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5.A Prueba de Balas-Mary Calmes

Published by ronaldoloevlove, 2021-11-12 22:57:40

Description: 5.A Prueba de Balas-Mary Calmes

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—¿Te lo dijo? —Sí. —Si él... ¿qué estás comiendo? —No conseguí el postre. —¿Perdón? Lo había confundido, lo cual pasaba bastante cuando no estabas acostumbrado a seguir mi tren de pensamiento fragmentado. —Estaba fuera para cenar, y no conseguí postre, así que quería algo dulce cuando llegué a casa, pero todo lo que tengo es yogurt. 101 —¿Quieres postre? —Sí. —Sonreí de repente. —Oh, ¿quieres ir a comprar pastel conmigo? —¿Pastel? Asentí, sonriendo ampliamente. 10/2017 —Vamos, está bien. —Le agarré la mano para tirar de él detrás de mí. —Sólo déjame coger las llaves y podemos… —Jory. —Él ladró mi nombre, tirando de mi mano para detenerme, haciéndome mirarlo. —¿Fuiste despedido por mi culpa? —No. —Excelente, estaba muy preocupado de que... —Me despidieron porque Nora Talbot me odia, —dije, riendo, —y le mintió a mi jefe. —Jesús. Yo… —Pero está bien porque voy a trabajar con Fal en Benchmark, pero no hasta un mes, pero ha sido raro esta noche, sabes, con el novio de mi socio, así que me pregunto cómo... —Oh, Dios mío, hablar contigo es como... sólo ven conmigo, y te llevaré para el postre, y nos sentaremos y hablaremos, ¿de acuerdo? —Pero yo quiero pastel, —le dije. —¿Podemos tener pastel?

—Claro, —suspiró. —Sólo ven conmigo. —Vale. —Le sonreí. Sólo miró fijamente. —¿Qué? Parecía extenuado. —Soy agotador, ¿eh? Sacudida lenta de su cabeza. —No, en absoluto. Sólo... vamos, —dijo, rodeándome los hombros con el brazo. 102 —¿Quién te dijo dónde vivo? —Le pregunté. —Nadie. —Entonces, ¿cómo lo sabes? —Soy rico, Jory. —Él asintió con la cabeza, dándome una rápida sonrisa. —Tengo gente que encuentra gente para mí. 10/2017 —Eso es genial, —dije al llegar a la puerta. —Pero podrías haber llamado y te lo habría dicho. Me miró con los ojos entornados. —Lo sé y debería haberlo hecho. Me encogí de hombros haciéndole saber que eso estaba bien. Su coche estaba abajo, y tan pronto como llegamos, fui presentado al chófer. Nos dimos la mano, le pregunté dónde estaba su pastel favorito y le dije a Charles, que ese era su nombre, donde creía yo que hacían el mejor de lima. Cuando me volví para mirar por encima de mi hombro a Hayes, él tenía una expresión confundida en su rostro. —¿Qué? —Pregunté mientras me echaba hacia atrás, inclinándome a su lado. —Nadie habla con mi chófer. —¿Por qué no? Es un tipo genial.

—Simplemente nunca cruzaría sus mentes. —Huh. —No quiero pastel, —confesó. El que la gente mintiera todo el tiempo y dijera que querían cuando realmente no. Sólo a Sam le encantaba eso tanto como a mí. —Bueno, ¿qué quieres, entonces? —Deja que te enseñe. Cuando llegamos a un bar/restaurante que conocía bien, le di las gracias a Charles por el viaje y salí detrás de Hayes. Puso una mano en 103 mi hombro y me condujo a la puerta principal. —Tienen buen postre aquí, Jory, y de esta manera también puedes tomar una copa. Asentí, siguiéndolo mientras me conducía a la puerta principal. Hayes le pidió a la anfitriona que se encargara. Esperé con él, sin decir 10/2017 nada, dejando que todo se desarrollara. Cuando el gerente llegó, Hayes le dijo quién era y le explicó que Carlo, el gerente de día, y él eran amigos muy cercanos. A Jorge, el gerente de noche, el hombre que estaba de pie delante de nosotros, realmente no le importó. —Escucha… —Señor. —Jorge interrumpió a Hayes y usó sus manos para presentar, ta-chán, el área de espera. —De verdad necesito que... —¿Blanca está aquí? —Interrumpí. Ambos, el gerente y Hayes, se volvieron hacia mí. Sonreí. —Sí, —me dijo Jorge. —La señora Saluda, la propietaria, está aquí, ¿y usted es? —¿Puede decirle que Jory está aquí? —le dije, sonriéndole. — Me encantaría verla.

Me miró con los ojos entrecerrados, pero se fue. 104 Hayes dio un paso delante de mí. —¿De qué conoces a la dueña de Town? 10/2017 Me encantaba Town, era uno de mis lugares favoritos para ir, y lo más importante, había sido uno de los de Dane. —¡Jory! Me volví y allí estaba Blanca, imponente, hermosa, modelo, fashionista y propietaria del buen establecimiento en el que yo estaba. También ella era, crucialmente en ese momento, una buena clienta de un arquitecto con el que compartía un apellido. —¡Cariño! Levanté los brazos y ella vino y los llenó, abrazándome estrechamente, besándome ambas mejillas, y eran reales, no besos en el aire para la señora Saluda, antes de finalmente dar un paso atrás para mirarme. —Hermoso como siempre. —Lo mismo te digo, —dije con una sonrisa, tomando la mano que ella me ofreció. —¿Cómo está Dane? La pregunta de un millón de dólares. —¿Está bien, y tú? ¿Cómo está Marco? —Excelente, está en Milán comprando accesorios para el salón de la azotea. Debemos abrir a tiempo en el otoño. ¿Recibiste tu invitación? —Lo hice, sí, gracias. Ella sonrió, apretando mi mano. —Pero ¿por qué estás aquí? ¿Cena? ¿Postre? —Postre, por favor. —Y dónde…

—En la cocina, contigo, por supuesto. 105 Su sonrisa, en realidad, era como ver el chocolate derretirse, simplemente perfecta. La forma en que se iluminó fue increíble. 10/2017 —Este es mi amigo, Hayes Fisher, —dije, presentándoselo. — Quiere verte hacer el flan también. Ella estaba encantada, y él no tuvo que decir una palabra. Podía decir que el hombre estaba emocionado. Él se sentó en la cocina bulliciosa a mi lado en una mesa que la mayoría de la gente nunca veía, ya que estaba reservada para los clientes más importantes del restaurante de Blanca. Le encantaba cocinar, pero nadie más que su familia se lo pedía nunca. Para Dane, ella había compartido la parte privada de sí misma, y porque yo había estado con él, conmigo, también. Así que conocía su secreto, sabía que le encantaba hacerlo para los demás, su establecimiento, una extensión de eso. Nos reímos, tomamos café con cacao, y canela con nuestro flan. Y ella nos dio un tiramisú con escamas de pimienta que era increíble. Era dulce y caliente y entre Blanca sonriendo, ofreciéndole un mordisco de mi cuchara, y los camareros entrando y saliendo, hablando con nosotros y robando de nuestros platos, podía decir que Hayes lo estaba pasando muy bien. —¿Siempre es así? —Me preguntó. —¿El qué? —¿Estar contigo? ¿Es como estar en el circo? —¿A qué te refieres? —¿Como si estuvieras trabajando sin una red? Estaba bastante seguro de que no era un cumplido.

Capítulo 7 Me sorprendió cuando el teléfono sonó temprano a la mañana 106 siguiente, y aún me sorprendí más al descubrir que el mismo Shane McGill, el novio de Fallon Strauss, estaba en el otro extremo invitándome a almorzar. —Quiero disculparme por cómo actué la otra noche, Jory, así que si pudieras... ¿podrías reunirte conmigo? —Eso me encantaría. 10/2017 Y no era que íbamos a ser mejores amigos, pero él quería conocernos porque sabía que Fallon iba a pasar mucho tiempo conmigo, y sabía, también, que hacer imposible que su novio encajara su vida laboral y su vida privada era peligroso para la relación. —Quiero compartir todo con Fallon. Suspiré profundamente. —No tiene ni idea de lo afortunado que es. —¿A qué te refieres? Cuando terminé de explicar que era el marido de un detective de policía encubierto, los ojos de Shane estaban muy abiertos, y no hubo más celos allí, sólo simpatía. Más tarde esa tarde, Fallon me llamó y me dijo que estaba muy agradecido de que hubiera sido receptivo a la apertura de Shane. —Por supuesto, —le dije. —Quiero que seamos socios y eso también se refiere a Shane.

—Me siento mucho mejor. Y yo también. Cuando le colgué el teléfono, de nuevo en marcha para la cena del sábado, me sentí más ligero. Era bueno que Shane hubiera hecho el esfuerzo por el hombre que amaba; fue refrescante. Me sorprendí cuando doblé mi bloque al ver el mismo coche con chófer de la noche anterior. Cuando me acerqué a él, Hayes Fisher salió. —Ey. —Sonreí y corrí hacia el coche. —Tienes que cenar conmigo esta noche, —me dijo, casi frenético. 107 —¿Por qué? —Porque es el cumpleaños de mi madre, y si no aparezco en la casa de mi hermano, Dave, para celebrarlo con ellos, mi padre y todos los demás nunca me perdonarán, y necesito que un amigo vaya conmigo y no llevar a una cita y sólo ven conmigo, —terminó con prisa. 10/2017 Yo estaba confundido. —¿Qué? —Lleva a una cita. —Yo no tengo una, e ir a una primera cita a la fiesta de cumpleaños de tu madre en su casa es incómodo. —Lleva a uno de tus amigos. —No quiero. Necesito a alguien que nunca hayan conocido, así se enfocan en conocerle y no me hacen preguntas. Lo miré con los ojos entornados. —¿Por qué no quieres responder preguntas? —Vamos, sube al coche. —Dime. —Yo… Jory, hay cosas que no sabes de mi divorcio. —¿Como qué? —¿Por qué te importa?

—¿Por qué tengo que ser yo el que vaya? 108 Me miró fijamente. Esperé. 10/2017 —Sólo, no tienes miedo de cabrearme, y dices lo que piensas, y nadie me ha cantado las cuarenta en años. —¿Por qué es eso bueno? —Es diferente. —Quieres un amigo que te mande a la mierda. Él suspiró. —Quiero un amigo que sea amigo y no alguien que quiera ser mi amigo porque soy Hayes Fisher, heredero de Fisher Ryson. —Nunca he oído hablar de Fisher Ryson. —Esa es la empresa matriz, Jory. Las compañías de las que has oído hablar son demasiadas para enumerarlas. —Así que eres rico. —Sí. —¿Como, muy? —Como, muy. —Entonces, ¿por qué tienes esa casa de mierda? ¿Por qué no comprar una mansión en Highland Park? —¡No es una casa de mierda, y me encanta Oak Park! —¿Por qué me estás gritando? —No lo sé, —dijo, exhalando bruscamente. —Creo que es porque quiero que te guste la casa en Oak Park. —¿Por qué importa eso? —No tengo ni idea. —¿Estás bien? —Parecía frenético. —¿Entrarás simplemente en el coche? —Sólo son las dos de la tarde.

—Sí, y mi hermano vive en Lake Forest, y todavía tengo que conseguir un regalo para mi madre. —Estaba exasperado. — ¿Podríamos irnos? —No estoy vestido para una fiesta. —Te ves genial. Pantalones de pana y un suéter y la chaqueta de cuero, estás bien. Sólo vámonos. —¿No tienes una casa para renovar? —¿Me vas a ayudar o no? 109 Claro que lo iba a hacer. —Vale. —Vale, ¿qué? —Vale, vamos a la fiesta de cumpleaños de tu madre. Una vez dentro del coche, se volvió para mirarme. Le sonreí. 10/2017 —Suéltalo. —Nadie me ha hablado nunca de la manera en que me hablaste ese día en mi casa, Jory. Cuando era más joven, a nadie se le permitía, y ahora, nadie quiere separarse de mi billetera. Procesé eso. —Entonces, qué, ¿le vamos a comprar a tu madre un castillo? Su sonrisa hizo que sus pálidos ojos azules brillaran. —No, le gustan las cosas especiales, no extravagantes. Le gusta cuando la gente realmente piensa en ella. —Ya veo. —¿Tienes una idea? —La tengo.

La casa en Lake Forest era enorme, con un empedrado de entrada circular y jardines bien cuidados. Había pistas de tenis y establos, y, como, un garaje para diez coches que estaba climatizado. Asombroso. Tuvimos que coger un helicóptero hasta allí, lo cual fue divertido. Disfruté la turbulencia que puso a Hayes verde, y una vez que estuvimos fuera de las aspas, me volví para saludar con la mano a Charles y seguí a Hayes hacia la casa. —Qué genial es que tu chófer pueda conducir algo así ¿Puede 110 conducir un tanque también? —¿Por qué has pensado en un tanque? —Me preguntó. —Sólo me imaginaba que, como eres rico, probablemente tengas un ejército privado en algún lugar del mundo. Sacudió la cabeza mientras me conducía hacia la casa. Una vez dentro, me di cuenta de que el lugar era un zoológico. La fiesta de su 10/2017 madre era fácilmente como de cuarenta personas. Pero era una fiesta para adultos, así que cuando Hayes se alejó de mí, diciéndome que esperara, volví a donde había espiado a los niños cuando pasamos a su lado. Estaban al otro lado de la gran sala, un niño en un sofá, una niña en el otro. Era una habitación grande, así que me sentí como si estuvieran en una zona completamente diferente de donde los adultos estaban reunidos. —Ey, —me dijo el niño, con toda la bravuconería. Estaba copiando su actitud sarcástica después de alguien. —Ey, —lo saludé, me volví para entrar en su área, atraído por el juego que estaban jugando en PlayStation 3, por la leche y las galletas, y el periódico. —¿Qué estáis haciendo? Puso los ojos en blanco de la manera que sólo un niño pequeño puede, tan aburrido, incapaz de sufrir a los necios incluso a esa edad.

—Mi mamá llega tarde y mi papá no pudo conseguir una niñera, así 111 que tuvimos que venir a la estúpida fiesta de tía Chloe. Y ahora papá tiene que hablar con todo el mundo y seguir controlándonos... y ese 10/2017 hombre con mi papá pasó de Becca, y ella está muy triste. Pero, ¿a quién le importa? A él, obviamente. —Es sólo que Becca está triste. La segunda vez que lo decía, así que entendí que esto lo molestaba más. Me volví y miré a la niña y vi que tenía los ojos marrones más grandes que había visto. Sus rizos castaños estaban cortados a lo duendecillo, así que todo lo que veías era una pequeña cara que ahora era un estudio de tristeza. —¿Qué ha pasado, conejito? —Le pregunté mientras me arrodillaba a su lado. Sus ojos me absorbieron. —El hombre dijo que iba a hacer un sombrero, pero cuando papá regresó, no quería quedarse, y fue con él porque le gusta más, y le pedí a papá que hiciera el sombrero, pero tiene que hablar con la abuela y el abuelo y todo el mundo, y Scotty no sabe cómo. Scott era obviamente su hermano, la cosa gruñona sentada con ella. —Nadie puede ayudarme, y mamá llega tarde. Asentí, sentándome junto a la mesa. —Bueno, definitivamente puedo hacer sombreros, pero también puedo hacer sapos, y cisnes, —le dije, arrastrando la última palabra. —¿Quieres verlo? Tenía unos cinco años y, por eso, estuvo a mi lado tan rápido que habría pensado que yo estaba cubierto de glaseado o algo así. Diez

minutos más tarde, el chico estaba en el suelo con su hermana Rebecca y conmigo, ambos con sombreros de periódico. —¿Puedes hacer aviones, o qué? —Eh, sí, —dije, igualando su tono sarcástico. —Mejor que cualquier cosa que puedas hacer tú. —Lo dudo. —¿Quieres apostar? —le dije. —Te apuesto un millón de dólares. 112 Arqueé una ceja en su dirección, y milagro de milagros, sonrió, ampliamente. El mismo castaño rizado que su hermana, pero sus ojos eran avellana, no marrones. Ambos eran hermosos, y aunque el niño estaba tratando de que no le gustara, estaba teniendo dificultades. Cuando hice navegar el avión de un extremo a otro de la habitación, quedó impresionado. 10/2017 —Jopé. —Sus ojos estaban enormes. —Eso ha sido asombroso. —Ves, —le dije, comiendo una Oreo, —te lo he dicho. —Soy Scott, —dijo con una sonrisa, acercándose más a mí. —Y ésa es mi hermana Becca. Yo había recopilado esa información anteriormente, pero era agradable que él realmente me lo estuviera diciendo. Era un progreso. —Soy Jory. —Jory es un nombre genial. —Asintió con la cabeza. —Es un nombre de vaquero. —Gracias. —Le devolví la sonrisa. Becca estaba en mi regazo, así que ella inclinó la cabeza hacia atrás y me besó la barbilla. Las mujeres y yo, no importa la edad, era un hecho. Se acomodó más cómodamente contra mí cuando Scott me llamó para que lo mirara mientras hacía volar el avión hacia las

puertas correderas de cristal. Cuando levanté la vista, me di cuenta 113 del hombre se elevaba sobre mí. 10/2017 —¡Papá, mira esto! Estaba mirando a la niña en mi regazo, y por mucho que él intentaba apartar los ojos de ella, no podía. —¡Papá! Finalmente apartó la mirada y observó cómo el avión flotaba a través de la habitación en una brisa invisible durante unos segundos antes de que volviera a mirar a su hija. —Hola, papá. —Ella le sonrió de nuevo, sus dedos una vez más, por centésima vez en la última hora, en mi cara. Tragó saliva con dificultad, su aliento conteniéndose. —Hola bebé. En vez de ir a ver a su padre, se inclinó más contra mí y sentí que sus dedos jugueteaban con el cuello de mi suéter antes de que ella se volviera en mi regazo para quedar frente a mí. —Jory. Le sonreí. —Sí, señora. Sus dedos estaban ahora jugando con el cuello de la camisa de vestir que tenía debajo del suéter. —Tengo hambre. Me volví para mirar a su padre. —Ella tiene hambre. Él asintió rápidamente y se arrodilló a mi lado, su mano sobre mi hombro mientras me miraba a los ojos. —Soy David, David Fisher, ¿quién eres? —Jory Harcourt. He venido con Hayes.

Él asintió con la cabeza, los ojos esmeraldas se clavaron en los míos mientras su mano, que él no había retirado, se deslizó más arriba en mi hombro, dedos rozando el costado de mi cuello. —Espero que mis hijos no fueran... —Oh no, está bien. He disfrutado pasando el rato con ellos. ¿Tal vez podrían tener algo para comer? No sé a qué hora se van a la cama… —Va a ser una noche de acostarse tarde, —me dijo, volviendo a mirar a su hija. —Y están atrapados aquí, de todos modos, y no quiero 114 ponerlos en la cama sólo para tener que despertarlos cuando su madre finalmente llegue. Esperé porque me di cuenta de que había más. —Rebecca suele ser muy tímida y, —se aclaró la garganta antes de decir—, suele ser tímida. 10/2017 —¿Cariño? Todos nos volvimos a mirar al impresionante perfecto modelo de pelo rubio, de ojos azules, hombre de pie allí mirándonos. —Cariño, Tim y Mónica están aquí, ven a saludar. David miró por encima del hombro. —Estaré ahí enseguida. —Pero, —dijo, tratando de sonreír, —acaban de llegar aquí, y no conocen a… —¿Qué he dicho? —preguntó tajantemente, su voz helada. El hombre asintió con la cabeza, con los ojos clavados en mí. —De acuerdo, iré por ellos, y luego puedo hacer a Becca el sombrero que promet... —Jory me ha hecho un cisne. —Lo sostuvo para que el hombre pudiera ver antes de girar sus grandes ojos de animé a su padre. —

Puedes ir a hablar con tía Monica y tío Tim, papá. Jory se quedará con nosotros. Los ojos de David Fisher se movieron de su hija a mí, a su hijo y luego a mí. Me había alejado de su penetrante mirada cuando recibí unos golpecitos en el hombro. Encontré a Scott mirándome. —Jory, ¿puedes jugar a Tekken? —Sí, señor, puedo. Scott me enseñó el controlador inalámbrico. —¿Puedes hacer esta parte de la campaña? No puedo vencer a este 115 tipo. —Claro, déjame… —¿Puedes sentarte aquí? A su lado. Me quería justo a su lado. Fue muy bonito. —¿Ir ahí a tu lado? —Me burlé de él. —¿Estás seguro? 10/2017 Él sonrió y asintió. —Vale. Becca se levantó y luego lo hice yo, caminando alrededor de la mesa de café, y cuando me senté, ella subió de nuevo a mi regazo. Scott se acercó, con la mano en mi muslo mientras miraba la pantalla. —¿Quieres ver a Jamie? —me preguntó ella. —Aww, vamos, Bec, —murmuró Scott, —Jory no quiere ver a tu penosa muñeca. —Lo hago, sin embargo, —le dije besando la parte superior de su cabeza. —La puse a dormir en la cama de la abuela. —Bueno, ve a despertarla, —le sugerí. Su rostro, la sonrisa radiante que conseguí valieron la pena. Ella saltó de mi regazo y se fue segundos más tarde.

—Sabes que la muñeca no está realmente viva, —Scott me 116 aseguró. 10/2017 —Sí colega, lo sé, —dije muy seriamente. Se iluminó de repente. —¿Quieres ver uno de mis trofeos de kárate? Dejé que la abuela guardara uno aquí. —Por supuesto, —le dije mientras usaba a Nina, una de las chicas, para destruir al tipo grande que había estado tratando de matar durante una hora. —Eso ha sido muy rápido. —Estaba asombrado: Tenía los ojos muy abiertos por eso. Le meneé las cejas. —¿Conoces todos los movimientos de Nina? —Sip, —me burlé. Después de un segundo se encogió de hombros, que era lo más cerca al respeto, aunque a regañadientes, que yo iba a conseguir. —Ya vuelvo, ¿vale? No te vayas, —dijo, y luego él también se fue. Miré a David Fisher. —¿Puedo hacer algo para comer? ¿Estaría bien? Apretó los labios mientras daba un paso más cerca. —Estás pensando mal de mí, pero te aseguro que no soy el padre que crees que soy. Esperaba a mi ex esposa hace tres horas. Normalmente no llega tarde. Normalmente no tengo a mis hijos durante la semana, pero es el cumpleaños de mi madre y Derek no es… —No creo nada, —dije, sonriéndole. —Lo juro. Sólo quiero dar de comer a los niños, si eso está bien. Su suspiro, junto con la sonrisa resignada, fue entrañable.

—Está bien, pero sólo quiero que sepas que hay fácilmente cinco o diez circunstancias extrañas sobre esta noche que han creado lo que estás viendo aquí. —Vale. —Yo sólo... —suspiró profundamente. —No me gustan mis hijos cerca de mis citas hasta... —Eres serio para que no se apeguen. —Sí. 117 —He salido con hombres con niños en el pasado. Lo entiendo. Nos miramos uno al otro mientras los niños volaban de vuelta a la habitación. —Jory, mira a Jamie. La muñeca era una de esas espeluznantes, con los ojos que se abrían y cerraban. Parecía que pertenecía a una película de Hitchcock. 10/2017 El trofeo de kárate fue más fácil para emocionarse, y me di cuenta de lo que había tomado tanto tiempo era que Scott se había cambiado a su gi10, con orgullo mostrando su cinturón amarillo. Lo observé mientras él demostraba sus movimientos y aplaudí fuerte cuando terminó, haciendo el saludo especial que su sensei le había enseñado. Incluso silbé. —¿Llevas esa cosa contigo dondequiera que vayas? —Hice un gesto hacia el gi. —¿Así puedes cambiarte como Spiderman? —He tenido práctica hoy después de la escuela. Me encogí de hombros. —Habría estado más guay si lo hicieras. Él asintió con la cabeza fríamente. 10 El karate-gi o uniforme de entrenamiento, es un término que, en el contexto de las artes marciales se usa para describir el atuendo que emplea el practicante en las clases. Comúnmente, se compone de tres elementos: una chaqueta sin botones, denominada 'uwagi', un pantalón, denominado 'zubon' y el cinturón, denominado 'Obi'. Fuente: Wikipedia.

—Tengo hambre, —repitió Becca. Miré a David. —Has dicho que estaba bien si les daba de comer, ¿verdad? —Oh, no, no tienes que hacer... —No me importa —le aseguré, —si está bien para ti. —Está bien para mí, pero tenemos un buffet entero para… —Es asqueroso. —Scott hizo ruidos de vómito por mí en caso de que me hubiera perdido el disgusto de su voz. Becca tomó mi mano y me condujo hacia adelante, charlando sobre 118 Jamie y cómo habían ido a caballo el día anterior. Scott estaba haciendo sus movimientos a nuestro lado, respirando bruscamente, haciendo el sonido “hai\" todo el camino. La cocina era casi más grande que mi último apartamento. Podrías jugar al balón prisionero en ella. 10/2017 —Quiero huevos, —gimoteó Becca. —Por favor, Jory. —Quiero macarrones, —Scott me dijo entre golpear sus puños en el aire. Hice ambos porque era fácil. Becca tuvo huevos revueltos con queso rallado en la parte superior, con manzanas peladas a un lado, e hice macarrones con queso desde cero para Scott. Él no tenía ni idea de que los macarrones con queso se podían hacer en el fuego y no en un microondas. —Mi abuela los hacía así, —le dije. Estaba receloso, pero olía bien, así que lo probó. Mientras lavaba los platos, Becca me dijo que su papá los dejaba montar en el largo pasillo. No tenía ni idea de lo que quería decir hasta que Scott me lo explicó. Me recordó esas historias sobre Versalles de la clase de francés en la escuela secundaria. Cómo los pasillos en el palacio eran tan anchos

que Luis XIV solía hacer la caza del zorro dentro. Comprendí cómo 119 David podía permitir que sus hijos corrieran alrededor de su casa. Becca tenía un triciclo, Scott tenía una scooter, y yo conseguí su 10/2017 monopatín. Montar en bicicleta se recuerda en el momento en que subes, y por suerte para mí, también lo hizo deslizarse sobre el mármol en un monopatín. Los chillidos de alegría de Becca eran lo mejor que había oído en semanas. La risa de Scott era fuerte, y cuando hice el giro para él sobre las ruedas traseras, la forma en que me miró, con los ojos abiertos y bailando, como si yo fuera Tony Hawk11, me hizo sonreír. Lo que había empezado como especulativo se había vuelto amistoso. Le gustaba. Pero él también me gustaba, y probablemente podría decirlo. Estábamos tomando un descanso, terminando la limpieza en la cocina, cuando hubo un grito de alegría de Becca. —¡Mami! —Me volví a tiempo para ver a una mujer de aspecto muy elegante envuelta en un largo abrigo de visón cruzando la habitación hacia nosotros. —Veo que tienes ayudantes. —Ella me sonrió mientras David aparecía en la puerta. —Sí, señora, y unos excelentes, podría añadir. Ella asintió, mirando a su hijo a mi derecha secando los platos, su hija a mi izquierda, sentada en la encimera, secando las sartenes. —¿Qué han comido? 11 Tony Hawk, es un patinador estadounidense. Es considerado el mejor Skater del mundo sobre vert, además de uno de los más versátiles y habilidosos, también es considerado uno de los mejores en el vertical skateboarding, debido a su gran habilidad y su frecuente práctica. Fuente: Wikipedia.

Antes de que pudiera explicar, Scott revisó mis habilidades culinarias para ella, explicando sobre la epifanía de cocinar la pasta en lugar de usar microondas, y cómo Becca había comido manzanas. —Tú odias las manzanas, —le recordó a su hija. —Pero Jory cortó la piel y me dejó ponerles mantequilla de cacahuete. Tenía los ojos clavados en mí mientras avanzaba, con la mano extendida. Me enjuagué el jabón, me sequé las manos en el trapo y 120 tomé la mano ofrecida. —Elsa Fisher —dijo, sonriéndome. Le devolví la sonrisa. —Jory Harcourt. Sus ojos se clavaron en los míos. Arqueé una ceja en su dirección. 10/2017 —¿De qué conoces a David? —No lo hago. Conozco a Hayes. Dejó escapar un largo suspiro mientras ella decidía justo entonces y allí que le caía bien. —Espero verte más, Jory. Pero dudaba que lo hiciera. —Espera... ¿Harcourt? —Sí. —sonreí. —Dane Harcourt es mi hermano. Sus ojos se giraron. —Lo conocí en una subasta de caridad hace dos semanas. Fue muy amable y generoso con nuestra causa. —¿Y cuál es? —Soy docente en el museo de arte infantil. Asentí. —Bien, a Dane le encantan los niños.

—¿Tiene alguno propio? —Está previsto que su esposa dé a luz en junio. —Oh. —Puso la cara larga. —Qué maravilloso para ellos. —¿Conociste a su esposa Aja? —Le pregunté. —No, estaba solo. De modo que había pensado, como yo estaba seguro que habían hecho muchas mujeres, que volar solo significaba algo, cuando en realidad no significaba nada. A Aja no le gustaba que Dane fuera a las funciones solo, y lo contrario también era cierto, pero a veces era 121 necesario. —Vosotros dos no os parecéis en nada. Y eso era porque Dane Harcourt y yo no estábamos relacionados por ninguna sangre en absoluto. Había trabajado para el hombre durante cinco años, y en algún lugar del camino había pasado de 10/2017 asistente a amigo y a la persona que quería tener como hermano. Él era huérfano, yo también, y así cuando había dicho que no quería que yo trabajara para él más, pero él me quería en su vida por siempre, yo había descartado mi viejo apellido y tomado el de Harcourt. Y ahora, después de seis, cerca de siete años, sentía como si hubiera nacido con el nombre. —Excepto que ambos sois impresionantes. —Gracias, —suspiré, volviendo a la conversación, acercándome para apretar su brazo para que ella nunca supiera que yo tenía una especie de vuelta al pasado y corrí rápido para ponerme al día. Me dio unas palmaditas en la mano y luego se volvió y dijo a sus hijos que ya era hora de irse. Levanté a Becca de la encimera y bajé sobre una rodilla para que ella pudiera rodearme con sus brazos y besarme y abrazarme para despedirse. La cabeza enterrada en el costado de mi cuello me hizo saber que éramos amigos. Scott me dio

un gran abrazo que no esperaba, los brazos apretados alrededor de mi cuello, y luego los dos siguieron a su madre fuera de la cocina. Estaba colgando los trapos cuando escuché aclararse una garganta detrás de mí. Me encontré solo con David Fisher. —Acércate a los adultos ahora. Mi madre va a abrir sus regalos. —Claro. Él mantuvo abierta la puerta batiente y luego lo seguí hacia el enorme salón. Todo el mundo estaba agrupado alrededor de una 122 hermosa mujer recibiendo a su corte. Estaba abriendo regalos, pero tenía las cejas fruncidas. Me moví por el suelo y hacia ella, así que tuvo que inclinar la cabeza hacia atrás, ya que estaba sentada. —Si me dice dónde está el papel y la pluma, señora, seré su secretario y haré una lista de su botín. —¿Cómo lo sabía? Ni siquiera... 10/2017 —Fui asistente personal durante cinco años, y mi jefe era grande en las señales no verbales también. Sus ojos eran suaves mientras me miraba. —Bueno, gracias, querido, en el cajón del escritorio en el vestíbulo debe haber un bloc y una selección de bolígrafos. Fui a buscar lo que necesitaba, y cuando volví, me hizo un gesto para que me sentara a su lado. —¿Quién es usted? —Ella me sonrió, sus hermosos ojos azules brillando en la luz. —Soy Jory. He venido con Hayes. —Incliné la cabeza hacia el hombre que miraba aturdido sentado al otro lado de la habitación. —¿Y no he recibido una presentación, por qué? —Preguntó, volviéndose hacia Hayes. —Estaba cocinando y entreteniendo a tus nietos, —anunció David. —¿Lo estaba? —Sus ojos eran cálidos. —Bueno, soy Libby Fisher.

—Un placer, —le dije, sonriendo. —Entonces, ¿qué ha recibido? 123 —Bueno, hasta ahora, —empezó ella, señalando las cosas, diciéndomelas mientras las apuntaba y cogía las notas que me 10/2017 pasaba. Cuando llegó a la caja de Hayes, se sintió realmente emocionada por el pañuelo en el interior. —Dios mío, Hayes, y mis colores favoritos también, —dijo ella, sonriendo a su hijo. —Me encanta. Y recibió el iPad más nuevo y joyas y billetes para un crucero y muchas más cosas que hicieron que mi cerebro diera vueltas, pero se puso el pañuelo y le dio toquecitos una y otra vez. Cuando regresé de la cocina donde estaban las bolsas de basura, para ayudar a limpiar el papel, Libby tomó mi mano y me detuvo. —¿Señora? —Libby. Le sonreí. —Libby. —Hayes dice que fue idea tuya lo del pañuelo. ¿Cómo supiste que me encantaría? —Está haciendo un poco más de frío, pero no suficientemente frío para una bufanda, pero Chanel, con colores de otoño... —Le arqueé una ceja. —Vamos. Y me imaginé si sus colores estaban cerca de su... ¿lo hicimos bien? Ella estaba encantada conmigo. Sucedía a veces. —¿Has comido? —Aún no. —Ven conmigo.

Yo estaba llenando un plato de la mesa del buffet, con Libby 124 supervisando, cuando la puerta sonó y más gente apareció. Cuando se fue, David estaba allí. 10/2017 —Quería agradecerte por ser amable con mis hijos, Jory. —No hace falta que me des las gracias por eso. Son grandes niños. Su madre también es genial. El asintió. —Las razones son obvias para el divorcio… has conocido a Derek. No tenía ni idea de que Hayes y yo fuéramos de la misma manera. —Ambos gays, ¿quieres decir? —Y… —Di gay, hombre, —le dije, hablando como un fotógrafo de moda de gama alta dando órdenes alrededor de modelos. —Suéltalo. No hay por qué avergonzarse. Admítelo. Me miró fijamente. Me carcajeé malignamente. —No es… —No he conocido a tu padre, pero a tu madre no le importa. —A ella solía. —¿Quién se preocupa por el solía? —le señalé. Me miraba fijamente cuando Hayes se unió a nosotros. —Tú me has abandonado, —dijo sin rodeos. —Porque sus hijos eran más divertidos, —le dije, riendo mientras me movía alrededor de los dos hermanos para encontrar un asiento en el comedor. Me presenté a los demás en la mesa, la hermana de Hayes, Jane, su marido Marc, y varios primos, esposas y finalmente, el patriarca de la familia. Me levanté para estrechar la mano de William Fisher, y él me dio la sacudida a dos manos y sonrió de verdad.

—Un placer. Jory ¿qué? —Harcourt. —¿Harcourt? Suspiré y sonreí. —Sí, hermano de Dane Harcourt. Y estuvo impresionado, a causa del resplandor reflejado de Dane, yo era de oro. Hice la visita a la casa con William después de la cena y lo hice 125 hablar, mostrándome su colección de revólveres antiguos, escuchando historia familiar y finalmente terminando viendo las fotos a lo largo de las escaleras. Me dejó en la sala de juegos con las chicas, los adolescentes y los preadolescentes. Había cinco en total, y les mostré lo rápido que se suponía que había que jugar al juego “dance club party” de la Wii. 10/2017 Hubo gritos de alegría cuando dos de sus madres asomaron la cabeza una hora más tarde. Les dije a ambas que lo intentaran, y pase lo que pase, no importa la edad, cuando los padres se unen con sus hijos, les encanta. Reírse de sus madres era divertido, y la risa de las mujeres era agradable. —Oh, Jory, —Jillian Fisher susurró, abrazándome fuerte. —¿Cuándo vas a volver? La segunda vez que volví al buffet, tenía a las cinco chicas a remolque. Hablamos de chicos y vi fotos en teléfonos, y cuando Libby y William empezaron a bailar en el patio junto a la piscina, le pregunté a una de las chicas, Andrea, si quería unirse a mí. —Oh, Jory, no sé bailar, —me dijo. Pero la llevé junto a sus abuelos, puse su mano en mi hombro, le puse una mano en la cintura y le enseñé los sencillos pasos antes de pedirle que siguiera mi ejemplo. En veinte minutos, nos estábamos

moviendo bastante bien. No había deslizamiento, pero estaba 126 emocionada. Cuando la incliné hacia abajo, hubo aplausos. Se ruborizó de un rojo brillante, pero era fácil ver la felicidad allí 10/2017 también. Cuando fui a coger agua después, Hayes se acercó a mí. —Ey, —dije, sonriéndole. —Bueno, ahora que has encantado a mi familia, ¿cuál es tu plan, aquí? —¿Perdona? —David me preguntó cómo de serio era con nosotros porque realmente le gustaría invitarte a salir. —¿Y Derek? —¿Por qué preguntas eso? Bostecé. —No sé, parecía educado. —Bueno, —dijo, bajando la voz mientras se acercaba, sus ojos por toda mi cara. —Aparentemente el atractivo de Derek ha disminuido ahora que te ha conocido. —Eh —Le he dicho que si alguien en esta familia iba a salir contigo, ése voy a ser yo. —¿Qué pasó con tu divorcio? —¿Has escuchado lo que he dicho? —Sí. Cuéntame sobre el divorcio. —Bien, ¿qué quieres saber? —Te divorciaste porque supiste que no eras bi, eh, que eras sólo gay. Se limitó a mirarme fijamente antes de extender la mano y ponerla en el costado de mi cuello.

—Y tuviste miedo de salir porque David ya lo hizo, y te preocupaba que dos hijos homosexuales asustarían a tus padres, ya que él tuvo un tiempo difícil con ellos al principio. —Cómo… —Pero ahora están bien con eso, sólo quieren que seas feliz, y ven que David está bien, así que tú también lo estarás. —Jory… —¿Eso es todo? ¿O hay más en el drama del divorcio? 127 —Jory, —dijo después de un largo silencio. —¿Cómo obtuviste todo... quién te dijo qué... sólo por estar aquí esta noche? —He hecho muchas preguntas —le dije. —Así que todos tus secretos podrían ser cosas que estés manteniendo fuera de los tabloides, pero son bastante sosos en mi mundo. —¿Oh sí? Eres un malvado, ¿verdad? —Hizo una pregunta 10/2017 sarcástica, pero su tono no estaba de ninguna manera cerca de eso. De hecho, su voz era baja y profunda, mientras su pulgar se deslizaba bajo mi barbilla. Di un paso atrás fuera de su agarre. Él era un hombre agradable, su hermano era agradable también, pero a mí no me iban los individuos suaves, dulces, fáciles. Sólo los gruñones machos alfa me iban. Yo tenía más probabilidades de dormir con Cristo Liron que… —Mierda. —Me sacudí, dándome cuenta de que mis fantasías estaban empezando a descomponerse. —¿Jory? —Tengo que irme, —le dije, volviéndome para correr a través de la sala de estar al guardarropa en el vestíbulo. Cuando me puse la chaqueta, Hayes se paró frente a mí, bloqueándome. —¿Qué estás haciendo?

—Yo hago esto a veces, —le dije, tomando una respiración. —Le doy a la gente la impresión equivocada. —¿Qué significa eso? —Significa que no puedo salir contigo ni con tu hermano. Y tu hermano está buscando a alguien que sepa que sus hijos son geniales, no yo específicamente. Y tú buscas al tipo, y ese tampoco soy yo. Sin embargo, mencionaré a la gente de Synergy que eres gay, porque hasta donde yo sé, están buscando una mujer para ti. 128 —¿Qué? —Trataba de absorber todo lo que había dicho de inmediato. —Synergy, —repetí, hablando lento, —sólo busca chicas. —Jory… —Así que deberías decirles muy pronto que estás buscando un tío. Su boca se abrió cuando lo rodeé y salí por la puerta principal. 10/2017 En el porche, pude respirar, y luego me di cuenta de que estaba en Lake Forest. Tenía que pensar. —Jory, —dijo Hayes mientras salía detrás de mí. Pero mi cerebro estaba consumido con la logística de llegar a casa cuando empecé a caminar través del camino de entrada. —¡Jory! Esperé. Se movió rápidamente delante de mí, cruzándose en mi camino. —¿Vas a irte y no decir adiós a mi familia y sólo…? —Diles que tenía una emergencia familiar, pero Hayes... — Suspiré profundamente. —No es justo que pase un segundo más aquí. ¿Cuál es el punto de gustarles? No vamos a ser amigos. Si yo fuera soltero, podríamos salir, pero... —¿No estás soltero? Levanté mi mano izquierda para él.

—Casado. —¿Con quién? —Estaba horrorizado. —Sam Kage, es un policía. —¿Dónde está? —Trabajo encubierto. —Yo… —Te veré —dije, volviéndome para caminar rápidamente por la entrada. En la calle me di cuenta de que no tenía ninguna idea 129 terrenal de dónde estaba ni de cómo llegar a casa. Caminé por una calle y luego otra y finalmente se convirtió en una calle donde había algo de tráfico y restaurantes. Cruzando, entré en el vestíbulo de un hostal y le pregunté a la conserje de servicio donde podía conseguir un taxi de vuelta a Chicago. —Sabes que te costará un millón de dólares, ¿verdad? 10/2017 Pero merecía aprender una lección por mi estupidez. Dane siempre me decía las cosas que no podía y no debía hacer con Sam estando fuera, y finalmente entendí lo que decía. Yo no era una captura o un premio, pero tenía algunas cualidades buenas y tal vez alguien que no fuera Sam Kage querría mantenerme si me ofrecía. La cosa era que yo no estaba ofreciendo, así que parecer como si lo hiciera, no era justo. —Sí, lo sé. —Sonreí a la simpática dama. —Está bien. Ella se encogió de hombros y me llamó un taxi.

Capítulo 8 Dane me había invitado a almorzar, y después de mi viaje de 130 doscientos dólares en taxi la noche anterior, necesitaba comer gratis un poco. Además, estar en su oficina era divertido. Era nuevo, el lugar 10/2017 donde solía trabajar para él hace mucho tiempo. Subías con el ascensor en el edificio del centro y cuando llegabas a su piso, se abría en el vestíbulo de la oficina que compartía con Sherman Cogan y Miles Brown. Antes era, te bajabas del ascensor y tenías una opción de dónde ir, pero ahora tenían toda la planta, y todo era de madera pulida y vidrio, y básicamente te sentías como si estuvieras en una casa en lugar de una oficina. Las tuberías expuestas en el techo, los ventiladores, los colores oscuros y las ventanas grandes daban una sensación de calidez y elegancia. Había trabajado para Dane durante cinco años en la oficina que compartía con Miles Brown y Sherman Cogan, así que conocía a los otros dos asistentes, Celia y Jill. Mi amiga Piper solía ser la recepcionista, pero lo había dejado después de que naciera su segundo hijo. Así que ahora había una nueva recepcionista en el mostrador de recepción, y Dane tenía otro nuevo asistente, él pasaba de unos a otros de una manera rápida, un secretario que mantenía su correspondencia y un enlace de campo. Yo solía ser el único que había trabajado para él, además de un mecanógrafo, ya que yo podía hacer, tal vez, en un buen día, treinta palabras por minuto.

Así que había entrado, dejé mi nombre a la recepcionista como sólo Jory, y me senté a esperar. Ella había preguntado: —Jory ¿qué, con quién? —Pero yo dije, —Jory, —y me senté. Ella no me aprobaba, me di cuenta. La asistente de Dane, Brooke Jessup, salió a ver lo que necesitaba. Había trabajado para él durante seis semanas. —Hola, —dijo indulgente, forzando una sonrisa. —¿Puedo ayudarlo? 131 —Sí, estoy aquí para almorzar con tu jefe. —Oh, —cejas fruncidas— ¿es consciente de que está…? —Sí, lo sabe. Me llamó. —Le sonreí. —Yo veo, ¿y usted es? —Jory, —me reí entre dientes. —Harcourt. Se le abrieron mucho los ojos. 10/2017 —Oh, Dios mío, lo siento mucho. ¿Eres su primo? —Hermano. —Sonreí, rodeándola. —¿Está en su oficina? —Sí, pero está con Adam, su otro asistente. —Está bien, —dije, caminando por el pasillo hacia su puerta. —Yo realmente pienso… Y me detuve cuando oí el grito. —Oh Dios, —ella gimió, —¿ves? Esperé con Brooke, y después de un minuto de silencio, abrí la puerta. —¡Brooke! —Dijo Dane bruscamente. —¿Cuántas veces he…? Oh, ey. Entré y un tipo, que nunca había visto antes en mi vida, estaba poniendo cosas en el escritorio de Dane: un iPhone, llaves, un llavero y una tarjeta de crédito. Entendí de inmediato. —Dane, yo…

—Gracias, señor Taylor, eso será todo. Tembló. —Sólo necesitaba... —Gracias, señor Taylor. Tomó aliento, se volvió, me miró por primera vez, y luego caminó hacia Brooke. —Si pudieras enviar mis cosas a... —¿Te ha despedido? —Estaba horrorizada. —¿Por la cena? ¿Te ha despedido por la cena? 132 —No, —le advertí rápido. Sus ojos chocaron contra los míos. —No digas nada. —Señora Jessup. Me estremecí, porque había sido Brooke hace un minuto, así como 10/2017 estaba seguro de que había sido Adam ayer. Dane siempre agregaba el tratamiento delante de tu nombre cuando ya no eras su empleado. —También puede acompañarle fuera. Por favor deje todas las posesiones de Harcourt, Brown y Cogan en su escritorio e informe, junto con el señor Taylor, a la oficina de Melody Bruce, en LaSalle en Watts y Gardner. Voy a llamar con antelación y asegurarme de que ella les ve rápidamente. El señor Taylor tiene la dirección. —¿Qué? —Gracias, señora Jessup. —Oh, no, Dane, yo... —Gracias. Les había dado la espalda a los dos; todo lo que veías era la forma en que el costoso traje de lana parecía que había sido hecho a medida para él, para abarcar sus amplios hombros, la espalda ancha y la cintura estrecha. Notabas su altura, la forma en que el cabello negro

azabache se afilaba por encima de su cuello y lo brillante que era 133 cuando captaba la luz. Él era perfecto y frío, y las olas de cólera fluían de él. 10/2017 —Ven aquí. Ella se movió. La detuve, cruzando la habitación rápidamente. —Se refiere a mí. Tan pronto como llegué a su lado, lo oí respirar. El teléfono de su escritorio sonó, y yo respondí. —Oficina de Dane Harcourt. Miré a Brooke mientras hablaba, respondí a las preguntas sobre un proveedor, de las que conocía la respuesta porque las había respondido un millón de veces, le di las gracias a la persona del otro lado y colgué. Entonces me senté en el escritorio de Dane, subí su agenda en su ordenador y cogí el teléfono. —Eres el hermano que solía ser su asistente, —dijo Brooke. —Sólo tengo un hermano, —dijo desde detrás de mí. Pero no lo hacía, en realidad no. El hombre tenía dos hermanos biológicos, así como una hermana, y yo era el que no estaba realmente relacionado con él, pero para Dane, yo era el único. Él me había elegido; los otros le fueron impuestos. —Yo era su asistente, sí. —Le sonreí. —Por favor, deja todo en tu escritorio, Brooke. ¿No bloqueas tus archivos, y tu ordenador portátil está aquí en la oficina? —Sí, está… —Lo necesito ahora, por favor. —Pero tengo algo personal... —No debería haber archivos personales en el ordenador portátil de la empresa. Por eso te dieron el disco duro extraíble cuando

empezaste. Pero junto con tu cheque mañana, recibirás, en un CD, 134 cualquier archivo personal que esté actualmente en el portátil. — Había dado el discurso muchas veces a lo largo de los años y todavía 10/2017 lo tenía en su mayoría memorizado. —Todas las contraseñas y cerraduras se cambian en el momento en que alguien se va, así que por favor no vuelvas con la esperanza de tener acceso al edificio. Serás puesta en estado de restricción de este sitio por un período de dos meses, y si tienes otro asunto en este edificio, tendrás que proporcionar a los guardias de seguridad abajo un documento escrito para que te sea permitido entrar. —Yo… —¿Qué te preguntaron cuando empezaste aquí, Brooke? —¿Perdón? —Estaba aturdida, y solo necesitaba ayudarla a entender lo que estaba sucediendo para que pudiera entender las cosas. —Te fue hecha la misma pregunta que a mí, ¿tu lealtad sería para el hombre o para la firma? ¿Cuál fue tu respuesta? —El hombre. —Como la mía. —Sonreí. —Pero ¿qué has hecho hoy? —Yo no… —Has antepuesto las necesidades de Adam a las de Dane. Buenos días, señora Jessup. Ella levantó la vista hacia la espalda de Dane. Era un tipo de una sola oportunidad, y era malo y moralizador y rígido, pero tenía que contar realmente contigo y creer que, en realidad, no había manera de que lo dejaras. Dane se conducía con su corazón, y cuando esa fe era puesta a prueba y fallabas, siempre daba marcha atrás, hasta las Bermudas. Se alejaba tan rápido que estabas en barrena. ¿Cómo podría estar allí, ser una roca en tu vida, esta fuerza inamovible, y

luego simplemente desaparecer? Pero lo que ella no sabía era que 135 había habido otras oportunidades para que ella no le fallara. Y seis semanas parecían diminutas, eran minúsculas, pero para Dane... era 10/2017 todo o nada. Él era así con todo, amor u odio, blanco o negro; no había gris en el hombre excepto en sus ojos. Salió rápidamente, detrás de Adam Taylor. Tomé aliento. —Estoy libre durante un mes, bueno, tres semanas ahora, pero yo me ocuparé de ti durante ese tiempo. Estaré aquí mañana y deberías dejarme contratar a las próximas dos personas. —No te necesitaba más que a ti y a una mecanógrafa cuando estuviste aquí, —gruñó detrás de mí. —Tu lista de clientes era más pequeña. —Dudoso. —No estabas casado entonces, ni estabas a punto de ser padre. Tu vida privada es más preciosa ahora, por lo que tu agenda es más estricta para asegurarte de que estás en casa para ver a tu esposa, asegurarte de llegar a la clase Lamaze. Él gruñó. —¿El señor Taylor llevó a los clientes por ahí con la tarjeta de la empresa? —Clientes potenciales. —Traducción: gente que quería impresionar o joder. —Dicho sin tacto, pero sí. Me volví en su silla. —Vamos a comer, tu azúcar en sangre está bajando, estás siendo un imbécil. —¿Yo? ¿La has escuchado?

—Sí, he oído. —Sonreí. —No tiene ni idea de que hay dinero y premios para el asistente que pueda soportar tu mierda. —Eres el único que ha podido ser el asistente que necesitaba. —Sí, bueno, es porque eres molesto, pero yo algo así como que te gusto. Suspiró profundamente. —¿Qué tal japonés? Te llevaré a por sushi y sopa de miso. —Está bien, déjame buscar mi abrigo. 136 —Pero tienes que invitar. —Bostecé, enviando su agenda a mi teléfono por e-mail. —¿Qué es esto? ¿Por qué tienes a las tres y media y a las cuatro? —¿Qué? —Gruñó. —Lo arreglaré, —le dije, descargando todos sus números de contacto nuevamente en mi teléfono también. 10/2017 —¿Por qué voy a invitar? —Se estaba poniendo su abrigo de lana y cachemira, ajustando las mangas. —Tú podrías pagar. —No, no después del viaje en taxi desde Lake Forest de vuelta aquí. —¿Perdona? Miré su horario. —Bueno, entonces almuerzo largo, y tengo un montón de mierda que contarte. —Bueno, —exhaló. —Quiero escucharla. Caminamos como caminábamos siempre, su mano en mi nuca, guiando suavemente, asegurándose, ya que yo era un idiota después de todo, que sabía a dónde iba a ir. Él odiaba despedir a la gente. Le afectaba mucho, pero siempre fue necesario para él, porque sus expectativas eran demasiado altas. Y la gente nunca podría decir, \"Usted espera demasiado por lo que paga”, porque el hombre pagaba a su asistente una pequeña fortuna. Así

que era bueno que almorzara conmigo porque necesitaba 137 descomprimir y comer buena comida y no tener que preocuparse, ni siquiera por un segundo, de cómo sonaba o no, o si gritaba. 10/2017 Le expliqué sobre Hayes Fisher, su hermano David y Cristo Liron, y cómo sentía no haberle escuchado, pero ¿cuándo lo había hecho? ¿Y por qué diablos pensaba que iba a empezar de repente ahora? —Jory… —Toma la sopa. Y siguió la orden como nunca lo hizo y bebió su sopa mientras me daba instrucciones. —Tienes que parecer como si pertenecieras allí cuando vengas a la oficina mañana. Es decir, tenía que verme bonito. —Lo sé. —¿Vas a poner un anuncio en el periódico? —No, voy a llamar primero y ver si alguien conoce a alguien. Y no necesitas a dos personas. Necesitas uno más tu secretaria. —La semana pasada despedí a mi secretaria. —Por todos los santos, Dane. —Dijo que necesitaba más. —¿Más qué? —Más de mí. Dijo que podía hacerme feliz. —Ajá. —Asentí con la cabeza. —Entonces, lo que realmente necesitaba eran algunas buenas drogas antipsicóticas y terapia. —En efecto. —Huh. Se aclaró la garganta. —Es porque eres muy misterioso. Él puso los ojos en blanco.

—Mi esposa necesita saber que tengo buenas personas a mi alrededor, no personas que quieran ocupar su lugar en mi vida. —Siempre insististe en no dejarme contratar a alguien. Quiero decir, me dejabas revisar las solicitudes contigo, pero nunca me dejabas sentarme dentro cuando contratabas a alguien. —Bueno, ahora voy a tratar de dejarte encontrar a la persona adecuada. —Bien. Mientras tanto, iré a casa contigo esta noche y le diré a Aja que voy a estar allí hasta que encuentres a alguien. 138 Su sonrisa fue la que casi nadie, más que Aja y yo y algunos amigos cercanos, nunca veían. Era el verdadero Dane, desnudo, vulnerable, con los ojos suaves y la curva del labio que hacía que tu estómago se retorciera con la confianza de verlo. —No te preocupes. 10/2017 —Ya no lo estoy. Mi única preocupación eres tú. —¿Por qué? —Hablemos de Cristo Liron. Ni siquiera podía decir que no le concernía, porque básicamente lo había hecho asunto suyo con mi anterior confesión. No llegué a casa hasta después de las nueve, después de haber pasado el resto de mi día con Dane, revisando los archivos y las citas para volver a manejar su oficina. Tuve que encontrar la sala de copias y subir su calendario en Outlook y la miríada de tareas que venían por ser su asistente. Lo envié a casa antes que yo, retirándome después de la cena con él y Aja, dejándole darle la noticia de que yo iba a entrar, provisionalmente, como su asistente. Mientras caminaba hacia mi apartamento, vi el coche con chófer de la noche anterior. Charles estaba dentro del coche, y cuando saludé con la mano, levantó la mano del volante mientras Hayes Fisher salía.

—Hola, —le saludé. —Jory, te he estado llamando todo el día. Y yo sabía que lo había hecho, pero lo había ignorado. —¿Qué demonios fue todo eso de anoche? —Lo siento, —me disculpé, acercándome, con las manos en los bolsillos de mi chaquetón. —Yo sólo... la forma en que resuelvo las cosas como que me golpea, ¿sabes? Me quedo aturdido y cuando eso sucede, sólo me largo. Es un mal hábito, pero mira, no tenía ni idea de que estabas interesado en mí hasta anoche. Realmente pensé que 139 sólo querías pasar el rato. —Lo hago. Sacudí la cabeza. —No lo haces. Quieres subir y meterte en mi cama. Soy lento, pero no estúpido. 10/2017 Tomó un suspiro de resolución. —Ven a tomar una copa conmigo. —¿Por qué? —Porque quiero hablar contigo, y sé que no me dejarás subir. —No tenemos nada de qué hablar, —le aseguré. —El sexo es un asunto muerto. —Entonces ven a pasar el rato con mis amigos y conmigo. Estábamos planeando ir a un club esta noche. ¿El baile no suena divertido? —¿Tú bailas? —¿Por qué me estás mirando con los ojos entrecerrados? —Se indignó. —Sé bailar. Pero ni siquiera tenía buena música en su maldita casa. —Jory, solo... vamos, vamos a empezar de nuevo. Necesito amigos, ¿de acuerdo? Dios, lo hago.

—Podrías invitar a algo. —Es una cosa muy mierdosa que decir. Y lo era. —Lo siento. —Por favor, sube al coche. Me metí en el coche. 140 El club era un país de las maravillas techno de luz y sonido. La pista de baile era enorme, pero la multitud aún estaba aplastada por el calor sudoroso y hambriento, y podía sentir el latido de la música dentro de mi piel. No había manera de hablar; era demasiado ruidoso. Así que fui presentado a los amigos de Hayes con apretones 10/2017 de manos y abrazos antes de que me llevara detrás de él a la prensa de cuerpos. Incluso sin el beneficio de que me tocara, fue básicamente empujado hacia mí mientras nos balanceábamos de lado a lado con todos los demás. Cuando me puso las manos en las caderas, meneé la cabeza y empecé a retroceder, a través de la prensa de piel, hacia la mesa. No esperaba ser agarrado y girado. —¿Qué estás haciendo? —Me gritó Hayes. —Tengo que irme, —le dije. Fue otra decisión estúpida de mi parte. — Esto no se siente bien. No se siente como amigos. —Jory, —comenzó. Me volví, y cuando lo hice, de repente me encontré cara a cara con Cristo Liron. —¿Pensaba que no salías con citas? —dijo, y tan fuerte como tuvo que gritar la acusación, todavía oí lo baja y helada que fue.

Lo solté, lo rodeé y me dirigí hacia el guardarropa, pero me agarró del brazo y tiró de mí con fuerza. —Nadie pasa de mí. Tuve que ejercer fuerza para poder liberarme de su agarre, y cuando lo hice, empujé mi camino a través de los bailarines hasta que estuve en el borde de la pista. Avanzando rápido, llegué al guardarropa. La chica a la que había dejado mi chaqueta con anterioridad seguía vadeando a través de la pila. Mi chaquetón ni siquiera había sido colgado, así que le ahorré la molestia de encontrar 141 un colgador. En lugar de salir por el frente, me dirigí a la parte de atrás para salir. Había habitaciones por las que tuve que pasar, y estaba oscuro, apenas iluminado, y el olor y los sonidos me dejaron saber lo que estaba pasando incluso si las posiciones no. Había un montón de 10/2017 chicos sobre sus rodillas, muchos siendo follados contra las paredes, ruidoso y desordenado y escandaloso. Estaba moviéndome rápido, sintiéndome frenético, y cuando me di cuenta de que alguien estaba detrás de mí, aceleré. Pero fue demasiado tarde. Agarrado con fuerza, empujado a través de una puerta a una pequeña habitación, me dieron vuelta y fui arrojado contra una pared. Me preparé para defenderme. —Voy a matarte, —gruñó, las palabras susurradas sonando como un rugido para mí. Me quedé helado, mi aliento conteniéndose cuando la mitad de su rostro salió de la oscuridad, los ojos azul ahumado brillando bajo la luz baja, ardiendo de furia. —¿Qué coño pensabas que ibas a hacer…?

—Sam, —susurré su nombre, empujándolo, con los brazos 142 alrededor de su cuello, presionando contra él tan fuerte como pude, mi cuerpo calentándose instantáneamente con el contacto. El 10/2017 hombre era enorme, cubierto de músculos duros, y quise tocarlo por todas partes lo más rápido que pudiera. Sus manos grandes y fuertes estaban en mi culo, levantándome, y le rodeé con las piernas la cintura, retorciéndome, moliendo, y empujando mi ingle en su abdomen. —Dímelo, —exigió, su voz áspera, enojada, incluso mientras tiraba de mi cinturón. Gemí mientras era maltratado, el tintineo de la hebilla, el tirón del botón y luego la cremallera, y sentí el aire en mi polla con fugas. —¡Joder, dime! —Me conoces, —contesté sin aliento. —Ponme contra la pared. Por favor. —Joder, no, —gruñó antes de inclinar mi barbilla hacia arriba y sellar su boca caliente contra la mía. Oh Dios, besar a Sam Kage. ¿Había echado de menos algo tanto? ¿Alguna vez? Devoré su boca, chupando, lamiendo, mordiendo, e incluso en mi propio frenesí me di cuenta de que estaba siendo besado de vuelta con la misma pasión, igual necesidad. Fui consciente de un sonido como de papel de aluminio, y luego los dedos resbaladizos se deslizaron entre mis nalgas, separándolas mientras una frialdad húmeda rozaba mi entrada. Lubricante. Él tenía lubricante para mí, y mi corazón se detuvo mientras lloriqueaba de felicidad. Escupir habría funcionado para mí, no importaba, pero por alguna razón, Sam Kage llevaba lubricante por ahí. Sam estaba... Me puse rígido de repente, involuntariamente, mientras mi mente recorría las implicaciones de eso.

—Tú, idiota, lo tenía para ti, ¿quién coño más? —Me regañó. La mejor parte de ser parte de una pareja, tu compañero podía leer tu mente. Me quedé como sin huesos en sus brazos, y cuando mis vaqueros y ropa interior fueron ásperamente quitados, dejándome desnudo de cintura para abajo, le rogué que se diera prisa. Fui levantado, vuelto contra la pared y sostenido allí mientras sentía la primera presión de la cabeza de su pene engrosado en mi entrada. —Sam, —grité, tratando de empujarme, tratando de empalarme en 143 su gruesa y aterciopelada longitud que yo conocía tan bien. —Quiero escucharlo. Esta, entonces, era la razón de la emboscada. Sam Kage era normalmente muy dueño de sí mismo. Él no se entregaba a la duda sobre sí mismo, no hacía ruido, pero verme primero con Cristo y 10/2017 luego una segunda vez con él, y ahora que parecía que yo estaba en un club -en el cual estaba, pero no cómo él pensaba- probablemente lo estaba volviendo loco. Y él nunca volaría su cubierta o actuaría de manera no ética ni moralmente responsable, pero me estaba maltratando porque si no lo hacía, esto le comería. Sam necesitaba saber que todo en su casa era sólido, de modo que pudiera salir al mundo con su armadura en su sitio. Lo había olvidado. Había olvidado que yo era el hogar del hombre. Yo lo hacía indestructible. —¡Jory! Mientras yo había estado resolviendo las cosas, él estaba muriendo lentamente por dentro, lo vi en sus ojos. —Nunca habrá nadie más que tú, Sam, lo sabes. ¿Cómo podría haberlo?

Su muy satisfecho gruñido masculino se levantó de su pecho mientras se conducía hacia mí al mismo tiempo que yo empujaba hacia abajo. Y él era enorme, y yo estaba apretado, y habría gritado a las paredes si no hubiera ahogado el ruido con un beso. Se sentía como si mi carne estuviera en llamas, la quemadura era increíble, los anillos de músculo traspasados sin previo aviso o preliminares. Cuando se apartó, siseé de dolor mientras retrocedía aún más. 144 No podía respirar. Todo mi mundo era agudo, punzante y penetrante. Y entonces él cerró el puño en mi eje y tiró desde las pelotas a la cabeza mientras otra vez se movía libremente. Mi cuerpo se relajó durante un latido del corazón antes de que sus caderas se adelantaran y volviera a sumergirse en el interior. Cuando su enorme polla me llenó, arrastrándose por la piel sensibilizada, rozando mi 10/2017 próstata, me estremecí con la sensación de él. —Jory, —jadeó mi nombre, sosteniéndome en la pared mientras golpeaba dentro y fuera de mí, marcando un ritmo salvaje mientras me devastaba. Mi cuerpo, que lo había deseado, le dio la bienvenida, se abrió y se apretó, mis músculos empujaron, apretando, mientras me follaba con fuerza. —Te sientes tan bien, —jadeó mientras se enterraba en mi culo. Hizo que mi cuerpo recordara para qué era. Su toque en mi piel, su aliento en mi cara, su olor, todo lo que tan desesperadamente necesitaba, tan deseado. Sólo costó unos segundos, y estuve tan listo, tan dolorido y en el borde, rezumando con el deseo reprimido, todo por él, esperando por él, y ahora desencadenado. —Sam, me voy a correr, —gemí, con la voz agrietada, rota.

Agarró mi dura polla, sacudiéndome, y su mano sobre mi boca 145 amortiguó los sonidos que estaba haciendo mientras mi cuerpo se entregaba al hombre que amaba. Chorreé sobre su mano, su muñeca 10/2017 y su camisa. Llegué duro y largo mientras él empujaba dentro y fuera de mí, nunca parando, nunca disminuyendo la velocidad, montando las réplicas que desencadenaron su propio orgasmo abrasador. Se derramó en mi pasaje, llenándome, derramándome, y sentí el espeso y caliente líquido rodar por mis muslos. Pero él continuó profundo y hacia afuera, y sentí lo profundo que estaba dentro de mí, mi agujero estirado para acomodar su longitud y dureza. —Eres mío, —me dijo mientras reclamaba mi boca, asegurándose de que supiera a quién pertenecía. Estaba temblando fuerte, los brazos y las piernas rodeándole mientras por fin se calmaba, sin hacer ningún movimiento para retirarse, el beso ya no de castigo, suave, relajándose a lento y sensual mientras me chupaba la lengua. —Jory, —finalmente jadeó, los labios flotando sobre los míos. —Vuelve a casa y habla conmigo. —Sí. —Esta noche, —le supliqué mientras pasaba mi lengua por su labio inferior. Él gimió en la parte posterior de su garganta. El sonido, que yo pudiera hacerle hacer eso al hombre grande y fuerte que era, fue muy caliente. —Por favor. —Lo juro. —¿Sam? Él me levantó y salió rápido, haciéndome jadear con la pérdida de plenitud, la rapidez y la ferocidad del movimiento.

—Vete a la jodida casa, —ordenó, pero no se movió. El esfuerzo que estaba haciendo para permanecer en el disfraz del hombre que se suponía que debía ser y no simplemente ser Sam, mi Sam, se mostró por toda su cara. Quería abrazarme, rodearme con los brazos y aplastarme fuerte y no dejarme marchar. La forma en que se inclinaba, como si quisiera besarme pero sin completar el movimiento, me entristeció. Éste era el problema con romper las reglas, tener contacto con la gente que amabas mientras que estabas encubierto, arrancaba la fachada. 146 Sus ojos, el azul ahumado que yo amaba, se movieron a los míos, se sostuvieron, y luego se fue, dejándome solo y goteando su semen, medio desnudo y tembloroso. Necesitaba irme, pero primero tenía que arreglarme. Cuando finalmente pude levantarme, me puse los calzoncillos y pantalones 10/2017 vaqueros, y luego recuperé mi bota de debajo de una mesa que no había notado antes. Cuando me dirigí hacia la puerta, Cristo apareció de repente en ella. Sus ojos eran duros. No estaba de humor. Sam nunca me dejaba después del sexo. Me abrazaba muy fuerte y se quedaba dormido a mi lado. Ser abandonado era nuevo, y me sentí en carne viva. —Así que no eres el hombre que pensaba que eras. Me dices que no jodes con tu hombre y, sin embargo, aquí estás, y apestas a sudor y sexo, y ambos sabemos que has follado a un desconocido aquí. —¿Y? ¿Entonces? —Entonces si ibas a follar a alguien, debería haber sido yo, —gritó, agarrando mi suéter, tirando de mí hacia adelante, su aliento caliente en mi cara.

Me liberé de su agarre, apartándolo de encima de mí, y hui por su lado y por el pasillo. Era bueno que no tuviera idea de que yo había estado con Sam, pero realmente me hizo parecer una puta. La idea de lo que era verdad y lo que parecía real me persiguió todo el camino a casa. 147 10/2017

Capítulo 9 Me duché, y bajo el agua caliente, me calmé, me estabilicé. Me puse los pantalones del pijama, y estaba de pie en la cocina, mirando 148 por la ventana, cuando la puerta principal se abrió y Sam Kage la atravesó. Le miré por todas partes, los vaqueros, la camiseta de algodón extendida sobre su amplio pecho musculoso, y los ojos azul ahumado, ahora oscuros de ira. Gruñó, cerrando de golpe la puerta principal, lanzando sus llaves a 10/2017 través de la habitación hacia mí. —¿Qué coño estabas haciendo en ese club? Me quedé allí y lo miré fijamente. Yo había conocido al hombre durante diez años, y aun así, hizo que mi corazón se detuviera. —¿Me has oído? Sí, lo había oído, y sí, él era impresionante. Le sonreí. —Jory. —Su voz se quebró en mi nombre. Corrí hacia él. Se encontró conmigo en el sofá, me agarró, y caímos juntos en un enredo de brazos y piernas. Tan pronto como tuve un poco de espacio para moverme, conseguí liberar las manos y ponerlas en su camisa. Ésta se iba a ir. —¿Quién era esa mujer la otra noche? ¡Dime! —Hostias, Jory, es una encubierta, es una Fed, eso es todo lo que era, —dijo, sus manos sobre mí. —Ya me conoces. No hay nadie más que tú.

Yo lo conocía. 149 —Pon tu pierna sobre… —Te he echado de menos, —le dije arqueándome, deseando estar 10/2017 más cerca. —Mírame. Mis ojos se clavaron en los suyos. —Cada parte de la vida de Cristo Liron está pinchada: su teléfono, su coche. Todos te oyeron decirle que me amabas la otra noche, confesarlo todo y, aunque me encanta lo honesto que eres, básicamente me quitaste de la línea del frente de mi propio caso. Me calmé bajo él. —Sabes que estuvimos muy cerca de que nos desbarataran la otra noche con Zach Ducal casi haciendo que Cristo cancelara su trato con Adrian Miller, pero tú, solo tú, pusiste todo de nuevo en marcha. Crosby Holt, es el agente a cargo de nuestro grupo de trabajo, debe haber dicho un millón de veces que sólo mi novio nos mantenía en marcha. Busqué el rostro de Sam. —Pensé que no querías volver a casa. Giró su cabeza en mis manos, besó mi palma izquierda, e hizo un ruido en la parte posterior de su garganta. —¿Sam? —Siempre quiero volver a casa, y deberías saberlo en vez de desmoronarte. La ruina había sido toda por mi cuenta; él no había cambiado en absoluto. Yo era el único, todo yo solito. —Estaba asustado. —Debería darte vergüenza, —dijo mientras se levantaba de encima de mí.

—¿Sam? 150 —Nunca debes dudar de mí. No me merezco eso, —dijo mientras se sentaba a mi lado. 10/2017 La ausencia había hecho un lío en mi mente. No tenía a nadie más que culpar salvo a mí mismo. —¿Lo merezco? ¿Se merecía que dudara de él? —No, —contesté con sinceridad. —Estamos bien, J, todo está bien. Y lo estaba. Sólo necesitaba que me reconfortaran, y eso probablemente me hacía débil, pero también me hacía un poco humano. —¿Podrías dejar de mirarme con todo el corazón destrozado y venir aquí ya? Moviéndome rápido, me puse de pie, me quité los pantalones del pijama y los pateé antes de revolverme, desnudo, en su regazo. Sus manos estaban en mis caderas, tirándome hacia adelante. Cuando presioné mi endurecido eje contra su estómago, gimió profundo y sexy. —Sam, —dije, mi voz se quebró, —te he echado tanto de menos. Sus manos enmarcaron mi rostro, y pude ver en sus ojos el amor, la alegría que tocar mi piel le proporcionaba, la maravilla de mirarme. —Háblame. —Lo siento mucho. Lo que hice en ese club no estuvo bien. Yo sólo… —Oh, no, —lo tranquilicé, inclinándome hacia adelante, saboreándolo, profundizando el beso después del primero. —Sam. — Froté mi lengua sobre la suya, me retorcí en su regazo, y le rodeé con los brazos el cuello. —Quería eso, te quería, todavía lo hago. Vamos a


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