Demolição Quebrei-me completamente. Extingui a autopreservação, Desisti de mil oportunidades oferecidas, Sigo os dias em reconstrução. Demolição e Reinvenção são passos que escolhi! Demolición Me rompí por completo, Extinguí la autoconservación, Renuncié a mil oportunidades ofrecidas, Sigo los días de reconstrucción. ¡La demolición y la reinvención son pasos que elegí! . Marcia da Luz Leal / Brasil
Poeta Internacional Sylviane Leleu Toulouse/Francia Es en su adolescencia que Sylviane se inicia en la literatura descubriendo en ello su arte, esencial para ella en su cotidiano existir. La vida, situaciones difí- ciles y dolorosas, hicieron que Sylviane se sumergie- ra en el mundo de las le- tras, es por ello que en sus textos se perciben pincela- das de sus vivencias. Eso lo transcribe en sus versos de una manera sutil, dónde también el amor anida en armonía en sus poemas. Su género poético es la poesía libre o moderna. Hoy Sylviane en el otoño de su vida, se dedica ente- ramente a la literatura, lo cual no le impide de reali- zar sus actividades socia- les, familiares y centros de interés cómo la fotografía entre otros.
fantasía Lluvia de pétalos, paseas por ese bosque casi mágico, te abrazas a los árboles . El sendero te embriaga de fantasía, de pronto, un arrollo de aguas claras, refleja tu rostro, allí sentada en la ribera. Tus pies, se deslizan en la frescura de las aguas. El trinar de las aves dibujan una sonrisa en tu rostro... Una ardilla llama tu atención y mil mariposas pintan el espíritu de la naturaleza, quedas fascinada... Los duendes y hadas te sumergen en la magia infinita. El unicornio blanco desplegando sus alas, te invita a subir. Recorres universos y galaxias!!! Te duermes en el fondo de tu océano, tu corazón te arropa. Silviane Leleu / Francia
Bailas Bailabas entre los hilos de la brisa. Soñabas que volabas otoños dorados. Soñabas que eras universo, que el sol abrazaba la luna y danzaban la melodía de tu música, antes de separarse al caer la noche. Tu corazón murmurando susurros qué volaban distancias, en manto rosa, abrigando los enamorados, los amantes de la soledad, los artistas, los niños, los ancianos de sabios decires y letargos de ausencias. Bailas, la sonrisa inunda tu angelical rostro. Tu esencia, plenitud del alma... Silviane Leleu / Francia
Silencio Detengo mi andar, cierro mis ojos y desvanezco en el decorado de mi vida. Danzando en aquél teatro, recuerdo tus manos entrelazando las mías y perdernos en la magia vibrante del corazón. Recuerdo, cuando me decías qué era la Musa de tus noches solitarias. Melodía cuando la angustia taladraba tus pensares. Primavera de infinitos amaneceres... Ternura perfumada de violetas. Mis ojos se humedecen, no sé cuando tu silencio dejará caer el telón. Te espero en el escenario de mi vida... No tardes... Silviane Leleu / Francia
Tu arte Encarcelaste tus sueños, olvidaste tu arte. Rasgando sentimientos, quedados en el profundo mar íntimo. Allí en tu mundo azul juntabas tus lágrimas en el cofre de cristal. En tus noches interminables pintabas rosas rojas con el pincel de tu alma. Al llegar el alba las rosas perdían sus pétalos... La suave ventisca de una primavera cercana, los esparcían en la inmensidad, humedecidos de pureza, amor, luz... acompañando los corazones. La música de tu alma hoy... es tu arte.... Silviane Leleu / Francia
Un mismo latido Amor, mi ser se estremece de pasión, mi corazón estalla en fragancias sutiles, anhelando estar Entre tus brazos. Nuestras miradas perdidas en la intensidad de amar... El tiempo detuvo su marcha. Nuestros horizontes ceñidos, soles resplandecientes. Al caer la madrugada exhaustos, dormimos el sueño de quietud, en el desierto de nuestra vida... Con la fuerza de este amor. Somos alma, somos música en cada amanecer. Somos mil palabras, somos un mismo latido. Silviane Leleu / Francia
“El tesoro de las letras” (Relato Breve) Ese día de principios de otoño, decidí entrar a los aposentos de mi abuela. Hacían varios años de su muerte. Se respiraba en el lu- gar ese perfume especial de viejos muebles, casi podía percibir la esencia que mi abuela solía usar y qué muchas veces en escondi- das, en puntitas de pie, entraba en su habitación y abriendo aquél inmenso ropero tomaba la botella de perfume y casi diría que me im- pregnaba de ese aroma tan especial. Me hacía soñar, era para mí, cómo un vuelo mágico. Abriendo el cajón de su escritorio cientos de hojas volaron con la brisa que por la ventana entraba y cómo suave vuelo de mariposas fueron cayendo sobre la alfombra. Tomando entre mis manos una de las hojas amarillentas por los años, caligrafía perfecta, no pude impedirme de leer. Lágrimas surcaron mi rostro. Me sumergí en aquella época, mi alma quedó envuelta en el ayer de ese amor truncado. Desencuen- tros que dejaron cicatrices. Un amor que la guerra separó. Desconsuelo de almas y corazones qué hoy me hicieron descubrir el bello amor qué a escondidas vivió mi abuela . Amalgama de pala- bras de amor, de dolor por la distancia, de besos eternos que volaron en esas cartas, tesoro de las letras. Silviane Leleu / Francia
Recuerdos de infancia Relato corto Abro la ventana y la brisa acaricia mi rostro. El ruido incesante del tránsito penetra en mi habitación. Mi mente divaga, observo el brillo del sol, la primavera que florece capullos de intensos colores, me recuerdan mi infancia en el jardín de los abuelos. Las retamas de un amarillo inten- so que parecían abrazar el sol, los grandes árboles que cobijaron nuestras alegrías y tristezas, la hamaca de la abuela debajo del aguaribay dónde solía pasar sus tardes leyendo o escribiendo. El columpio entre dos gigantes eucaliptos, nos hacía soñar que volábamos a las estrellas. El penetrante aroma de los pinos perfumaban las tardes de tertulias familiares, el verde brillante del césped, mil piruetas aco- gió en su regazo. De pronto, el timbre repicando su sonido característico, me extrajo de mis pensamientos. Abriendo la puerta me encontré la agradable sorpresa de mi amiga, me venía a buscar, había que ir a trabajar, en la vieja biblioteca del barrio, ¡Nos encanta! Terminé mi café casi frío y tomando mi bolso salimos a toda prisa, que- dando en mi aún, aquéllos recuerdos de infancia perfumes de jazmines y rosas. Silviane Leleu / Francia
Poeta Internacional Ilda Catalina Romero Córdoba / Argentina Nació en Hernando, Provincia de Córdoba. Reside en Bell Ville, Provincia de Córdoba. Martillera y Corredor Público, Obteniendo el título en el Tribunal de Alzada de Curuzu Cuatia, Provincia de Corrientes, Argentina, bajo la Ley Nacional 20266 Dedicada a las Artes Literaria, hoy integra el Grupo Literario “Sentir en Palabras” de la ciudad de Bell Ville.
Acurrucada Maravilloso es sentirme Acurrucada ... En el tierno calor De tus abrazos Y sentir tus fríos labios En mi piel caliente .... Con sabor a miel. Fundiéndome en el Abismo de tus besos. Ser amante Y poesía eterna Y dejarme morir En la locura De la pasión Que me desborda Al recordarte. Ilda Catalina Romero/ Argentina
Otros ojos Qué misterio encierras Luna? Te miro extasiada De pronto te escondes Tras nubes borrosas Y luego apareces… Me miras de reojo, Te sigo observando; Qué misterio encierras? Yo sé que ahora mismo Tú ves otros ojos Esos tan lejanos Que yo quiero ver Yo sé que tu brillo Alumbra a otro Ser... Que quizás ahora Que abraza su almohada Soñando despierto Me llegue a querer...! Ilda Catalina Romero/ Argentina
Encadena Que voy a hacer con este amor Que cada día a tu alma Me encadena Que voy a hacer, Si hay un delirio De amor que nos condena. Siento tu aliento Y un susurro En las mañanas Un nuevo día Y estoy aquí Abrasándome Las penas Y un sueño loco De volar hacia tus brazos Un sueño loco de amor Que me encadena. Ilda Catalina Romero/ Argentina
Salgamos a Volar Soltemos las cadenas Abramos los cerrojos Las alas ya están sanas Volvamos a volar. Los años implacables Nos llegaron temprano. El alma pide riendas Dejémoslas brillar. En el jardín de la vida Las flores no marchitan Si el corazón vibra Es que florecido está! El sol nos acompaña Las estrellas bailan La Luna es nuestra cómplice Salgamos a volar! Ilda Catalina Romero/ Argentina
Vive!!! El tiempo no se detiene; Ni espera, Vive hoy! Se río Convierte en cascada. Besa las flores. Cuál colibrí enamorado La roza en su aletear. Besa como el viento, Abraza como la lluvia Se pájaro en la inmensidad, Se el sonido de gotas En tu alfeizar. Se tú… Avanza... Vive! Se lo que hoy puedas. Tal vez, lo que nunca Podrás serlo... Jamás! Ilda Catalina Romero/ Argentina
Si puedes hacer Brotar agua En las almas desérticas, También podrás Bajar las estrellas. Tu Corazón... Tu pasión Y tu locura... Son para mí La inspiración pura...! Cuídate De la mujer pócima Ella va a curar tus heridas, Borrará tus cicatrices Pero te enredará en su propia Locura. Te atrapara como una Telaraña De donde nunca escaparás Si aún te atreves… Abraza la locura. Ilda Catalina Romero/ Argentina
Amar El prodigio de amar Es el milagro mismo De la vida . Ama sin medidas Entrega tu corazón En cada esquina En cada lugar de tu Cuerpo que lo habite .. Siente .. Vibrar la vida En un abrazo Sella en tu corazón La fantasía .! Ama sin medidas En cada minuto Se nos va la vida. No te quedes hueco Ni vacío.. No muere aquel que ama Cada día Con la pasión tierna De la fantasía .. De unir dos almas En una misma vida ..! Ilda Catalina Romero/ Argentina
Poeta Internacional Ana Bazán Mendoza / Argentina Editó: Rosas Imposibles I y II - Libro digita Apólogos Editorial Mis Escritos. Medalla y diploma de Ho- nor del Concejo Deliberante de Maipú, Mendoza, Argentina. Distinción: La Hora del Cuento, Córdoba, Argentina. Instituto Cultural Latinoamericano Junín, Provincia de Buenos Aires Actividad en Radio León 2017- 2018 y Radio FML upa-Maipú 2019. Reconocimientos: Mendoza, Cór- doba y Buenos Aires, en Editorial Dunken y Editorial Mis Escritos. Editó en Antologías Nacionales In- ternacionales. y Ebooks. Revista digital Amauta Buenos Aires. Pro- yecto BCR Córdoba. Libro digital internacional BCR, Libro COLAP- SO Colombia 2020 Libro digital Internacional “Pandemia” Biblioteca de las Grandes Naciones 2020. Revista digital Selección de Poetisas Contemporáneas. Revista Interna- cional OLC Orizont Literar Contemporan 2021 – 2022. Rumania
El patio Ya no se oye mi risa de niño o las carreras alrededor del pino pero mi madre escucha mi voz. Los cumpleaños, sepias del álbum atesorado en el pequeño placard. Sentires pictóricos del verbo amar. Sueltan voces armónicamente. Remembranza de una vida que volteas discretamente. Al hojear esas páginas de otoño, tal vez, no todo se haya perdido. Verán modelos de devoción y cariño. De los tiempos, son los signos que sin remedio te alcanzan. Hazlo bien, procura retratos finos. Cuando cae el dominó, no se apuesta con el infinito. Los tratos, están prohibidos. Ana Bazán / Argentina
Camino inmigrante no me hubiera apartado de tu apacible regazo. Te percibí por ella Tal vez, no todo está perdido y te quise conocer. y pueda en tus venas algún día, Por mi sangre cascabelera sentir su latir. que he sentido tu poder. Recorrer callejas, palacios, He participado de tu fama para evitarle la pena, me ha cautivado el interés, por su querida tierra. he sentido en cuerpo y alma tu fuego y su estrés. Ana Bazán / Argentina He compartido tu historia por el amor que ella siente, se estremeció mi piel. La he guardado en mi memoria reconociendo su validez. He bailado a tu compás, he sentido hervir mi sangre cada vez que canto tu canción. He soñado recorrer tus manantia- les. compartir con ella la emoción. A pesar de tu rechazo, mi deseo ferviente sería sentir esa pasión, algún día examinarte escrutando tu fervor. Poder distinguirte en ella y en mi memoria reconstruir la que pudo ser nuestra historia de haber nacido allí. Me habría acunado en tus brazos
Nunca hubo Homenaje a Armando Tejada Gómez Nunca hubo piedad a ser, “el único pavo del orbe”. o una madre que espera. Mirando de tu barriga el polvo, Jamás, una noche ¿querrías ser ombligo de la tierra? que no le clavara las uñas. ¿Quién sacrifica su descendencia Nunca una historia supo destruyendo su propia sangre? tan amarga y compleja. ¿Qué régimen se basa en la miseria que muestra su barbarie, Siempre falta el calor en invierno. “si dejamos, que esta noche, Sobra ropa de noche duerma un niño en la calle” ? al estío, la vergüenza arde de día en la plaza Ana Bazán / Argentina o en el vertedero. Su frágil carne se reciente con una mirada esquiva. Es la falta de dignidad de la época, si te apiadas de ellos la sociedad te margina. Es mejor salvar la pavada, más o menos dijo un poeta, al que el sol selló su garganta;
Patria a cebo de antaño. ¡Al gran conquistador! ¡Patria! Te recuerdo ¡Busca, glorificarte! desde lo profundo de lo blandido. ¡Nido! Oigo nombres Cobija, perdona susurrados a mi oído a los de mala espuma allegados al corazón. que tiñen de rojo mareas o inconscientes provocan ¡Cuna! mortandad y hambruna. Henos aquí Oxigena a los patriotas. encallados a la vera de tus playas ¡Cuyún! y en las prístinas Cambia tus hábitos. nobles entrañas Dómine, tallos vencidos de la madre tierra. infundiendo coraje a los que no han caído. ¡Renace! crece ¡Salvemos el vientre limpia tus escaras. asilo, desde niños! Aún hay suelo suave y fértil Ana Bazán / Argentina virgen, primitivo donde oxigenar tus débiles ríos. ¡Enamórate de la virtud divina! Seduces al contrincante porque sabes a mujer,
Domingos diferentes Todas las mañanas aparece allí como si no se hubiera ido. Claro que hoy es diferente. Con su pollera larga y tableada, su sacón añoso, descolorido y zapa- tos viejos y torcidos. Espera. Se sienta en el segundo escalón de la pla- za San Martín con la primera claridad del los domingos y espera. Espera a esa señora del edificio, o esa pareja de cincuentenarios que viene a misa. También pueden ser otros que con su ayuda alcanzan a cubrir su pri- mera necesidad del día. Luego camina unas cuadras que la alejan del centro inqui- sidor, se quita el tapado, luego la pollera porque debajo lleva otra. No quiere ver esa mirada repugnante en la cara de la gente. Llega al café de Eli y plácidamente, disfruta de la ma- ñana del domingo tomando su desayuno y mirando la televisión. Ana Bazán / Argentina
La plazoleta Reinaldo, camina como todas las tardes después de las siete hasta su casa. Una bruma húmeda, insolente y dulzona lo persigue sin que se dé cuen- ta. La luz solar se hace más y más débil, como la luz de un candil que se consume lentamente. La última claridad lo sorprende, mirando la estatua rugosa de la plazoleta. Ya no están las plumosas palomas, ni los gorriones atrevidos, en las ventanas aterciopeladas de los edificios.
Ya en el medio del playón. Reinaldo gira y se sienta en el banco. Se extasía con la caricia del silencio, que se apodera de la plaza. El rumor de la inhóspita y áspera ciudad se aleja poco a poco de su audi- ción y de sus nervios, en tanto sus pupilas gelatinosas y asombradas ob- servan cómo se apaga el día y van encendiéndose las luces artificiales. Un repentino frío cruza por su espalda y un sabor amargo por su bo- ca. La recorre y sostiene tan seca, que no puede pronunciar palabra al- guna. La neblina se hace presente, ante sus ojos inmóviles, ahora opacos, que presencian la transformación del paisaje con la satisfacción de ser el único espectador, ante el oscilar espectral de la bruma. Que es, en defini- tiva, el concierto del silencio, de la quietud, de aquella soledad. La nebulosa avanza aumentando su volumen, como algodón de azúcar, rodeando con su manto grácil las pocas luces de la explanada y no de- jando paso a las livianas luciérnagas que penden del tenebroso cenit. A él se le antoja, algunos movimientos de la estatua, cuando la bruma in- tenta envolver a su jinete, el soldado con la espada en alto y juraría si pu- diera, que el caballo relincha, cuando solo puede verse su cabeza delan- te de la niebla. También, logra captar la voz gruesa de su centauro, cuando libera, el grito ahogado de su pavorosa espera. Con una terrible inercia intenta sostener su punzante respiración, pe- ro sin lograrlo y el ritmo de su corazón parece detenerse por momentos. Impactado, abre la boca sin emitir sonido. No hay nadie en derredor. ¡Entonces, observa acercándose velozmente hacia él, al jinete, decidido y constante en su afán de embestirlo! Tras ese momento… Una ráfaga, le anuncia en fracciones de segundos, que el brillante metal, ha logrado traspasar su pecho. Dejándolo inmóvil, e inerte para siempre. Ana Bazán / Argentina
Poeta Internacional Margarita Azucena Oyola Córdoba / Argentina Margarita Azucena Oyola, nació el 20 de junio de 1968, en la ciudad de Dean Funes provincia de córdoba. Profesora de artes visuales y coach ontológica, empezó a incursionar en el arte de escribir, donde fue invitada por el mentor y escritor colombiano Alessandro Casiraghi a participar de concursos donde él era el anfitrión. Participó en el concurso internacional de poesías “servilletas poéticas edi- ción 2016”, obteniendo el 5° puesto y en la edición 2018 logrando el 3° puesto. En el 2019 participó con un poema, que luego fue seleccionado para el género de cueca boliviana de 2019 (fundación cultural cueca boli- viana) en octubre de 2020 participó en el concurso internacional de poesía “Corazón de mujer” organizada por letras corridas y word federetión for ladies grand. En 2020 participó en la antología de la editora argentina (Instituto Cultural Iberoamericano). En febrero de 2021 participación en la antología poética digital internacional “Dos corazones“ conmemoración día de san valentín. En noviembre de 2021 participó en la Antología Interna- cional de Poetas Contemporáneas VI, creada por Drugot y publicada por Ediciones Aper. En diciembre de 2021 fue seleccionada para integrar la Antología de Poetas Contemporáneas de Oro, de la misma editora.
El soldado olvidado hombre de caminar lento, de mirada triste y de rostro curtido por los años. Tu hogar es un banco vacío de una plaza, donde cada noche la luna cobija tu cuerpo, y lo cubre de estrellas que brillan, y le dan luz a tu alma, para que puedas dormir en calma. despiertas cada día, con el trino de los pájaros, les das migajas y ellos a cambio te cantan. Nadie conoce tu vida, pareces tener tu mente vacía, o quizás tienes guardados tantos secretos, que solo tú puedes acunarlos en silencio. tienes una bandera colgada de un palo, y así la llevas orgulloso, paseándola de lado a lado. le cantas una canción de cuna y la arrullas en tus brazos. y de pronto parece que te vienen recuerdos amontonados. y lloras como un niño, que por su madre fue abandonado. La gente te mira con gestos desconcertados, pero tú los miras sonriendo y les dices: -Yo soy un soldado. Algunos lo saludan con respeto, otros pasan rápido ignorándolo, y otros pocos parecen despreciarlo. De pronto sale saltando, como aturdido se esconde detrás del banco, tapando sus oídos. ¡Y grita, espantado, cuidado con las bombas! de allá, señalando a un costado, de allá vienen matando. luego se queda en silencio, con su mirada perdida como divagando. ¿cuánto dolor habrá en su alma? que prefirió, su vida olvidarla. ¿Será uno más de tantos? de los que defendieron nuestra patria. En el pueblo lo llaman: el loco de la plaza, para mi sos el soldado olvidado, ¡Hijo de nuestra patria! Azucena Oyola / Argentina
La bailarina Ella se eleva majestuosa por el aire y danza junto al viento sin parar. la tenue brisa acaricia suavemente su cuerpo, y la perfuma con pétalos de azahar. llena el ambiente con su fragancia y a todos parece hipnotizar. mueve su cuerpo como dando sutiles pinceladas y en cada vuelta destellos de color dá. su vestido de fino encaje deja su alma divisar, en el ser puede ver su espíritu de libertad. la música la posee de una forma mágica, y se agita como las olas al compás del mar. gira y gira como tocando el sol, y a hasta las estrellas logra opacar, es simple su belleza, tiene un brillo muy especial. siempre baila con alegría, verla es tan sublime que no se puede explicar. y aunque a veces sus pies estén cansados nunca deja de bailar y bailar. Azucena Oyola / Argentina
Cicatrices Tengo mi cuerpo tatuado de finas líneas que quedarán guardadas en mi piel para siempre. las descubro cada vez que me miro desnuda frente al espejo y casi como un reflejo las puedo recordar. una, es la de mi rodilla, por correr a gran velocidad una carrera que no pude ganar. la de mi codo, fue trepando un árbol era grande, alto, pero débil, sus ramas no me pudieron sujetar. la de mi frente, de presumida no más, por espiar a un pretendiente. la de mi pecho, ah!... la de mi pecho esa es muy especial con esa me jugaba la vida, será que era para verse que estaba hecha de verdad. y después hay otras que ya no consigo divisar, también tengo unas en el alma, que aunque ya no sangran me dolieron igual. Azucena Oyola / Argentina
Un hombre Un hombre es un niño grande, que lleva a cuesta muchos sueños y también la agonía de no hacerlos realidad. carga en sus hombros la responsabilidad de ser feliz y muchas veces no lo puede conseguir. es aquel ser que está desbordado de rutinas, como un inmenso mar, y al que no se le permite sus lágrimas derramar. un hombre es un pedacito de vida, que camina como dormido, y no sabe a dónde va. transitando descalzo por una cuidad de cristal. a veces se embriaga con un poquito de alegría, otras se alimenta de risas vacías, y así va por la vida. en el día trabaja arduamente, para no pensar en sus desdichas, y por las noches cura en silencio sus profundas heridas. Azucena Oyola / Argentina
Posesión Has caminado por mis pensamientos erráticos y en mis insomnios sin razón, has palpitado dando pasos agigantados en mi perturbado corazón. Has acariciado mi cuerpo con tus manos suaves de algodón. Has andado por mi cama, como un fantasma buscando mi amor. Has dormido junto a mi pecho sin que lo supiera yo. Has bebido mi tibia sangre para que seamos uno, los dos. He querido sacarte de mi cuerpo, pero eres mi gran adicción habitas cada centímetro de mi ser Y me entrelazas cada día a tu amor. no hay plegarías que puedan cortar las cadenas a este inmenso amor. siento que estas en mi cuerpo y en mi alma. sin lugar a dudas soy tu posesión. Azucena Oyola / Argentina
La muerte Divagaba por los laberintos de la vida buscando a quien atrapa. Vino a mí a taparme de largos atavíos sentí como sus manos asfixiaban mi garganta, no le temía, solamente me dejé llevar por su furia no quería luchar estaba cansada. Ella se sentía poderosa, estaba subida en mi cama se encontró conmigo en la oscuridad, en donde no podía ni siquiera divisarla, intento más de una vez paralizarme, en medio de esa lucha, logré casi engañarla, me fui escapando de a poquito, soltándome de sus garras, y en ese silencio vacío, recé una plegaría. De repente liberó mi cuerpo y mi alma y sentí como sus manos se quemaban. Corrió lejos y no me interesó alcanzarla, se perdió en la oscuridad de la noche, para el día no le viera la cara. hoy disfruto de la vida, pero sé que ella siempre está al asecho, esperando que alguien caiga en su trampa. Azucena Oyola / Argentina
Te amo Te amo como al brillo del sol cuando amanece, y en la oscuridad de la tenebrosa noche. te amo de la forma más alocada y salvaje, como las mariposas aman a las flores. te amo como el fuego que consume poco a poco mis deseos, y tus caricias que se funden en mi cuerpo. te amo sin censura, libre y apasionada, como la melodía de tu corazón cuando palpita junto a mi pecho. te amo sin medida, sin tiempo y sin distancia, anhelando despertarme con tu verde mirada. te amo en secreto, entre las sombras, pero te amo con toda mi alma. Azucena Oyola / Argentina
Poeta Internacional Lucía Ponce de León Madrid / España Desde siempre admire la capacidad de comunicarse desde la palabra, e inicié las lecturas, como bálsamo y enseñanza . Escribir fue natural, lo hice para revistas literarias y algún certamen, siempre con la premisa que escribir, da tantas satisfaccio- nes cómo leer… a pesar que en compa- ración, me he nutrido de grandes escritores y mi aporte es pequeño. Pero escribir...sana el alma muchas veces, es catarsis y fuente de aprendizaje sobre nosotros mismos.
Soy libre Soy tan libre, señores, que arremeto, con la furia dormida de ciclones. No dejemos que muera el recuerdo, que se posa sin quererlo en las quimeras, y visita quedamente, extinguidas pasiones. Surcos del alma, que demuestran, que aquí y ahora ha existido, la premura, la agonía y el desvelo, de lo amado, que ha huido sin remedio. Soy tan libre, que aún sintiéndome presa de un futuro, que no vislumbro como otrora, siento la dulzura de aquellos días, abarcando éstos. Empeñada en ignorar las estocadas, te imagino y me presumo imaginando, lo que hubiese sido de nosotros. Después me entrego a un pretendido olvido, cancelar las emociones, que arañan lo que queda de lo bello del pasado, es el remedio de los tontos, los que amamos sin reserva y con ahínco, a pesar de los tormentos… tregua pido... tregua doy… al inclemente tiempo que acecha. mermando horizontes, dibujados, entre sueños. Lucía Ponce de León / España
Del tiempo Hubo un tiempo que renace en mis recuerdos, hubo cuerpos que habitaron mi morada, hubo amores frágiles y caricias eternas. Sin embargo, hoy quiero que se plasme en mi piel aquella piel, y es imposible, artesana de arcilla sin moldear, estoy sola, esperando sortilegios que reviertan la penumbra. No lo logro, el pasado permanece en ese tiempo etéreo, no consigo transportar ni siquiera sus palabras, ni aquellos ojos de mirada limpia, ni los besos que hoy parece, no fueron recibidos. ¿Cómo hacer para sentir la euforia, la pasión que desbordaba lechos? ¿Cómo juntar los pedazos de vida, atrapados en espacios intangibles? ¿Qué me queda? Recordar que tuve el cielo en mis manos, y hoy estoy muy pegada a tierra, sin posibilidad de volar. Lucía Ponce de León / España
Miedos Tengo miedo de olvidar hasta nuestras palabras Por qué los abrazos silencié hace tiempo. A veces ni siquiera puedo presentir tu rostro, el contorno de la espalda, tus manos entrelazando las mías, todo es difuso recuerdo. Lamento tanto no sentir tu boca húmeda, ni con el más tenaz de los empeños. Celebro aún, recrear las risas, los planes truncos y los que fueron ciertos Amaneceres mirando un río, otros de frente, a la ciudad impertinente y bella, que se erguía frente a la juventud de nuestros cuerpos, destilando tanto fuego, que apagarlo solo fue posible con tu adiós. Tengo miedo, de un día cerrar los ojos ante el vacío de tu huella, y descubrir que es más firme el destierro de lo amado, que retenerlo. Lucía Ponce de León / España
La Casa La isla podía ser asfixiante, sobretodo cuando desaparecía el ve- rano con la horda de turistas. El mar volvía a lamer las playas desier- tas, con furibunda libertad. La casa era de líneas rústicas, piedra y madera. A lo lejos me parecía el mejor refugio del mundo, estando cerca lo confirmaba, solo que estaba teñido de pasado. Fue la con- tención y el amor desbordado en abrazos profundos, que me espera- ba después de cada viaje. Hoy no están, los moradores de la casa, cada vez más nítidos los contornos, a medida que me acerco, aca- rreando las huellas de los pasos no dados, los silencios sin pregun- tas. Antes, no sabía, que somos el esbozo de lo que fue, tamaña in- congruencia, todo parece eterno mientras nos tenemos, nadie enseña a vivir extrañando, desde la herida que provocan las ausencias. ¡Qué glorioso fue haber sido!, inabarcable paraíso, se desmorona la ale- gría, cuando intento comparar este presente, con la plenitud del ayer. Cuando abrí la puerta, conocí la dimensión de las carencias, a tien- tas, toqué la mesa, las sillas, me incliné hasta sentir la alfombra con la punta de los dedos. Recorrí los cuartos, inundados de silencio, des- plegué cortinas y abrí ventanales, el meticuloso orden de siempre, im- pregnado de luz. El viaje lo planeé para quedarme varias semanas. No lo hice, fui valiente algunos días, cociné y recuperé olores, diferen- tes a aquellos, pero los imaginaba iguales, bailé en la penumbra de anocheceres cálidos, disfruté a mi manera, diezmada pero aún poten- te, de la dicha que transitó, vehemente, entre puertas que se abrieron y cerraron en cada capítulo de mi vida. Después partí, sin mirar atrás, sabiendo que quizás no habría más visitas, agradecí a la casa, haber contenido tanta felicidad, divisé la costa, a lo lejos, y me inundó la pla- cidez, de las cuentas saldadas, con la melancolía. ¡Arremete corazón, es la premisa!
Lucía Ponce de León / España
Furia Isidro Canevari caminaba muy rápido , la furia se había instalado en las piernas delgadas, parecían flotar dentro de esos pantalones an- chos y gastados . Cada zancada era más larga que la anterior, y los ladrillos desvencijados de la vereda. Rota crujían bajo sus pies - La vas a pagar. - murmuró con los labios sellados por la amargura Puede el dolor afear hasta el más noble sentimiento? La decepción es capaz de obnubilar el universo de la buena gente y engendrar, Ríspi- das teorías de venganza. Ahora Isidro ralentizó el paso, el sudor im- pregnaba la camisa dos tallas más grandes, a lo lejos la calle caía en vertical, las casas anodinas palpitaban bajo la luz tenue, de luna de abril. - Le dije que me avisará, no se hace, no se traiciona. - tuvo que detenerse y trato de serenarse, apoyando su brazo escueto que termi- naba en la mano que extendió sobre la pared, los cinco dedos abiertos y una plegaria de olvido, como un mantra que recitó de memoria -Si pudiera olvidar la afrenta y continuar mi camino. - hablaba aho- ra, interrumpiendo el silencio voraz de la noche. si pudiera perdonar, pero no tengo chance, estoy muy derrotado, si hubiese otra ilusión… perdonaría. - jadeaba, una lágrima corroía la pendiente de su rostro, y se abandonaba impávida sobre el surco oscuro de la boca. Esa mujer y su amigo le habían inferido una herida profunda y brillante, que ate- nazaba hasta llegar al alma, que Isidro siempre imaginó pegada a sus huesos. Se había enterado casi por casualidad que estaban juntos, - ¡Se aman! - casi gritó, el desconsuelo de la traición, se cernía so- bre la angustia de la incipiente soledad, en la que imaginaba sus futu- ros días. La otra orilla estaba franqueada por un túnel inconexo, de arroyo seco, Sobre él, un puente desvencijado de madera mohosa, no se debía atravesarlo, el paso ahora era por el túnel, otrora regado por un afluente de río
El hombre se detuvo en mitad del camino, del otro lado comenzaba la seguidilla de casas bajas y austeras, recordó que el desamor se había instalado entre Juana y él hacía mucho tiempo, y se preguntó si le dolía perderla o era su orgullo herido y sobretodo contemplar la consumada felicidad de ese amigo, que no lo era ni lo había sido, y la mujer con la que compartió los sueños, alguna vez. Otra vez sintió el aguijón de la ra- bia picando el cuerpo, como una daga venenosa, trastabilló al apurar el paso y así caído, divisó el trozo de cielo que asomaba al final del oscuro recinto. - Debo dejarlos, porque es la única forma de seguir mi vida, debo ol- vidarlos, hundirlos en la espesura del rencor, hasta que desaparezcan de mi recuerdo. -Y por imposible que parezca, lanzo hacia la tierra, el cuchillo que blandía su mano áspera, ya sin él, irguió su cuerpo enjuto, y pegó la vuelta. Lucía Ponce de León / España
Poeta Internacional Jeannette Cabrera Molina San Juan / Puerto Rico Poeta y Escritora. Publicó tres libros de cuentos: El robo del mar y otros cuentos (Palabra Pórtico Editores, 2014), Segun- dos cardinales (Indeleble Edito- res, Guatemala, 2015; Editorial Magna Mater, San Juan, 2020)) el que fue presentado en la Fe- ria Internacional del Libro de PR, y Carnaval en Venecia y otros cuentos (Editorial Cigarra, 2017). Al presente se encuentra trabajando en su próximo libro de cuentos, Memorias Cuenta- das. También publicó seis libros de poesías: Poesía que no olvido (Editorial Zayas, 2016); Flor de Fuego (Editorial Cigarra, 2016), -- Ninfa de las Aguas (Editorial Cigarra, 2017), Esta miserable nostalgia (Editorial Magna Ma- ter, 2019), La Palabra como fusil (Editorial Magna Mater 2020) y Este incomprensible deseo (Editorial Magna Mater, 2020). Su ponencia “La palabra como Fusil”, presentada en Marrue- cos en 2017, ha sido traducida al Arabe y a Francés; Sus cuentos han sido publicados en varios libros antológicos de edi- tores de España, Argentina, Uruguay, y Puerto Rico.
¡Ay, cómo te recuerdo! Cuando alguien hace poesía de amor, o veo fotos de una boda o de una pareja abrazados sellando su amor con un beso, enseguida viene tu nombre a mi memoria y como un rayo fulminante, te pienso. Te recuerdo tal como eras con aquellos ojitos lujuriosos y tu boca sedienta de mis besos. Recuerdo cómo me abrazabas ansioso y me dabas besos sabrosos olorosos a frambuesa. ¡Ay, cómo te recuerdo! Si me parece que te tengo al frente invitándome a lo desconocido yo, temblorosa, te seguía por esos caminos inolvidables que quedaron grabados en mi hasta que muera. Jeannette Cabrera Molina / Puerto Rico
Me prometiste La naturaleza, madre de todos los hombres, trajo suaves céfiros de verano que me abrazaron y despertaron en mi memoria tu recuerdo. Y recordé que prometiste guardar mis besos entre tus mejores recuerdos, que no encontrarías a nadie que te haría olvidarme, llorarías a escondidas pensando en mi nombre, y cuando en las noches de angustia el peso de tu arrepentimiento te privara descanso, me dejarías saber cuándo querrías verme. Ha pasado tanto tiempo que me pregunto si todavía te acuerdas de lo convenido porque sé que, con el tiempo, se borran los recuerdos, se van con el viento. Y Céfiro me ha dicho que deje de esperarte porque ya te habrás olvidado de lo prometido. Jeannette Cabrera Molina / Puerto Rico
Todavía Todavía me queda un poquito de tu amor. Salto de la cama a bailar con tu recuerdo y con el viento que entra por mi ventana abierta mi bata de dormir se revuela. Mi mente te recrea en detalle y te siento muy cerquita de mi tu aliento junto a mi boca tus brazos que me sujetan y escucho tu voz cantándome al oído. Bailo con tu sombra solo con tu recuerdo. Nadie más que tú y yo en la oscuridad de la noche amándonos todavía. Jeannette Cabrera Molina / Puerto Rico
Entérate Eres todo en mi vida lo que acelera mi corazón lo que ilusiona mi alma. Los momentos contigo son una delicia que me cautiva. Tus besos alegran mi vida sostienen mi alegría. Como en un hechizo tus ojos me paralizan me seducen a pasar limites, a permitir lo prohibido sumergirme en el placer. Siento tanta pasión que se vuelve escandaloso estar tan locamente enamorada, hasta de tus defectos. Jeannette Cabrera Molina / Puerto Rico
Razonamientos inconscientes Te miro desde lejos y me basta porque con solo ver tus movimientos avivas mis emociones más ardientes provocas mis delirios y me haces sufrir esta ceguera de pasiones locas quemándome en el fuego con solo el pensamiento. Tu boca estimula mis razonamientos fogosos, agónicos, violentos, y hacen me muerda los labios llena de deseo insano. Tus espesas cejas descomponen mis censuras, me instigan a excederme contigo. Me encapricho de ti como tierra seca, sedienta de tus exuberantes manantiales. Estos pensamientos, a veces imprudentes, a veces inconscientes, vienen a mi inevitables con solo observarte desde lejos. Jeannette Cabrera Molina / Puerto Rico
Poeta Internacional Ana Rossi Córdoba / Argentina Actriz, escritora y asesora de imagen. En 2019 presentó en La Feria Internacional del libro de Buenos Aires su primer libro, \"Enigmas de mi vida\", prosa poética. En pandemia escribió en varias revistas digita- les como Mundo Almaluz, Hipatía y Treinta mil veces literatura. Participa de grupos literarios como Ateneo Poético, en La Sociedad Argentina De Escrito- res (SADE) Buenos Aires, Café Tortoni junto a otros poetas. En 2022, presentó nuevamente en La Feria del Libro \"Enigmas de mi Vida\", Radio Histo- rias Sonoras\", con el guion \"La Farmacia\", \"Teatro Virtual\", con el guión\" 8 cafés 8 muje- res\" en coparticipación con autoras de \"Editorial Almaluz\". Fue elegida por Editorial 3 + 1 entre 250 poetas para el libro \" 30 años con La Literatura\", que participó en La Feria Internacional del Libro Buenos Aires y en la Feria Internacional del Libro Madrid. Participó con sus poesías en la Antología \"Poetas Contemporáneas 2022 parte II. Participó en la antología del Ateneo Poético con dos poesías sobre Alfonsina Storni. Actualmente, está escribiendo otro libro para Editorial Almaluz.
Colores Ámbar es el color de la alegría, carmesí, intenso, diamantes que dejan huellas y no quiero dejarme estar. Soy mujer con los ojos bien negros que te observan, que se cierran cuando por el cansancio me imagino las estrellas Realizo malabares para no sentir que me desarmo, realizo malabares para decir que te amo. A pesar de ser inquieta y reconocer que el alma disfruta del silencio de ésta madrugada que renace en mil colores como una amapola, como una rosa, como un jazmín de eternas alegrías que merecen ser como ausentes, realezas de convincentes estrategias. No morir en el intento, no morir y ser una elocuente experta en sensaciones abiertas. Ana Rossi / Argentina
Un nuevo día Con mi bata de raso y puntillas nueva me siento en el balcón frente al sol de un nuevo día, algo inquieta por los días que faltan para volver, algo inquieta en mi corazón ya que quiero volar lejos hacia otro destino, irreverente y atrevida me paseo de un lado a otro hasta que logro sentarme y saborearme viva, mi piel bronceada, mis uñas coloradas, mi perfume detrás de las orejas y en las muñecas, me siento una dama con todas las letras. Él tacha los días que faltan para volvernos, yo disfruto de este domingo lejos de la ciudad entre el rio y la naturaleza. Hoy me siento sólida, entre abstracta y concreta. Ana Rossi / Argentina
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