Minecraft: ¿Entretenimiento? o ¿descubrimiento y diversión para futuros ingenieros civiles? CARLOS ENRIQUE GABALDÓN VIVAS
A día de hoy, la tecnología nos permite experimentar una gran cantidad de vivencias desde la comodidad de nuestra casa. Un ejemplo de ello, lo encontramos en nuevas formas de ocio, como los videojuegos, que permiten a los jóvenes, y a los no tan jóvenes, aproximarse a distintas realidades desde el ordenador, el móvil o la consola. Estas formas de ocio han venido para quedarse y ya es de sobra conocido que, a parte de una forma de relajación y evasión de la fatiga del día a día, pueden llegar a tener un gran valor cultural con una utilidad enorme para el desarrollo y aprendizaje de los más jóvenes. Hago referencia a juegos de aventura narrativa, que muchas veces poco tienen que envidiar a una buena película o a la serie que nos ponemos en Netflix; a juegos interactivos que obligan a la actividad física emulando a algún reto o deporte; o, incluso, a juegos que, por su formato, sencillez e interacción, llaman la atención de los más jóvenes, estimulando su imaginación, curiosidad y ganas de aprender. Me refiero a juegos como Minecraft.
Minecraft es un juego de aventuras de cierto éxito dónde prima la construcción a partir de bloques. El jugador debe conseguir recursos para mejorar sus herramientas y realizar construcciones que al mismo tiempo, le acaban reportando algún beneficio. Incluso, muchas veces realizan construcciones por mera diversión emulando grandes templos griegos, minas, edificios, granjas automatizadas… También están teniendo éxito las comunidades que reproducen en “stream” este videojuego, publicando vídeos en plataformas como Youtube o Twitch, a modo de series. En este formato, los jugadores suelen convivir en un mismo servidor online teniendo que cooperar para crear un poblado desde cero. El grado de desarrollo alcanza su máximo esplendor cuando compiten para ver quién realiza la mejor iglesia a partir de la planta de la Catedral de Notre Dame o de la Basílica de San Pedro del Vaticano. Aplanan montañas con palas y picos para tener espacio para sus construcciones y disponer de puentes, pozos, trenes, sistemas de regadío variados, auténticas ciudades e, incluso, sistemas de energía que se alimentan del sol.
A pesar de no poder definirlo como “realista”, no hay que subestimar el valor persuasivo que puede llegar a tener para incitar a los jóvenes a interesarse o proyectarse como futuros ingenieros civiles y todo lo relacionado con esta bella profesión. Quizá, con las pertinentes modificaciones en el propio sistema de estos juegos, estemos ante una nueva forma de educación que permita la aproximación persuasiva a puestos de trabajo tan desconocidos como maravillosos. ¿Conocen otros juegos de esta índole que puedan ser interesantes?
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