada, sin grasa y troceada 1 cucharadita de eneldo fresco picado ½ cucharadita de tomillo molido

¼ de cebolla picada Pimienta negra recién molida Aquí tenemos algo que la gente come desde los tiempos medievales. Los pastelillos de ternera lechal pertenecen a la familia de los de base dura que se aguanta sola (no se necesita bandeja de magdalenas para hacerlos, aunque se hacen más fácilmente con ella). El pastelillo de ternera lechal típico suele contener también jamón o jamón y huevo, pero no hay por qué complicarse. Aquí damos una versión sencilla y solo sugerimos ternera lechal. Base 2 tazas de harina de trigo común 1 cucharadita de sal ½ taza de agua ½ taza (8 cucharadas) de manteca vegetal 1 huevo batido con una cucharada de agua, para pintar por encima Gelatina 1 taza de caldo de ternera 1 cucharada de gelatina (1 sobre) sin saborizantes 1. Para hacer el caldo, echar los huesos en una cacerola pequeña y cubrir con agua. Añadir el laurel. Llevar a ebullición y seguir cociendo a fuego lento una hora. Incorporar la zanahoria, el apio, la cebolla, la sal, el perejil y el eneldo, y cocer a fuego lento media hora más. Enfriar a temperatura ambiente. Para quitar la capa de grasa, utilizar un separador o enfriar el caldo. Sacar una taza de caldo y poner aparte. 2. Para el relleno, mezclar en un cuenco la ternera, el eneldo, el tomillo, la cebolla y la pimienta. 3. Para la masa, mezclar la harina y la sal en un cuenco grande. En una cacerola pequeña hervir el agua y la manteca vegetal. Abrir un hoyo en el centro de la harina y verter la mezcla de agua y grasa. Remover con una cuchara de madera, luego amasar unos segundos hasta formar una masa compacta. 4. Precalentar el horno a 180 ºC. Para hacer los pastelillos, prensar tres cuartos de la masa hasta que tenga 3 mm de grosor. Cortar diez círculos con un troquel redondo de 10 cm (puede volver a amasarse un poco para que salgan más círculos). Poner los diez círculos en los moldes de una bandeja para magdalenas. Repartir el relleno entre ellos. Aplanar la masa restante hasta que tenga 6 mm de grosor. Cortar diez círculos con un troquel de 8 cm. Hacer un agujero en el centro de cada uno con un troquel de 2 o 3 cm. Pintar los bordes con agua y cubrir el relleno con las coronas de masa, sellando los bordes con los dedos. Pintar la parte superior con el huevo batido. Echar agua en los moldes vacíos, hasta la mitad, y meter la bandeja en el horno. Cocer entre 45 minutos y una hora, hasta que se doren los pastelillos. 5. Mientras se cuecen, preparar la gelatina. Hervir la taza de caldo reservado y echar la gelatina removiendo hasta que se disuelva. Volver a calentar si es necesario cuando los pastelillos terminen de hacerse. Con un embudo, echar despacio el caldo en los agujeros centrales de los pastelillos mientras están calientes. Hay que utilizar casi todo el caldo.

Enfriar los pastelillos a temperatura ambiente y luego meter en el frigorífico. Servir helados. Para ahorrar tiempo y no aburrirse preparando el caldo, se puede utilizar caldo de vacuno envasado. Pastelillos de cerdo Melton Mowbray Otro pastelillo de base consistente es el de Melton Mowbray, una pequeña ciudad de Leicester (pronúnciese «lésta»), en el centro de Inglaterra. En las recetas antiguas era habitual poner nueces en vinagre, pero en las modernas han desaparecido. Para 8 pastelillos. Caldo de cerdo 1 kg y ½ de huesos de cerdo 3 tazas de agua 1 cucharadita de salvia fresca 1 cucharadita de tomillo fresco 1 hoja de laurel 1 cebolla partida en cuatro Masa 2 tazas de harina de trigo común 2 pizcas de sal pura (sal común) ¼ de taza de manteca de cerdo o manteca vegetal (4 cucharadas) ¼ de taza de leche entera ¼ de taza de agua Harina para espolvorear Relleno 1 kg de paleta de cerdo, 2/3 de magro, 1/3 de grasa 6 lonchas de panceta en dados 1 cucharadita de salvia fresca o

½ de salvia seca 1 filete de anchoa picado o 1 cucharadita del aceite de una lata de anchoas ½ cucharadita de pimienta dulce molida Sal y pimienta negra al gusto 1 huevo batido con una cucharada de agua, para pintar los pastelillos 1 cucharada de gelatina (1 sobre) sin saborizantes Mostaza inglesa para servir 1. Para preparar el caldo, mezclar los ingredientes en una cacerola. Llevar a ebullición. Tapar y calentar a fuego lento una hora. Colar y volver a echar el líquido en la cacerola. Llevar a ebullición y reducir el volumen total a una taza y cuarto. Apartar para enfriar. 2. Para hacer la masa, mezclar en un cuenco la harina y la sal. Poner en una cacerola la manteca animal o vegetal junto con la leche y el agua; calentar a fuego alto hasta que se derrita la grasa. Llevar a ebullición. Remover para mezclarla con el líquido y verter en el cuenco de la harina. Mezclar bien. Volcar la masa en una superficie enharinada. Moldear una pelota y espolvorear con harina. Amasar 5 minutos. Envolver en plástico y dejar reposar 30 minutos. 3. Para hacer el relleno, cortar el cerdo en dados de medio centímetro o trocearlo y echar los trozos en un robot de cocina para desmenuzarlos. Pasar la carne a un cuenco grande con la panceta troceada, la salvia, la anchoa o el aceite de anchoas y la pimienta dulce. Añadir un cuarto de taza de caldo y mezclar bien. Comprobar el sabor calentando un poco de agua en una sartén de paredes rectas, llevarla a ebullición y echar una pequeña cantidad de la carne recién preparada (una cucharada). Probar el relleno y salpimentar al gusto. 4. Para preparar los pastelillos, precalentar el horno a 200 ºC y decidir el tamaño de los pastelillos. Esta receta se puede preparar en una bandeja para magdalenas, para bollos ( popovers) y en moldes de cerámica de 100 gramos. Cortar tres cuartos de la masa y ponerla en una superficie enharinada. Aplanarla hasta que tenga 3 mm de grosor. Para hacer la base, cortar círculos de 10 cm si se utiliza bandeja para magdalenas o para bollos y círculos de 12 cm si se emplean moldes de cerámica. Poner la masa en los moldes y pegarla al fondo y a los lados de cada uno. 5. Agregar relleno hasta el borde y doblar hacia fuera la orla de masa que sobresalga. Aplanar el resto de la masa y cortar círculos de 8 cm para cubrirlo. Apretar ligeramente para sellar. Abrir un pequeño agujero en el centro. Amasar lo que quede de pasta. Con troqueles pequeños decorar la superficie. Pintar por encima con el huevo batido. Hornear los pastelillos 20 minutos. Reducir el calor a 180 ºC y cocer 2 horas. 6. Sacar los pastelillos del horno, pintar otra vez con huevo batido y cocer 30 minutos más. Sacar y enfriar en la bandeja. 7. Hervir el caldo, quitar del fuego, echar la gelatina y remover para que se disuelva. Echar esta mezcla con un embudo en el agujero superior de cada pastelillo, distribuyéndolo por igual entre todos. Es un proceso lento y debería agotarse el líquido. Enfriar toda la noche. 8. Quitar los pastelillos de la bandeja y servir con buena mostaza inglesa.

Estofado de ternera con cerveza o Coca-Cola para niños y niñas No sabemos si los Weasley son realmente irlandeses, pero son pelirrojos, tienen pecas y son vehementes. No deberíamos caer en los estereotipos, pero ya se sabe… Y es que la noche que Harry l ega a Grimmauld Place creemos que la señora Weasley le preparó un clásico estofado irlandés. Hay un momento muy señalado cuando la señora Weasley se enfada con Fred y George, que quieren usar magia con todo lo que hay en la mesa y casi derraman el estofado y matan a Sirius (véase Harry Potter y el cáliz de fuego, capítulo 5). Aunque la cerveza es la bebida favorita de Irlanda desde el siglo xviii, cuando Arthur Guinness abrió una fábrica en Dublín, la Guinness tiene otros usos. Su color oscuro y su sabor a cebada tostada quedan estupendamente en los estofados. Salen entre 6 y 8 raciones. 2 cucharadas de aceite vegetal y un poco más cuando haga falta 1 kg de filete de aguja, sin grasa y en dados de 1,5 cm 1 cebolla picada 2 cucharadas de harina de trigo común 1 envase de caldo de pollo de 400 ml ½ taza de Coca-Cola 2 cucharadas de pasta de tomate ¼ de taza de ciruelas pasas picadas 1 cucharadita de salvia molida Zumo de 1 limón Sal y pimienta negra recién molida, al gusto 6 patatas amarillas, peladas y en dados de 1,5 cm 2 zanahorias peladas y picadas ¼ de taza de perejil fresco picado 1. Calentar el aceite en una olla o cacerola ancha y echar la carne en tandas, friendo a fuego alto 4 o 5 minutos, hasta que se doren bien, y pasar la carne a un plato grande. Cuando se saque la última tanda, echar otras 2 cucharadas de aceite, si es necesario, y freír la cebolla a fuego medio-bajo hasta que se ablande, rascando los pegotes del fondo con una cuchara de madera. 2. Echar la harina y remover hasta mezclar. Verter el caldo y la CocaCola y cocer a fuego medio-alto, hasta que se espese y burbujee. Volver a echar la carne con su jugo y la pasta de tomate, las ciruelas, la salvia, el zumo de limón, la sal y la pimienta. Cocer a fuego lento hora y media. 3. Echar las patatas, las zanahorias y el perejil, y seguir cociendo a fuego lento una hora más, removiendo de vez en cuando y echando más caldo o agua, si hace falta, para que el estofado no se seque ni se queme.

Si se prepara para adultos, sustituir la Coca-Cola por cerveza Guinness. No utilizar la Extra Stout. En el punto 3 añadir dos cucharadas soperas de azúcar moreno al resto de los ingredientes. Puré de chirivías Percy se l eva su merecido cuando se cuela en casa de los Weasley la noche de Navidad y acaba con un puré de chirivías en la cara. Como la mesa está l ena de manjares y golosinas, algo habitual en esas fechas, no es probable que los Weasley echen de menos las chirivías (véase Harry Potter y el misterio del príncipe, capítulos 16 y 17). ¿Os quedáis sin azúcar cuando preparáis un pudin de ciruelas o pasas? No importa; hervid unas cuantas chirivías y echadlas en la masa. Es lo que se hacía en tiempos medievales, cuando había poco azúcar en Occidente. Las chirivías se conocen desde siempre en toda Europa, pero no en América. Podríamos exportar allí esta receta para que sepan cómo aprovechar esta planta. Salen entre 4 y 6 raciones. 1 kg y ½ de chirivías (10 unidades medianas), peladas y picadas 1 envase de 400 ml de caldo de pollo 2 cucharadas de mantequilla ¼ de taza de leche Una pizca de nuez moscada Sal y pimienta negra recién molida, al gusto Echar las chirivías y el caldo de pollo en una cacerola mediana y llevar a ebullición. Reducir el calor y cocer a fuego lento entre 20 y 25 minutos, hasta que las chirivías estén tiernas. Colar las chirivías y echarles la mantequilla, la leche, la nuez moscada, la sal y la pimienta. Pasarlas por el pasapurés.

Canapés Mientras Harry prepara canapés y volovanes (útiles como proyectiles en las películas cómicas), observa con ironía que no hay forma de derrotar a Voldemort. Le fastidia que la señora Weasley lo tenga ocupado con los preparativos de la boda de Bil y Fleur para que no pueda planear cómo acabar con él (véase Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, capítulo 6). Un canapé es una especie de diván, pero ¿qué relación tiene con esos tentempiés que parecen montados en miniatura y que también llamamos canapés? Ahí va una respuesta: uno se tiende en un canapé del mismo modo que la carne, el pescado o lo que sea se pone en el trozo de pan (ya sé que no es ingeniosa, pero no hace falta que me tiréis tomates). Pueden hacerse cinco, diez o quinientos. Canapés 1 pan de molde de buena calidad Mantequilla para untar la sartén Cobertura Anchoas con crema agria: crema agria, anchoas en aceite de oliva, tomates cherry Queso con aceitunas: mayonesa, mozzarella en rodajas, aceitunas verdes sin hueso Salmón ahumado: queso cremoso, salmón ahumado, cebollino picado Mondadientes, para que no se caigan las coberturas 1. Para hacer los canapés, formar círculos de pan con un troquel de 5 cm. Calentar una sartén a fuego medio. Pasar una pastilla de mantequilla fría por el fondo de la sartén caliente. Echar tantos círculos de pan como quepan en la sartén (sin montar unos encima de otros). Freír unos minutos a fuego medio por ambos lados, hasta que se doren. Engrasar con la mantequilla después de cada tanda. Preparar todos los panes que se quiera. 2. Para hacer el canapé de anchoas, extender la crema agria encima de los trocitos de pan. Secar las anchoas con papel de cocina, partirlas en tres y ponerlas sobre la crema, una anchoa por canapé. Pinchar un tomatito con un mondadientes y clavarlo encima de la anchoa. 3. Para hacer el de queso, cortar círculos de queso con un troquel de 5 cm. Engrasar los trozos de pan con mayonesa. Poner encima los círculos de queso. Pinchar una aceituna con un mondadientes y clavarlo encima del queso. 4. Para hacer el de salmón, untar el pan con queso cremoso. Poner encima la loncha de salmón y echar cebollino sobre el salmón. Se puede cortar el pan en pedazos de distintos tamaños, según lo que se ponga encima. Por ejemplo, si los canapés son de anchoa con crema agria, se corta el soporte en cuadrados; los de queso con aceitunas en redondeles; y los de salmón ahumado en triángulos. También podéis inventar otras formas, las que os hagan más gracia.

Volovanes La señora Weasley es tan buena cocinera que no tiene permiso para participar en concursos, porque no deja ganar a nadie más. Para el a es fácil preparar todo lo que se servirá en el banquete de bodas de su hijo, en particular estos elegantes y exquisitos volovanes (véase Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, capítulo 6). Estos sabrosos aperitivos fueron inventados hacia el año 1800 por Marie-Antoine Caréme, llamado el rey de los chefs y el chef de los reyes. Su nombre español deriva del francés vol-au-vent, que significa «vuelo en el viento». Es una base de hojaldre que puede llenarse con cualquier cosa. El relleno que presentamos aquí no necesita cocinarse, aunque tradicionalmente se utiliza un relleno mezclado con velouté, una salsa ligada con roux, es decir, con una mezcla de harina y mantequilla. Se acabó la clase de francés, pasemos a la receta. Para 12 unidades. Hojaldre El hojaldre hay que hacerlo por lo menos un día antes, ya que cuesta mucho elaborarlo. Preparar las cazoletas de hojaldre es delicado y hay que tener paciencia, así que para ahorrar tiempo se pueden comprar las que se venden ya preparadas, congeladas o no. Seguir las instrucciones del envase. Base de mantequilla 3 pastillas de mantequilla fría en pedazos ½ cucharadita de zumo de limón ½ taza de harina Masa 3 tazas de harina 1 cucharadita de sal ½ pastilla de mantequilla fría en dados de 6 mm 1 taza y dos cucharadas de agua fría 1 cucharadita y ½ de zumo de limón Relleno de arándanos negros con crema dulce 230 g de queso cremoso ½ taza de azúcar granulado

1 cucharadita de extracto de vainilla pura 1 taza de nata líquida ½ litro de arándanos negros, lavados y secados 1 cucharada de mermelada de grosella Relleno de queso griego y tomate 150 g de feta en dados de 6 mm 1 taza de tomates cherry en rodajas 2 cucharaditas de aceite de oliva 2 cucharaditas de vinagre balsámico ½ cucharadita de albahaca seca Una pizca de sal Pimienta negra recién molida, al gusto Relleno de pavo ahumado con aceitunas 1 taza de pechuga ahumada de pavo en dados de 6 mm 1 taza de aceitunas verdes pequeñas (si son grandes, picarlas) 1 cucharada de mahonesa Pimienta negra recién molida Mostaza inglesa 1. Para la base de mantequilla, mezclarla con la mano con el zumo de limón y la harina. Amasar un poco hasta que ligue. Formar un cuadrado y ponerlo entre dos láminas de papel de horno. Aplastar hasta que el cuadrado tenga 6,6 cm de grosor. Refrigerar hasta el momento de usar. 2. Para la masa, mezclar la harina y la sal. Añadir la media pastilla de mantequilla y mezclar con los dedos hasta que la pasta se vuelva harinosa. Añadir el agua y el zumo de limón y remover para homogeneizar. Amasar un poco hasta formar una pelota, aplastarla un poco y trazar una cruz en el centro con un cuchillo afilado, hundiéndolo casi hasta el borde. Envolver en plástico y refrigerar una hora. 3. Sacar la masa del frigorífico y poner en una superficie enharinada. Tirar de los labios de la cruz hasta formar un cuadrado. Espolvorear harina por encima y aplastar la masa hasta formar un cuadrado de 30 cm. Sacar la mantequilla del frigorífico y quitarle el papel. Meter el bloque de mantequilla en el cuadrado de masa, de modo que las esquinas se peguen al centro de los lados del cuadrado. Doblar la masa sobre la mantequilla y pinzar los bordes. Aplastar la figura hasta formar un rectángulo de algo más de 1 cm de grosor. Doblarlo en tres como una carta comercial. Envolver en plástico y guardar en el frigorífico una hora. Esta ha sido la primera etapa. 4. Para pasar a la segunda etapa, sacar la masa del frigorífico y ponerla horizontalmente en una superficie enharinada. Prensar hasta formar un rectángulo de 1,5 cm de grosor. Doblarla en tres como una carta comercial. Envolver en plástico y refrigerar una hora. Repetir las etapas otras tres veces, guardando la masa una hora en el frigorífico entre etapa y etapa. Con esta receta sale alrededor de un kilo y cuarto de hojaldre; no habrá que gastarlo todo para hacer los volovanes. 5. Para hacer las cazoletas de hojaldre, forrar dos bandejas con papel de horno. Cortar dos tercios de la masa y

aplastarla en una superficie enharinada hasta que tenga 1,5 cm de grosor. Cortar doce círculos de masa con un troquel de 9 cm. Cortar el centro con un troquel de 7 cm para formar anillos. Apartar los anillos en una lámina de papel de horno. En una superficie enharinada aplastar los círculos de 7 cm, uno por uno, hasta que queden finos como obleas. Cortar más círculos de estas obleas con el troquel de 9 cm. Abrir agujeros en el centro con un tenedor y ponerlas en las bandejas de horno ya preparadas, seis redondeles por bandeja. Pintar los bordes con agua y juntar cuidadosamente los anillos a los bordes para formar cazoletas. Meter las bandejas en el frigorífico y enfriar una hora. 6. Precalentar el horno a 200 ºC. Sacar del frigorífico una bandeja y forrar las cazoletas con pedazos de papel de plata. Llenar el centro con legumbres secas o bolitas metálicas. Cocer 10 minutos. Reducir la temperatura a 190 ºC y cocer otros 20 minutos, hasta que se endurezca la masa. Quitar el papel y las bolitas y cocer entre 3 y 5 minutos más, hasta que las cazoletas se doren. Subir la temperatura a 200 ºC y repetir con la otra bandeja. Enfriar completamente en una rejilla antes de rellenar. 7. Para hacer el relleno de arándanos, mezclar con batidora eléctrica el queso, el azúcar y la vainilla, unos 4 minutos, hasta que la pasta quede suave y esponjosa. En otro cuenco batir la nata hasta montarla. Juntar las dos mezclas y ligarlas. Repartir la mezcla entre las doce cazoletas. Cubrir con todos los arándanos que quepan. Fundir la mermelada en el microondas, unos 20 segundos, y pintar con ella los arándanos con un pincel de repostería. Refrigerar hasta que estén listos para servir. 8. Para hacer el relleno de feta, mezclar todos los ingredientes y llenar las cazoletas. 9. Para el relleno de pavo, mezclar todos los ingredientes menos la mostaza y llenar las cazoletas. Luego echar la mostaza por encima. Capítulo sexto Desayuno antes de clase El desayuno no solo es una comida importante para los muggles; también lo es para los magos, pero sobre todo es importante en Hogwarts porque es cuando llegan los búhos a repartir cartas y paquetes de casa. La avalancha de búhos puede ser excesiva si recibes correo de admiradores o correo de gente que te odia, como Hermione cuando la periodista Rita Skeeter escribió sobre ella en un periódico, en Harry Potter y el cáliz de fuego (capítulo 28) o como Harry después de tener su fatídica entrevista en Harry Potter y la Orden del Fénix (capítulo 26). ¿Cuántas cosas diferentes se toman en el desayuno cada mañana? Quizá una o dos. Un cuenco de cereales. Un muffin y una taza de chocolate caliente, si hay tiempo. Tortitas y salchichas si alguien te quiere mucho (o si es un día festivo). Si no eres de los que se salta por completo esta importante comida, ¿qué tal un desayuno con tocino y huevos, salchichas, pan frito, tomate frito, champiñones fritos, arenques ahumados, morcilla, judías estofadas y tostada con mermelada? Ah, y no olvidemos las gachas de avena con nata y melaza. Qué cantidad de comida para desayunar. Pero ese es el desayuno tradicional inglés. En el siglo xviii, la clase alta, y más tarde también la clase media victoriana, se alimentaba con eso y mucho más. Esta sólida comida también se llama fritanga inglesa, pero actualmente los británicos comen en general lo mismo que los norteamericanos: cereales a palo seco o un muffin con café por la mañana. Pero no hay que preocuparse… Los entusiastas de Harry Potter aún pueden encontrar la tradicional fritanga en algunos hoteles y alojamientos con desayuno británico si viajan a Inglaterra. En el Gran Comedor encontramos una mezcla de lo tradicional y lo moderno. Algunas mañanas vemos a Harry comiendo unos aburridos cereales, pero otras disfruta de tostadas con mermelada, gachas de avena con melaza, arenques, salchichas o tomate frito. Este capítulo no incluye recetas para las tostadas, aunque los libros de cocina victorianos dedicaban capítulos enteros al arte de preparar bien la tostada. Actualmente, gracias a las tostadoras y a los minihornos, todo se vuelve sencillo si se presta un poco de atención. Si no queréis confeccionar vuestra propia mermelada, se puede encontrar este complemento ideal para la tostada al lado de las

confituras y gelatinas, en el supermercado. La melaza o el sirope dorado se pueden encontrar en una tienda especializada y en algunos supermercados, o se puede sustituir por sirope de arce, melaza clara o jarabe de maíz. Salchicha empanada con hierbas y especias Nada mejor para decir «bienvenido a Hogwarts» que una salchicha. Encontraremos salchichas en el menú de todos los libros de Harry Potter, sobre todo en el banquete de bienvenida que da comienzo al nuevo año escolar (véase Harry Potter y el cáliz de fuego, capítulo 12). En esta memorable escena, Dumbledore comienza a anunciar el Torneo de los Tres Magos y es bruscamente interrumpido por el estrambótico profesor Moody, que irrumpe en el Gran Comedor y, sin saludar siquiera, se sirve una salchicha. Los griegos no se limitaban a correr desnudos de aquí para allá, lanzándose discos y poniéndose coronas de laurel. También comían salchichas, según se dice en una obra del comediógrafo griego Epicarmo que se titulaba, con mucha imaginación… La salchicha. Hace 1500 años, ya imaginaron que se podían utilizar, y también conservar, las partes desechadas del animal, mezclándolas con mucha sal y convirtiéndolas en salchichas. Las salchichas se presentan de muchas maneras y una de ellas es una mezcla de carne picada y pan rallado a la que se da forma de filete empanado o de salchicha, y se fríe. Para 6 personas. ¼ de kg de ternera lechal picada ¼ de kg de cerdo o ternera picada 1 taza de pan tierno rallado 1 cucharadita de ralladura de corteza de limón 1 cucharadita de sal ¼ de cucharadita de nuez moscada molida 1 cucharadita de salvia molida 1/8 de cucharadita de mejorana seca 1/8 de cucharadita de tomillo molido ¼ de cucharadita de pimienta negra recién molida 2 yemas de huevo 2 cucharadas de mantequilla o margarina


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