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VIAJE DE DOS SIGLOS

Published by Javi Muñoz, 2021-01-22 16:46:59

Description: Todas las historias tienen un principio

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Derecha: el beso de festejo de las bodas de oro y la foto con los hijos y los cinco nietos. Tirando de las cintas de la torta de aniversario.

Izquierda: los 80 años de las mellis. (1995) Derecha: Consuelo, José, hijos y nietos en 1992. Abajo: cumpleaños 80 de José. (1996)

En 1988, Miguel Ángel Schiavi y su familia se mudaron al campo, donde compraron La Negra, Monina una hectárea que llamaron “Esperanza”. Allí armaron una granja educativa, para y Ana en Bariloche. trabajar en los veranos, cuando no había transporte de chicos por el receso escolar. Con ellos se fueron a vivir Ana Vázquez y la hermana Monina, que hasta entonces vivía con su hijo Carlitos. Ellas se pusieron un kiosco. Pero, tras los embates económicos de fines de los 80, la cosa empezó a andar mal y tuvieron que terminar el proyecto. Arreglándoselas como pudieron. Años después, Miguel Ángel y su familia se mudarían definitivamente a Quilmes Oeste. José y Consuelo en 1997. Miguel Ángel en su campo. Abajo, el micro escolar de los años 80.

Para entonces, José ya había cambiado los cigarrillos “Particulares” por las pipas, para luego dejar de fumar. Bueno, no del todo. A veces apuraba algún pucho a escondidas de Consuelo, cuando salía a hacer los mandados. Con el tiempo necesitaría un bastón de madera para ayudarse un poco a caminar. Por esos años, el Renault 6 ya se había convertido en su último auto, después de su venta. Se acercaba el siglo XXI, que pronto encontraría a la gran familia habiendo recorrido un hermoso camino, coronado por nietos, algunos todavía terminando los estudios y otros recién casados. En 1994 nacía un nieto más, Nicolás, el segundo de Santiago. En diciembre de 1999 se organizaba en casa de Marta Schiavi la fiesta de despedida del siglo, con cotillón, música y baile. Pero en esos últimos años de fines de siglo habría otra despedida, la de Carmen Vázquez. También la de la hija de Ana, Mirta Schiavi. En 2000, la de Rosa (Chichí) Vázquez. Como contracara, esos años marcarían el comienzo de otra nueva generación, la cuarta descendencia de aquellos viajeros, inmigrantes italianos y españoles. Consuelo y José. Arriba, con Marta disfrazada del “Bebé de año nuevo 2000”, y a la derecha junto a Mary. Santiago Vázquez en un retrato de fines de los 90.

Mary con sus padres y sus hijos. (1998) Santiago canchero y junto a su nieta Tamara. Monina con Estela y Carlitos.

Los 85 años de Ana Consuelo y José en el Vázquez, junto a aniversario de 60 años Monina y sus nietos. de casados. (2000) (2000)

CAMBIO DE GENERACIÓN José y Consuelo en su aniversario En 2000, Consuelo y José festejaron los 60 años de casados. Y quizás uno de los número 61. mejores “regalos” que podían tener llegaba en diciembre de 2000. Luciana Muñoz, (2001) la primera nieta de Mary y Roberto, los hacía bisabuelos y llegaba para celebrar con ellos el aniversario 61. En ese año 2001, Carlitos Camarotta era abuelo de las mellizas Fiorella y Luna,. En 2002 internaban a José por una descompensación, y repentinamente pasaría a terapia intensiva, donde le fallaría el corazón. Ese corazón enorme con el que él nunca le falló a nadie. Se iba el último de los tanos, a los 86 años. En 2003 un cáncer se llevaba a Mary, tras larga lucha. Y un año después perdíamos a su mamá Consuelo. Se iban Dolores (Monina) y, hacia 2007, la melliza Ana, que llegó a conocer a su bisnieta Sofía. Pocos meses después nacía Luca, segundo bisnieto de Ana. Luego fallecía Argentina (Porota). En 2014 Norma Schiavi, y aquella casa de Sarratea 26 quedaba deshabitada. José y Consuelo con su primera bisnieta, Luciana Muñoz, hija de javier. (2001) Cintia, Mary y Roberto, tía y abuelos de Luciana. (2002)

Santiago con su bisnieta y nietos. Detrás, sus hijos Marcelo y Lili. Debajo: Consuelo en el segundo cumpleaños de Luciana. (2002) Arriba: Ana con su bisnieta Sofía, de bebé y a los 2 años. Abajo: La segunda nieta de Roberto, Sabrina. (2007) Roberto Muñoz y su nieta Luciana. (2006)

Santiago y sus bisnietos Morena y Bastián. (2014) Debajo: Miguel, Marta Marcos con su mamá Mónica Mella. y su hijo Matías. Y una sonriente Consuelo. (2003) Arriba: los Muñoz juntos en los 80 años de Roberto. (2015) Debajo: Santiago y Morena.

Mientras, Santiago Schiavi también tenía bisnietos: la primera, Morena (2008) y luego Roberto, su nieta mayor e hijos. Bastián (2014), hijos de Miriam. En cuanto a los Rodríguez, nacían Catalina (2008) María Vázquez y su hermano Santiago. y Delfina (2011), hijas de Diego. Los gemelos Alejo y Mateo, hijos de Gustavo Rodríguez, y Charo, hija de su hermano Leonardo, en 2010. En 2015 festejaba los 80 Roberto Muñoz, con una segunda nieta, Sabrina (2007), pero era a su último cumpleaños. El nuevo siglo comenzaba con tragos amargos. Nos dejaban Santiago y María Vázquez, en 2016. La historia iba cambiando poco a poco de protagonistas. Marta Schiavi era abuela de Ámbar y Mateo. Juan José Schiavi de Tiago y Ciro. Miguel Ángel nuevamente abuelo, ahora de Genaro. Y seguiría este viaje... con muchas páginas aún por escribir. Matías Naudziunas y su familia. Ámbar, con Marta y Miguel. (2015) Nicolás con Santiago vázquez.

Fiorella y Luna Los bisnietos de Ana Schiavi: Camarotta en Luca, Sofía y Genaro. sus quince. (2016) Mónica Mella y su hijo Marcos. Juan José con sus nietos Ciro y Tiago. Selfies de Mónica Mella y la familia de Miguel Ángel Schiavi.

La familia de Gustavo Rodríguez. Arriba:La familia de Diego Rodríguez. Abajo: Mariano Schiavi con su esposa, sobrinos y familia. Juan José Schiavi junto a sus nietos. Izquierda: la llegada de Mateo Naudziunas. Derecha: Genaro en brazos de Sebastián.

izquierda: Leandro Catalina y Delfina. Alejo y Mateo. Schiavi con su familia. Hijos de Diego y Gustavo Rodríguez. (2019) Derecha: Miguél Ángel, La familia de javier Muñoz. hijo de María Vázquez, y su esposa Carmen. Mateo junto a su abuela Marta Schiavi. Miguél Ángel Schiavi y su nieto Genaro. (2019)



1922 Habían cargado las cosas temprano al carro, aquella mañana de diciembre. Hacía frío, y se habían envuelto con unas mantas, porque el viaje por el campo iba a ser ventoso. Giuseppe había subido primero, ayudado por Francesco; pero se sentó último, mirando hacia atrás, con sus piernas colgando. Quería quedarse viendo su casa alejarse, lo más que pudiera, para no olvidarla. A su lado, Angelo le convidó un trozo de pan, que su mamá había horneado ese día antes de que salga el sol. Precavida, como siempre, para el viaje. Tras un relincho, el caballo avanzó lentamente, bajo las riendas de un vecino que se había ofrecido a acercarlos al pueblo cercano de Voguera. La niebla cubría todavía los campos. El paisaje gris y el ruido de los cascos acompañaban esa rara sensación de que estaban dejando todo sin saber si iba a ser lo correcto. Giuseppe se quedó mirando fijamente, hasta que la casita empezó a perderse. Sin darse cuenta se quedó dormido contra un bolso, hasta que se incorporó con un rayo de sol enceguecedor en su cara. Los campos verdes, algunos cultivados, y una casona cada tanto, iban pasando a cada lado del camino. En el horizonte, seguían acompañándolos los Apeninos. Y la niebla había cambiado por el polvo que levantaban el caballo y las ruedas. Giuseppe se dio vuelta, y al frente observó que estaban llegando a un caserío. Si era Voguera, su mamá le había dicho que ahí subirían al tren, que los llevaría cruzando las montañas hacia el puerto desde donde salen los grandes barcos, unos gigantes que viajan al otro lado del mundo. Adonde ya había estado su papá. Poco después, las pupilas se le dilataron, fascinado con la enorme locomotora que, rodeada de humo, entró resoplando ruidosa a la estación. El lento recorrido en el viejo carro se transformó en una travesía agitada y veloz hacia Génova. A cuya gran estación terminal llegó, igual que Angelo, con la cara de sorprendido pegada a la ventanilla. Todo parecía cada vez de mayor tamaño. Y, alcanzando la imponencia, al caminar por aquella concurrida ciudad verían al final de una calle las dos chimeneas del trasatlántico.

Mientras tanto, en América, una madre y sus ocho hijas también se abrían paso entre la gente, pero la que se encontraba en el puerto de Asunción. Buscaban la escalinata de acceso a un vapor. Ella trataba de mantenerlas en grupo, no vaya a ser que se pierda alguna en el montón. Iban todas de la mano y, con su mano libre, cargaba a su pequeña bebé, Chichí. En el medio iban las mellizas, siempre divertidas. Se miraban, mientras se apresuraban y casi que las llevaban en el aire, y se reían sin saber bien porqué. Finalmente llegaron. Unos señores de gruesos bigotes, como los de su papá, recibieron los boletos y las invitaron a subir por una escalinata. Todas se enfilaron para acceder, aunque les generó dudas que se mueva con el vaivén del barco en el agua. Una vez arriba, se ubicaron en la cubierta, y Ana se quedó mirando hacia la ciudad. La había visto una vez desde el río, pero era chiquita. Tampoco se acordaba bien cómo se sentía navegar. La llamó a Consuelo y le señaló el puerto. Había gente saludando, y las dos largaron la carcajada. Y respondieron. Agitaban sus manos y su mamá se acercó, dándoles un pañuelo que desató de su pelo. Se turnaron para sacudirlo a la multitud, mientras los marineros soltaban amarras y las potentes paletas comenzaban a girar para empezar a alejarse de la costa. Estuvieron largo rato ahí, y luego en la popa, hasta que al final se aburrieron. Los pájaros sobrevolaban las copas de los árboles, en la orilla del río. Se pusieron a observar, como bajaba el sol más allá, en el medio del monte. ¿Faltaría mucho para llegar y reencontrarse con su papá? El viaje que recién emprendían ya parecía interminable. El río se volvió monótono para las Vázquez. Aunque ya lo conocían. De otras vueltas de la vida, en que se las habían tenido que rebuscar y moverse hacia un lugar con alguna mejor oportunidad. Qué quedaba entonces para los Schiavi, en medio del mar... Más de dos semanas, y todavía no se veía tierra. Como si esa masa de agua no tuviera final. Ni siquiera sabían si alcanzaría con tocar puerto, o iban a tener que seguir buscando su destino. Sin embargo, estaban en el camino que inexorablemente iba a cruzar a ambas familias, en una vida un poco mejor. En un futuro impensado entonces. Era solo una cuestión de tiempo. Y había empezado a suceder, aquel año 1922.



EPÍLOGO A través de las páginas, el tiempo nos llevó generación tras generación hasta nuestros días. Ahora, conocemos mejor de dónde venimos. Y algo más sobre quiénes eran aquellos de los que descendemos. Nos conocemos, también, un poco más todos. Antes de escribir sobre la historia de la gran familia, de los orígenes de mis abuelos solo sabía que Consuelo Vázquez y Mauricia Muñoz eran correntinas, y que José Schiavi había venido de Italia, de chico, con sus padres y hermanos. No mucho más. Nunca se me ocurrió preguntarles, indagar, perdiendo así la oportunidad de saber quién sabe cuántas cosas de boca de ellos mismos. Recuerdo a mi abuelo contándome que de pequeño le cocinaba a su familia cuando volvía de la escuela, que de joven había trabajado en una panadería. Rememoro cuando yo tendría diez años y me llevó de visita a la cervecería. Me acuerdo haber visto el sótano de reposo desde afuera, cuando se abrió la puerta, porque no se podía entrar así nomás (en realidad no sé cómo me habían dejado entrar a la fábrica, pero seguro mi abuelo conocía todavía a varios ahí, y en una época hasta había recorridos para escuelas). Me acuerdo que caminé alrededor de la sala de cocimiento, con esas enormes calderas de cobre. Escuchando a mi abuelo y observando, como viendo destellos de una historia vieja, perdida en el tiempo. Y aquello quedó como una anécdota. Sin embargo, encontrar hace unos años su pasaporte original entre viejos papeles guardados, algo que ni sabía que existía, trajo a mi no sólo la foto vívida de él de chiquito sino también fechas y lugares concretos, ahí plasmados, de puño y letra, de su partida de Italia y su destino final: \"Buenos Ayres\". Me conecté con aquella historia inmediatamente, como no había pasado antes. Será porque hoy estoy más viejo, viendo las cosas de otra manera. Y si ahora tenía esto en mis manos, ¿qué más podría tener? ¿Qué más se podría averiguar? ¿Se podría todavía rescatar algo de aquellos tiempos, de los que nunca había preguntado demasiado? Así fue como, averiguando en la familia, comenzaron a aparecer relatos, anécdotas, fotos, documentos... y todos los protagonistas de la \"historia\" que hoy en día podían aportar algo, se sumaron. Compartiendo con generosidad cosas que incluso desconocían mutuamente que poseían. Completando lo que uno recordaba con lo que sabía el otro. Cuando se confirmó que los Vázquez venían de Málaga, se abrió todo un siglo nuevo por descubrir de esa familia. Eso permitió rastrearlos concretamente en esa ciudad, e ir hacia atrás rama por rama, gracias a los registros online del municipio malagueño. Hallar datos de un censo, que mostraba a Santiago Vázquez de muy chico ya en Buenos Aires, reescribió el relato de en qué año había llegado al país, y con quiénes. También sucedió al encontrar registros de los Segovia de su paso por Brasil, luego de hallar que uno de sus hijos más jóvenes era brasileño.

Llevó casi dos años armar este “libro”, en los ratos libres. De charlar, tomar notas, preguntar para entender el orden cronológico de cada etapa, escanear fotos, retocarlas digitalmente para sacarle roturas y manchas, de escribir y reescribir. Guardar lo escrito y volverlo a leer un tiempo después; y agregarle algo nuevo, que se había acordado alguien de contarme. Ahora, con todo eso, y tras haber investigado también sobre la época en que vivieron, podemos ver las cosas en su dimensión, conociendo las necesidades que pasaron, las decisiones que debieron tomar, qué sacrificaron, qué ganaron y cómo vivieron quienes nos anteceden, para que nosotros seamos gran parte de lo que somos hoy. Y, por esas vueltas de la vida, Mariano Schiavi se va a trabajar a Italia. Volviendo atrás, de alguna manera, aquel recorrido que hicieron los tanos, exactamente un siglo antes. Llegando más preparado, en mejor situación, con otras herramientas, sabiendo adónde va y pudiendo ver y conocer todo antes por internet. Sin embargo, la ansiedad y las expectativas son iguales que las de nuestro abuelo José, que las del resto de los Schiavi cuando llegaron, y también de los Vázquez. Capaz un día se suba a un auto para conocer Borgoratto Mormorolo. Y allí descubra información nueva, para escribir otro capítulo. Quizás alguna vez él o alguno de nosostros encuentre los campos que una vez dejaron atrás los tanos. Este relato que compartimos seguramente se guarde, para que en algún momento alguno de los futuros descendientes de aquellos que llegaron a Argentina a empezar de cero, pueda leerlo. Y quitarle el polvo a viejas fotos, dándoles brillo y sentido a través de tantos recuerdos. Pero, sobre todo, pueda imaginarse por unos instantes en algún puerto del otro lado del mar, en un siglo pasado, con muy pocas pertenencias, con ninguna idea de lo que le depararía el futuro, pero con esperanzas... y una gran historia por vivir. Como humilde homenaje a nuestros antepasados, podemos decir que tenemos más recuerdos suyos para atesorar, sobre este camino que tenemos en común. Este largo viaje, del que apenas conocemos dos siglos, hasta nosotros. Javier Muñoz, enero 2020.



MUCHAS GRACIAS A todos los Schiavi y Vázquez que se sumaron a este “viaje”, respondiendo cada mensaje, mail, llamado... Pero en especial a Marta Schiavi y Miguel Naudziunas. A Miguel Ángel Schiavi y Marta Chiessa. A Juan José Schiavi y Marisa Mateo. A Miriam Vázquez, a Mónica Mella, a Carlos Camarotta, a Miguel Citro y Carmen, a Mónica Citro. Gracias por sus charlas, por su paciencia, por compartir datos, documentos, fotos (por los mates, también). Por colaborar a ir reconstruyendo nuestra gran historia. ARCHIVO DE FOTOS ONLINE cutt.ly/Archivo BIBLIOGRAFÍA Y CONSULTA Entrada de Extranjeros a Brasil www.bases.an.gov.br Family Search - Genealogía www.familysearch.org Registros civiles de Porto Alegre, Brasil Geneanet - Genealogía Censo nacional argentino de 1855 es.geneanet.org Censo de Buenos Aires de 1895 Registros Municipales de Málaga, España Registros civiles y eclesiásticos de ciudad de Buenos Aires Archivio di Stato di Pavia y de la provincia de Corrientes Comune di Borgoratto Mormorolo - Ufficio Demografico Registros civiles y eclesiásticos de Asunción, Paraguay Historia y Arqueología Marítima El quilmero, del historiador Chano Agnelli www.histarmar.com.ar www.elquilmero.blogspot.com Barcos e Inmigrantes 1890/1990 Centenario de la Cervecería Quilmes www.barcoseinmigrantes.com Diario Clarín: “Argentina, tierra de inmigrantes” (20/09/2019) Barcos Arribados a Buenos Aires y “Cómo vivían los recién llegados” (11/07/2001) www.hebrewsurnames.com/ships Wikipedia Entrada de Pasajeros a Argentina www.pasajeros.entradadepasajeros.com.ar



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