EL AUDAZ Sotillo. que era supersticioso, se acoba~dó al principio;pero repuesto del susto a l comprender que no era La Zar~zn ni11gím ''isitante de ultmtnmba, t1•at6 de levantarse-.El loco tomó este movimionto por un esfuerzo de defensa ..y CO!fifmdo el pniil\1que en el suelo estaba caído, amenazó·con el •i Sotillo. Este se abalanzó para arrebatárselo; peroel loco le dirigió un golpe. que recibió el asesino en e lbrazo: al punto comprendió éste que la cosa no iba debroma, y retrocedió: pero La Zarza le acometió de nuevo,y entonces el otro, ya desarm·ndo y viendo uquel espan-tajo que sobre él venía, emprendió la fuga por el cone-clor, y bajó. seguido del loco, que grit-aba.: •¡Infame ysanguinnrio Hebcrt, espera y te enseñaré como se casti-ga a los trniuores! » En aquel momento se sintió que abrían la puerta dela calle y entró Martín, el cual no vió á Sotillo, que debióde ocultarse en alguna habitación baja, si no estaba yaen la calle: el loco se detuvo para reconocer al joven, y-cambiando repentinamente de tono y de expresión, arro·j6 el pulla! diciendo: -¡Ah. eres tú, c¡ucrldo Robcspierrc, qué á. tiempo vie- nes! Hebert, con una horda de salvajes, ha querido in-molar á los presos que tengo encargo de custodiar en Ju.Jo'uerza y en la Abadía. ¡!:>iempre el mismo Hebert! ¡Bien diCC$ til que está desho mnndo á los jacobínos y manchan · do con sangre la mf•s alta idea! -Bien , dé\"ame ahora-le dijo Martin, para verse libre.de su impertinente locura,- tengo que hacer: cspém- mc allá. -¡.En los jacobinos 6 en la conv~nción? · -Donde quicri1S-contest6, subiendo la escalera y de- jando en el patio á La Zarza.• En seguida penetró en la prisión de Susana. CAPÍTULO XXI La nobleza y el l>ueblo. l -¡Oh, es usted!- dijo la joven al ver~e ~ntr~r.-Ya me consideraba muerta. No ¡¡é cómo be resistido a t-antos ho- nores. - ,;Quién hn estado nqui?-p1·eguntó~Muriel. © Biblioteca Nacional de España
llL AUOAY.-;Quién?-eontcstó, temblando todavía, y aún llenado terror Susana.-Un hombro que decía tener el encar-go do matarme. lile ha salvado ese que vive en In casa yparece loco.-¿Y qué señas traiu7-¡Ah, horribles! Es uno de los que me trajeron aquicon usted-repuso la dama, a·ccobrnndo un poco do sere-nidad.-Y ahora me dia·6. usted de una vez si estoy enunn guarida de bandoleros. Si piensnn ustedes pedir al-guna cantidad por mi rcsCllto, s6 les dará, porque nos-otros somos mu.'' ricos. ,-No nos hemos apoderado do usted por esa razón.-Entonces intentan matarme para Yengarse de ml fn-miiin-dijo la joven con nigunn entereza.-'rnmpoco. No hu sido eso mi objeto. Si fuese lícita Invenganza, los agravios que yo he recibido de In familiadu usted uo quedarían componsndos coa dos dins de pri-sión...-¡Dos d1nsJ-dijo Susaam con alagria.-¿Luego mo vnusted á poner en libea·tnd'l-Si.-.1.Y no me dice usted In rar.ón de este crimen horro-rosor-¡Crimen horroroso! No encuentran otras painbrnspara calificar nuestros hechos después que nos 1mpulsana ellos-contestó lllartin con amargura.-Bien; yo nceptola coliflcación, porque mi concicn~ia pierde cada día unodo sus escrúpulos; yo ucepto olnombre de criminal. ¡Pero,¡ cuántos pudiera ncusnr con m•ís moti YO, á cuántos queno tienen uu puñal en In mnno y brillnn en la sociedadobsequiados y atendidos!-Usted. por lo que vuo-dijo Susann,-ha querido co-melea· uua venganza.-Ahora comprcudo-prosigui6 Martín, Sin hacerlocnso-nhora compreudo esos crímenes inauditos que nospurecen injustiftcndos. Eu el rondo de todos Jos grandesdelitos existe una lógiCll misteriosa y tremenda que loseuJar.a á otros crímenes. <paízr1 mayores y más imperdo-nobles. Yo no pretendo justificarme; bl.l vez hubiera idomás lejos, perdiendo ocdo soutimleuto humano y adqui-riendo una crueldad (JUO esto.)' muy lejos de tener. Diosme hu detenido en ese camino. Yo uo pretendo discuJ-pnrmc; pero no só por quó me rurece que no es m!a inresponsubllldnd de Jo quo be hecho. Una fuerza clegn meba nrJ•nsta-odo; se ha tu rilado mi razón, be sentido vlvo~rdeseos de destruir; comprendo ese afún de hacer dniio ex- © Biblioteca Nacional de España
EL AUDAZ 1 por los hombres en d!ns terribles, que no se perimentado eep¡cpdmv¡rtmbcfphhav·oIloiinuatiieaourignar--·iadirsvmeerrm$rmísUfuym.Nsaueiaadsemmjtpernb·lUnuoneledsoialqridi1saoaevnnilzteescu1e,ltcslxecle;ttínadaioaisereoaiapnnnddlcdodegndhdasspciuapasyelcoaarb,aanddoroilevraonron,gaoieorndelsecroecIribaeeznttnsneciddhsremospoo;sohiatbitvuaoefne.soszóooadtuieiáer.ernudodnnmdnccoásnsnnrsdI..snororatonsa.itcaaóádieepnenUaundpactqdfirsdaitadcsoejscinscceuegtIumoótoollg.tntarnnu\s-ise:usedsnsnzau.dpotpcnt~áadelavspipiaduoaldpeodellctmeqnuonomícclccreoenilntrpduártnoraionmlordessooeineiesem.saha,noqsbe.idnzdrccqooSnapuruscppanetaeie.lmuazeereinedróeolrasiadpecennlrndvbtqosdqaen¡psn;dalarca¡t,rudoouearccieueddsopdiinsoyneueubsovenercnoaetcbabcaeranafleshsrqttároaadanbs·daeontqddaauemmsbuae.dinmortunnonlaeeniasoluyieelyta;.eoratndeaohlnarmecjanpsl.mdssioeemadc,uo,oddnotócncnaordayaaeurihsqhtmhsogstrren.qes1aiouomhaoccvedtqis1u¡jcpeuoysotInoeaaouoeáío!lnderandcodsieiyratmfrnuYbleonouonieudolnaddrnejrdlgenod.sesárlugioaormtetucaarpvm6itsdmsueleddnanootooeleeldsssiodooaeoeass-s-:-r-i.··,' cstqtsmqipoeb_1iiuaenurau--nere,orDLoYcqrntchhheotacueouoacuoloenasrarobmmemdmbnbsyímli1aaoeoeroela>atdsoleniraehqnmjaxeagotornedospngmsareoodertyydeeiactortlo;minev·uatomu4moiialnup1edonsnaeríasloscandsndetmcuóeqtonaenoeardlcuiulnaeeduetceicnoculnosiniiceódota.otdterisrnenónaadaPdhtnattecsbeoaoetssouarospslcmsejappeoúortbdsoenearolhatoddsílcieedaibace,mublsbohiolatahroenuhsnalsasaoaim,urta!dsdceecmtqietaicisuijuulsmrtdoiidlfablvlea:eoeilpriormaqscd..uldhuadooPsiooeio.teoeráncohssr:tíouu.eoauSisdsnácdtumtiteaaesesptarsonclmoeen,turceoeaayilo>.,-,l·. mefulls•-u-ewh¿ctyeCdiucieih:óhmno1m¿ttb,autouénse?ct~nsei¿eulidyedgsocuona.rnoe.sn.oal?Sn7c,\cdIaPJcopCusroqelioncusheqddouieecedseaehndp,iaacacmlelseeniarónrtmonnos]<eioidlnscesaliaslaepadmgsamavapmiiyereeroansncrtoitodnóesea.nsssY.hoqqobluuonreese- ra que puede Cller sobro unu familia. -¡Y dicen que yo! ...-exclnmó Susana ruborizándose, lo cual11o orn en elln frecuente. © Biblioteca Nacional de España
2M IIL AUDAZ -Sí: bien 10 sabe usted. Yo por mi parte he juz17.ndoeso de diversa manera. PllSnjcros nrrebatos de senstbili-dnd. que lo mismo conducen á un amor imaginario c¡ue ú.un rencor caprichoso. no son otra cosa que coquetería,pnm entretenim iento de los socios del cstt·ado y do In ter-tulia. ¡No es esto cierto'/ Sus'nnn iba á decir lnstlntivnmente si; poro se contuvo,y creyó poder dar una coutcstnción con\"eníeute con es-tas pnlnbrns. -Usted. si bien se mil'!\, mr.s debiera sentir hncin milljP.'Udccimiento que ese vh·o rencor. que yo no he mere ·CJdO de nadie. -No siento ya rencor-dijo 1\lnrtln sentándose junto í•elln.-he sentido. si. .iespecho en algunas ocasiones. Delos ngya,•los que recibl de ott·ns personas de In familia. noc1·n usted responso.b.c, y ~~ me lnsHm6 en mi dignldud h•primera y última YC1. que nos vimos. no fue esu In cuusndn lo hecho ultimamente. Yo me apoderé de usted con olúnico ohjeto dt< conscgult· por un medio violento é huno-mi la libertui do mí pobre nmlgo. En mi extrn,·io nontcndl ñ In gravedad del hecho. Usted per~onulmoutc nome Inspiraba entonces ~ino una :tb~olutn índiferencin. Susana se sintió herida con estas palabras. Hublcrnprcrerído que el moth•o de su secuestro fuera un senti-miento personal bacín ellu. nunque este sentimiento ~ellnmnra odio ó vengnnzn. El no ser más que un instru-mento para fines extrnilos sublevó eu ella su orgullo. -De modo que no he sido sino un instrumento de suscr!menes-dljo con el tono y In mirnda que eran en ellahabituales en los grande~ momentos de despotismo. -SI; hn sido usted un Jnstt·umento, mas uo para come-tct· un delito, sino pnrn ovitnrlo. -¿Y se ha evitado ese crimen? ¿REtá libre Leonardo'.' -No: pero ya no me Importa. Yo espero entrar en sncárcel y sacarlo sin auxilio de nndic. -¡,Ustcd7-pregunt6 olla '.On íncreduHdnd. -::11: yo mismo. Lo he do hacer. ó be de morir lntcn-t6ndolo-repuso hlnrtln con In mnyor entereza. -¿Qué poder tiene usted parn. eso? - Para eso y pnrn mucho más tal vez espero obtenerlo.Estoy résuelto á arrostrar la muerte. ú. intentar lo mr.sntrovido, tí dar un golpe con cíortn nrmn que la cnsuoli·dud hn puesto en mis manos. -¡Ah! Yn comprendo-dijo Su~nnn.-l.isted se hn deja·do seducir pot· esa gente quo nhurn tnc!c tanto ruido: porlos fcmnndistas, y como diten que ,·u á hubcr trastornos. © Biblioteca Nacional de España
'· EL AUDAZ 251se aprovechará de ellos para hnccr alguna atrocidad.-No me han seducido los rernandistns. Todos Jos queconozco son, 6 ambiciosos Tulgares, 6 malvados Wpócrl-tas; pero aunque comprendo estos ' 'icios, yo 1ne alegrode la turbación que preparan; s!, mo alegro con toda mialma, y en medio de ella, ayudado ó solo, espero in ten-. to1· lo que siempre ha sido pam m\ un sueilo 6 una vagae~peranzn. Yo siento en mi un atiin de actividad, un im-pulso quo me lleva á ncometcJ· algo, ú expresar con he-chos Jo que pienso y lo que deseo. No hn_y tormento ma-yor que el que yo padezco: solo. sin sentir junto á mi una\'Oz que hable Jo que yo hablo; priYado de todos, absolu-tamento de to:los los medios para realizar Jo que llevoaquj ou esta cabeza. no hallando uinguno de esos amigosdel ¡>cnsamiento con quienes se entabla relación mñs !n-tima que con los del cornzon; alslndo, resistiendo la ln-fiucncln de hombres infames 6 cngni\osos; viviendo pasi·•amento y com!l sujeto á uni\ fatnlidad clegn, sin podervi.,i t· con ml propia vida; convertido en juguete de ajenaspasiones. mo consumo en un otorno 6 inútil esfuer1.0. Pa-rece que·me encuentro en un desierto, y soy como el es-clnvo, que nnd1\ puede hacer por cuenta propia. Mi cnt·nc-ter, cousietento y osndo, forcejl'n como Jos locos cargr.dosde cadenas, y de nada me '·ale mi resolución; no puedohacer otra cosa más que hablar; hnblnr sin descanso. de-nunciando In miseria que nos roden. Quisiera herir conmi lengua, yn que no tiene In ' 'it·tud de convencer. Yono puedo vivir así mucho. tiempo: yo necesito hechospara que mi vida no sea un continuo monólogc> de deset-J)Crocfóu. Me muero, me aniquilo en esta puerH ocupaciónde unojnr mis ideas ú. la f¡·ente de los que me escucbnn,asombrados de mi atrevimiento. il'ensa.r. pensar siempreen el mnyor do Jos tormentos!1\Jm·icl estaba excit.ado, conmovido, y pnrecla.que todoaquello que dijo le molP.staba como molesta. un cargo doconciencia, y que se desahogaba íl la primera ocasión.Susann lu oyó con cierw respeto supersticioso, como sooye una revelación; no perdió ni una silaba y dió un gransuspiro. Rn aquellos instantes Mart!n se eleTó á sus ojoscual nunca se había elevado. · n 1> -Yo pugno sin cesar pot snlit· de esta situación- con-\ tiuuó el joven fllósofc>.-Por eso se me ,.e ndoptar resolu- © Biblioteca Nacional de España
252 llL AUDAZ ciones rar~; por eso imagino... no sé qué... y si no en- contrara der.tro de poco un medio más propio pnra salir de esta situación dolorosa ... yo n o sé lo qu., harta. Asi comprenderá usted acciones que atribuye á mnlos instin- tos ó á venganzas ruin es que no caben en mi cnrncter. Yo no puedo seguir mús t.lompo condenando con el pensa- miento lns miserias quo veo; yo necesito destruir algo. -Yo siempre le juzgué ó. usted temible-elijo Susana sintiéndose débil, pequeño. y muy humillodn note la enérgica voluntad de su iutc1·1ocutor,-pe•·o nunca mo bo. parecido tnn violento. Comprendo que infunda miedo y <1ue todos le seilalen como un peligro. ;Cuánto$ males no puede e;¡usar quien dice quo necesita destruir! ¡Infelices los que caemos bajo ese nnntemn! -No es que yo desee el mal de los demás--{iijo Mnrtin ,·ivnmente enojado de que no se le entendiera bien.-es que es preciso, es intlispcnsablc uu trastorno tnn g rnude, que no sen posible m·itnr ¡¡Tnndes desventu ras... Yo me inspiro en el bicu , uno. sed inextinguible .v ruriosn del bien de mi patria es lo que onordcco mi espirito. Cada vez se elcvubn mtis á los ojos de Susnnn. c1ue nmnnte de lo que saliera tic los límites de la vulgaridad, no podln menos do presenciar con asombro y basta cou entusiasmo los n~doro~os arranques de aquel cn•·nctcr. en perpetua propensión ol buscar altos fines. Ello no bnbln visto DUJJca un hombro nsl; no conocln ni aun de oidnll. ni por In lectura, un hombre semejante: y aqul ''ienc como de moldo oxplicnr nlgunus pnrticularidndcs nnte- rio•·cs ll. esta escena, y <ti•e le sirven de luminoso nutece- dcnto. Lu primera vez que Susann oyó y vió á Mnrtin en In morida, las palnbrus y el aspecto do éste hicieron hondo. impresión en su nlmn. El corncter de Susana ern tí pro- pósito parn que en Cllln encontrara eco la insolento elo- cuencia del jo\'en rc\'Olucionnrio. al condennr la ttociednd de su tie:n¡.o. Rn el rondo del pensamiento de In dnmn, existiR t~mbiéu, aunque oigo ntenundn por In cducnción, uno. protest3 contrn lo 9ue estaba viendo á su Indo des- de que tenía uso de rnzon. De clm·n inteligencia, de tcm· pernmento opnsionnbo, do espl ritu también osndo y vi- ril , ningún sér cxistln m:is propio para recibir los.se nti- mi cntos y las ideas ·do Mnrtin, y recundnrlns dándoles nueva vida y dcsun ollo. Rila era á propósito para que ent1·c a111bos se cstableclcrn una shopntia vivísimu. Pero~. h abla asim ismo en su cnrncter unn c ualidad quo contrn- pcsuba esta asimilación con el carncter del joven; había © Biblioteca Nacional de España
BL AUDAZ 253tedineveerzollzdaoee, litnooddroogsmulsaluobs,leqacnuot~empáoavsaealcdreoessu.lnoEieasrtbaeseosnrebnsltuaimtcoaidebone,tzoaoIrnlgauimlallo--pmsiunilcsnpatobosaidcáeióannpgayrrntsdainrnrlleafo, rvytiusentxaap, ecqroiunmeehhnoatrórboíarandtteeenéaliqdtuoaenletlahsaotymre\tb\"ar1ne-varios sensaciones, que ni ella ni nosotros podremos ex-presarlas miont..us no se Invente una palabro. que ó.Ia vezsignifique el mno•· y el desprecio. Desde aquel dia esta idea no la dejó libre un momeo ·to. Cada ' 'ez le infundía mayor admiración, y cada Yezse aYergonznba más de la flaqueza de su inclinación. AuseonnlaIdsnedcpoooncnoseumr poceodnnesvjauemlnl'cileioonsntconó,lmmlaiecndotasemesanutsroeergcbouamlsltoipd.loadereeijasánóI.ndvopelceúerrs-i.pura y la cácoosnruostnarnautcloaojonu,nqsauinesohlcanisneddhaiefdecráheosnuecliampsaacpnreeulreadl,eescreoqynueesu;sneya-entoncesigualdadp•t·alaorrsausnneinedttoeim.r.nEiaesmntuteovnso.temLáuaclohsuoqpsuederíipaosorrdidolaamdninamtaudoraraalpleoqzrautdeaenbdcieeosrduneterase--lptpoerdinnoscaliompimioeannrtoaoYtóciolClnollsfuoM.nudtoriiédenol dlsooolagoryfarnefcadíse.ac,ictnooádnnods tloaolnaq.tueEmeleleasntatuem\ 'áiacsbruaardaclaimdlla.d,hosijceaonndtlealol prvrooucfleugnyadrd,oeydeIánsdpoéednsuaIerJa.daeceiióaunlo,nsaenpaepetliamrreoentutrdeeosfardfiveeomsliiu--nados de su pequruia córte. Pero no podla descender: era preciso elevarle á él hó aqui cual ruó su idea dominante hastahasta ella, ylechllaaóncdpieléoaenndpdeeoarllreesaneaecfpluierce(vLisaoCtrrntloiaecr.aq¡auc,CeuIónamlnavotito?dusIarubmdtóreeodpdeiotuoricsqcluécoensmttdaupo,vlloeieotboreln.ingnDáúscnu.tdscco•un·lmonsuiiá--.que dirigiera sus aspiraciones á conseguir un título. !lo-llOres, riquezas. Los accidentes de la ontreYisl<'l.lo. nochedezolesnlsainecgeitúsatn,reiélnxldaibitcoaandnecblooi.enpntrriacmlloear•o· ltlle•a·nmsteaidztiaevaadl'odTMeoduaorrs.toínloy.sioontscrfoaup.eayrz·dt aobdEaonbimllaepgerasercsseieonnaaenqstueemnaoih1noygruasinrneagfueeslraipm1e·ceoisse. SdSuouscoonruqitsuaceietnxenrpcíeiaór.iumaeun--mentaba á cada pnlnbra; cada \'CZ le v eía más grande,c•·eciendo siemp re á su ludo y dejándolo nllíLilbnjoToden- Tsuiepjouse•v·ielrydénsf.eYmisninncls\"ncb6crrtepodreqpneét.imtaeltrveesz ridícu-da do por ellos y © Biblioteca Nacional de España
BL AUDAZtrtlnsitorio es~:1do de indigencin •\ que so hallaba redu-cido, el orgullo se adormla en su pecho. dojimdola librepnn1 omat· á su antojo . Pnrccin que el estnr en nr¡uel sitio,el agnwio que hnbln sufrido do aquel mismo hombt·c,eran una severa lección que nceptnba resignada.Aquella noche, pues. no sintlú ninguna de las repen-tinos exaltaciones de su orgullo, semejantes ñ cri~paduaramsadnosandear.vicoosm, toanVt'l'ligonlermnte!lnstccopmodot·iiompdreocvirisseta. s.sinEsdtundbnnueprnoarpqopuoneseirhbsnleebáítnraacqsoufomerlpmhraeornmldebidproen,rnIsnuqbiumyeupIgnoássinobdcilioielddenaúddslnuebdpseoesrleumotni.tNideoe-ra. poner los ojos en una dnmn de nltn clase. Ya no babiaremedio; cm preciso aceptarle tol como orn,viva de los resentimientos populat·cs ~ncarnacióngios hereditarios y la n'obleza contra los privile--Pero usted vn li perecer en esa lucha-dijo Susana.-SmUeaoruúsnai qmmuiíá,fsyafmaueiplriutaeedsdeeqsucceuobnursseitdedcdóranyrdFseecedvsetefoneycn.iddyeor:vipinea.nrAaenhsoyieramlemphriaes--.gdreo-asEdansod''ocmrpedraqodufu:itnyrudo·otlcsnoamlbaiisnidmoeoadse;dsepdeeIrnhotoetynatnaptroorlsoyuqntunnensteionnstdeapnertlooi-.- -QUién sabe-dijo Sueann. como quien siento unnpiración repentina.-Tal vez no sea un sneilo: tal ins- vezlcteioosdtmadédeodaqemlusguteúijneenasrddt,aoínmnoq.oueYsneonttimnoeodnoodnsaoéezspdnooedroácsqireu¡duróetootuesunncsgotgesordaaesnl;aFptprpreaeirsrosnteo,mnrsnteeiomap. nriYeerneao--,-ce... Yo creo que el mundo clcbiera ser de otro¡Oh! si fuera cterto que algo ha do pasar. yo no modo. dejaríacedosetrorperqseupseoenndcdigienoers.hctoaanrd. geTusesuntcogeodsuuerne:lpYervenascoeinóetnsimdnleiepnnutheoosvrtaoageeonstdqaeuiqdeueleaemía, es de hace mucho tiempo. Si víern u~tcd cu:intn.shoras de abun·imionto y de triste za he pasado viendodeslllnr por delnnto do ml la turba de gal anes ridículos,de abates desprecinblcs, dede señorones ignorantes, y clérigos vanos y soberbios,hay mfts hombres quo estos me ho preguntado : •¿Pero nootm parto debo de en el mundo?u Yo decía: uEnnQ puede ser así, y hnbor algo que yo no conozco; todo si es, sin duda es preciso que alguno © Biblioteca Nacional de España
' EL AUDAZ 255venga y lo tr~storne todo .• Esto hn sido siempre en míuna confasn iden, semejante á lo que se recuerda de lossueilos muy oscuros y lejanos. Creo que nunca be habla- .do de esto con nadie. ·-¡Oh!- -exclamó Martln con súbita alegtía.-Por prl·mera vez la oigo hablar á usted COIJ el corazón, y ha di-cho cosas que nunca me hnu .producido Jgunl impresiónen boca de otros. En un momento se ha despojado ustedde sus p•·eocupaciones de razn y de educación para mos-tmrmo lo que yo no había sospechado nunca que exis-tiera.-Sí-cominuóla dama.-Por eso al oirle á usted porpriment vez, me pare~ió gue recordaba algo. Al mismotiempo me causó gran asombro y basta cierto respeto elvulor que se necesitaba rara ser uua excepción entre to-dos los demñs, y deCid yo: a Por fuerza ha de ser cierto loque este hombre dice. •1\ln.rtín ola con asombro las palabras de la petimetra,que •·evclaban sinceridad profunda, y no fué indiferente¡, la expresión de sus ~cntimientos, libres en aquel mo-mento de las arectaciones de la coquetería y de los arre-batos del orgullo. Tenia él cie~·ta vanidad en creerse an-tor de tal trnsformación, ''criticada al contacto de su pa·labro. y la animaba á proseguir expresándose con la mis--ma verdad.-Usted- le dijo,-me ha comprendido al tln. ¡Cuán-to vale para mi esa ret\"elacíón! Um• co.sn extrano, y esque habiéudome juzgado entonces del modo qne yo másdeseo, se most•·ara después tan díscola y soberbia con-migo. '-iAh!-respondió Susana, sintiendo otra vez la pun-zada de la dignidad llerida.-Usted quiso humillarme deuna manera cruel y descortés; usted se burlaba de mídespués de haber bailado juntos. Yo me senti tan ofeudi-da, tan ultrajada, que en mi vida he tenido cólera ma-yo!·. Lo ·~onficso; me avergoncé de haber encontt·ago ad-mirable su modo de expresa1·se. ¡Con cuánto placer ledespreciaba! Yo no pod!a consentir que usted me trata1·acomo igual, y aquel día, despué~ que usted desapareció,padecí de un modo hOrrible. ·-Pues yo senti cierta alegria feroz: en el primer ins·tante juré v<::nganza; pero después, como me complacíaJ'CCOI'dar In escenn ... Mí familia había recibido grandesofensas de la de usted.-Ya Jo sé...-contestó Susana con amargura.-Y yosoy la destinada á expiarlns; yo, inocente de tQdo, y siem-· © Biblioteca Nacional de España ·'
256 BL AUDUpre inclinada ñ perdonarle tí usted hasta lo m(IS gra,·c.que es esta reclusión.-Es la única ofensa real que ustE'd ha recibido de mi.En cambio, ¿de quién p:lrlió Jn ídca de mi pri~ión?-¡Ah!- exclamó-Susnnn turlindn,-no es ínin sola Inculpa. Cuando se me :unenazó con eso, yo no tuYo \'11101'paro. oponerm e, y dije al marqués que tendrln grnn pla-cer on verle á usted cnstlgndo. Pero yo he tenido slom 11rouna fe supersticiosa en h\ superioridad de usted y c1·eln.ncli parn mí, que triunf•lríll do todas las persecuciones deaquellos hombres por la grandeza de su destino. Yo medecía: •es imposible que Jo prcndau.• Si hubiese sabidoque estaba usted en la Inquisición y amenazado de muer-te, mi trastorno hubiera sido ton grande, que de fljohabria hecho una gran locurn Unicamente me hubieraconformado con su prisión, si de ello solla Jgunl á mi;igual á mí por el nncimicnto y In posición.-¡,Usted me envió una cuja con dinP.ro~-::>1: yo fuí. En nquollos días estoba trastornada, yfui ton necia que le croi accesible :i la seducción dol oro.lile pareció que aquel obsequ io se•·virln para hncorlo eu ·trnr en el camino en que yo querin verle.Cada yez iba Martln leyendo mñs clnro on el corazóndo la hija de Cerezuelo, que. aguijoneada po1· In pnslóu.se subleYaba contra las proocupacioue.s nativas y los re-sabios de educación.-Yo-continuó elln,-recibo el castigo do faltas queno he cometido. Usted triunfará; tengo la seguridad doque será fav<orecido por la Providencia... no só por quólo creo :.si. pero tengo una segu ridad flrmisimn. Me pa-t·ece que no ha do podo1· sc1· de otra manera, y que lnscosos del mundo lo ex igen n~l de un modo Ineludible;ustetl crecerá á cada pnso que d6 por ese camino y se em-briagará con sus t riunfos, viéndose eleYado sobro todoslos demás. Yo, en c:unblo. ho concluido pnra siempre.Dada mi posición y mi nombro, este acontecimiento escomo una muerte. Robada en un baile de Lavapiés. todoscreerán que he cecUdo rí In seducción de un libertino; yni hablar de -csto, todos supondrán eaunnmp! ournlaosdmesihoosn. r.avque no exist~. Scró despreciada,siempre llevaré sobro mi una afrenta que nadie puedoborrar. _-81 no lleva usted nHlnchn en In conciencia, mué im-porta el juicio de personns f¡·ívolas, incapaces do'sontir ni~ - nuu de soilar lo que usted s icnte1.,.. -Si, mi concJoucin cst1i tranquila; pero yo tougo al © Biblioteca Nacional de España
EL AUDAZmundo un apego que no sabré r.unca vencer; yo voy ávivir ahora un¡, vida de descspernclón, azot.nd.n pública-mente por el desprecio de todos. y se me destin~rá á unC011vento. donde me moriré de lo mismo que usted se mo-tirla·en la Inquisición, de rabia.-Pues bien-dijo Martín con una iclea súbita. que porunos segundos vaciló en sus labios sin acertn1· á expresar-se.-Pues bien: no me abandone usted, no vuelva ustedcon su familia.Susana oyó aquella proposición ce>n menos espanto delque Muricl s'uponla, y le miró con atención como si noestuviera segura de que bablnba con completa seriedad.-;.Que no vuelva...?-dijo experimentando una g ranconfusión do ideas y queriendo buscar el verdadero sen-tido do aquella tel'l'ible 1>ropucsta.- ¿Aún cree usted que no somos iguales?-preguutóMartln planteando resneltau1cnte el problema de la ig-ual-dad.-¿No valgo yo por lo menos como otro cualquiera deesos que diariamente In rodean á usted?Susana no contestó y segula mirándole. .- Pero usted no se ntreve-nñndióllluriel.-Osted uo sehalla cou ruerzas para luchar contra ciertas cosas y per-sonas. Teme más la ignorancia y las preocupaciones delos demás c¡ue los propios dolores. ¡En c¡ué situación lfe-mos venido á encontrarnos después de haber estado enpugna tanto tiempo! Usted me ha descubierto en su almatesoros qua yo no conocht; pero usted se halla atada á est.asociedad por Jazos indisolubles. No ht\ tenido, como yo, elvalor de·romperlos. y gemitá en perpetua esclavitud,aborreciendo su cadena, como todos los esclavos. Yo leofrozco á usted·otros lazos. Se me p1·esenta la ocasión dehace•· una prueba decisiva, y no In dejm·é pasar. Oignme· usted y decida.La joven estaba pendiente de las palabras de' IIluriel.como si fuera el confesor que habla de absolverla de infi-p.itas culp>ls. IV -Oyéndola á usted esta noche-prosiguió,-be cre1dopercibi r un eco de mi propia YOz en la Stl.vn. ¡Qué dulce()S encontrar e¡uien sepa entenclcr nuestro lenguaje! Aca-be ·11sted de mostmrme un gran corazón y un g ran ca-rn.cte•·· -¿Cómo\"! ¡; © Biblioteca Nacional de España
2iiS lll. AUO.\Z -No Eepar:indose ya de mí. Usted no se atre \'C. ü~o fC- rhl un heroísmo do quu usted no es capaz. Desde esta no- ello yn no es ni puede ser usted parn mí lo que nntC!l era. Ln mírnré siempre con respeto, y todos los agravios cs- tún perdonados. Poro haciendo Jo que digo. renunciando po1· mí 6 sus preocnpncionos. uniendo su Sl1erto á mi ~ucr te. usted mo confund irla, lo confieso, yo me encontrnria pequeño. y entonces... ¡sil vcrdt\doramciltO humillado. Abunecido <) despreciado do todos. mi vida encontraría en esa uuíóunn reposo y un estímulo para seguir ade- lante en mi jornada. Croo que no tendría bastanle vida para agradecerlo .v celebl'l\l'IO; pues si en otra cosa no, en esto hubria conseguido nna gran v!etoria. Me parece que con sólo ese ejemplo, al po~o que aseguraba mi lclicidud y me ligaba con los lal'.os mús dulces. me purecc. digo, que destruía la obm do cien siglos. Btlje usted. pnc~to que ni la sociednd ni mis idcM pueden· permitir que .'·o suba. Usted r¡uc con<JCO do quó JDUllera nuonezco. puedo t:omp1·cnder de quó modo só nmur. ~tm·iel se había QXPl'CSndo con profundn emorión, y Hu sana, morulmento hmulido. ni peso de ue¡ueliu proposi- t-ión. so nbatía ll'I\ÍS ¡, cndn frase. Calinda estuvo Jnr~o l':l- t.o, con In \'l~ta lija en el suelo, hnsta que ni ftn, subita· mente. .r como ,;i sintk•rn una iu~pirnción, dijo Jnuy agitada: -SI: Jo haré... lo har6. -¡Ob! ust~d no se ntrc\'e. NccesitD. parecerse ú mí aún más de lo que se parece. Su orgullo sofocará todo seuti- míento, y preferirá In coquetería de los estrados. y la ocu- pOCión de cnloquPCOI' á mil hombres torpés y corro mpi· dos. ,¡ ser compai'lera y consuelo de un hijo del pueblo, fatigado por sueflos insensatos y cendcnnde á ser objeto de terror ante todas las gentes. Ostod no se atrovorá ¡, bojar hasta mi. -5í. me ntrevo, lo haré-contestó StL~ana con ¡·csoiu- ción. M:trlin halló en su scmblanlc, visto al resplandor do In luna, ln.expresión do In vordnd. y se con,·encló de c¡ue en el ánimo de In joven. ntribnlndn por espanto~a luc m, hnllbn triunfado la pnsión y In naturale:tn, de In soberbíll y do la educación. Aquel triunfo despertó en ól un entu- siasmo qoo en asuntos nmorosos <iol·min oculto en su po-'· cho como tesoro gum·dndo pnm un a nltn OC!ISión. Ln into- resanto y cxtraordinnritl hormosum de la joven, s u nom- bre, su posición. su carnctOl', dieron proporciones 1\ aquel triunfo alcanzado ú. In, ver. ¡>or el filósofo y por el hombro. © Biblioteca Nacional de España
llL AUDAZ 25!1sehmnDJhionaebaeissnellssltepnudnaJrteodvooecsoi.naobvshqrtliVeonrodumnzimeesóócilsanbnepseir,sunnaesdé·Isqtscnesobusdsntudetdiecoeloleltgelrootlnseeo.aunnIsrun,rtgionoayoouaúsocmconcileóonunussdpeceacIavosgdrboamneeacyeaoflslóahoepssunseeqe~echuscidaie;aojomolcnscmaos&odumuáJol·yooivJnsoisosupsdeeqeaorpqu,aibeauemyjneeppsañtooaosoá---lspydmueeoleo-ns,Cmhtoiye.nueane1a1rltn0emodg'he·oiadepcolioom.lorScd.mc1ilYgiítno:oo:m.ldjeuiolsosrmbtoohaayinsctyosiaeensurgtianneu,irsrpcaomerbderermooeáieqqssuouheeeodpmelmroobnehbraelamderaimoéelr.gaiaEurltinnenqroudruyiene- -Bien: yo lo. de,•ol.,.eró í1 usted á su familia, y mástas·do...dber--eMJmo¡íTcLúneSnntioctdn,orrládocuoed.snoldjcqnedursépevutamoéldoseor. ?,qyu1o·oe, ndpouo.nrcmi a riépár otpoidaovéollruónetna db uys !cia-bo----nYl~'YinL'eooyJnepojdmuorisórrn·taésomiutn:usoldtmm'Ioe'bdoey~ilnóotdnnoooseedJnosete.pndsoutndadoroméc;hicespom.enratoesnmeemir.acTnoraréa..zón se dcs--LO jUI'O. Iré.csJct·Jsaahips-rev,oLAdr~yeozeolss.gsenmdouldo~ianísrahhagjóuaeodvmnlmet.niiiqeslJddupemaseiedrpsmnyoeedoxoauoirbln.saraitnEddezv~aoneqp.'sñ1eu·oqreeneunnmtecoroa.s'sslserthealassiyeeuppsndratooíerabtdaelnqgepumiopedreoohnlraaetpsesdrtpceaíoumvnmeeoero----hvocqg:hiiiyouenl---o-.:elmea¡.¡~{P.pyn.:tQ.ARI•egevlannvNsurauoahooeelyáotimmlecnacénnrsephnponsplnlsunaBuceislfvb-m.eds-vnucditddaeaeneaelnierirslndamjj.ltseooo.hae.pHeu?l.s.aM.urcbMs.uHee.hmunlynraauae¡rñattAnnrlínlgsio'uaeña!d.eeqls-nepnsstudsdpetuotceiaaesrdejuctd.ol.hrbs.a~oto.itSancjnrdiu1,ua:noédp·s!stdnseetoadiornpcooIqaailnaausaptm.coeeoyasnurelccly~eeduitn,óóanocnnynqsaddu,uma-eoseqs?itou.nsa.pio.nádannsyaridame;mro-ec•ousssíene-ae- © Biblioteca Nacional de España
260 ll(, AUDAZqyuo--é¡YEesAs.u.ot.hoep!ylraeuYscevetadoogo.ezuulsrdaataro.lvnlioDruzdpe..oojd.ecremEtolosoarct.sru.u.apcs-ethdpereuidsjocuopursttnt·nSeosdnucá.tsiotJaEa.onssdnaIpns.o-szHveoousszcyddnaeetíltnulimsbct,eia·edern-..calda-mr~aiNreaondhoealdypeonerantdacliu.enetnraersttnancassonl?a-leaxqculnemcarebíaa el marqués guarid•t deladrone~. usted!-decln Susana ÍL Mnrtin.-Yn estoy ~e· -¡Huya ·gura. ,·oy. -Sí, me Son amigos . Adios.uetcaxon-d-tnHrHoDseaieamanplbonsoaooútrltlraadmlonezblaeluoldIurln,ejioeóegmgg.dnoaoseui-la-yedclpciriraoóaíjita,anosioodtcmemlooaissinnbetjtyóorngea'trlrndr'?iaelaooígnnlsrsau.,rpdentyrllceneisdecliedoinnspiccrisrtoitooeganrrrci.tléiervónaaeindrsbllt.oaaomnsvenaúiirvaSqnmluu.oésolasetnrsyoo CAPiTULO XXll El espeoh·o de S\Ukmo.yesntaHobuhayaeobnclaudloatonddeealndlooeclvoeh, iuSneotcotoilplaodsesonsl,nióncudpaeonsrpdlaao'll.o'otlrreiodohdoodtmeuvbl aorecayqsualee.dijo: ,-¿Yabas despachado'/-'Erré el golpe... me ha pasado un fracaso... no he po>·dido. Un maldito espantajo... Dueno.Tentura me h ubiern -¡Qué gallina eres! Si D.efeenanxnomc-cvEcBauoealrsrdusgosapaiaeódebddnneréoesasrooáállpnaeaCfma,P\rhoj!aiolMuuleatqtsnmsouul.aslaecidacdlcrleonohnrmsdio;ePi.oisossbnYgiecodóanameendsnx-.obvo.Dpr.oororltefaveiscgciaóépiaoblsoe.ca,nob(gnLnraeoqgsupremioarernaánsdsoceudtorsonot:d·oneacqcntit.tiOt:leeetuOsdetSyoelmD. Buenaventura. -?ílirn lo !lUC piensoEscucha-diJo Sotillo,que lo haría uña setlnl nhopnarcceeitrne.rn..tdapoecrneosl nap.laesjéom.t-ioeQnnueoeseddnmemnaqoí usuíen..na. © Biblioteca Nacional de España
'· 261confianza... Voy, doy dos golpecitos en la ventana y sela encajo. <a-j,QUé?' -La gran bola de que desempeñé In comisión. Veráscómo le saco los mil reales que me prometió.-¡Mil reales! ¡cosa más cara! En mis tiempos no vallaeso J\"nás que cuatro duro$, y bosta por treinta reales des-paché yo...-¡Qu6 te parece lo que pienso hacer? ¿No me ves cómocRtoy manchado de sangre?-¿Pero quién te ha herido, endino? Cuenta lo que tehn pasado. ·.-Uéjnlo pnrn después... te di1·é... aquel figurón ... yono bnbín visto nw1cn aquel hombre... In verdad, chiqui-llo. medió miedo. .-Verás como no te da los mil reales.-Verás como s!. Tiene en mi una confianza...Con estas y ot1·ns razones llegaron á la calle del Fac-tor. Esperó el uno tras la csquiua y el otro hizo su señal;salíó Roton(lo, como sabemos. y en Ja turbación qne do-minaba. su espíritu no dudó un momento que el hechoestaba consumndo. y mñs, viendo manchado de sangreel brazo de Sotillo. Pero toda la elocuencia de éste no lo-g-ró sacarle el dinero, por lo cual los dos héroes partieronm u- ¡yVaaliscnri. dcoassaendedilraePcciniótnosái.llJaos'l-bdayrroioesl bajos. uno.-iQuiá! Si esta presa. Vámonos 1' tkmdc Meneos.- l'ues vamos á Cllsn de Meneos. Buena te espera cuan-do el Sr. Rotondo descubra que le hns engañado.-Es que no me verá el pelo por jamús amén; porquemai'inna mo voy á Sevilla, en donde me han hecho una¡¡roposición ...No ¡Jodemos seguirles en su diálogo. porque en otra ..parte pasn algo que exige nucstm atención. Uua vez qusRotOJ,do volvió nl cuarto de Cárdenas después de haberhablado eu In calle con Sotillo. los dos amigos trataronde In entrega de los veinte mil duros. y el ntligido tlode Susana no pudo al fin eximirse de entregar la llavede la caja. Ya hacia largo rato que D. Buenaventura seocupaba muy trnnqnilamente en contllr el dinero quenecesitabu. cuando se sintió ruido en el portal. '-·Es que ' 'uolven de buscar {¡ Susana-dijo D. Miguelmuy ngitndo.-Es preciso que yo salga con el mayor in-feré.~ :í preguntarles; ,mole parece ñ usted?- ¡Excelente iden! Si. Conviene que haga usted bien~u papel en esta comedia. © Biblioteca Nacional de España
262 BL AUDAZ -Cierro usted la cnjn; gunrdo usted eso dinero. Cojaust;ed en su mano los p'lllucas y baga como que se des-pide .mdlsiuóeebRspninuootonrtloeoIInncnndbpeoqosuucLeyaetriltzaseaoobraretiso.xóodcnoultasílnoapduqmueu.irieDst~C.cMeádrroidcgaesunnueoaldsseeelsleplcrnmu,c·inabdnnootd,ótaetoebnnal,oetolsynmqcsuoeaes-·mgtiace-rur¿rloaQaddquoouéree, sybvtinaó.cyaap?ylr-óedaglabjulornisratuasfeuollómoanálcznaoódmfuoigosneuh;rgeaprreiditdreoooaSdagpueuseldanrínaasnsyim,ohq.oauLbyeoíasdpoaernsri----riendo. Jo dijo:-'l'io: ya estoy aqul. Todos entrnron on el dcspnchoCárdenas, á quien juzgaron vlctima :i nuxiliar al Sr. doalegria. El pobre hombre tardó de une. imprcsiún dedesmayo. mucho en volver de su CAPÍTULO XX!Il El 1>n sto1· 11\"\"lleno . El curso de los acontecimientos de esta histoJ·ia exigeque nos traslndomos á Arnujucz. rcsidtncia entonces, ádmpeeázssuednepaeInsl taocgoriurltaeendagleeErne~dcprouotr1rPae,er pIdnietahl.ousqeusreebfisyoerecelsnsdcooetonS.tra¡ónCacuboáumnjonsuey-lperiores eran aquellos sitios (dn cttsn de 1llndrid, doud<Jno se conocían los placeres qu e proporciona la coutem-plnciún de In Naturaleza, ni se espaciaba eltínimo libre-mente respirando aires puros y extendiendo Inpraderas más ó monos risuei'ios, en cuyo fondo vista pOrcaban Jos grandiosos y se desta-del Prl ncipe! seculares arboledas de la Isla ysuqceisuetoenePlddcneoonpaniqetneuanoleunrlsioonuracrplbbeaooossrcalv;abaen¿obnntudotrareavrjsaieersspurádoasbecltaelluobdaccrneataJt~qs•omuqspeeuolslaeltacareonocsnudotabemusea:np?b•aaMePrnnaaa,tcpmuipáósáu,in,ae,m¡ss,hqminuraooóe-ssteeanrpstaiobrdeloeceáelellaslseanasor(?Jr•oplyCiocoanqs utdaeolevssaursnmezroapndecrnRet,epaaesnmúdopInchnmansdnt!na\atenrnnas,qpiuuae--cosiera, bordnru 6 se consugrnro tí cualquieru de los me- © Biblioteca Nacional de España
EL AUDAZ 263nesoores propios de sn sexo. Esto no e•·a posible. Pepita •.tenh\ su cabeza organizada de ta l modo. que ¡,o cabíanen ell!L otra cosa que las cont~mplacioues en que la ve- .mos constantemente emoebida. En nuestra época hubie-se sido Jo que lloy designamos coh la palabra ~·omántica; \pero corno entonces 110 existía el romanticismo. la sobres-citación ce•·ebral do la joven Smwhuja se alimentaba de 'interminables deliquios, eu que todo.s los campos se leantojaban Arcndlas y ella pastora; según habla leido ensus endiab ladas poesías. Rcconlllla campii'ia con su libro (pues babia logradosustraer uno de ros secuMtrados por su pad1·e); se scnta-l)a bajo los oirbolcs, lela en voz alta, se recostaua sobre layerba, hacia trae~· un par de ovejas y otros tantos cr.bri-tos. que adornaba con cintus y flores. Después le parecíaimpropia la lectura y mucho más conveniente el recitarde memoria. y as! lo hizo, basta que se cansó de este mo·nótono ejercicio, y se quedó muy triste notando que lefultab:L una cosn importante, indispensable, un:.t cosa deque uo se podía prescindir para que aquella farsa tuvieravisos de sentido éomún: le raltaba el pastor. Fija esta idea en su imaginación. no tuvo paz en todoaquel dla. Em preciso buscar un pusto1·. ¡,Pm·o dónde ,quién? Digamos en houo¡· suyo que esto deseo no signift:.caba pnrn Cll(, una tlSpiración amorosa: era sirul)lementcuna exigencia do escena, y sus sonfimicnt.os, respecto nlsollado compuilero de sus retozos past01·iles, eran puroshasta la insulsez. En aquella naturaleza todo era empala-goso como la lioorntura que In lnspimba. Y el cielo, propicio siempre con los locos, le deparó lo(}Ue buscaba. Aquella tarde, en el momento eu c¡ue losTt<yos del sol t•·asponían por el horizonte, dejando en lasco'pns de los áruolcs, en los techos de las casas y en In:superficie del .Tarnma resplandecientes rnstros de luz yperfiles y destellos de mil colores: en el momento en quelns ovejr~~ se aproximaban unas á ot1·ns, buscando ca<'auna ab•·igo en las calientes lanas de lns dem:ís; cuandosnlía el humo do los techos .V empezaban á p~dir In p&Ja•bra los ranns para su discusión nocturna: cuando la na-tl!l'aleza se adormía, impresionando los sentidos con re-cuerdos virgiliuoos , Pepita encontró lo que deseaba,encontl'ó su pastor en un cuico que, habiéndose presen-tado unos díns antes en la puerta de la casa, hambriento, ·cubierto de harapos y pidiend.: limosna, fué recogido porlos colo.nos, qne eran geute compnsivn. Este c!Jico.le pa·rcci6 desde e l primer momento tnn pro¡Yio para el caso..© Biblioteca Nacional de España
llL AUDAZtnn interesante por su color tostndo. sus grnndcs Y. ex-presivos ojos y su exprc~ión inteligente. que no vaciló enponer en ejecución su pensamiento. A pesar de in rcpng·unocin de sus pndrcs, ol chico fuó arrnnClldo al pastoreode los cerdos eo quo lo tenían ocupado; se le d1ó do co·mor y do beber ;, cuerpo de rey; se le arregló nnn cnmn.ou lo. cn~n. y al día siguionto lns ovejas. Jos c1·iados y Joslnbrndorcs le vieron en In hiiCI'tlt coronado de Oores ycinbtS. y muy satisfecho riel popel c¡ue estaba dcsempe-ilando. Se le puso el nombro do llllcno, y los cerdos sequedurou sin ~u gu:arditíu. Los scilores de Saunhujn, aturdidos todo el d!n por lossnltos. juegos y cabriolas do hlirtn y de Fileno, quo tris-cnbau de lo lindo en In huortn y en el soto. determinaronponer mano en tal abuso, c¡uit;\ndole ;i su hijn aquel ju-guete que debin voh·erln. m;\s loen. Con este propósito.namnroo al infantil pasto•· ni ostrado. y ent11blnron conól el siguiente .diálogo, quo CJl indispensuble t·cpt·oducircon toCia puntunlidnd:-¿Cómo te Jlnmns?-Pablo-contestó el chico con timidez.-;.De dónde crCJl?m muchacho nlzó los hom\Jt'Os pera expresar que notenin ideo de In patria. -Est.: es un va,\"'llbuudo do esos que no se sabe quiénles ha parido, y no parece sino qne salen de las piedras-dijo In señorn.-¿De dónde vienes? -De... de ...-coutestó el postor re<.ordnndo,-de ... deun pueblo c¡ue estó. !ojos. lcjoij. lejos. -Pues nos dejas entorntJoij. ¡,'l'lones padres'! Fileno movi6 in cabezo. ¡¡a¡·n decir (jUO no, y clavó it~barba on el pecho avea·gouzado de las penetrantes mira-das do aquellos seilo1·cs. -¡.Con que no sabes dónde estnbns 11ntes de ,·euir aquí? -En.. en...-contestó recordnndo.- iAb! en Cl.lnchón.-¡,Son de allí tus padrcP?-No, sellor. Yo estnbn nlli con Mediodieut~.-;Y quién es ese ~ciior Mcdiodiente?· Úno c¡ue llevl\ títc1·es 1\ los pueblos cuando las fiestas.-,•Y tú dejaste ñ c.~c snltlmbtulquls, ó él te echó do sucasa'{ -Yo me fui solo; .v lo deJó porqut: me ?nería poner dobonlga en la punta de u u palo e¡ uo el co;;.a con In boca...AS!. .. Y Pnblillo se puso sat cnyndo en la bcx:a. qu!)riondoimitar la habilidad de su patrono el seilor Mediodicnte. © Biblioteca Nacional de España
P.L AUDAZ 265-.1 mí me poniaeula puotll, ollá·arriba, pinchado p.;>raquí, ror la tripa.ptau-r--éd¿;Ls,eYYo.enathnheIiatncepsispumvlsdaoeiezssnatIiee:ndnotpjfueic?prnaoiscdaimióeanenl,dgdmouanbelaiammsmovausercnccheahséohppamoasritreaaedlhaocqa,aucymle?railnq¿oYoud.eeelssle·ahlediodiente dónde te tomó? -En el camino. Allá por otule Arganda. Yo cstllba conotet-r-so¿YdsYecoehs?nai.clt.ioo.rsnnpclploeilsdr,Oiee¿Hsnddodeesodec.tóamntídioneovGse?onniaitslo?.¿·DPeórnodemeestpaebgasabtfaina,ny-una mañana... -1'e fugaste ,¡Era la casa de tus pada·es'l ay -No: no, sci\or. Era oe1s1tdaeblaantisaieNmicportenspneygalnadsoe,ilomriet fuiD. LorcuY-o. Como mede la'Cnsn. -¿Y no te acuerdas en qn6 pueblo estaba esa ca.sa? Tú truhán redomado.tieneA ctH·a de ser un -Estaba en... en Alcalá.apleg-gBialnnbaopnnmnn·ísoenc~otecPa.a·ínsaohpatioberrnáecssots(hJaehrbemuceahnnooaes..n?. esa casa. Cuando te ;,Pero tú no tienes ¿'l'ú te acuerdas detus padres? ncuerdo ... mi padre estaba en In cnrcet y -Si: yo me _yo con 6!.-llnena pieza seria t:unbicu el pndrecito, ¿no es ver-dad, Clcto?-dijo la sei\orn. · -¡,Y te neucrdM del upellido de tu padre?-~o llnmubn como yo.-¿Pablo? ¿Y.qué múa?-ems--l-ee)Asaepbvanelraqoe·u.c\c\&elluqvraueltlelr'lm.-...idnciji~o$utr1eal1dosomerlblordcred1l1e0cmSonuendeneslmddeejnsc,Corcnercooocziruddeoat.no¡d,,No6o..quien en<'.nuRnron7 -Si: D. Pnl.Jlo Muricl. Y precisamente en Alcahí. vivoelnnbalclori-uceolYn?oppsmlbuuoloriRdrancn·aonlucnenb.qtrn;ser:eunaioce.sna1lqc1llFo!~1lueshdsoenwu,Sa·m·neacnlsyiaráaotnnssenohbccmqucaoP·uhjunn,neilccsuedoolscden.uesdcPiclepdiinobbo\arorneerirdmrsqanJMu·uobtdpoesae;udndoceayiet1ssorrto·sdadsoibeio,verdsneeaq,etzqueInsnuee.ot.lrns.,soutieepedledrpecrteuoeadsemcdiedeueinze--l © Biblioteca Nacional de España
260 nr. AUDAZ cystsdtpnionaeaosbbqsnltnuaaltneaolmenlrsmroetlaqFrabeaorusiorgilesnmehueanuapnrnpodmaedu.asvroblc,ueésrirtsladbeosotroesie.oa,pyfnvvapetóerolv\cilsrscveetaiiirlldórslaaiaedsráduebb,nnsIlunop¡o)sscun(bcuh)érauteesqtnens·udardocteetol.anlctd.uaaoovEnInmnealtdnaeCepctr.sodlluelpebsbra~tuaai·encéqsdnusucecdeldodoA~lcmzelisa,lcpocsotuoaaeu\léíu'ásriRn--.-- lljtpetvtaTlOlcldlhPatEjnmLneoeilasiomuaaoonluaoonnf.rtnnpedicsrnneiidsnb.r!mpicooa,:atPgoa.irlofgdl,bEelicoAsonr'rriceáoaDeeauaoeanpsnnbnarqeaá,lenn,dgesooapoorcregdluhesmytciedaruyleiñnrapdeonehaáeoasñdorasonavoicrcsaeninhacMe.qrpemhadTgiritnIbDinirtjadcuItnrearnntoueroíneaacedbatndolOoaa.bmlidl1liimsanoinseeearnmphJ1iicervantmlioan·dlniq-fbonoanenelnuthnd:asesvoogtlubcisaresdoeqo.sereén,imidrdiejrclpl•oínqdtdumnáron·etyoeienodaaa(cuooate:rIdL,tIs·edivílnoc>nouIIoqnonamttcÍy'asnoitLhmc~Cl·on·.osrutpnooóueccniereptCsIaeolshudrnumpdloddOdenonIcsnoirsibinnejcuisieieqerohteoomhntoioónudnolans'cübsuamal.lestlncm.ooa,ppibaononlibp~.rldttlosdpmasmodcntcem·omelaloeiopotdrnolaoltooc·bdheiserc·math~atoqnpginyc:at<eutiohásósnasiauinomo;ndcltbaeudbmnuofslicfoteldueá:decasasoioií.dlurlrmeoaabrxhtoasd>sicaemqaasyaFtnnlunio,otidococaiesnnjtiuraotuiaceonsnácasnceosldthneDPdusniroeseheipecnsneuomctlon~micn.mchaioEodrjúdnddeeóbin.reboburmrenuóetleeepnlnsj,csuieimebegilrosrunrlnu.ulussscalnorelglrellrnuolóaeacspoyafssaddnerdePccrlrsioarue:sgodieioiiv..tplpecdcnrbnolsmrómi,niyoLCocrceSieópnrtrn\ieatde'lssel,seteoaensmlteo\nsdtarqaiilneiorrlqSdlmrrnólo.Alcauupnthaoiupeptannanliqcircgarrhtilignonsnae1dc:ehrnóailcismuaoca1sdruocstudonsoniuuoocs--oa-n-·-.e--.a.-..-ddttoblooóbilsarnrcq.an!LdnluMoemdsesie~ióacrphnntcloual,aduldr~sairie'urdnesasáajchuudrdPnai,geabqbuybiuiPretleíalaetallebploo.a,imc;t.AuáaDiEtsMsT.cmíniraLósgeodoiymerntileciodceroi.iomnPnaDncv.aploeiuooennCinoovl:l1e,lge1tcc'nu1eqo'1inmaun'e&icrnoe't1ciatr6demeebontcoadictbtdnooitaaoc,cánusqloddailuonionscet!pitmuchedamoíneost~rsl--- © Biblioteca Nacional de España
RL AUDAZ ' 2()7 chico l?nra que se hicierá cargo de entrc:gl)rlo á Muriel. .. Se uottflcó a Peplta la determinación, y que quipras que no, Pileno fué despojado de sus cintas y eucomenaado'á ~. tillOS arrieros que úl día siguiente salían para la corte. La· felicidad de Pablillo, que se había visto -trnsportlldo á un Edén, donde no se le ocupaba en otra cosa que en brincar y en poner atención á las estl'ofas de Meléndez-y de Ca- dalso , concluyó de repentee y cuando se vió en poder de los arrieros, le pru·ec1ó que todo . aquello había sido un suoilo. No seguiremos á Pablillo en su viaje antes de hacer mención de la llegada á AranjUC'l de doila Bernarda, la cunl, encoutrúndose muy sola por la ausencia de sn bjja, y aún más por lo. de Cot·chóu, determinó ponerse en ca- mino, cediendo al fin á las muchas indicacioues de los San>thujas. L legó con todo el cu<\rpo molido, renegando de los zagales y cart·omateros, de. la distancia, del tiem- po, de la contrariedad de habérsele olvidado su libro de · horas y una pasta de chocolate para la jornada. -¿No sabe usted. Sr. D. Cleto-decla á los diez minu- tos o.'e baber llegudo,-no sabe usted como be tenido ayer- cmto. del padre Corcbóní' No tardará mucho en volver. iQué de cosas dice! Rsm muy ocupado. Ya lo creo. ¡Como que habr·ún ido pocas personas ,¡ consultar con él nego- cios de Estado! iPnes si viem usted. J?. Cleto. el cariño que le ha puesto D. .r nan Escoiqnix! \lnrnos, que ya para él no bny más que D. Pedro Regalado. C01·cb6n pam arri- l.>a, Corchón para abajo, y sin Corchón no hay nada. I.e digo á usted que están locos con él, y si cae Godoy, como dicen, y sube el P ríncipe, ya le tenemos obispo. y no asi de CURiquier parte, siuo de Salamanca ó León, cuo.ndo menos, á no ser que en dos palotadas me le llagan arzo- bispo, comó mcre<;c..: Pero bijas, ¿no sabeis que á Pluma. le !tan puesto preso? ¡Si >iemis cuántas novedades me cuentll! Y de Susanita, ¿no snbeis nadn.? Pues hijas, se ha enamoricado de un hombre ¡sant.o Dios! del mismo Ene- migo. Y la robó una nocho, y no se •nelto á saber de ella, pues parece que la tiene escondida en uno. cueva. Si tne he quedado muerta... ¡y e¡ué gente·tan mala hay en el mundo. Sr·. D. Cleto! A mí que no me digan:· si se hiciera un buen escarmiento.. . l'ero, como dice D. Pedro Rega- lado, mieutr·ns estén las riendas del gobierno en manos del Gwmlia... Dona Del'llnnln, sin t!nr tiem1>0 :í qne los dem:ís le cou - testni-an, continuó en su charhn· infatigable, >Í\'ii:la de descml>uchnr lo que traia en el cuerpo.© Biblioteca Nacional de España ./'-
268 llL 1\UDAZ lll J,a gnlera en que Pablillo debía il· á Madrid estaba pre-'-pnr;\ndose en la ''enta do los Hue\"os, y entre tanto él,acompallado de ot•·o chico de su misma eclnd. hijo de unode los unicros. se paseaba en la gran plaza de Arnnjnezen el momento e11 que una gran muchedumbre se habíaacumulado ·allí pnra \'CI' ti las J!CrS01UIS ¡·cales que saldríanpronto de paseo. Entre los di\'orsos grupos había uno enque vnrios homln·cs lwblnban con mucho calor. Pnhlillo,otraiclo siempre por tocio lo que fuera animado é impo ·nente, ~e acercó. mt!tíóndose en el corrillo sin más cere-moJJia. como es costumbre <:m los chicos cu•·iosos y vn~nbundos. Entre aquellos hombres descollaba tillo á qmenlos demás oían con mucho respeto y con cvide otl.l admi-rt•ción. De pronto pnsnron los coches de palacio cargadosde príncipes. princeMS, gentiles·hombres, camaristas, y¡Jor último. tma pe.~adísinHt carroza eu que iban Cor- os IV, María Luisa y el J•rincipe de In Paz. Al pnsar jun-to aJ g•·upo. el bombre oqnel i\ quien todos oían con t.antaatención dijo. mirando á los personajes regios: .,'fodostienen que caer.u 1?90lillo, ni oyó tal cosa, ri de oírla la hubiera enten·dido, y corrió tras los coches fnscinndo por tonta grande-za y esplendor. llamtmdole principalmente l!lñtcnción laescolta que custodiaba á los reyes. El, según dijo iL suimprovisado amigo el hijo del arriero. no había Yistomm ca cosa ton bclht. l'ocodespue8 snlíó para Madrid. cnsi:i la misma hora en que su hermano partia para Toledo. CAPiTULO XXIV En Amnjucz tuvo Mm·tírJ una exr.clente acogida, yhubo muchos qne se cntusiasm:tt·on de tnl modo oyéndo-le, quo re~oh•ieron segtti•·le ti 1'oledo. Aqui las personasinmedintamentc'ocupudns en organizo•· la conspiración,recibieron con vcrdadc•·o alborozo ni enviado de Rotando,el único en quien· aquel hombre eminente había encon-trado todas las cun lidades pro1iins pam el c>~So. So le ente-ró con minuciosidad de los ¡¡ropnt·ativos, viólas !(rmas, y © Biblioteca Nacional de España
llL AUDAZ 269cmslmddrHqtdNsdlot!pepcsJceadeeuarelueláneliaeoehsuulosaeenggeósonqrorrmRotnIrnjdbLu.ttoenaelc.u•atsoacicrtenoíáib·nira.ar.deaibaueqqPtósadldrdrllntnrapopnagnagouunaeeeheoeaáósrnedarzu.reeJselarsecdpnccorcdcad.ot.nnNabopsoatoaePsoniuoonzAoaenyoíars]drsatrasacóPsc.)rnsireaaqlIvqenannnolaunI]an.tnedoeun)s,beuqi.pdtnnlcplponsdnseoino•geepueoissrimlitrninnnsot,lppdrrrctiaefeItaleneesim]neiolaioebagpapt)ejolcorrcinnurendyaarnoacsmoruiénutc•vqaoasntordlefnmc·pladmcpaocnnooausntnroruostanenbacdornnlgnétsrpdycdiedlquldaorbaterrdiduaahaoeno.laennucreasayirnescn,cnisons¡srennrdtniMedcichColn.ddcendpd~rodemlno,ubáionciunirlEueqennshlssobccitpIiádEtruspuluo!npfnunorciinioncuoineusciosebgtdubaaatriusnóoleüparemrooúpdúbaenolllaríncsaasrscsonaeoclahzoacitolooatoisaqi,rpniaooIrlmisrancon,.sne.a,ndqeuJimss;yietren.anylusaneylóiueiollbnéla]lcectnyapoanltnés•ss)e.tliusnie·,ssqoo1rU.situumgnJrláeasa·aurroucngioielotadtnevmdetaiaanaeopnrldodJucoltlledoaobxnnelalniaeomlezdbanneíglotrdesrglscmdzar.aaodetcdtupaooolineInqeoejrsanpienroeescieloalosfune.mldasnnlcazseortacavspíiCnedehbsaadslratpisaasmoríi.imeaollbui.eoscadlíóreeuealntlb,lnaan.eauuqslrlaens!esaaónceicpplc,raundid.brdellxioidóhroorlieotoiLspulnseleooinaoaneanro-sun.tenl-a-.d-n;o--- dppdtánáSdjJucjesseeraaaoeóeaaluna.mesdrbIosvnnuEvnsaEeasoeEd,tpnseyidl1nonsnenicaenurseourestliocleutdloeeOezaeermeiFsmaevdrlermcpñlljfielleoidorpaaciunoaoetsconrrcileidnssvneoqóineadsavto,omziluinóctnIaeuayvm,nnaasoohnrdpeoecIiemidacondhinddrre,neacscileteaoeennpasnhrqtidsbp.baaoofetseoutaicCo.íol,íebnCsthnoa.ansl.,crqod•pnEonomsnoodhsrsoudemnmbrsdteieecaneelneenadoeodsocasrncheovcsecmio.rellomsoooeiustmsrpytdienss,rlaáeoazealasaeivqapslsaabdcrntsrsnyouaociliscadjctsTecoerdsieruiumlaóeeanicirsadnnphbldcnahr¡leiss.ean¡tumeazartooapupsrblcrtgnammainadorlndoíqoucaienbdsí]amelaouhnslna).nnarls\selaflgy'po1AcnlYo:rclr>oClsarelys,eoeoodp,bclcleIolttmayorisnioiaoprn]Coresset,)rupotdlrvendliOioCcannldrleseibooshndaIsodoomIotJgoaiaean\oroSoeld'pepnrpteniñm,nxeiaecnlntotgtz'nsonaeitoelteesoleóoiaolsmrtvsran;nnnmnssiiaeet.dcasocteapolsceeóigdeeidLrrniehónuleedasdeoeooorIou--,s-lelneo-.s-,© Biblioteca Nacional de España
270 El. AUDAZenpEsldcreY¡mJcmlt'xAcplutilrcuorealoldlnepqup\"edadittgUi,ivapternqnluiineá-ceonraao.r·lur1ueepnacedliddunqaogneiera!unle'clotmscbmnri\cdrlcnucoe:nart.oIeuedonm'nuratidc1Eiuels.naua.iiptisnlai~nssopatneElneonaoejotdueémaldan,ineiLc.bnpnelapduilndro~flrnusdcdnrssnidena·eeo.tnqanrrriiolS,ceicdosdeecatlefcnanotnpalmeejtcíannodrou,oesezunasosrecuailaGsdae,lbscsoTpcdflsieeoie.aí.bnogo1lnecmoll9rfptpaetadseuáqo,nIeaiotqpnnnuoo¡d!rcneúmhtnl·ntrnniucmnlnieredlddttonlieocneóuouermnaoict.Gznauodecimslod>ebiodprttsoapsepdzaspeocabaidldr~oomsemíelecoyepumn~nnóclns~enunpiaemtoiroeceserlpsmeniRd,aaeddinnrnr¡oabsoloenómnel.ubiccnurMsBat,otdtidtomseeeororcncr1lpisóipauuiee(taqraqtenayol·t·pne)edezseoiaod-adalno.nnpsaetcduIauucub·c.ddveseaosgbldiprnreicrneoolgtypo.peotnc6deieTveIrnneouoeAlopaasconoorrvrrsn)1jqoriansnszPdenlUssnocíns1snosturteclvveeyqsrvunnfacrco.taotonompareeeldm,eexdaoluhecaniexi!eosnsudoelmrd,sl1rneclsdOdglsbrpcr·áooec·b.dtetlecsm,4uCbí·e>etmímc.esíroeei~a$allhsadliinioaroaancieilhenuaoJeinraccéviTlpnn.nnnaEteepolIcgénncssImyre•ntelnrqeoeoldlgnceBrrno?nhloJoicmooeóxloslalgesldtulaMonnnuellólnioqnidp'doco•lctmiolpaednvmpnddeoehtna<'tdontnhu¡cnaiiiesoe'sn,d,onmOuleflulotlaanueei.oíodlolicoT'oula.rutsodcasqJso'cmaobsad:cedgaltcuo'acnpuessel!nt,o1ifofoeny~lbuloagheeeaioriidúluurmcntlgill'snystlcd1jlnlmom·eus,renar1ducsdoldcnnuope.ipeocael·canedesáv1polccnsrneodmfnierdhoruanoiadsimtclasge:sace.nicuHalntmuaeGehicsiooncnonrrnornlouoi\.honlltrpdndnMtde1i·oerh'caondunCognohp.neolcms1ceaeeanreddyitseoptnrdcpis'Lt,cncdeesxeohnrlrsrdYrfíplioses.,rdnoec,ilureedesdfVograpfaam-tfnpaIcvilcCrosoroiiulploolrnmpunhIronycequo,ooeadrahteopnEjaMuuernmnacqeiiiocnlm~lujroncluncldpmaPuscbtdót•1bunojroalrirpufbdieeldutgoecauoogbepniponlóo.aunafonsv~.oila6:niolrecrcdreraarnro·lrir:taannonrmeqei.bcIaporalrocrraqrioeimvSsoldsnsldosr.neiinícteulsnreiunsrbdoePupsaeptdnaaaeetollelóeedosei,iseJdlecnploo.odnneeo•eic·nnnOrlectdprnr.íepc1snreioo¿durrosmemeidtaadcrarsee1alaarellyóoeror,Hsyla!aésesomsóoipsamieessceel.sifpenuzrettsnorscsnpMmdmetasilc'asisutatadnaóZoaorsnroneoleóóaIerotederlryouignaborIrj.tnrtÍl-nmn-oxa-easranibn--nnaoroieusIa-ase-re-rsis-..\a--s----· © Biblioteca Nacional de España
EI. AlillAZ 271en la sala. y todos Cl\llaban r.snstados dcl .cnorme alcance ...,de la aspiración de l\lartín. -¿,Ay alguno que se sient-a sin valor para sostener estaidea'l Es p1·eciso decido, para que nos conozcamos todos. -No:·no. Sí. tendremos valor para eso-contestaron áuna todos los concurrentes. --Un pueblo que toma •las armas para cambiar de tira-no merece tenerlos siempre. -¡Es verdad.. es verdad! -Caign en buen l1ora ese 11ombrc inmoral y presumido;pe1·o sobre los escombros de su poder no se alzará. otrolema que el do la Soúcm11ia de la Nación. -Si: esa es nucstm bandera. La junta ele Toledo lamostrari• :i todos los espniloles el dia del triunfo-contes-tnron en dive1·sos tonos los fernandtStas. Do esta manera l'csonó por primera vez en una asam-blea ele conspiradores aquel emblema, que después hablade inicínr una lucha de medio siglo entre las aspiracio-nes de la intcli_gencia modema y la invencible tenacidadde In civilizacion antigua, apegada~\ nuestro caracter ápesar de tantos y tan sangrientos esfuerzos por armn -cnrln. · CAPITULO XXV r_.:.\" deshoJ'll.\"(.\. de una casa. I~lient1·ns llega el dia de la convulsión que se prepara-ba, volvamos á 1\laclrid y á In casa de Susam1, donde ocu-rre un acoutecimicnto capital. El conde de Cerezuelo.Yenido de Alcalá al saber la noticia del secuest1·o de suhijn, se IHlbía agrnvndo de tnl modo en su inYeteradaenfermedad. que se morín el pobre sin remedio. Ya antesdel suceso tenia muy contados sus dias; pero la impresiónque le produjo ln noticia, In fatiga del viaje y el conside- lt·ar In deshonra que sobre sus canas habla caído, precipi-tru·on su fin . •La casa, prtlscntaba .aquel dla aspecto pavoroso. Porun Indo. el conde muriéndose y en un estado de exaltacción que causab•\ espanto: p01· otro su herm11110 D. :Miguelafectado de unn excitaci!)n nerviosa qtie le tenia en con- •·firmo delirio. Ambos exigían exquisitos cuidados, y la © Biblioteca Nacional de España
272 RL AUDAZ familia se repartía jUJito á los dos lechos, sin saber Cll:íl de los dos enfermos se hnliaba en peor eswdo. Arriba estaba el conde acompañado de su híja. de Segarra, del doctor y de doña Antonia: abajo D. bligucl asiStidO po1· el marqués, dotla Juana y D. Lino, que iba y veu1a de un enfermo á otro, después de haber corrido medio l\!adrid buscando módicos. boticas y asistentes. El conde conocía su fln y conscr~aba el uso de sus fa- culwdes intelectuales. lo cual le pe1·miti6 hacer un nue- ' '0 tcsromento. Después do un pe1·íodo de exaltación eu • que increpaba á su bija, se IJalJia quedado sereno. tm- tnndo sin duda de apartar la mente de lns miserias de la tierra para elevarla á Dios en aquel tl·ance supremo. Cuando Susana ap:u·eció y se In prcscoromu, después de haberle p1·eparado, hizo un movimiento de horror, cerró Jos ojos y extendió las roanos como para apartarla de sí.• La joven se quedó sentada Cll una silla junto al lecho. muda, ate1·rada. sin utrovorso ·:í. proferir palabra ni :í. ha- cer el menor mo,·imiénto, claYuda en su asiento con los ojos fijos en su padre, como si asistiera á la sentencia final en presencia del Supremo .Tuez, Nadie se atrevía á dirigil·le In palabra. ¡JQrquc parecía que todos se juzgaban partícipes de su falta con sólo acercárselo. Lo que pasaba por ella en tales momentos no es facil de adivinur ni menos de trascribir. Parecía ''iC- tima de letargo angustioso que la mantenía lnrnovil y espantada, semejante á la estatua del terror. El conde, que antes había recibido los sacramentos, se ugitó de nuevo con su presencia. tuvo cerrados los ojos más de mcdin ho1·a, marcando su respiración con un bronco estertor, y después los abrió para fijarlos en ella con expresión do ira. - ¡Tú nos has deshomado! ¡Has deshonrado mi casa. y mi nombre y mi familia!-dijo con voz que parecía salir de las profundidades de la tierm.-Yo me muero hoy, y me muero con indignación porque l1o puedo luvnr esta mancha. Los que asistínn ú. tal escena le olau con profunda emoción, y SliSana no contestó pnlabra, ni hizo gesto al- guno. - No puedo morir en paz; me muero rabiando-couti- uuó el conde.-Tú bas puesto fln al lustre de mi honrad>l casa; ¡mis paares y mis abuelos te tnnldecirún corno yo te maldigo!... No d igas qne eres mi hija: olyida que soy tu padre; no lleves mi nombre. Lleva el de ese maldito que te ha robado de esta casa incitado por ti. © Biblioteca Nacional de España
BL AUDAZ 213En los labios de Susana se notó unn ligera alt.eración~mo si quisiera romper á hablar; pero continuó oo si-lencio. _-¡lnfnme!-eontinuó el conde,-¡infame tú é infame.él! SI cuando nncist.e hubiese sabido que ibas á prendar-te del hijo de 1\!uriel, do eso bnlHiido, de ese asesino, te ~-hubiera cst•·ollado. Tú no eres hUn de aquella sar.tn mu-jer... ¡lnfolizl ¿~abes lo que has becbo? ¿sabes medh· Ja.enormidad de tu crímen? ¡Huye! ¡sal de aqu1! ivet.e conél! Dios permitn que recibas nqul en In tierra el castigode tu Infamia. Unete á él pnl'll que la deshonra se una''In deshonra. ·rushijos serán monstruos horrendos. Vivirásdespreciada de todo el mundo. !'ero no digas que fui tupadre; oh•ida mi nombre; oh·ido...Desde aquí sus palabras rueroí1 mal articuladas é In-inteligibles. Sólo en aquel confuso desbordamiento de vo-ces se distinguía esta n·use repetida sin cesar: .¡Con elhijo do 1\hu·iol! ¡Con el hijo do n1uriel!\" Por fin de su bocano sulhl s ino un mugido entrecortado que se fué extin-guiendo. hnstn que sacudió la cnbcza con violencia y sequedó después inmovil, con los ojos ferozmente abiertosy ·lo~ labios muy apretados. Estalla muerto.l:iusnna en su tremendo estupor notó que los que ro-d eaban 11. su padre empezaron a hablar en voz alta, yaseguros de no molestar al paciente; vió que le cubrieronel rostro con In sábana. y después le pareció que se ale-jaban. Sentía pasos detrás do sl; creyóse sola, y fijabainvnrinblemcnto la vista en nquel gran bulto dibujadopor las sábanas, como una gran estatua yacente 11. mediolabrar, ·con las formas n¡Jenas toscrunente indicadas oouu gran t1·ozo de mal'mol blnnco. Vió que ponían una.luz junto á In cabecera, y que so retiraban dejñndoln soln.Ella, sin embm·go, err el estado do su espil·itu, nbrumndopor indecible emoción, no se ntre\'ía ni á lemntnrso ni ámirar 11. ningún lado. Llegó un momento en que no sesentía. el menor ruido en el cuarto. Xadie se acercaba ádirigirla una palabra de consuelo; nn1ie se dolía de susituación. Do pronto siente que le ponen una mano sobreel hombro, y aquel ligero golpe produjo en su na~rnleznuna sensación igual :i In qce se oxpcriu1enta al sentil· lo.explosión de un rayo. Volvió In cabeza, y 'l'ió á D. Lo-renzo Segnl'l'n. el cua l con cierta confi~mza iuusUadn yndom•is con nrcctnda nmnbiliclad. impropia en nl¡uello~momentos. 111 sostuvo c·m su bl'tlzo ~' la lievó fuera di-ciendo:-~clloritn, debe u$in ~alir de! nqní. 1$ © Biblioteca Nacional de España
2i! nt. AUDAY. liMienh·ns esto succdin. cerca de Ju madrugada, en laestancia mortuorht del conde de Ccrczuclo. ,·eamos lo que·pasaba en el despacho, donde su hermano padecía de u umodo igualmente ptworoRo. Tenia liebre altísima, y se·bailaba eu completo estado de trastorno mental, esfor-zándose en deiar el lecho. gritando, hnblando con perso-nas que sólo existían en sn calenturienta f¡tutosia. y á las.cuales daba nombres no· conocidos. por ninguno de lospresentes. Se le p1·odigaban con mucho nhinco los auxi-lios que ya no cr>\ preciso aplicar á su infeliz hermano.-'l'muquilízate por Dios-le decía su esposa cubrién-dole. mientras los demii.s querían impedir que saliese dellecbn.-No... dejndme ir...-decía él delirante, pugnando pot·,lc''I\Jttnrse.-Voy á á detenerle; ;,no veis que se ''a á lle-Yar los cien mil duros?-Si no hay nadie aquí más c1uc n.osotros-contcstabala esposa. -Sí: ¡,no lo veis:•....~no lo veis?- dijop. Migel señn!:m-úo In caJa cou ater•·ados ojos.-Aill esta contando el dme-ro. ¿~o sentís el cb inid o de la tapudem de hierro quosostiene en su mano? ¡lufnme!.. Que no \'Ue!va Susana-continuó cerrnndo los ojos y extendiendo las manos:como para npnrtm· un objeto de l!orror.-Poneos todosdelante; no quiero verla; cchadla de aquL. Pero siemp1·eIn veo... poneos delante... Siempre la veo, aunque cierrolbs ojos... Marqués, súcume los ojos pnrn que consiga no·verla .. Aquí ~st.í: me mira con sus ardientes y terriblespupilas... Está cubie~ta con una •·opa blanquislmn, y de-su pecho corre un raudal de sangre que llena todo elcuarto... ¡Pobre Susana!... Pero yo no fní, yo !)O tengo laculpa, ¡o no qmnemrlaaeqsutreomNuicroie!lrísa,essinqouiqeunessee In llevumulejos, lejos ... empeñó en•.que murie1·a... ¡htfame! Y se ha llevado los cien mil du-ros... ¿No le veis cómo reg·istrn la caja?... ¡Mah•ado!-¡Qué espantoso delirio!- decla doña Juana á cadttrato.-Es propenso á delirar desde que tiene calentura;pero nunca he visto en él un extravío igual.El marques parcela más préocupado que doña Juana·• del sentido de las palabras proferidas por el enfermo. -Pero no lo creais-prosigui6 éste.-no se llama maes-tro Nicolás, se llama D. Buenaventura Rotondo, y se tlnje © Biblioteca Nacional de España
EL A\iDA:t 215bnrbcro pnrn penetrar en las casas. Es un conspirador yun intTigonte... Por Dios; poneos todos delante para queno In ven. Aqui está otra vez cou su traje blanco mancha-.do de sangre. Marqués, por plednd, sácame los ojos; noquiero t,¡nor ojos... Si yo no fu!, fu6 él... ese infame Ro·toudo: yo sólo querín que so In ll e,•nrn n de aquí... •Novois cómo rogistn\ Jn caja y cuenta el dinero? \"Al deci r osto hacía esfuerzos por levantarse. al pnsoque mi entras nombraba á Susana se tend!a, se arropaba,cerrando fu ort{llllente los ojos. El marqués llamó aparteni doctor y le dijo:-¡No lo preocupa á ustéd este delirio? ·-Si-dijo el doctor con angustia.-Si: en e~o estabapeusnndo. Después hablaremos. •-Me parece que esto es una revelación. ¿Conoce ustedal maesi ro Nlcohís?-SI: lo ho ' 'isto aqui algunas veces. Aquí hay m{sterio.Siempre mo chocaron los visitas do ese hombre. ¿Sabeusted dónde vive?-No: esa es la gran contmriedud. Pero viene todos losdios. ::;i viene mnilnna, le echaremos el guante.-Roy dirá usted: porque son lns cinco-dijo el doctormiwndo su rcloj.-Tremeuda noche ha sido esta. ¡PobroSusanillalAl decir esto el buen inquisidor lloraba como un niiio. -Y por eFe hQJllbre que se eucontró en In casa, ¿no sopoclt·ín descubrir algo?-nilndió Albnrado.-Nadn nbsolut6Dlente. Es un loco. y á todas las pr·e-g unt ns cont~stn con que va ti la Convención 6 á los Fui-densos. ·-No cnbo duda que aqul hoy misterio.-Unlcumcntc pienso aver·igum· algo pot·ln Pintosilhl,que está presa desJe uyer.-Susnnn misma nos dir:í también lo que vió en aque·!la casa. -RI marqués Wzo un gesto que indicaba estar segurode no averiguar nada por aquel medio.-¿Usted creo que Susana estaría en connivencia conesos bandidos? Eso sería horrible.--I'cro es verclnd--contest6 el marqués tristemente.-~~ rué ni baile de candil de ncuer·do con ella. Eso saltabaá lo vistn. El uncontrnr In casn sola, y el aviso que aqulsorcci\iió Indican que esos miser·nblcs In abandonaron des-pués de logr·ado su objeto.P11snrou las hot·as y Cllrdmllls so fué calmando leutn-mcutc, hnstn que al fin (\"('posó por completo, fatigado el J © Biblioteca Nacional de España
.-216 BL A.UDAZesplrltu y la matea·in del t-cni ble deliJ•io. Callaron todoRpara no interrumpil· su descanso, y iLeso do lus siete unc riado entró á anunciar que alll estaba el maestro Nico-lás con las pelucas y á afeitar al señorito. el - Que deje las pelucas y se vaya-dijo doiin Juana. -JIIo: que espere-dijeron snlien(jo el marqués ybdsediosuo-tcnerE,tone\dela\nll'.oaIpns,eafsoyreetccernhtv.ooeie;dnvuRutotamorhmót•boiiói\"nelCndñd,oIus.nleraqolceiusarne,srcapqe;osountropaqóernulrbtaoeeoásena,lqtiotpumadoemaalrrecdqlnooiutasémetsateue,lnvnlaeoouJvsoxmasiurlassinóaleaa--,tanos de la casa. I1lel Dos dlns despu()q do estos s ucesos, el doctor entró en cuarto de Susano. y enccnfmdoso con ella. entabtnrouel siguiente importante diúlngo. del que no perderemoRpunto ni coma. Ln que era ya condesa de Ccrezuelo se hallaba en de-mepasoinldnóoáitnorsIenasscdbo.moelSelnióus!teluugmosratacblraaaadedldcsloeeatrui,fIuíndusmdocitcariiionleS;erdaynrtnoratimnr.saOdtEobeeplraearrpcsepl,rptcnniíimomtbb:,ieaeónlrqaldoáeJuiJvdqMeiaauqrneoulsrleoetltlabrneearljnsaouuplzugllagiausmuóóonectoeenarsllantoddmnp.liprnnáyióss--tamvecilávosdmamoapleenlisnigittneieddnoánuleddaYeeOostroug0ds1uo\lpcslieoolnosrasrsondd,mueominolaanq,tcuouqessu,laaer.juocSéYouonclvsnpicssorte\b•andrIbeemasaepbbsruapeessetliroaoan.nbetóael-teqrppionuuug-t6eeoSeddsreuedeedsessztetáaaciu,lnoeonutnauúqns-auiaJmdsdoauieersjnhredaoataviboroegeqpldsrcaaun.ecosovmaintóedlacounmoenybretrnnuan•pi·asstnoeodcnarn.aocm-tlnaeoqmuf.sláuruseLgliudnoueseorrolhoalqoriosspucul...reo)ne'rn'ntnsinfdeedmtpereeeuritánelomc:scdrtiyeboaoor.dcc,cDaMiqgopcunaneses,-·-tl.ebiera ser inflexible como lo lla sido tu padre, seré tole·rnnte , si tienes conmigo In rranquozn qua espero. ¡,Túqulores á eso bom b1·c? -Si-contestó !:insana con dignidad. -¿'l'odavía?-prcguntó el doctor cou ansil\. -'J.'odavla y Siempre. © Biblioteca Nacional de España
EJ. AUDAZDdprei-oobNfsie:esoroma; mivnrooaelvlloooebrqlpiáuguemaeddti\oriacscreetrsree.d:eYeprb.eoirls¡o.ToTeyúlúdeehnesmattárraasáfsslilaoalobdclaope!obcSsuaiurebinslñeaoon;pqayo.uorepsnotooer-focar ese orecto. ¡,no'/rqentioluan--,esdhSN.qeháulduobaisemsic,ateodh.pun~eeond!acsrde.hhqOoooulS.ja.neauDMrVlsmaáaiáimdnorstagueeqme::yunoh¿tipúersudiseibreeehríilrdaeahaC.irsodavámaseprrmpbemtarreederuneaietdn,esronittaou~uermelarpasejt1nutab·rtiueaecadtiesóosndv.adeeen¡esl•thrtaaceiacodpmcunaaeecoctrrerordoplinoo---contigo? - t.. o, yo nada Sllbía: soy inocente. Me robaron para~xigir la lillertad da Leonardo. - ¿Y tú ami\S f1 ese - Esos hombres son unos bandidos.hombre? -Si: no lo negaré nunca. -¡.Ha estado él alli contigo en estos dlns7 -No: sólo ha estado una vez. en que hablamos un poco,y -éli•se\ marchó. dónde? Susana uo contestó á esta pregunta, á pesar de que<t'u·s-é-pÑ:em.jPooue;eyrnoproqenrupoqeeutteneidohtaseo.nergrsotoarimrzuaoísscdovenieclnoiednqoc.uiNeaohmatúsesnhgeliocmhopp?oiar qne ese qué llo-•·rorizarme; no be cometido fulta al guna. ¿Pero es cier- - ¿Pero que es esto? Aquí hay un arcano. capricho P•L- sido unto que tú amas á ese hombre ó haRgd•equvlluonnricuel--caj,u·eeNifPenleraóttshúnomdunnto'caleaireeelssÍstqcaseIh·ttL•aliueh·•goasunseilfoadljirdsnndnneqdies:oocdeutesce•.onhis·uteepeqouacruousnealandureqxrpqmcauctrrupdsiiioeieunechabnebrhgoeavpadeosumjeaoarqainmr,rarpuyaátásaoenyeaimsánlsntednnoeimdjsaeoendaqunrriaromtldunttea:lreedeJaavvuelosslvsoee)n.usylsrluNdivndtombenteoailtsennr,tdm.p.atngeerdopbSoúnereor;gónlcqe1ar~tlJucouoolqoav1peufsusbioiuudmenarsdaclmilaoepcl.eaeneiusdvuórooeyiionn-s--·dus llevnr con la n·ente erguidn. -¿Quó solución es esa;• -Bily un hombro que. á pcs11r de lo que ha pasado,r¡uiere casarse contigo. Ese bombre no bubiera sido an-tes dJgno ni de dil·igh·te la pulnb•·a, pero hoy, hija, Yale © Biblioteca Nacional de España
278 IlL AUDAZltnsltcdEcqdndqpclgccocqcn'nmsaumauolo~ueueooiiooouaauuuosone.-róthseiá-es-snm.dpleneslrlYaecnóoNanonds¿capezlsDoeuro,JnoyaproSnotoeeeroeuYoacqdommépmrqs.heomlbrnsssuieqcs.aru.eueeóé.scarEaesádeáeoeesusqbbqetnsno,gLziqñssslsaepga.p•epuiduupeaue·aonutsoempLtquscldaaeaeeinrúoolnearnsqare1uoéiucur1oerr\sojsi.se1aáteonum\osnesaeeoicyh.St.anútcniseurpooenasrnpInaobtdezoel.eemrcondiltiqtqttqocllúoCscáesesqmmauroiaceevuueitqumtelhablcu.l.rupstetalqoiSpcoelduerilaeloapipdhpnsoes1omhugerIoceoezvddeonoianruasedóio.npgritanotcjuaotrtyogneéyuoqqoVocehmnreeata,mrúdseasdarluilasuaroqprcpehihnelós\eú.ortdirrhveeeeto·eumrraosbsponasae.ineVpdsiolamrhtm;oemr.mens..rrosol¡utteoebsponcúileStliheasoYooctarmelsr.sarsoAns•onmeo>capqti:co·nEddnIrguidaeeniuydoauuciítp?ccitsergess,oxancnueoúcodeneorr-sstessboeitslhpohpr.ndnqomdvusl'ltehpJmoonLáopalopóct\orueorgaocdcloot6osrcoosoeinbaesleid1nuohamqnh;fvngslsodiumncsr.eoosmtuuieaepcd\i,umuueaoaciytrd'nmdebnruureSeolot.nmsoint,ooroaIolóaamqajaiih,nrbcnnttlyyAepnnqhtonbónueehlsprrrtoeqrprno1•.ultuatsancrsneaecuenr·cuoroolnene!nnvmuErsaopgdaeeohta:.cegéz.epnlelnouoedceegolirládoJ,NnYroodrlo:•tgínPeromrsélgdl.Doisoctoeraon'uoodPaeoocetSo!hmrhcdqpc.lmedn:n.utosrptaaiedia.eeujtlLeeccileeuarnddonulunácnirlmmoeroascoor.gsosreceenrecrádsimen;reiqáooeaidsedqmotaoecddrmamets!.npIup.eoucnolcncneqenoiooSace:euoouelie:huprdduitótd\rtopasdzunarensúoonsctoerlaaena-el-n-oo!ru·i--ua·..y-a----r-lcdlcb1qstag1loeoo1aóhauarrnbrnis'ois'tmáeEsr,qeegadceenrurlncaaetjeuerteelessIbnoMoarleruddbilo.nndaededueYdl.nasesdeáeoaddyuagujedIqae,rnsotuvib\"blnomaaacioeidaodcbletlzigaoosjcen\.pobSmuúrsomSu,uppnnqnasdoueoromoeueostlnsdiúmaeoeephoím'nnvamlsi'uoaiilaeuo·ecbad.ap,rrjsndslos.ooc~atAcmo~er,aLncehagpqbdeSonnaruue\neamsucdJserolSentltiaaloornieprrglups,ldnasocnutduoábletrbediaeeaariJdr~JorqdoeJaífqJslouoaselopauslapesrboáoectruarcrne1~íonrqeorsnldl-mrtorlunfoeuaesus,ssedeugleasqaes$olsmariulntauo\zccdSustea~oit(1aemodmúrss1tlsrproioacodlicolslaicmstooilagsoeopccreandvdu'zcaoldjnaoai:eseriniae----sl.-l © Biblioteca Nacional de España
m. AUDAZ 219eseeqtoonrlula-lncidasC.oeotyn-narsdtonenereóonspse.cátuxarSandpuSrtrorgi.~eerárrgDscineiaoos.vdrrniolLose'aotslnceh¡yuo··poeImaunlnvolznoanotadbsr,siarejqupa1omuss1ro,enoqlmiucyállioogelólclrsdndvaiaamoalsvdlm:óia6.oosjla.sEuem,Sz-nn,geeta·cnae.ronaluuzAdécsaoloeSbdqgr'oer-uerejireáald.duoneodrfaoendscloaea-CAPlTULO XXVI.eoJdmrpcsa1dboptncuanpi11cooeloitoaoraos·trruucnleeosrVveiaonsdeueaatrdolronidieisesa,nnlaeizroed,noost.cmjnlasaontpsiosmeacetdacsmouoeqtsroe.obeáeehpsortnrunninalatdqliaesíezaial•drlcuróletoinlolesoíbaaeelaigilsptlmonnllpcrpdsoeoeau'aedfoiealaoen'i•sbrboámirlrundrsáttsneuírsedinrintaacoocacberlatiiddnuiaotsrlamgneíemoftoo.•Snntul\incerr.iicsnjougltaioeaneua~i~aNtqssntanoclnncldaemaIguerta-,tnillnaontosutáedle1nrpaapes·aus'aoasslescopsn.la.'socnioloolrradcdnti,EfacocctoqoóstetaooJonlsaoponuu~mnlrcf1ssueoimginseedlu<iiadonnosaclolonropblpioluencnaqamndrvcp,nqcbéieioueótéeusaiumesotreonnnpsíeedesaerumsvdjbiotataim.I\dietoeuesens·lugoconSiqriveedelu'bydbIahoonsuon'xealC\"oinluepeiednallpll>lbimt'euoce.sa.raelaccnurnreyleiors6c(bnooaat'as.f.saoOdgsmdntuuaruSlyvét.'loeyoertelnrnnip'riuhannirsqassamdsrzcrtlaclttufoetanebo9aaacIuciodenlj,dnód;.iieqiquhéóhdeeoeeiLsrununndnaaoexnneotoae;e-res-la·---,--í ~~sin f\11. vncilnclón e)\ nn cn- ¿Iré 6 no iré? l'nrecerú. rnrn. esta erminaciones decisi- l:ts circunst4luctas onl'tlcter resuelto y propenso á los detTas como ora el de Susnmt; pero enqpdeeftreuortnierovleeolropnsnsrlisnoenoa,sspuedaqncnnosdoutcuilnuoeoortdnnamsetanlnrecádaqdzasobouriseaaqsen,cyurpttceneeerOsorordeegteuexsuolidrers'flaobau'casaesSf.o.rty'ls:Nty1cesislulspaigngyIcrnrcoeuanafrdlnuecliednzntnieaedevp~laayonásssrbu:vióenóiecltmnenlateanloyil.g,ndlroLssaeaós,ldnalc.!dco}ldnaetceorbou,aacedbenclraeas--.© Biblioteca Nacional de España
28J EL .~UDAZ \"ácátl\"ruOilTUmaaondoluudenndoiiouoómnnecunompenrbrootudSomsoecsegtautaaiddrpnretalardu,Myrdeeajom,rutyrpícanéoddz,menóóco.iardíeeipndnroueIUgnpiuolminrntetll·anllartfsoapemadsreiilaiiSasruiíseasuma6mnpinrato:e-r·, -mtsnnlvd¿brevárcdlmcmic'teircderepcuYndeplinoi'oavnreaoaeooieosneenrhnnrelaetaesdsdrlniomrndíaaminmlnqtcauaczuegasratesrseaaicCotig;en.uio.a.notpninmnuetova.euonuo·.aósdidraUéuecrtncgisnEbetméSniádeqsaeinadncmeaola,io¡dpreranijvneecrduevuqsa,odunanneptsnahangaeatsdisua,reeuaenycmditnsueUddtlre.ue-trsdoo.sosieqsrv.oeoasac,aosc,cthJtdharaeos:tclierubleoit.dh·fapaup.daeonrptorsamarhpsnelenoremvclbnroioleisesteudrnlehrlaenetmoea.eii.enéienelasrrroscoiaaabadcnvcnmanqCtapoldrs..plado.údb,idnoceía;iese:euíduicrrtilóaea1pHónlríoretadeliacsiloloeautéciaEmseesnelgeeroaol?1..niedcodnmlcisppueiesmí1griricshmsodo¡c?tapasn•oEiuaaans¿la>·dcohelnebanntoodcsnroclpPoécoqpldloaasseicdeo¿asasa.,pletlicsotsosaiorepuoohPased,ratimrid.ltiehen'.erqereóocOselinea.eniooors.tlelanpaxnnnde1uRaJínl?,ecepAtri1qqeeOc,briosidrsrcoleeisstttúoa0lgudtacxneSoumnrsoaaqorátioqu.nrlniyLotoive6eoinrctbt.eumsdl•ná·ueo·dnhsrusn,ncunttilnvefassJottoeéoIs1úteooospaplncnylhlri.iir.l.vnt1én\..galrdrlurober.laiuconlaphnooií.eale!oaynccrdodíonlany:b.haaenlanlsndcradcss,opirlouhícssbeuysoipvpaaeíreadnaudanhozeabpaaoenctíbmeicsu:eyqeebxfariethdnoirdonnoíuesdjnrsdadadnnu·eíiomnaleeturoónpeíscaahmagsaelodiltetrcrlola.\obbenonucususae.bql.elluciIlsqnoreinesraapsnbInllreguduiedassenosi!eusmladnrfesdacnielaosteeariesmtpeugbclj\"eoeereocirítdtuniofqlcna:anlríaialrilsmlorlnedeouacironóitaoeruandmsdjtr.oullafii.deaaanssornntomediileotiqdrddlocbclon.udepuacetrejgrralndcueeioeeóo?rlnieáedmsrdads.pduolletsyerigsnpínronemiahesnlcJstsnnrNDpidoddsvrleouusorJaolerdehódoronrluaaeoeeoa.rdpfe.arnsnrmur,deoi,ovsdaucn:ttnoucajecqctcofLíessábnphqusieutdbellitduiniieucadlduónaloonurlozólaóusanreul¡eeyaeuasa-oalen-ao-a.---sanun·re·-----.·· sdlbaaensnl cPg,co·eroonrecnoeecd.slo.e.,cndpitceeemunrtyoooaoddnqoceúuslnelaalsml;suamotsadm•·nbcebnesrartMaebnpaaltnaunssrypenarndlcoiooztsesnnusdjteuouulíndpbdtoooiej,lFavlc,aooqlmurdaneesozmnlpeolayuselncacdcblouehrdabaIness-, © Biblioteca Nacional de España
:EL AUDAZ 2SlderldvpupduTeCmcpivrbglcibuddlsteltacígleypercae]ibecmuíneinniaraoaioeanuauaoondiJnoaclusapicrnldieerneedetolrmmnlbsónnsosiann.ntpcaanrinjrrlrestnssrPióorhrctdteunldi'vnetedaioraíaudttodnacirtilocda'ssnaarsoo,ql1satcCdnoetnioldeonr1moíeop1etioodtíetblmtdldlsZaaun1neassutd·caradavto.neneo.so1pndruáloc.eetierqdneouclideeaiauaUndne..redeNárdo¡aasatmpcm.umeiolAanenOvleJcpecs.nneea.semmlr:óshaholsosneu,lfonstloesnurlipmticltoqlhrnnnuuout•lup¡aedtacolNnouoramolCeqtcgooá,ussu,c\nhonnmaaoelqeoilJrrcrooloqmeetudu.neicvetoeédtbsmaráí't:aIeimrcriueilrmpíulnelo\uoeaódnmesacien\olibdnlsdjtlacaluesldb.unprdoznorneanoentrpto·louorddqoutctclobarDeaaNerasólotlesu,uo.iecsneooacáeonuepeaeccidínnndrvyds,$mscisdim:ecdmplrbmemnxuetuoeotnnóiielíurodonrdnocdideCtoosnahMorieopsiyjrebnreaumooe,lsrslnidcerpedgiejl..nffIeuarnaloonncanounhltroe'euraaebéíypdorIvvoseduoutlnmaEgie.aegcr\vaoneretrruooeauropececrdt,nlctnncduaaooclmsúeneaoapruluisníeraell,neraeiiulaavunoe;ynrasruunrcdavnondes.asnr.eIureoqaápo,iinvncnontoqioenéoeopangnnrspInechnm,IHuunCalledeilldaprnyirurltchnnauoeíeafadbndt·sronqrnnesauiboiOocrseeetae1prarsdceneptnlcgectqounsenuruamalare·bebldrpnogaacoa,eebrcudeaetubnueeiornónqqd<aenl.íitennsrcai,intzeohmí~ailmonoaneareaa;>róunouooaaabsletr!ultdpldgnssaAm.osnnlnodntonlec:daaeleildpaaeetfcsd!crahennaiasedrcd.lisosueiodannrólaoaesuoicsirrolisna\oondnooomeses:lopmrnoeoqlierasnduoumhnlnllnotsdeeos.uteo.aucrprel.tiuoegnmioyucbaJóeeicoc$oi,ssunanaavvloaídrlonoEslelocunbnosesAulccaapaibsouubarui,ttatfisoerlcaipctabsdnienirrrbapaeslíaéisuarmdóo.od·ímaalraeiírqhdrtnonrpldliarescevinnumum¡oil!nadcernrs1eeuttauoun\odsuaetenDetdooiufaa'.nqmctm1zeultnsOepiubccpdbbncmieocroAdddrbiáa.oauNjansn,ssaodeelorloíóóyitluoraílroapolstei,ebaadéPuaaeelnscalioo.ssr,nrryrlaesata!oeo,Ineiroyóáastaeiat1n.a.dnp.uhprlnhnadbrpesh.e¡msegpqolbsb·dltLna.oeetoqEeriipopdvaLfprlfooooíuchslolimoocprd(encrsduecfsaeunberaooetereanolrsaínoeosiedtexoodehocscreavcenelrnlsni.eadederzemrm,smieJattirousinteionMsosatoaéegrngoamicueesp.ebuaster.umbnldlpfmouedsrsbuaetaidudieomlaaup.alypoIegutlintrlloneondSosdslsrmlonioa-sa-eaoeel-oo·yyo-.lni-.-eaiasto,-u.-s·aseud-s-ne-·----© Biblioteca Nacional de España
282 EL AUD.\ZPqlgrcmtrrrlgattpdmobcpeSrdáedtse\daimordurnesrtcibdosaeemlors'oglaírisaoraesuoaaeicsa.ioeeiueallbcoaatta.JeildnaucdvnmCatadnnirs.lmtasnanhq'lmeifómJtpvaPoreosSeriarqoIneetttiAosboídieosvmubdnlntiesdosnuiasa.lenn:sfuumeala1órioatteti.edeendt.eoérrsnlidldcadoriréciinSapnlnopenlinclonpma.peurllrloeieoe$orrtaodada-alicgtaidrthcole.omaúolaneon,mNasydddsoe.oteiátofu.iiqisaaamn.vsednrutrtpueanmqalacssotinsponi.bapudaroéddetrlrnupeeldno.b(uene.niasdqcaddalaeenoleaheleennrcdeontIn.coaenndiuccasirfauioldelnnoaserpldbl,ciínuseci:aiemsYaes.envqooeresto1nasoado,cetuíioazuendscqctgirssuauAaltdnraunaeudsttnyelaangnseneaapaou.eaunnueeeoáruobanaeil,edntoodlsnnldannneacinfntnnlves,.'nvleqriCac/e?dnniiirseaoalemc:mlbitotrhigqh.seoybnulIpiqmaLo\enoneos\ecnironnhdisotsumnlúg.egeuclili•itl.saru.elmeceisnt·oáseesacmimeclmelprtonuen!uamabdáánnomsmllmJsqm\"alopgo¡aholhsncaanygn.·b,annpm¡dalnnumaemric.olaldasisqooao•nbobordnuy.eisea1ertor¿et·trmlibuoenutorernioioaraosannssnclpatnerdtcpm.nnoraícmminledodi.óaadtmr.onaosr.stardeaien:•eetgeSglvzabmvouome'tgeaduo·tEriláanoo'mdyprnddúeoióioaiseo;ussasrsurrlutuvoeseodboeltmnlemsnsndribedrbilredpiiloatdnoolpciaolroetusen.boemcahrirvaomraooec,eooe~slnetsosdc•apsaslclrpohol1irenec.ms·lnp'juehemIndsmeoreesdieen·revnhderutirtmdíireduoupelbmlaedNdarnedmecoarimcileeotzbst·rdnicorlddlaaibloioanapehrolo·tolgneanprltltioI;rpoaaiiaqaam:aaomugpjuoo,nadcsnnt~móroo(l·larop.creuu.JhinirRscoboedontpsmboiUnpsdrtcqisoriruapihaorporYrodtseólctraauiieióuaaCIeenuti.aecíorvunbbaoeoi:érncrnerltacraoasniic.edrtubdlamíennnraottarcársiópv.aip:le,i.iaoduuiooesa~sióebrore·tm;mttnmbzuenoniodnsoldnpsajeeooasdBcnitdannoasoeulóshiororlnuodtltiooaravoecsvoaeni.ayctpelq\i.aroddschbbnnmaugdtjriaiaesniiocl)eu-yn6edródaiqeenstltsodtlcane;sonthjnrnnneurqeiaasotbnelaeoue,aed.enoaseloeesbcyncan,sa;ausbílhatslpoeerqsnnuraoylaoluscemtadymieeea\doulmtocfo,u.imsgscpmI.osn'rcnooco·edieonnríconipoposapeeiosnénnhadupunhhnddgpeiudaeuInúesbunnuosessslóesoanadnlaonenInoona·ínx-ies-unaol·--er-nelnr·s-o---d--e-s-~--l- D. Lino Paningnnncs clln le espernbn. ~e presentó en su rMa cuando me- pldit> ser lh!,·o.do :i $11 Jl;:t'$Cncin. y© Biblioteca Nacional de España
EL AUDAZ 283en lo cual no hubo inconveniente, por la general creen-cin de que el abnte era un sér completamente inofensivo. 1[-Seilora condésa-le dijo complaciéndose en acentuarel tltulo.-vcngo á consultm· con usted un grave asunto.No he querido decir nndu áln familia. porque esto es cosaque usted sola debe saber. Ante todo, le suplico que lltlvea en mis palabras nada que pueda ofenderla. Usteddebe saber que el Sr. D. Martín tiene un hermanito. elcunl se habla extraviado, y no era posible encontrarle.-Si-dijo Susana con la mayor viveza,- i.ba parecido?- Pues contaré á usted. Me han encargado una coml-~ión ~umamente delicada. Ese nmo ha parecido en Aran·juez. en cnsn de los Sres. de ::lannhnja que lo recogieron.Nuestra amiga doiia Engraeia le vió. supo por él que·ernhermano del Sr. D. Mnrtln, y deseando hacer una obrade caridad. me lo e•wla para que yo se lo entregue ni in-teresado. Bé aqul mi ap•·ieto, seno•·a,condesa; el nlfloestá en mi casa. á dondo un ll<'gndo est.a mañana. y comoyo no sil dónde est.i el Sr. D. Mnrtln. vengo á que ustedme lo indique. si lo sabe, y siempre en el coso de quo estono le cause molestia. D. Lino calló y agu111·dó In respucstn, no sin cierto te·mor de oír un e;o;:abrupto. Rl Sllmblnnte de Susana se al-teró. recobrando de improviso su animación. Sus miradasvolvieron á ser lo que hablan siuo antes, expresivas y des-lumbradoras; se levantó y dló algunos pasos. Todo anun-ciaba en ello que la luch11 habla concluido, y que ni Hntomaba una resolución decisiva. Para el abate no pasóinadvertida aquella inopinada resurrección. . ·- Voy, voy. voy-dijo parasi:-vo.v á llevarle ese nmo.Es nn deber: ya no lo eludo. Cumpliré mi palabra, y se-guiril mi destino. Yo necesito verle .V presentarle ti suhermano. hallado al 6n y recogido por mí. Rste es unaviso del ciclo, que me da resuelta la cuestión. Sí... es nnaviso del cieln. Iré: es preciso Ir. Me asombro ahora dehaber dudado un momento.Después. sentándose de nuevo. dijo en voz alta:-D. Lino. tengo que pedir 1\ usted un fnvot·.-¡ Ahl nlgún encnrg<',¡,q•Jiero usted que le traiga otrncaja de postillas de c.~M dol mahonés:·-No. 110 e~ c~o.-Disponga usted de mi por cstn tarde, porque ahora © Biblioteca Nacional de España
l!L .\UDA:f. tnnleaconn-o1epguso1o\eopnsqagueipalseenapiruráaas:rltidnnecesdahcpsáioarayluped;naseslaidlenaperasánspreptcacsairc.ntrletalalimsdcetvaceirdlnrnodsnñeaasd.,eRsQiIonnuboicuenarsolztliuenqlnedusaee. Mi- que rno -Seilorn condesa-dijo el abato muy asustndo.- Re- cucrdc usted lns circunstancias... Usted no podrá salir de nqui. , q u-e¡dQeuseonbeorpbuiaedqouetnalisru!s-tcóonátPe$alnÚinSguuasa. na con un nrran- - Pero... c¡ucrll\ decir... Si la familin rá de mí? lo sabe. ,'qué cree - · -Usted irú, irá conmigo- <lijo Susnna en un no consentln replica. tono que' -¿Es á alguna. casa conocida? -!\o es en Mad rid. -¿Te11emos que fuor·n? ~cñom ucrc usted... ir Pllro condcsn. consi- Nvoo-r·Uh. a!s\yoteosdetrríva•apU0c$1ol·csndomncaingqpono.ozupdsueteedddeas,.haaiarcnceorrmnmmce.igesotosiinnmreemnseodifoa-. Tddnpen1ee---m1dnmnEn~gcP.n.nitYnurliulyaneeacsqrdsstoadueeteqlbceeedutisipdoehrpeeu,ntauncune-lgoéod'rtsunsooíuianJcuqnsciOcocauooaicgrnseséhmruoaseoéett.itsrrlssaopiyet.snsars-te.obcMitepbplullsleaaivietcrrcéi·isualaae,nt.dpr•p~ncaolronrca.copIpn)cmqnOonucuzifmeueectsuaddiotóntmeoeano:dveidc¡ooSmchehrnucenrnqiiuscnsernne.uuerneqtdnnauceuev.ueavgsiecupiunosaduátjomoéoer{?s..-,· dLt.naahoan1-r·S·J¡ounaAe,pcáierhome]ln!lampt-daondeibatsollenaójcnot,hdetere.eeeslpCp;i;aaagourrbmuneealv·nctuioouncsoIgtt·nnoene.sddrun.i.sls•optpárlqíune1utdpfaeoau;rssmaceprlellloieroaotp.rt.oaea.ddleyiolfnoinyzdd.o-eeccenutPdoneairórmg.o.u.dosaoderno-· CAPiTULO XX\'11 Qnetn o.r laa naves. J banLoresuinniddho•sidyuopsrqoruuenhdnnbmíaonntuceucto~mntpoosnaelr·sulacejusontyaaepsrtóa-- © Biblioteca Nacional de España
nL AUDAZ 285xdpmchqbJndieonlaoumao1asnb\rednseoesgípoaptsnssonacyetie·l,eaersobann,bqfcubadnfoauuysrjrbonnteayifraroasioiebhcesdcddsuoroeaoeó.oapncnxtPanuhouMri~antimolnc?osoorsa~tíretseacduaetoczisaqanrJínnuusn\"atlv<eeoacnqed:uvrso\zIósugeonInduOnlermuipasvpYcpláarneeciauvsreornaiidrsonamibnpsaartaraaoreoldderoóslsnsirleioonxoetemise.inrmnm.emosctEnapsHeaaiqninrdsllgaudoesaoymbiseerdsemaiíuodareamlduesan.naecdJedetNmeosubos.lueoglssoaeqat,miisdoxpadous,sepaonbheimrsrynleaeeeatacooxsnbeqlchdalpmadouotlanen$anees-s--rgriermcalPennándltseiadesbroia,ncngsaobramaelvcnoeeiiorr.aylse,c.deoesntlacablaamrMaessnos.retlonnballseoesnngdtaae,dhocaobelnoerclaopdqaadueeecnpidaeo-l ,...c¿lnfc'tmmepelH'ioÍnre--n-uaucumn¿mDLqteeoejTryQeludeaproraeoseretpraouansdoedtlelhlosiegtdseodleepnrsipuplesmihgoncsinoeceaoérerimpzonudoasrerrod-lndear~ancqoqce:eruletne.uduopletcfa-ossoseiaeDnndbdte?.slcnitaietner-tgdejatr.nheboponiensnotroirJrtrlsndMrs·ceóIleonaonpoetg.üusiueasdruSIrnplnsrtnyileeInatatenoardactltlhuhslrtsooóldoiueensauosn.troqynp.lsáá.crhlluadtaoaoeoielecsittlnsmarrougunaaebppcudufssxrciurnal.aeaeióeuacrgosLrmnssraugáeeotqadnce.asntstauooinaernptseceuretnnlmedodesapvrtneb..enappiaj-a.eur¿rrarelorneanlHledrCodtrslesrpaaouaoomisoy?nltstdin·udttioTaoirrcnecealaoiorqcgnnródmnucuseníaIoarne.n~on·-,-·sameacdedcclcxcresooua-oetttddntceaLtsdliaoaonv,aesdcmsnadoqeNo.rdi,uaovenóajelq1osiacsnsn1:uetiodaióánafet1bdeitnrufac.rsco.t'ieeeótrdM4q:oánmlaIou..•n•'amnRHerInBmnreAdsuu-isspa¡<leeehtiruanlrg:so.eiotnainGrjena1oatu.a..6ao-trni2Aefdaádnritsoe:rou:qatemvyLeóu:nM1eo,,aai\jlomlldseuaelafnahryscoascctmtoiammoúOnoe.yda.nuieóldeolEdoamnirlosasrotst.ei:podPnifpsuYosierrrcndddínesmnoBeoeecocnrllsaioblsT•sncsrrpepotbouetiraoe6lfmtfpapeuilsnndrrrdeoiemmoíddolh.ame,aeannIcsq.ncdor.oyduloyeluaqe'eednsrvujjeyatezIeaoealn-o.--··edcloienpLrroliounmsssedmuroiosrn. noqdmune~b.reesyatalnbumaunomesneennattl-oga:duonlsoosjsudencmtnooútásó ~lnrtín ex tan- se consultaron la seüallle un© Biblioteca Nacional de España
EL AUDAZ cbsufm&toernrroapmnaarlnlnnooacn.tso.mee.o.psbIelioonars.sema•es.mxPaedalcdoticroicd·toaoi.aet.lUlnneodmndsseoolyde:Cnspo\"rItrlneAli>lmeivéhSvoseoaztnrreonoaa,strótauylucrt<vomólliroeoeeipttrneraor·xmroon·tineepaYntauoddpns.ileetoyóler,Mdtdqpueuinumjsromeie:ebsdlit•.ncoiYj.yneoogot!fsor1ine·r0rn-o-r-acprcbefdqubgimtaú·veeosmemmerooeguydndudnoctsmálodoueo--n-eunopa-zanu-vt.r-es-E¡sesnielrruGnoVnáevMei¡¿eEsesLEdydiofsmtxnngtndgecinoPinoiOóqeeoonésnlraoetocnrpaaodetpmeuiIcsáraih,:.ealodcuenrlnlourbt\·~oierplmeillíe'oamiconsEyiintosnoPargenqa¿drdcerioosoqtoensqeputrturunoohenundpóau.uáuasí,prlulonnsdnou·cdqnsrr.aeohisrmdriée.1nrobstpotneuueqcetu0áno.csrupaeesviiasrciebu0a1pñogcerrtaÍplsotdoibl1deui:tealínleiarnsctrr0\eoePsldpls-lericodeetruoanovannqrodcreiiorlaedIsdodunc.nioeaíncevoogu.cmgbenrlqio-uurvSctsqns\"ieuneperutulLecslóseJtnuuIíueounesimnneptoaixntrnlnnnoleáeerplemec·ócodacifliodzb,arsshPdsseemgsiiroooGuqpaotsbtaórrto?taarc:qyeodmmnodióuecrnudo~.bszúláue6e.ennaiiaosdnd.u.placócoseéshlcdcacsceamaeoelrosrpai,nsr¡o1illoaniootrthsydneEtmroaena.ru1eomnnntmp?nnotqrae1dserldnímn.posanacnsbusgvitnai:tteia.urrátzsoo-oerdqlaaeeoeé.cofeerae.aunddenlbduslriiJ.a.nE,bmnt•rosrl.aooco-ysaeocs.mceoqtalsccyson,.-haeapuoegov.psauoehlqaodsloelrycptbleeouoseednAtlloausesamoqiamnposrmaxoeaitslyes.dñhenluctee.y,snecbraotnoooínnleeroeepqdáesdrnbpedibdmmsbdrzd.o,reftpuloun.rt·ooluóeiraoutlaaoótMeesoeteaeusddfzoylíld.S.alnsnsrscieseodrrnsJnle.daetlcótsetsldopuareoirorrrco!r,psNditojqoraerncaarnle-lao.eeelesulmrehouuqdennreef?vanrusteímseaP.ueaxilllhsuuemi-ertlips.cnrencai,mpdscdura1el.eornaaqersHll1amooiinr.yleJ:naniglao0or-u-aeinl-r--!n-oi-e--ceytdseionilebel,tceutuatemEnlsqoorcsieuraitdrio1ues.bec\slmfsllllroeaepoesdprdna.eouilthveoalleooncsbdmomrlreoua.aabtclslEa,ir'doobelefesnsauen,atfepuieqcrr1mníocuu·ootanieyodelarunp1puuj1trvo6r0coooih.udnsddaomnAuuisndctústhiceienedanisnsaobothptdoíslupeana:pcbosesieornreinendieunddlolunaeaamnoptt6oruereemsereddvsrsnieaiopotdnvairuooridpueavepcánóqpinrtuuóoenrienn-e-l- © Biblioteca Nacional de España
1!1. AüDA\"b:tC•u·ició á escondidas el pomo de un puilal; pero In por ·sona, el cnmctm· del jefe emo cada ve~ mú.s 1m po n entes, mu1·íó en Hor, sofocada por cier-y In intención homicida 9.ue experimentaba su autor.to estupor supersticiosoMartln se lc,·antó, y d1jo:ho-rEaNsnoctranedeolc.oeussnieotnostuaabsñieaadsloitraqsuunheaatbipe)aanleadbeo¡srua,ecmhoaámsco.erD.heenmtroos de dos dicho,j<d¡ooo,t•eeandeoraabdnoegllanodstolmmdiasemmaeocns¡utepcelhan\dsicrcuitunodiseandát,oMaspararetsvliuoo.lnuEacdlioou,nnaaorrideoirseanqutuene,lllnriel. aunque de cm'llctcr menos llrme y sin poseer lavolunt.ld I'Cilexiva c¡ne dnba tanto nsceudiente á las de-tCI'IDÍIHtcione~ de aquel. El otro e1·a un clérigo levantisco,nrcca¡iaueuteruaosrenaxeliengdniemasSuancete¡m,·urieiltllacns,e·.omdyepamqepluolioegliotpe1rnclonafsqeyuscaeurbeaelalisigldtaaiaósbdnaie.dnseAmasmosebmbtriodeassosnrseel;xiceynonngetoees-s--clavos de lo. Sll[)criorldad se sometieron Jl cuanto él dls¡)o-nlo, identillCJíndose con su iuiciativn. Rl abogado se Ja-trmlu]Ida(bnUsalr)eI'lralu'lienlejca:t.d. oDydeeelloJcsoldséeruimgltoóa,srcausuo,ncbqoaunreesmecroovnsablmoaseelnilccienónoncmisabisnrreoedetine·conjunto. I>Orque sólo así pueden llgurnr en esta na-rrnción·. cuatro Ol'lmlos que se mostraban müs recel~sos y pen- mismo á quien vimos acari cian-snti\'OS, y uno du ellos. eldo el mango de un oculto pni1al, fué quien poco antes sehabía neglldO resueltamente á firmar el acta. Rste hombre snHó dol cuarto y do In casa. y apenasCl~iJraUobOioasteraonpadhsaoedamobb&vreepi.noetrenavpquauseeolltsloopseonrl ultgal lacl nraelnlson.ccollemmsoaclaieópspaalenereaugncrduaoe, ulya-solida de alguno. . - ¡All, Sr. U. Junn!-dijo el que venia á lnjunt.a.- A sumtl:eose--suthet¡iQiaeábunahiodleyrelc,omshé.tyoistie'uf¿iitoCrrmcóIonmuruofoauVmsnIliv!neoinscáatndjpueeennrBtdnqoeiur'rbe. 6Flnai.gJyúUrcneotsanevsueoscctaoermdu.pqnruaoes-Córtcs, proclamando In soberanía de la Nación. Sospecboqdbmeur-ecee¡rhdDelmeseeeDojna,d.·rsJiilmuauobaic,lcnondn.r.ot.lt:oo.jn..nYuYdrolnaeeosá!oas-yecycceoudhrnaem:tnIc·•ntsNotootsaópdd:iooenacláioóqimspnuedpeprorodroereRcstrplao.aotqmonuudedeníoae.mnaqilulenlenoptmrmroi.e--- © Biblioteca Nacional de España
288 RL AUDAZctdndes. Lo qae importa es ,que haya tal movimiento.Mientras más espantos~< sen In sncudida, mejor.• Yo opi·no lo mismo, seiior brigadier Deza: y In verdad es '\UO.bluriel tiene verdadero genio revolucionario. Yn usted vocómo ha organizado en cuatro días una fuer1-n formida-ble. Es un mozo de cuenta, y creo que no nos dejará ene l ntollndero. -Pues yo ,·co In cosa mol-contestó el brigadicr.-Rc-conozco sus cunlidnucs. pero Jo tMgo miedo. Lo ciertoos que muchos do los quo constituyen In junta han acep-tado su programa. que OR atroz. Si nuestros enemigo$ seaprovechan á tiempo del terrible erecto que ,.a tí causar<>n la corte el programa de la junta. estamos perdidos. -Déjeles usted obrar, que hagan lo que quieran. Loque importa es que cntA\"n Godoy, y eso yn lo podemosconsiderar como seguro. Ya ve usted cómo estaba el pue-blo esta tarde en los bna·rios de Albndnnaque y Snn tucascon In carencia flngidn del pan. -Todo está muy blon propnrado. y yo soy el pa·imoroque hace honor ú lo e¡uo ~hmol. ha dispuesto: pero presu-mo que nos vn á perder . A fé que he tenido Intencionesdo quitarle de emncdio. Soptt usted que obligó ú todos ñ.flrmnr una copia del neta par•l cnYinrla á Godoy. Ui~e qncesto se llama quemar las nnvcs para conseguir c¡uc nobnya desertores en In junta. -¡Sublime idea ha tenido!- exclamó D. Juan.- Ocjousted: mientras mayor sen el entusiasmo... Los dos personajes contlnuqa·on su diálogo. cada vc1.mlis animado, v ~e perdieron por las callcjnclaR que ro-dean á la cnted\"rn l. Il En t.anto Martín y Jos demlls continuaban reu nidos. -Desde este momento-dijo el primero.-qucda cons-tituldn aquí la r.omisión pcrmnncntede !ajunta. c¡_uo pre-side Vélez, por dclegno.;ióu min. Esta comisión está en re-lación conmigo todo. In nocbe, y resol\\"erú con su criteriocuanto ocurra, en cnso do que no haya una orden min encontrario. -La comisión permanente-dijo el padre \'éloz.-son-túndose en el asiento do ¡wofm·cncia. sostcndr•í tus acuer-d O$, y gnrnntiY.a su ejecución con la vidu de todos loi e¡uenc¡ul quedamos. .b1nrtín salió y des¡>nchó al momento un correo de tocltt © Biblioteca Nacional de España
BL AUDAZ 289.su confianza que llevnrn. 6. Madrid el acta firmada por t.o-·dos los individuos de h~junta. Estos, por lo taQtO, no te-auperl.ra.cin:easr gedsaecdasopepartatosorodiaoe.sraLmqauuyceavauelsghnuenmdoeednhteenasbqenurledlplaordisnocpieMprisao1o,·ntllaneje!Is)nS,stáe-·etcspaieonqinrpguaaAJaienrbdrllsaoalaaanMdsnsn,a,cbtmddiaiiegopoterocuotnecdpoatiereeodoy1nuye·búsesanpocpsdodoluom1ionn·tsavfegteirodaraidluionoodopzroboa.rtsuaosylcri,donrishaeieoosnanús.tballoEtotlsoisassmddtichooenoaossfsJlumolhede.nobljiJdlaamruoiessdds.bs.yoerreteM!rrnsenaccateeslorlrtrednt1anoad·namsoudeldnooeseass--.jdbmimcstTunaeierooziomnucelngpvitenvsennradiitiemnrlboógoipsoanoiyóaaqesnrrqn;oucmauutcselbpotc·oeaaiea.gllurei.ipilLmodssnlTu,aoadpsmrosdqóeidudf.oclunleeooivseorEao!eeatbal.oiinrll;nggaEdetrqnepueoslfuoesnasóyrtremeo'oIoleb'nseoObsrlacsdetarnouaeascnmbrlbntlltlaeaahaaeparbb:alosduiealcsd!eiesnóeiseb.a.alrpaoMelqauo.uenunlnaretadeqsasetlehmturaleoeoaaelmrulmdaaárlbohnuúacbsiseanureuéfrobniédcn.nc.lilueóatoaáatrn·erllcebqsdouarcveauaaeiodnqibrrledeiztuulesinnnaee---lmctmedptbiaosevorua,trerod.anLdYayi.bediroaanaEsfaeeaenpvlesbcntrpnacáaititleamtldr.lermmeavoerepgiobrcbdovla,osaoirearcéusyqqnnMáufcucsupeoJeonaeeronnndeirsgdfnsrzllsaieupacndboubiaicrrlptídlrpdaoinoanegoadsnsllaid.romcedhocrinRnóeeiasooeons,ncrlrtatraetopceedDusrnongenJclddh!ioozqoldalassnaau.noz.Icearaynfpqmilnnqu·Jaeuuaouo'rdnesstitdattisiqeerecuddiadunlriae;rpaoicíceeaaelradoosteclmqletsrsigousoó,nleouennaauprlplepuajdadoluhreonianenor.qqpclaemtauluoaccnuee----.._ cesóol lnaolnrda\ezasócdnaencszuaoabzlaiodbsairduae, nsaingnguoCamrcdoamgnéudnnoeersno.odTtieocdicaoussidvdaeedlaolbanaJniu,sdolelsrepínaea:·AedcafrheleabacBMnotserocanploronttcnizlionsl.Gairddnroeceeidnfgrsotaciaeybdulr.lioaaerrLl.sd;otdeasdemJeeoIsb.lnpeijcmuucnéineusstndaestaoesfdsuucósDopuána.rrtrslaaalubdbeeacalfaocqpsnouat·nseiománerCeloerapceriootrm•nasilapclmoruurlnudssnfyoo,l.Dmdsee.oslHmFaarbaeCurbn.thitiotoadaspcbpbisannpnerulealrúniínadsu.,isrnAyiidagqosicuórnseleoselnlnacláealnólrnaobgsccraheoddegmoo,acpsddyaineáMet~icsIénc1anoeJdrAnutolddaisieCecdoroaeínmalsd.~j1eo.svllpóaeonncrqqcalouulenee lV© Biblioteca Nacional de España
200 BL AUDAZlcdseeScdsniCesísiozaoe,dlttr-lrabúc?l~atpQcdleeesedlrlCoss.ueeeli-iodosqrsrydeHo,racriuarcrio..yreidet.éhu;.dae.orvJdedt.onin:.eseooacctnlsosamooh\toin!unoedo.cqeogtmorocruAvuthóenslaeeqrnasótrneoua.rlbmniaoíaqdmiAlueaohipotnm!nnílelondlsl,trper(Intsln¡fnsni<vln.i'noo~tn'fbegconbo.ráriir,!rrdantH!áaeer'eo<<ony.sa>t'étoenq¿oyo-Jd.Qeluúddenc:mieuaro'Ildtnó~6Cseuopnndspicbrtrncitnoeihmñremislsee7casJaaóoores:mhd~toéeqddalopu~sseuceu.ecttlyiyrelieMúeoEtnoone,uocnd·adcdosncabitucohasvnnoraopmsiañbagdn!aztqiaurbddreáTulaoononanaonú.s·-..:·-pqqcmmVesrbunalruullnin-u.-ebeieobn:¿yecd¡.esra:YtnzQníe.nndlúotO.nnotuu~epcIdern;~E.l'eoéIileot'-ald1erolies1Srmi.ss:0d.óctiaiu..nebJilcrlsoypmcta-amri•doels1pümiedl1lsrzrsaúnjttica1p:coegtcrrmpoauúleeeedMorrúpsnsrñtesuda'nsmIee'il?etuqnngorsffr-uulsotsuco.cprnoe..saaono.on'.lloarndPr(lnQnrGa;petqeeurc•hsugerus·pls.oinceonlecetctnrcnóimehpvícróitaoo¡onMs\Ipnint'mtn.pn·srcdooyeqcabnmDoc1ruurbntusicedeemel!crdoca,enntnbnsyecrl.Ifndnotna-ayneebe.Ysntmnnaebacsn~Jtmríoonio?tadi.oros~alehbi·CoMunnsroa6oatmoeyariar.nnilss!.occfoe.bshipl.ás.e'QuOaofppsYjcunlloot1c'naioáé.:r.--\pnao-----smJC¡nNYIP.poIruSiirRuudoccgdoohbatsteoióocnnyennmcrdmdciecoaaes.ail.yleiml.ivoolpTas!hoúda.reil.tmontc.oirhmEbrnpoíimsuoé~tuennedlndoslne.onvqoseteudáensoeaedtapnllnosriooseg•cn:uchhososioapntnnótedtedrcsenoaerit,p1top1aJme.osdc,dsonedennn.etcóllioouas..q.c.nocpcglgselfotaéluoaoolcl--nnoebrrtoDilntdntrlOaepsseetatt$aasleybehej.strseoás,a,qt;ártmeaálnsueosrbnaleteástlarnaeonheumfdtsr~ahotiüqbytremoláue-iDlmédmsedeinsdibloenaloiraesdnojneosmiqd.yss.pquogob.MaueubieArccelnso.ei,oqtroleastlnulsiopcsdouoítlta¡.srq'sáá¡da,Inuts.fnrei.menQectagíimo;n.tuoelpicisay(nNpcnp•lnocantaorede.taznsrsenaiEdnletnaoodiebasr.sdotesetooacn.lle-qloo!dnCénu.coo.qr~osíio.ugt:stpcoeelov~qadd,sorbu;ag.eoineesnespsqdthtnrturnnneaetiuo\"e--rs- -¡Ah! tllmbién á mi me insultas... Bien: haz lo quequieras: no te aconsejo míos. ?tte eolio.-~•·· U. lllnrtln-dijo Alifouso ni vm· que hnbin tet•mi- © Biblioteca Nacional de España
BL AUDAZ 291nado la disputa. Esta to.rde ha llegado á la posado. unasonora y ha preguntado por usted.-¿Una senorn1fViene sola'{ -Con un cabal ero naco y pequenln q~tecasa, cuando el Sr. D. Leonardo. pues... ib a mucho á --liD~sóInnddeoesCtáo?reazl uinelsota-dnltjeoqufriaeyro verla. ni oido deMartin.-Ln he visto al entrar. JerónimossziyrbEapnioennaeóndnandrtnaeFilfdeacqcusordum,eaumeordéSrecpocleeutgerómeoMensqssq,uneclutuníeunHianeotrpretlbiatlnloillIaantesenea,nsnenSldiipyultnnunaaoruumts.bmmafeiuarCeróroeceenatsrcouindeaá,nai.btlin.ócdbeasidcDeonáeetrroa,prirulaólmtlooóqeaabgsruueadridonienprmeeeejltrdSorlepbeDieassusaagualdelshs!euilenaeedurnml•cncooseMouiatz.aavaga,lanSbeaorcrdolstootloopeoístpnsninucpedtó,dlmaeoaaoeyorenreogutndelnadvcrcdec.tlaeiiioaeedoóEsnsnrarppellqrtceduouduyjueaoéjeadesoetmsvriufr,nutjdeuoeaaryonne---,-.conocía, lo dijo: -¡ah! Bien ha cumplido usted su palabra. Ya lo espe-raba yo. -SI: muchopero al fin... he dudado-contestó Susana con emoción, •-¿Y dudo. usted todavía? Susana se pasó la mano por In frente,funda melnncolia: y dijo con pro--No lose.eaqs-tuaTeilenlracrliirbnJolaecchieóosn, lecasrpeoorpuoeqnbueaer;stepoedároosucpudonersnltotionqouu. est-mede dijo usted oponga áthrorei.·b-plDYeesnoe.ss.cap. druPeoéeosrtqoaqnuautehoemoneroseatnoubsooedspelunvaeevsdm.eojqoeurcseeidmfmeore.eirb¡.d.Ca.unueEálpsentaotesoyladphsoeienncvsfouaasermairsazideatnoes;-,-Dios mio, en unas cuantns semanas: yo misma no meco-nozco! La ¡¡o¡·sonn que hn nteqnuiid, opbaarnstahnatceefrnme1e·zma deneoastprarec7-ción pnru tacerme venirecosi1at·garutvJoiioddsoaa.lyoSíeqJnueeslausecortqirsuateosdebaaonjaplldol,ondedenesloáciirmcIlnio voz de cunntos en· nmor, debe estar me hubiern dichopor su propia boca quo yo iba á hnccl' esto que hago, mehabrln rolilo de él.lvae-rmElaitsáaduvsedtoreddlaaecnvli-cedts~itjreoins.MitiYaoroUmnteecnopgnaoraellcageuVlnlIauceteomhrieaocmailóocnar.an-lz,Aa'dnool © Biblioteca Nacional de España
U~ AUDA.Zme falta más que la de la fuerza. Usted bajando llastn miparece que viene á sancionar mis ideas. Es In Providen-cia, S!)ñorn, quien le ha enseñndo á usted este camino. Sime parece que aquella ciase que tanto odié conoce susagravios y baja á pedirme pe1·dóu, no á mi. que nadaval.~o. sino á los mios, á los de mi clase, al santo pueblo,ans10so de ser amado después de tantos siglos de IJUmi-llación. Ya comprendo que el odlo no resueh\"e ningunacuestión, ni cura ninguna l;erida. ni dulcifica ningunn.pena. Los hombres no-han de ser iguales desti\"Uyéudose,no: no ha de llabeJ\"lmnca igualdad en el mundo sino porel amor. ..Susana se habla sentado y parecla abrumada de nuc:-vo pór sus meditaciones; pero al oir las últimas pnlab:·¡¡sde Martín, se serenó su ¡·osb·o, bríllando en él aquellasonrisa apacible y melancólica que produce toda idea defelicidad al pasar con rapidez por la mente cargada demalos recuerdos y de crueles <ludas.-¡Cómo me he trasformnclol-dijo-me acuerdo de mímisma en los tiempos anteriores á nuestro trato. comose recuerda á una persona á quien hemos conocido. lileasombro de que yo no hubiera sido siempre así.-Aquel orgullo...-Subsiste.para todos, memos para uno solo, el únicodestinado á vencerlo. Usted se asombrará cuando le cuen-te el sin número de pensamientos, de recuerdos, de te-rrores, de apren~iones que ha t-enido que vencer paratraerme aqui. Pero no puedo explicar ahora todo .. ¡ten-go tanto que contar!... Estaria un dia entero refiriendo loque me ha pasado y lo que lle sentido. --Oiré esa historia que puedo considerar como pn1·tede lamia. Es tarde, tengo que sa.lir. Volveré.-Antes de que usted se vaya tengo que mostrar.le unregalo que le he traido. •-¡Un regalo!-De gran precio. una joya perdida hace tiempo y quealguien ba tenido la suerte de encontrar.Susana se acercó· á uno de los dos lechos que en elcua1·to había y descubrió\"á PabliUo que dormia como unangel.-¡Pablo! mi hermano-rujo Martln con delirio, abra-zando y beaaudo al desgraciado niño.-No le despierte usted-añadió Susana.-Por ol cami-no. me ha contado sus aventuras. Está prendado de mí yno ha querido dormirse sin la promesa de que no me se-pararla de su lado. Vea usted; le ha cogido el sueño abra- © Biblioteca Nacional de España
EL AUDAZzndoE..n..coenremctio,mPaunbtloillyo no lo soltará hasta que despier te. tenia fuertemente apretado entresus brnzos el manto de Susana. como podrln tener ungnhiu ti su bella desposada en los primeros sueilos delmatrimonio. Muriel contemplaba con veraadera emo-ción l1 Ru hermano, cuando sonaron fuertes golpes en l apuerta. .·-lllnriel, Muriel, ya es ho1·a- dijo In voz de Brunetdcsao fuera.-No me puedo detener un momento, adios.- Adlos. No pregunto á dónde va usted. ¿Puedo estartmn~uiht? -No. porque si mnnnna no soy lo que debo ser. y loque me f1e prometido ser, puede decirse que he moerto.¡,Tiene usted miedo? -No-contestó Susana con enórgica decisión y arro-jándose en los brazos del joven. - Esperemos. Si no venzo esta noche, es señal de queno lln.y Dios.- ¡<\"¡uilm sabe! Atlios. llln•·Un salió del cuarto y In dama no so separó de in¡mtirtn hasta que le vió desaparecer. CAPITULO XXVill Ln t>•n\olón. I Los dos jóvenes se dirigieron á buen poso á In cnlledel Hombre de Palo, donrle cstnbn In junta; pero cuandoyn so occrcnban á In casn vieron ~alir de ella dos hombresque corrían con p;·ecipitnción, y ni punto rewnocíerou al,los individuos de In con•isión pcrmnneut~. -1\lnrtín. Mnrtíu-grítnron ni rcrlc.-¡Traiclón! ¡Trai·ción! Nos hnn ,·endido. -;.Quó hay? ¿Quó es esto? -Eso in fome Dezn... yn lo sospecllnbn... VeJez ha. sidou ~cslnn.do. Arll.llzmln y Bor.mcdinno quedan mal heridos... -¡_Pero cómo hn sido...? - Ln cos:~ mris inicun. De Improviso entró Deza en elRulón ncompnña<lo de diez 6 doce soldndos y nos intimór1uo nos ríucliérnmos en nomb1·c del Príncipe Fernnndo © Biblioteca Nacional de España
BL AUDAZcuya causo. decía representar él solo. Veloz, iuc•·epándolopcfuooémr oastuHroed.vrenesssl;nehdaoeltmacdoo,snqmuuainstaodeeosctotbrqaeu•s·;ese.peNsrooobserelheiénmlfayoms nedlleIlfanessntadaliinddtooecon los derntis. Creernos que va :i la Judería. Corramos...no hay que perder un Instante. -C aplrmocau,recmaolms lal-edgiajronlMl:í.ast·otí•n·o.n-Vosn.vmcoosnpero á In .Tuderla: Bajaron en efecto. y antes do juicio.plandor do nlgunns antorchns y llegar obsen·arou el res- distinguieron rumor dovfquougceaeicsb.easPnotryruenYlseeucuaíanmntcindsoeomoyonesrcotornoantdrdaoobchaa·nl:arm<m~uAasl.teyigtuuá•da·aldgneuqnpuoeerdeeoesnJunonssbandido que quiere asesinar á todo el clero de In santaIglesia y robar todas lns nlhnjaa. Il Antes dpdaeesEsóesecgonuiqieruloal:\dr'.aedlnaoonstbceaírbcciouanlovpsioeddnieedlohaaccciouemdr a•mednetcnoeclreiódánasnduaes.algo queD. JuanDgcreoiesrls,oedgqreaeuslge!tuemqlnauarceeñorsaínansypadindrparoacariralóoqmnquoueq\jlu'aiemldeísinaoonmsotioumchsphauoobprslatraisnnbecñamiopgoraerslsathrncanadpcpouoi:tsnsuaollg•ae·o-l·lfberaisobsniaoetnlilceeivnlasedndoteuásloicasnsabmcoeorMtqauadreotídsne.tsradLboaaemjlonps,rydionercoipprgaioarlnloeizseasccpaieuórsnaabqroaunnesbcateerotiinzal~eaaasbldnaaivsceeicranno;Divnnpiedseezoinraaroc.diqdamauelgaaecu,tdotnyiedvosofisesodmracmldopomaseerñsponatnrsabeuanpinne•dt·slooiueppsbróaoodpsnireetdolliaacndqoaotuorcreerievómlslníaple.aonirnntlaadd.iqoeulEneol,·ltoenqLourleeagpqaouddearllilanatlnelaonmcdheaenr,sceyiaIandDlasr.ciJosutloanc,urnaEaccsiacidodaieqpnInirzeccnoieonnspmpuiedmnoctceióoeunn;·gychyireeoaemsnnvoaeNlrsoiauadssenuvemdonnostoo,cmlqáaueuevnhenmtatohb·aJs.iaotsebzanlcudaiomqómcunboeiadnnboi\"scaoeoluccsaan,edtlmooesrbelnmpñriaaomebrrnaaotcsa1atycrapaoejantulgathnurrítuasdat-eirddneaeeo~qsoqRuldueueee-llos muchos que bo1·miguoaban on nqucllacludad plagadade conventos.-Estamos perdidos-decía uno. © Biblioteca Nacional de España
RL AUDAZ-Nos van a asesinar como si fu6ramos perros herejes-clnmalm otro. ·-¡Con qu6 gente nos hornos metido!- -Rs ¡1rcciso defenderse. En ofo•:to. algunos·de aquellos señores. los unos clls-fraznc.los de seglares. los ot1·os con sus hábitos. so des-parramaron por In ciudad con (mimo de prevenir á loshombros del pueblo que les e•·nu aclictos. y que pertene-cían fL la fo•·midnblc infantc•·!n do los doscientos. -¡Qu6 timidez, santo Dlos!-dec!n Escoiquiz al volverdo su cxcm·sió11 al local de lnjunta.-Déjcnlcs que baganlo quo quieran. Caiga el GMrdia, y después allá veremos. ~Sí; pero que no ca.igamos nosotros con él-indicócon ira el padre definidor del Santo Oficio.-Vea ustedJo qucmodJcc hoy mismo el ilustre Corhón. Dice que esehombro nos \'ll á perder sin remedio; que es un frnnc·ma-són, un hereje, un blasfemo y feroz. -Tiemblo, en verdad. por Í11 vida do tnnto pobre f1•aileinocente- exclamó con compungida voz el padre provin-cial rlo f•·nnciscn•Jos, que era un viejccillo hipóc•·ltn y zo.·lnmero. -Rsta disensión de ültimn hora-gritó D. Juan concnergln,-nos ha de perder. ¡Y todo que estaba prepara-do li pedir de boca! Señores, por todos los santos, dejadltncer; no lmpidais el movimiento do esta noche. Yn han(>nrtido los cr,rrcos á lns r,rovinclos. Si esta noche no ha-cemos nada. renunciemos á echar po1· tierra al de la Paz.l.os momentos son decisi\·os. -Lo hnromos. sí; pero quitando notes de enmedio áese cndlnlllndo Muricl. -Eso do niuguun manera. Ello ha organizado todo; ól .' sólo puedo httcerlo. Reconoxcnmos que somos todos unoscobardes, iucnpncesde exponer lo. vldo..-Ahoro. ~e trata do snlvarln.-Es preciso que muera eso bsndido.-Mnnuun, mnilann. -No. esta noche, ahora mismo. La disensión iba en aumento. y aunque los más se In·clinnbnn nün del Indo de .Mnrtln y de Escoiquiz, el ardorde In parte levantisca. que se crcln comprometida y engran polig•·o á causa de las nucyas tendencias del movl-mieuto. podio. inutilizar en un instante los trabajos de-tantos anos y pCl'(ler aquella nllmi rablo ocasión que •·nro.~oz so volvería á presentar. © Biblioteca Nacional de España
296 llL AUDAZ.. lUutrnarMgornuurpeieonl,uáDnqoruudineeenltaaysreclnaolgslaeobstadroeesllabínrJidogidateiddriluearo.sYDtdcrzoeapI.cna¡j¡luaprnoatnraececoennr-tycriíoegénmisetpperooo, cueeoncáélitMxpaisltaaoridt.níansL,t.oavcsnoeltnm•eoi.oamedsb•oi·roelyuesóohdcueqvllu.olipecuál'>Ienlfbltllwfoeoosqrrttueauecdneoalre.lecosp.ípoaEenrlrbast•ene·ncddlvooic-..una confianza sin limites en el éxito de aquella atrcYldnempresa.El brigadier se alejó al \"cric; pero corriendo Mnrtiu yalgunos más en. su seguimiento, pudieron atraparlevo!Yer una csquma. al -¡Trnidor!-dljo Muricl n.siéndolo fucrlcmcutc por unbrazo, micntrns Drunct le dcsarmabu,-lus Instantes es-t<in contados. -,:Qué hnccmoshombres. con él?-pregunt~ uno de aquellos -En uso do la outorldnd quo·me ba concedido la jun-ta, le condeno á muerte.-¡l'ú! ... 4Qulón eres tú, bandido infame. para conde·narmc?-gr1tó Deza echando espumarajos de rabia. -Yo soy el que castiga-replicó Martín con di¡;uidad.-Brunet. ejecuta esta sentllncin. Al decir esto se alejó. Ac·abuzazo anunció el fin del los ¡>Oco<' pD$OS un fuerte ar-•¡uedado dclt·tis se rcu nic•·o brigadier. y los q ue habían n ,¡ 'Martin.-Bu momentos sup•·omos. In muerte pm·ccc poca pcm~l'arn la traición-dijo Muricl soml.lrinmcuto internándosemás en In Judería.En seguida encontraron nuc~os grupos que se unínntodos con muestra de adhesión muy vi\•a. -Estamos vendidos-dccia una pa1·tc de la gente,-han ido con los fmiles. _ scu u gE•n·upefoemcton.ynciolmiegpaa•c·tofl·sonnltiocráouInviogclecssiq:ut doedleTc•í·aánn:si•t\n\l.ndco·m ese bandido.• -¡Oh, quó inficrno!-oxclamó Martín.-Yamosplear nuestra fnena en someter á esos \'iles. á em--Estn diYisi6n nos mata-elijo Brunet. -¡ Estumos pcrdidos!-ni\ndló Mmicl;-poro adelante.Todo cll]ue no quil)ra comb1tti r coumigo por lnlibertnd.que ~e •:oyn co:: C$a c:uwliu. © Biblioteca Nacional de España
Search
Read the Text Version
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
- 6
- 7
- 8
- 9
- 10
- 11
- 12
- 13
- 14
- 15
- 16
- 17
- 18
- 19
- 20
- 21
- 22
- 23
- 24
- 25
- 26
- 27
- 28
- 29
- 30
- 31
- 32
- 33
- 34
- 35
- 36
- 37
- 38
- 39
- 40
- 41
- 42
- 43
- 44
- 45
- 46
- 47
- 48
- 49
- 50
- 51
- 52
- 53
- 54
- 55
- 56
- 57
- 58
- 59
- 60
- 61
- 62
- 63
- 64
- 65
- 66
- 67
- 68
- 69
- 70
- 71
- 72
- 73
- 74
- 75
- 76
- 77
- 78
- 79
- 80
- 81
- 82
- 83
- 84
- 85
- 86
- 87
- 88
- 89
- 90
- 91
- 92
- 93
- 94
- 95
- 96
- 97
- 98
- 99
- 100
- 101
- 102
- 103
- 104
- 105
- 106
- 107
- 108
- 109
- 110
- 111
- 112
- 113
- 114
- 115
- 116
- 117
- 118
- 119
- 120
- 121
- 122
- 123
- 124
- 125
- 126
- 127
- 128
- 129
- 130
- 131
- 132
- 133
- 134
- 135
- 136
- 137
- 138
- 139
- 140
- 141
- 142
- 143
- 144
- 145
- 146
- 147
- 148
- 149
- 150
- 151
- 152
- 153
- 154
- 155
- 156
- 157
- 158
- 159
- 160
- 161
- 162
- 163
- 164
- 165
- 166
- 167
- 168
- 169
- 170
- 171
- 172
- 173
- 174
- 175
- 176
- 177
- 178
- 179
- 180
- 181
- 182
- 183
- 184
- 185
- 186
- 187
- 188
- 189
- 190
- 191
- 192
- 193
- 194
- 195
- 196
- 197
- 198
- 199
- 200
- 201
- 202
- 203
- 204
- 205
- 206
- 207
- 208
- 209
- 210
- 211
- 212
- 213
- 214
- 215
- 216
- 217
- 218
- 219
- 220
- 221
- 222
- 223
- 224
- 225
- 226
- 227
- 228
- 229
- 230
- 231
- 232
- 233
- 234
- 235
- 236
- 237
- 238
- 239
- 240
- 241
- 242
- 243
- 244
- 245
- 246
- 247
- 248
- 249
- 250
- 251
- 252
- 253
- 254
- 255
- 256
- 257
- 258
- 259
- 260
- 261
- 262
- 263
- 264
- 265
- 266
- 267
- 268
- 269
- 270
- 271
- 272
- 273
- 274
- 275
- 276
- 277
- 278
- 279
- 280
- 281
- 282
- 283
- 284
- 285
- 286
- 287
- 288
- 289
- 290
- 291
- 292
- 293
- 294
- 295
- 296
- 297
- 298
- 299
- 300
- 301
- 302
- 303
- 304
- 305
- 306
- 307
- 308
- 309
- 310
- 311
- 312
- 313
- 314
- 315
- 316
- 317
- 318
- 319
- 320
- 321
- 322
- 323
- 324
- 325
- 326
- 327
- 328
- 329
- 330
- 331
- 332
- 333
- 334
- 335