Jory Harcourt no tiene que ir en busca de problemas. Donde quiera que vaya, parecen encontrarlo, sobre todo cuando su compañero, Sam Kage, está trabajando encubierto en un grupo de trabajo federal. Después de que la recesión le obliga a cerrar su negocio, Jory va a 2 trabajar como casamentero y planificador de eventos. A partir de ahí, es sólo cuestión de tiempo antes de que su bocaza, y su actitud honesta, lo conviertan en la cuerda en el tira y afloja entre un bebé de fondo fiduciario y un delincuente traficante de drogas. Entonces, como si esa situación no fuera lo suficientemente delicada, el amante 10/2017 encubierto de Jory aparece trabajando para el traficante. Entre los hombres que lo quieren y los hombres que sólo lo quieren muerto, Chicago se está volviendo un poco atestada para Jory, por lo que siguiendo el consejo de su hermano, su novio y el grupo de trabajo del FBI, se dirige a Hawai... donde un grave accidente amenaza su calidad de vida. ¿Pueden Sam y Jory mantener la fe y demostrar que su relación es realmente a prueba de balas?
3 10/2017 05 A Prueba de Balas MARY CALMES
Orden de Lectura 4 01 - 01 Cuestión de Tiempo VOL 01: LIBRO 1 10/2017 02 - 01 Cuestión de Tiempo VOL 01: LIBRO 2 03 - 02 Cuestión de Tiempo VOL 02: LIBRO 1 04 - 02 Cuestión de Tiempo VOL 02: LIBRO 2 05 A Prueba de Balas 05.5 Just Jory 06 But For You 06.5 Ears, Eggs and Bunnies 07 Parting Shot 08 Piece of Cake 08.5 Hannah's Big Night 08.6 Another Day With Jory
Dedicatoria 5 Gracias a mi marido por mantener a los niños ocupados para que pudiera terminar, a Tiana y Roy por revisar el Pidgin, y a mis fans que preguntaron cuándo habría más Jory. 10/2017
Capítulo 1 En mi vida he sido secuestrado dos veces, tiroteado, golpeado, perseguido por un coche, y sacado de la calle. Es una especie de 6 anestesia para experiencias surrealistas. Debido a todo eso, mi hermano Dane está seguro de que mi medida que detecta la rareza está fuera de control. Es posible. Cosas que otras personas, gente normal, piensan que son locas u horripilantes no me afectan en realidad, así que de vez en cuando tengo dificultades para diferenciar la locura común y corriente de la psicosis severa. También tengo que 10/2017 comprobar de vez en cuando para asegurarme de que algo que he dicho estaba bien, si lo está, en realidad. Tiendo a ser demasiado tolerante con situaciones y circunstancias. Si un buen amigo mío me pidiera que le guardara una pistola, probablemente lo haría simplemente porque es mi amigo; ¿por qué lo cuestionaría? Esta capacidad de confianza vuelve a mi pareja, a mi marido, nos casamos en Canadá y usamos anillos, Sam Kage, absolutamente loco. Pero últimamente, porque él estaba fuera, no tenía que preocuparme ni por dar explicaciones ni por mis acciones. Yo quería, sin embargo; quería ser interrogado porque así sabría que era amado. Sam se preocupaba lo suficiente como para interrogarme, y echaba de menos eso. El hombre en cuestión se había ido para tres meses, pasando rápidamente a cuatro, para participar en un grupo de trabajo federal. Ansiaba su presencia, su toque, su olor en las sábanas, su taza vacía
de café en el fregadero y las toallas que dejaba en el suelo en el baño. Echaba de menos estar en la cama con él, y mi cuerpo dolía y palpitaba con su ausencia. Había estado entrenando en el gimnasio para agotar mi energía sexual, y había estado corriendo como un hombre entrenando para la maratón. Incluso vencí a mi hermano en el racquetball, para lo cual las estrellas tenían que estar alineadas, para que yo fuera capaz de hacerlo. Cuando Dane me miró con asombro por toda la cara, le dije que necesitaba que Sam volviera a 7 casa para poder acostarme con él. Como siempre, cuando yo compartía demasiado, conseguí la mirada de disgusto que él podía dar mejor que nadie. Necesitaba mantenerme ocupado, así que trabajar el fin de semana me había parecido una buena idea. Por eso me había ofrecido voluntario para un sábado con Michelle Cooper, en vez de estar en 10/2017 comatoso por todas partes de mi loft durante dos días. Normalmente, cuando Sam estaba en casa, los sábados eran para dormir, horas de sexo, y un desayuno tardío/almuerzo temprano. Sam por la mañana con su voz llena de grava, ojos suaves, cabellos despeinados y barba incipiente podría detener mi corazón. Su sonrisa cuando abría por primera vez los ojos de color azul ahumado, la forma en que se entrecerraban, la curva de su boca... No pude evitarlo. De repente tuve que moverme de donde estaba de pie en el tren porque mis vaqueros estaban apretados en el frente. Necesitaba dejar de pensar en mi hombre. Jugueteando con la banda de platino en el dedo anular de mi mano izquierda, me apeé en la plataforma de Oak Park y bajé las escaleras hacia la calle. Me encantaba esto, hasta solía vivir aquí, y estaba loco por las pequeñas tiendas, los grandes restaurantes y la joyería que vendía el ámbar del Báltico que mi mejor amiga, Dylan Greer,
coleccionaba. Había dejado de llover a cántaros, pero estaba oscuro y cubierto, la calle fangosa y húmeda con charcos, el aire todavía olía como la lluvia. Pasando un restaurante, el aroma del sirope me golpeó, y tuve un repentino deseo de tostadas francesas. Hice una nota mental para parar para el brunch en un restaurante que me gustaba después de mi paseo/reunión /consulta. Hacía tres años, Aubrey Jenner, después Aubrey Flanagan, Dylan Greer y yo teníamos nuestro propio negocio. Pero Harvest Design 8 quebró en la economía marchita, y nos vimos obligados a vender y encontrar nuevos puestos de trabajo. No pude encontrar un trabajo en mi campo y me negué a volver a trabajar para mi hermano, así que terminé en Synergy. Lo que yo había pensado que sería un buen trabajo en ese momento, cuando necesitaba algo, cualquier cosa, y estaba 10/2017 desesperado, ahora me daba cuenta de que estaba pudriendo lentamente mi alma. —¿Demasiado dramático? —Me había preguntado Dylan por teléfono. Todavía no estaba disfrutando de su trabajo como diseñadora gráfica de bajo nivel en Tateman Limited tampoco, pero al menos estaba usando su conjunto de habilidades. —Oh, Jory, estás usando los dones que Dios te dio, —me espetó. — Hablas con la gente mejor que nadie que conozca. Gruñí. —¡Entonces deja de quejarte y busca un nuevo trabajo! Y necesitaba hacerlo, pero podía admitir que era perezoso porque el trabajo no requería esfuerzo y me pagaban bastante bien. —Llámame luego. Quiero ir a esa tienda que vende esas especias raras, pero ese tipo…
—Peter. —Sí, Peter. Me odia, así que debes hablar con él. —Le gustas, no seas estúpida. —Le gustas tú, Jory, —me aseguró. —Quiere poner sus manos sobre ti. Puedo verlo en esa forma depredadora en que te mira. —Da igual, —le dije, con condescendencia. —Lo hace, sólo que no lo ves. Nunca lo verás hasta que sea demasiado tarde. 9 Sea lo que sea que eso significara. —Bien, te llamaré más tarde. —Bueno, ve a trabajar. Así que lo hice, y cuando la llamé cuando terminé, fuimos de compras juntos. La tienda de especias había sido nuestra tercera parada en Chinatown, y Peter había sido su habitual y útil él mismo. 10/2017 Estaba bastante seguro de que Dylan estaba alucinando. Ella siempre veía más interés en los hombres alrededor mío que yo mismo. Sospeché que estaba acariciando mi ego. Pero yo realmente necesitaba un nuevo trabajo, porque trabajar en Synergy, siendo asistente de un consejero que ayudaba a un casamentero, no era mi idea de diversión. En Synergy hacíamos cambios de imagen de vida; ver la propaganda que se presenta como material adjunto. Entramos, destripamos tu casa, te arreglamos y te encontramos un compañero. Era como si Queer Eye for the Straight Guy1 se juntara con The Millionaire 1 Queer eye: En un capítulo normal del programa los Fab Five van a la casa de un hombre heterosexual para ayudarlo a cambiar algunos aspectos de su vida. Inspeccionan la casa y hábitos, piden opiniones a amigos y familiares para poder recolectar información sobre la persona. Luego de la inspección cada miembro se centra en su especialidad, rediseñan su hogar, cambian el vestuario, peinado, le enseñan a preparar algunos platos y a relacionarse de mejor forma con los demás. Fuente: Wikipedia.
Matchmaker2, a excepción de que no había cámaras y costaba alrededor de un mes desde el principio hasta el final y tenían lo que llamaban comprobaciones o seguimientos después. Iba primero con un consejero y conocía al cliente, documentaba el horror de su vida, e informaba de vuelta a nuestro casamentero. Había cinco equipos en Synergy, cada uno encabezado por un casamentero. Yo trabajaba para Michelle Cooper, una de los seis consejeros que informaban a Becker Rowe, nuestro casamentero, y 10 finalmente a Blake Somersby, nuestro director gerente. Al llegar a la casa después de las once, miré hacia la puerta principal e inmediatamente vi a Michelle y al resto del equipo. Incluso si yo no la hubiera estado buscando, no había manera de perdérsela. Era un bombón con sus rizos rubios cortos y ojos verdes que me miraban como si yo fuera el segundo advenimiento. Estaba fresca y pulida con 10/2017 su traje de Stella McCartney y daba la impresión de estar en calma incluso mientras me hacía señas con el dedo. Mi sonrisa era enorme mientras caminaba hacia ella, mi bolso de mensajero chocando contra mi cadera mientras me movía rápido para alcanzarla. —Puedo desmayarme ahora mismo contigo llegando a tiempo y eso, — dijo ella, riéndose de mí cuando me acerqué a ella. —Para ti, llegaré a tiempo, —dije, devolviéndole la sonrisa. —Por Keith, no lo sé. Ella asintió. —A él no le gusta trabajar contigo. —Es un imbécil, —le dije, mirando a los demás. —¿Tengo razón? 2 The Millionaire Matchmaker sigue a Patti Stanger, propietaria del servicio de citas \"Millionaire's Club\" fundado en Beverly Hills, mientras empareja a sólo personas adineradas con citas estrechamente compatibles. Fuente: Wikipedia.
—Tiene razón, —Lily Chow estuvo de acuerdo conmigo en voz alta, 11 mientras otros gruñían su acuerdo. 10/2017 —¿Ves? —¡Jory! —Trató de no reír. —Es un compañero mío. —Como si me importara. Él no quiere trabajar conmigo de todos modos. —Sí, lo sé, sólo a Gina y a mí nos gustas. Abrí la boca para decirle que no me importaba una mierda, otra vez, pero ella me silenció con la mano. —Bien, —le dije, —pero ¿por qué tu marido te deja trabajar el fin de semana? Pensaba que teníais una regla o algo así. —Tiene un gran caso. —Ella hizo una mueca. —Ni siquiera puede tomar un descanso hoy y cenar conmigo, así que yo iba a volar en solitario de todos modos. —Oh bien, entonces puedes comer conmigo después, —le dije, uniéndome a ella y a los demás en el porche. —Me encantaría hacer eso, señor Harcourt. —Ella me sonrió. —Bien, es una cita, —dije, extendiendo la mano para arreglar su cuello arrugado, alisándolo de nuevo en su lugar antes de sonreír a los otros cuatro miembros de su equipo. —Oye. La miré de nuevo. —¿Qué sucede? Me encogí de hombros. —¿Jory? —Nada, —mentí. Ella me tomó del brazo y me condujo a un par de pasos de distancia. —Odias esto.
—No lo odio, —dije mientras jugueteaba con la cadena de plata alrededor de mi cuello. Sam me había dado un medallón de San Judas hace un par de años, y como era el santo patrón de los policías, lo usaba para asegurarme de que él, el santo, supiera que yo estaba prestando atención. Quería que cuidara de mi hombre. —Sí, lo haces. —Está bien, lo prometo. —J, la coordinación de eventos no es mi parte favorita del concierto tampoco, pero es un trabajo, ¿verdad? Quiero decir, no sé tú, pero yo 12 necesito el dinero. Pero no lo hacía, en realidad no. Su esposo era ingeniero de software en una empresa de alto perfil en el centro de la ciudad. Yo era el que necesitaba el trabajo. —¿De acuerdo? 10/2017 —De acuerdo, —le aseguré. —Ahora, vamos, vamos a ver la farsa que el hombre y la casa son. —Oh, lo sé, —dijo ella, con el temor llenando su voz, —no puedo esperar para entrar allí. —¿De verdad? —Jory, ¿estás bromeando? Mira esta casa. Debe ser increíble dentro. Me pareció que el exterior parecía un poco deteriorado y horrible. —Mira la vidriera y toda la madera natural y… Pero ella tuvo que parar cuando la puerta se abrió y nos enfrentamos a un hombre rubio de ojos azules que nos miraba con curiosidad, si no francamente molesto. Era más alto que yo, pero la mayoría de los hombres lo eran. De un metro con setenta y cinco, yo no era ni de cerca tan grande. Pero el desconocido de la puerta era delgado y musculoso, no era tan
musculoso como Sam, pero pocos hombres lo eran. La figura del extraño era esculpida y fuerte, obvio, ya que la camiseta que llevaba estaba abrazando su pecho y su torso como una segunda piel. Se me ocurrió que parecía que pertenecía al esquí en los Alpes, llevando una parka, su nombre de pila: Siegfried. Tuve el impulso de cantar a la tirolesa, pero lo ahogué, en lugar de eso volví la cabeza hacia Michelle, como siempre delegando en el vendedor, así como a la mujer, en nuestras filas. 13 —Buenas tardes. —Michelle sonrió inmensamente, dándole al hombre el beneficio de ojos brillantes, hileras de perfectos, blancos, igualados dientes, y labios que se curvaban en la comisura en una sonrisa magnífica. Ella era adorable. —Buenos días. —Él sonrió a su vez, tomando la mano que ella le ofreció. 10/2017 —Soy Michelle Cooper de Synergy, y éste es Jory Harcourt. —Mucho gusto en conocerlos a los dos, —dijo, sonriéndome también, agarrando mi mano con fuerza. —Y a usted, —le aseguré. —¿Está listo para dejarnos tomar el control de su vida? —Si digo algo, ¿me lo tendrá en cuenta? Forcé una sonrisa antes de mirar a Michelle. Después de que ella presentó el resto de su equipo, invitó a todo el mundo al interior, moviéndose fuera del camino para que pudiéramos entrar. En el interior, Michelle inmediatamente comenzó a hablar de los aspectos positivos que el señor Fisher experimentaría con su asociación con nosotros. Podríamos asegurarle que... bla-bla-bla... Me escabullí doblando la esquina antes de quedarme dormido de pie. Los discursos de ventas me mataban, al igual que las reuniones matinales de nuestro jefe, Blake Somersby, que era la razón por la que me
cercioré de perdérmelas de forma habitual. Enviaba a otros en mi 14 lugar, y Blake me había dicho en varias ocasiones, cuando me encontraba en los pasillos más tarde, que me había echado de 10/2017 menos. Le había preguntado si me quería roncando delante de todo el mundo. Me había fulminado con la mirada, pero hasta ahora no había insistido en mi presencia. Dentro de la casa, me sorprendió la completa y total pérdida de espacio que era. El señor Fisher podía hacer cualquier cosa con su hogar y en su lugar había optado por no hacer absolutamente nada. Podría ser un refugio, un palacio, un santuario, y en cambio era una casa de fraternidad. Era mucho más horrible de lo que podría haber imaginado, hasta la elección de la música que estaba sonando. Agradecido de que tuviera mi iPod, me puse los auriculares y saqué la cámara digital para grabar el horror que era la casa del hombre. Estaba cantando en silencio junto a Eric Clapton, gafas de sol encima de mi cabeza, donde las había empujado cuando entramos en la casa, cuando Michelle y nuestro cliente se unieron a mí media hora más tarde. Hayes Fisher sonreía ampliamente. —¿Qué? —le pregunté, quitándome el auricular izquierdo. —¿Tiene un corazón de rock'n'roll? Sonreí ampliamente. —Sí, ¿cómo lo sabe? El asintió. —Me encanta Eric Clapton. ¿Por qué no tengo ese álbum? Me encogí de hombros. —No lo sé. Por lo que puedo decir, no tiene ninguna música buena. Michelle gimió.
—¿Perdón? —El señor Fisher puso la cara larga mientras me fruncía el ceño. Así de rápido lo había molestado. En realidad era un don. Miré a Michelle. Normalmente no hablo con clientes por esta misma razón. Ella se rio mientras yo salía de la habitación para tomar más fotos. Yo no era encantador, tendía a ser contundente, y siempre había sentido que los clientes necesitaban saber la verdad sobre las cosas. Lo había aprendido cuando trabajé para mi hermano Dane hace años. Dane sólo decía lo que pensaba, y así lo hacía yo también. Era un mal 15 hábito, sin embargo, ya que yo no era el Dios arquitectónico que él era. Dylan siempre me decía que había maneras de decir cosas a la gente. La honestidad, a veces, no era la mejor política. Necesitaba aprender finura. Le dije que si no la tenía ya, probablemente no iba a suceder. Yo tenía treinta años, por todos los santos. 10/2017 —Señor Harcourt. Miré por encima de mi hombro por el sonido de mi nombre. —¿Me está escuchando? Por supuesto, no. —¿Podría... podría quitarse eso de sus oídos para poder hablar con usted? Cedí un auricular. Dejé el derecho puesto. —¿Sip? —¿Sip? —Repitió la palabra con irritación. —Oh, ¿sí? —Dane odiaba el “sip” también. Mi hermano decía que “sip” era una plaga de la humanidad, descuidado y usado en exceso. Y no creía que él fuera estirado. —¿Qué? —¿Qué puedo hacer por usted? —Ahora yo estaba molesto. —¿Qué está haciendo?
—Estoy detallando el horror, —le dije como si fuera obvio, 16 añadiendo algo de sarcasmo a mi voz para asegurarme. 10/2017 —¿Perdón? Hice un gesto alrededor. —Tiene algo para... Michelle trató de entrar en la conversación. —Señor Fisher, creo que... —Señor Harcourt, usted... —Estoy ocupado, —dije, sacudiendo mi cámara digital para que pudiera verla. —Estoy tomando fotos para que el equipo de diseño pueda saber a qué se enfrentan. —¿Enfrentarse? —Bueno sí. —¿En qué manera? Hice un gesto alrededor para que se diera cuenta de que lo decía por todo. —¿Tiene algún problema con mi casa? Michelle se rio entre dientes. —No, él… —Sí, —le dije, —Tengo un problema. Parece una casa de fraternidad aquí, excepto que está limpio. No hay botellas de cerveza vacías a la vista. —¿Perdón? —Es increíble lo que no ha hecho. —¿Qué? —¿Qué? —Yo estaba confundido. Estaba hablando inglés, estaba seguro de ello. Ceño fruncido y cejas fruncidas mientras me miraba. —Tome eso, por ejemplo, —dije, señalando.
—Es una silla tipo puff3, —dijo a la defensiva, frotándose la parte 17 superior de la cabeza. —A los hijos de mi amigo les encanta. 10/2017 —¿Lo hace? —Sí. —Bien, bueno. ¿Puede dársela? —¿Qué? —Jory —comenzó Michelle—, tal vez al señor Fisher le gustaría que creáramos una sala de juegos para... —Sólo díganos dónde enviarla. Tendré un mensajero aquí para recogerla hoy. —Señor Harcourt, usted... —Cristo. —Estaba asombrado, examinando la pesadilla. —Es un desastre esto. —Podría… —¿Puedo hacerle una pregunta personal? Cogido por sorpresa, tragó saliva y asintió. —¿Trae citas aquí? —¿Yo qué? Sí. —Su voz cayó mientras se aclaraba la garganta. —Sí. —¿Está seguro? —Lo haré. —¿Lo hará o no? No parece muy seguro. —¿Qué? Sí, por supuesto. —Vale. —Le sonreí, abriendo mucho los ojos, asegurándome de que supiera que yo pensaba que estaba loco. —Mientras esté seguro. Se volvió para mirar a Michelle. —Señora Cooper, su compañero... 3
—Señor Fisher, yo… Volví a subir mi iPod, así que me perdí lo que se dijeron el uno al otro mientras tomaba los detalles: las estanterías de bloques de cemento y de madera contrachapada, las cajas de leche que sostenían su colección de películas, la lámpara de plástico que colgaba en el salón, la cadena dorada que colgaba de ella, hacia atrás sobre la sombra, cayendo al centro del suelo, donde luego se enchufaba a una alargadera de color naranja que a su vez estaba 18 enchufada en la pared más alejada. Iba más allá de lo espantoso. Y luego estaba la planta de helechos en la esquina. El único otro lugar en el que había visto un colgador de plantas de macramé era en fotos de la casa de los padres de Sam de los años setenta. Creo que había una imagen de su madre sentada al lado de uno en la sala de estar. Saqué el teléfono y tomé una foto del 10/2017 colgador y luego una de mí y la planta colgante juntos; estaba poniendo mi mejor pose de Vanna White4, y se la envié por correo electrónico al director del proyecto, Wade Fujihara. Conseguí un mensaje de texto rápido de vuelta y me reí cuando lo vi. Estaba muy confundido acerca de dónde estaba yo o más precisamente, en qué época estaba. Yo había cogido la máquina del tiempo para ir a trabajar, él estaba seguro. —¡Jory! Dándome cuenta de que ella me había estado gritando, me quité los auriculares y miré a Michelle. Ella estaba justo detrás de mí, al parecer lo había estado durante varios minutos, y Hayes Fisher estaba de pie junto a ella. 4 Vanna White es una personalidad de televisión y actriz de cine de origen estadounidense, más conocida como la co-presentadora desde 1982 del concurso de televisión Wheel of Fortune (La rueda de la fortuna). Fuente: Wikipedia.
—¿Sí? 19 —Señor Harcourt, —el señor Fisher comenzó bruscamente. —Yo… —¿Se acaba de mudar aquí? 10/2017 —Yo… ¿qué? —Leí eso en el perfil. Vivía en Nueva York, pero es de aquí, de Chicago, y se mudó de nuevo después de un divorcio horrible porque su familia está aquí, ¿verdad? —Sí, yo… —Entonces la mayor parte de la mierda de aquí es del propietario anterior. —No, yo… —No los hizo limpiar, sólo se mudó, ¿verdad? —No, esto es todo mi… —Oh, —dije, dejando caer la palabra. —Guau, demasiado para el beneficio de la duda, ¿eh? —Señor Harcourt. —¿Esto es sobre la casa o estamos sólo charlando? —Usted… —Lo siento, obviamente tiene algo que añadir, —suspiré, incluso mientras mi mente se desviaba. Era por eso que había dejado de ir a la iglesia cuando ya tuve edad suficiente para decidir por mí mismo. Había informado a mi abuela de que siempre me sentía mal porque estaba pensando en galletas de chocolate o algo así cuando se suponía que debía estar pensando en Dios. —¿Tiene alguna idea de lo desagr…? —¿Sabe qué es lo más bonito de conducir? —Le pregunté, renunciando por el momento para centrarme en la tarea. —¿Qué? No, yo… —¿Quiere saberlo?
—Yo… 20 —¿Quiere? —Señor… 10/2017 —¿Quiere? Respiró, levantó las manos y me hizo un gesto para que siguiera adelante. —Vale, entonces lo más genial de conducir es que si haces el ridículo en uno de los semáforos saliendo tarde, ruedas demasiado lejos en la intersección, te dejas puesto el intermitente hasta que alguien te pita en… no importa, lo quiero decir es que no importa, porque al llegar al siguiente semáforo estarás con un nuevo grupo de conductores que no te conocen de nada. Eres nuevo. Eres sólo otro idiota en un coche que está conduciendo a lo largo justo como ellos. Me encanta eso. Es como una oportunidad en cada semáforo en rojo. Sólo me estaba mirando fijamente. —Genial, ¿verdad? —Le sacudí las cejas. Sus ojos, que eran realmente una sombra encantadora de cielo azul, se fijaron en los míos. —Así que vamos a tener una nueva oportunidad. Siento haber insultado su completa falta de interés en su propia casa, y ya perdonará por mi análisis contundente de su colosal fracaso. ¿Qué le parecería eso? Él tenía la boca abierta, pero no salió nada. Miré a Michelle. —Lo he intentado. Ella me estaba mirando fijamente. Gina Bailey, la única otra consejera en el grupo en el que yo estaba, sabía mejor que no debía dejarme hablar con los clientes. Al parecer, Michelle no había recibido el memorándum. Y yo había tratado de
escabullirme. No era culpa mía que el hombre me estuviera siguiendo. Tenía que tratar de arreglarlo. —Permítame hacerle una pregunta seria, —le dije, rodeando a Hayes Fisher. —¿Quiere o no quiere a alguien especial en su vida? —¿Qué? —¿No es el punto de todo esto, para usted, mostrarle a todo el mundo que es un buen partido? 21 —El punto de esto es… —Es encontrar a alguien para casarse, ¿verdad? Quiero decir, en lugar de salir y tener citas y hacer el trabajo duro usted mismo, está pasando por nosotros, a través de un servicio, y vamos a organizar una gran fiesta donde tendrá la oportunidad de mostrar su nuevo alojamiento y su dinero y donde habrá varias mujeres disponibles que 10/2017 están preparadas para establecerse y convertirse en esposas y madres. ¿Tengo razón? Él estaba perdido, eso era obvio. —Así que tráguese el orgullo por decirle que este lugar parece una mierda, que lo hace, por cierto, y vamos a hacer nuestro trabajo sin la molestia de escucharle gruñir y gemir sobre cómo el antro de drogadictos aquí no está tan mal. —¿Lo siento? Dejé que mi voz bajara. —Oh, debería hacerlo. —¿Antro de drogadictos? Me encogí de hombros. —Es desagradable. —Yo…
—¿Nos vamos a llevar bien? Sí o no, porque no quiero enviar a Wade aquí si va a darle problemas. Es sensible. —Él es el sens… —Y un imbécil pomposo, pero eso funcionará para su beneficio porque todo lo que quiere es lo que es mejor para usted. Él se quedó allí, mirándome fijamente. —Entonces, —le pregunté—, ¿está dentro o está fuera? —Yo... señor Har... —Jory, —lo corregí, estirándome para darle una palmada dura en el 22 brazo. —Simplemente Jory. —Tú… —¿Dentro o fuera? —Pregunté de nuevo, presionando por una respuesta. Me miró durante varios minutos antes de decir finalmente: 10/2017 —Dentro. —Genial, —dije, señalando detrás de él a Michelle, que me estaba sonriendo. Él miró por encima de su hombro hacia ella, y yo fui a moverme, pero antes de que pudiera, él estaba bloqueando mi camino, deslizándose delante de mí. —¿Algo más? —Es sólo un piso de soltero. Todos parecen iguales. —No, —le aseguré, caminando a su alrededor. Él estuvo de vuelta delante de mí rápido, tan rápido de hecho, que tuve que congelarme a medio paso o chocarme con él. —¿A qué solteros conoces? —A unos con mejores decoradores, —le dije, sonriéndole. —Yo… —Sí, —le dije, echando un vistazo alrededor, —esto es una burla.
—Señor Har… —Jory, —lo corregí de nuevo, alejándome de él, lo que le interrumpió. Me sorprendió cuando me siguió de nuevo. —¿Puedes dejar de caminar? —Estoy trabajando, señor Fisher, —le informé, sonriendo a Michelle, que parecía sufrir de nuevo. —No me pagan para charlar todo el día. —Qué estás… 23 —Huh, —gruñí mientras mis ojos volaban por toda la habitación. —¿Puedes parar con eso? —Claro, —dije distraídamente, mirando todas las paredes vacías, el espacio. —Jesús. Él me miró, frunciendo el ceño. —¿Qué harías diferente? 10/2017 —Hay tanto que puedes hacer. —Como ¿qué? —Como todo lo que Wade y su equipo sugieran, —le aseguré. — Simplemente estate abierto a ello. Se quedó mudo mientras me alejaba, mirando con los ojos entrecerrados a las paredes. —Espera. Lo miré de nuevo. —Tú… —Guarda ese pensamiento. —Sonreí rápidamente, dejando su dormitorio, arrugando la nariz como si algo oliera. —¿Qué? —Asombroso, —dije distraídamente, pasando por segunda vez por la bobina de madera gigante que se usaba como mesa de centro. Pensé que tal vez la primera vez que estaba viendo cosas. Pero estaba
allí, grande como la vida, justo en el medio de su sala de estar. — Quién sabía que aún podrías conseguir una de esas. —Yo… —Necesito una foto, —dije, sacando la foto, encuadrándola para que Wade pudiera ver todo el espacio perdido en la habitación. —A Wade le va a dar algo de tanto reír. —Señor Har… —Jory, —le recordé por lo que me pareció como la décima vez, dejándolo solo para poder ver uno de los cuatro dormitorios sin usar. 24 Estaba lleno de equipo deportivo y calzado deportivo. Olía a perro mojado. El segundo dormitorio era para los huéspedes. Si fueras una persona en libertad condicional, te sentirías como en casa. “Desolado” era un eufemismo. El tercer dormitorio estaba siendo 10/2017 utilizado como oficina, y en su habitación había espejos en las puertas del armario que no encajaban y fueron cortados en una especie de formas de garabatos. No pude articular mi disgusto. Tomé una foto para Wade, y la palabra “burla” me fue enviada de vuelta. Gruñí mi acuerdo. Fui a la cocina, saqué el ordenador portátil, y comencé a subir todas las fotos que había tomado. Se las envié a Wade y recibí una llamada en cinco minutos. Fue un nuevo récord. —Hola, diablo, —me saludó, —no sabía que tuvieran recepción en el infierno. Me reí entre dientes ante la voz fresca y culta que me daba sarcasmo. —Oh, pero lo hacen. —En serio, —dijo, tosiendo—, pensé que me estabas jodiendo con el colgador de la planta, tratando de hacerme reír porque estoy
atascado aquí trabajando en sábado en lugar de ir a comprar 25 antigüedades con mi hombre, pero ahora tengo que preguntar... ¿estoy mirando en realidad una silla tipo puff? 10/2017 —Eres un mentiroso. Comprar antigüedades, y una mierda. ¿Qué ibas a comprar en realidad? Pasaron momentos de silencio. —Wade. —¿Y si quiero comprar una motocicleta, qué? Me reí. —No se lo digas a nadie. O todo lo que escucharé es sobre la maldita crisis de la mediana edad que no estoy teniendo. —Vale, —le aseguré. —Ni una palabra. Él gruñó. —Ahora, en serio... ¿eso es realmente un puff? —A los hijos de sus amigos les gusta, —dije alegremente. —Genial, vamos a conseguir algo genial para ellos como un trampolín con redes para el patio trasero. A los niños les encantará, y no será una monstruosidad en la casa del hombre. Dios, también es verde lima. —Es el menor de sus problemas. —Oh, amén, —estuvo de acuerdo de todo corazón. —Michelle y yo deberíamos estar allí alrededor de la una. —Tendré un martini esperando. Me estaba riendo cuando colgué, apagando la cámara. —¿No tienes que conectarla? Me volví para mirar a mi cliente, quien no me había dado cuenta de que estaba allí. —¿Perdón? —¿Tu cámara?
—No, es Bluetooth, —le dije—, y tengo conexión inalámbrica, por lo que el horror ha sido documentado y enviado para asustar a mis colegas. —Sólo… —Ya sabes —dije, mirándolo mientras guardaba el portátil y la cámara en mi bolso de mensajero, dándole una sonrisa indulgente, — es mucho peor de lo que jamás imaginé posible, señor Fisher. Realmente, es como un decorado de mal porno aquí. 26 —Te concederé que está un poco desnudo, pero... Mi gemido lo cortó. —Este lugar necesita un cambio de imagen. Es una maravilla que no seas suicida. Él juró en voz baja. —Y es una suerte que no tengas hijos aún porque todo el espacio 10/2017 abierto sería espeluznante por la noche. —Qué estás… —Debe dar un miedo terrible esto en la oscuridad. Cuando era pequeño, sólo teníamos un remolque, pero incluso cuando me despertaba en la noche, solía fingir que era Frankenstein, ¿sabes? Caminaba al cuarto de baño gimiendo, haciendo el gruñido de ese tipo de ruido que hace, andando con los brazos hacia fuera porque me imaginaba que si los otros monstruos pensaban que yo era un monstruo, entonces no tratarían de cogerme. Me estaba mirando con la boca abierta. —¿Qué? —Tú simplemente… tú… Sonreí ampliamente.
—Volvamos a la casa, señor Fisher, te prometo que cuando 27 hayamos terminado, con el presupuesto que nos has dado y la rienda suelta al diseño, será impresionante, ¿de acuerdo? 10/2017 Todavía me miraba extraño. —¿Señor Fisher? —¿Es realmente tan horrible ahora? —Preguntó, dejándose caer sobre una de sus sillas de cocina. Crujió bajo su peso. Lo miré y señalé. —Eso también tendrá que irse. —Cristo, —murmuró. Tuve que reírme. Su ceño se hizo más profundo. —Entonces, ¿qué vas a hacer? —Me preguntó, su voz dolida. —Yo no. Como te he dicho, el equipo de diseño de interiores. Eso es una entidad completamente separada. Me miró y yo no estuve seguro de lo que había allí. —Señor Fisher, te juro por Dios que no tienes que volver a verme hasta tu gran noche. —Señor Harcourt, tú... —Vale, —anuncié, —bueno, tengo que irme porque me muero de hambre, pero otro equipo estará en contacto para revisar el calendario contigo, las invitaciones y la lista de a quién quieres y quién no. —Le ofrecí mi mano. Él parecía aturdido, pero tomó mi mano, y nos las estrechamos. Me alejé de él y me acerqué a Michelle. —Me acuerdo ahora, —dijo ella, sonriéndome, —vapuleas a la gente hasta la sumisión. —Eso es. —le guiñé un ojo, agarrándole la mano y tirando de ella detrás de mí.
—Jory —dijo, riendo, —tengo que despedirme del hombre. 28 —Bien, —gruñí, dejándola ir. —Nos vemos en el restaurante. Voy a buscar una mesa. 10/2017 —Espera. —¿Qué? —No sé adónde voy. La miré con los ojos entornados. —A por la tostada francesa, por supuesto. —¿Cómo se supone que lo supiera? Y, por favor, dime, ¿a dónde vamos? Estaba acostumbrado a desplazarme con Dylan. Mi mejor amiga nunca se perdía un compás de lo que pasaba en mi cabeza. Tenía que dejar de esperar eso de los demás. Le di el nombre del lugar y le dije dónde estaba. —Vale, —dijo, sonriéndome, la adoración allí en sus ojos. —Nos vemos allí. —¿Te vas a traer a todo el equipo? —No, muñeco, sólo tú y yo. —Bien, —dije, aunque me gustaba el resto del equipo. Simplemente no estaba preparado para conversar con todo el grupo. A mitad de camino hacia la puerta, me di la vuelta. —Todo va a ir bien, señor Fisher, —le aseguré. —Michelle va a planear la gala contigo, Wade Fujihara estará aquí el lunes por la mañana para repasar los planes para renovar tu espacio, y luego alguien más estará con fotos de las mujeres interesadas en convertirse en tu esposa. Se limitó a mirarme, con la boca abierta.
—Tal vez si juegas bien tus cartas, entonces la noche de la fiesta puedes conseguir que tu cita se quede a pasar la noche porque realmente pareces necesitar... —¡Jory! —¿Qué? Su expresión no tenía precio. —¿Pensaba que los clientes querían que se les hablara como a gente normal? 29 —No. —¿No? —¡Jory! Mierda. —Ve al restaurante, ya. Estaré allí justo detrás de ti. Ella quería que me fuera. No necesité que me lo dijeran dos veces. 10/2017 Estaba escalando los escalones frontales hasta la acera cuando mi nombre fue gritado. Me volví y miré hacia la puerta principal para encontrar a Hayes Fisher de pie allí, mirándome. —¿Sip? —Grité. Sacudió la cabeza. —¿Qué tipo de modales son ésos, sin ni siquiera ofrecer a tu cliente un almuerzo? —Quieres decir un brunch, —lo corregí. —Eres una especie de imbécil, señor Har… Jory. —¿Una especie de? —Me burlé de él. —¿Por qué no tomamos un brunch todos contigo? —¿Por qué? —le pregunté, volviendo a subir las escaleras que acababa de bajar. —¿Por qué no? —Preguntó mientras me detenía frente a él. Ese tipo de lógica siempre funcionaba conmigo.
—Vale, claro, —dije con un encogimiento de hombros. —¿Hayes? Ambos nos volvimos a mirar a la mujer de aspecto escalofriante que había salido al porche a su lado. Nunca había visto un ceño tan profundo, excepto el de Sam. —Esta es mi asistente, Lisa, a quien la señora Cooper ya ha conocido, —dijo, sonriendo. —Lisa, este es Jory Harcourt. Frunció las cejas. Abrí los ojos mucho y le di una gran sonrisa, la que hacía, incluso a mi hermano, hasta cuando estaba furioso conmigo, 30 dejar de gritar y escuchar. Por un segundo pensé que quizás iba a aferrarse a toda la vibración de guardia de prisión que tenía y no se iba a deshelar, pero entonces, de repente, sus ojos se suavizaron y se derritió. —Es un placer, —suspiró, ofreciéndome su mano. 10/2017 —Lo mismo digo, —bajé mi voz, haciéndola profunda, seductora, mientras tomaba su mano y luego la cubría con la otra. —Oh, —exhaló Michelle mientras ella también se unía a nosotros. La boca del señor Fisher se movió como si fuera a hablar, pero en lugar de eso acabó mirándome fijamente. Le arqueé una ceja. —¿Así que vamos? —Sí, um... Lisa despejó mi horario, así que pensé que me invitaría a mí mismo a desayunar, er, al brunch. Quería hablar más con la señora Cooper, y todos tenemos hambre. —Michelle, —le corrigió. —Michelle, —repitió. —Claro, —estuve de acuerdo, atrayendo a Lisa hacia adelante, metiendo su mano bajo mi brazo. —Tu asistente también debería venir, —dije, mirando a los grandes ojos azules de la muchacha. —El personal de apoyo tiene que permanecer unido.
Ella asintió con la cabeza, tomándome el brazo cuando empezamos a bajar los escalones. Oí a Michelle gruñir detrás de mí. 31 10/2017
Capítulo 2 El lugar al que quería ir estaba lleno cuando llegamos allí, así que 32 nos quedamos esperando, colocados en la puerta donde estaba la corriente. Hayes sugirió que probáramos en otro sitio, pero Michelle dijo que no era posible una vez que yo tenía algo metido en la cabeza. —Es cierto, —le dije, asintiendo. —Quiero decir, si no lo consigo ahora, lo querré, y así comeré más cosas para tratar de llenar el vacío de algo que quiero con algo que no, y todos sabemos a qué que lleva 10/2017 eso. —No, ¿a qué? —A comer demasiado, —Lisa le dijo como si fuera estúpido. —Si tienes lo que quieres, entonces estás saciado y comes sólo eso. Si no lo haces, sólo comes, comes y comes hasta que finalmente vuelves a lo que realmente querías y lo consigues, pero mientras tanto te has llenado con cualquier otra cosa que parecía decente. Michelle gruñó su acuerdo. Él levantó las manos mientras mi teléfono sonaba. —¿Hola? —¿Eres Jory? —Sí, ¿quién es? —Soy Eddie Liron, de anoche. —Oh, ey. —Sonreí al teléfono. —¿Cómo estás? —Estoy mejor que Josh Peretti, eso es seguro, —resopló.
—¿Qué quieres decir? —No has visto el periódico esta mañana, ¿eh? —No ¿por qué? —Supongo que Josh tomó esa zambullida desde su balcón de la que me salvaste. Yo estaba aturdido. —Mierda. —Lo sé, ¿verdad? ¿Cuáles son las probabilidades? 33 Tenía una buena idea. —Tu hermano estaba loco porque te hubieran amenazado en casa de Peretti. Él esperaba que estuvieras a salvo allí, y entonces no lo estuviste. Tenía que estar enfadado. —Lo estaba. Los hermanos mayores se ponen así. Eran protectores. 10/2017 Normalmente no protectores de forma homicida, pero el punto había quedado claro. Quizás estaba saltando a conclusiones, sin embargo. Nunca había conocido al hermano de Eddie. —Ey, así que te llamaba para invitarte a la casa de mi hermano esta noche. Quiere conocerte y darte las gracias por salvarme el culo. —Oh, eso no es realmente... —Sí, lo es. Me salvaste la vida. —En realidad no lo hice… —Sí, lo hiciste. Vamos, quiero verte, así que aparece, ¿de acuerdo? Quiero que mi hermano vea que no todos mis amigos son perdedores. Tuve que sonreír… ¿desde cuándo éramos amigos? —Vale, claro. —Te mandaré un mensaje de texto con la dirección, ¿vale?
Estuve de acuerdo, y cuando colgué, le pregunté a Michelle si 34 Joshua Peretti estaba realmente muerto. 10/2017 Ella me frunció el ceño. —¿Quién? —Sí, —Lisa me respondió, señalando. Volviéndome, vi la pila de periódicos a la venta junto a la caja registradora. Cuando me acerqué, vi el titular y cuando pude, escudriñé brevemente el artículo. Joshua Peretti había estado borracho la noche anterior y había caído desde su ático. Fue un accidente horrible, y su familia, amigos y muchos compañeros lo echarían de menos. Como principal filántropo, sus muchas mejoras cívicas serían recordadas. —Mierda, —suspiré. —¿Desde cuándo conoces a Joshua Peretti? —preguntó Michelle con recelo. Sabía que la sonrisa que le había dado debía de parecer culpable por su ceño fruncido. —¿Jory? —Estuve trabajando en el evento de Dunbar anoche con Harris, y cuando terminó, los dos fuimos invitados a subir para una fiesta posterior. —Pero sabes que no debemos mezclarnos con cli… —Sí, lo sé, pero Jeff iba a ir y yo no quería que fuera solo. Ella me señaló. —Tú… —¿Quieres oír la historia o no? Ella me gruñó. Le devolví la sonrisa. No había nada como una buena historia.
Con sinceridad, sólo quería ver la vista del lago Michigan desde el trigésimo quinto piso. Incluso mi hermano, el arquitecto de alto perfil, no tenía un lugar en el que Paris Hilton se habría sentido como en casa. Me sorprendió que mi compañero de trabajo, Jeffrey Harris, quisiera ir a mezclarse con la gente que sorbía Cristal de copas de 35 cristal de Baccarat, se hacía rayas de cocaína en la sala de estar y bailaba hasta el final de la noche por encima de la ciudad, pero lo hizo. Y cuando miré una media hora después de que llegamos allí y él se había ido, me sorprendió también. ¿Quién sabía que el hombre iba a olvidarse de su colega tan rápido? 10/2017 Saliendo al balcón, oí el grito inmediatamente. Fue sólo una de esas cosas. No hacía tanto frío como hacía en enero, pero marzo en Chicago todavía era tempestuoso, todavía lluvioso. Un año en realidad había nevado justo antes de Pascua, así que realmente no había razón para salir al balcón. Pero me gustaban las luces, todas las cosas brillantes, centelleantes, en realidad, estaba bastante seguro de que yo había sido un cuervo en mi vida anterior, por lo que el reluciente horizonte me había hecho señas y respondí a la llamada de la sirena. Yo era el único allí afuera. Yo y los otros cinco tipos. Desde la sala de estar, no había manera de verlos. Era necesario salir al balcón y doblar una esquina para ver a los cuatro hombres que sostenían al quinto sobre la barandilla. —Supongo que no vas a ver a tu hermano para decírselo, Eddie. Estaba hecho. Iba a caer si yo no... —¡Eddie, maldita sea! —Grité.
Cuatro cabezas se volvieron hacia mí. Eddie mismo sólo gritó. Di tres pasos atrás, más cerca de la puerta, todavía demasiado lejos para conseguirlo si alguien tenía una pistola, pero mis probabilidades eran mejores. A los treinta años, que acababa de cumplir en enero, estaba en la mejor forma de mi vida. Yo igualaría mi sprint con el de la mayoría de la gente. —¿Quién coño eres? —Gritó el primer tipo. Señalé a Eddie. 36 —¡Ese gilipollas le contagió a mi hermana la gonorrea! Fue en todo lo que pude pensar. Yo no quería decir que me pasó a mí la gonorrea, porque eso habría abierto una lata de gusanos. Lo solté, como de costumbre, y estaba apostando que de todas las cosas que podría haber dicho, esa fue la única que nadie vio venir. Las miradas de sus rostros lo decían todo. 10/2017 —¡Tengo que hablar con ese hijo de puta ahora! —Tienes que irte a toda hos... —¡Ahora! —Grité, antes de darme la vuelta y regresar a la puerta corredera de cristal. —¡Estoy tan jodidamente cabreado! ¡Será mejor que arrastres tu lamentable culo hasta aquí! Mi mano estaba en la manilla de la puerta cuando fui agarrado por detrás y empujado hacia atrás para quedar frente al hombre que me había gritado. —¿Qué? —Le ladré, haciendo girar el hombro para que tuviera que soltarme o hacer que fuera obvio que él me estaba sujetando. —Cálmate —dijo, con voz baja y ominosa mientras los otros tres hombres empujaban a Eddie contra mí, echándolo con tanta fuerza que tuve que poner las dos manos sobre él para impedir que se abriera paso a través de la puerta. —Aquí está el donjuán.
Nos rodearon con comentarios vulgares y vívidos sobre qué puta era mi hermana ficticia. Les advertí a todos que cerrasen sus jodidas bocas mientras golpeaban a Eddie con los hombros cuando pasaron al lado. —No parezcas tan asustado, chico, que en realidad no íbamos a hacer nada. Si te hubiera querido muerto, estarías muerto. Ningún hermano mayor cabreado de alguna puta que te tiraste cambia esto. —¡Que te jodan! —Le grité al tipo que se retiraba hacia atrás para 37 dejar claro mi punto de vista. —Tu hermana es una puta, —me gruñó a su vez, pero no se dio la vuelta. La puerta se abrió y cerró, y el último hombre dijo que si Eddie era inteligente, Cristo nunca sabría lo que acaba de suceder. Observé a los hombres irse y cuando la puerta se cerró, me volví 10/2017 inmediatamente hacia Eddie. —¿Quién eres? —Exhaló. —Tú sabes que tienes que decírselo a tu hermano, ¿no? La honestidad es siempre la mejor manera de ir, y al tener un hermano mayor yo mismo, sé que se ponen todo raros si mientes. Sus ojos absorbieron mi rostro. —Jesucristo, hombre, si no llegas a estar aquí, yo estaría besando el jodido pavimento ahora mismo. —Posiblemente. —Le sonreí, agarrándolo por el hombro y empujándolo hacia el interior detrás de mí. —¿Dónde están las personas con las que viniste? Él no respondió, sólo me miró con fuerza. —¿Estás bien? El estremecimiento llegó rápido, y lo agarré, abrazándolo con fuerza, metiéndole la cabeza en mi hombro. Fue sólo entonces,
cuando se movió de repente, retorciéndose para que yo fuera el 38 aplastado contra su pecho, que me di cuenta de que era más grande que yo. 10/2017 —Está bien —dije suavemente, moldeando mi cuerpo contra el suyo, apretándome para que él pudiera sentir lo cálido y vivo que estaba. —Me… has salvado la vida. —Está bien. Podía sentir su puño cerrado en la parte de atrás de mi pelo, el otro apoyado en mi espalda. No me iba a dejar ir. —Tómate un segundo. —¿Eddie? Ambos nos volvimos hacia el hombre con traje que estaba a nuestro lado. Era una bonita pieza de sastrería, traje de lana de diseñador, que había sido hecho a medida para adaptarse a amplios hombros y a un pecho ancho. Estaba apostando que costaba tanto como mi pago de la hipoteca. —¿Estás listo para irte, chico? —¿Dónde estabas? —Jadeó, inclinándose fuera de mis brazos, pero agarrando inmediatamente la parte de atrás de mi chaqueta de carreras de cuero. —Estaba aquí —respondió el hombre, mirándonos con los ojos entrecerrados a mí y a Eddie. —No, —dijo él, sacudiendo la cabeza—, no lo creo. —Vamos, chico, pasara lo que pasara… —¡Casi me matan, hijo de puta! —rugió al hombre que, aunque era más grande, dio un paso atrás. —Y ahora no sé qué coño hacer.
Estaba asustado y en pánico y listo para empezar a hiperventilar en cualquier momento. Reconocí las señales. En el pasado, tuve reacciones similares. —Disculpe, —le dije al hombre. —El hermano de Eddie. —Qué pasa con él. —Puedes llamarlo y decirle que se reúna aquí con él. —¿Por qué habría de hacer eso? El hombre no quiere ser molestado. 39 —Va a querer saber qué le acaba de pasar a su hermano pequeño. —¿Qué ha pasado? —Preguntó con cautela. Se lo expliqué rápidamente, y él asintió con la cabeza, su pesada mano cayó sobre mi hombro mientras escuchaba mi detallada explicación. —¿Quién eres tú? 10/2017 —Jory Harcourt. —Le sonreí, observándolo tranquilizarse, los hombros primero, cayendo, la liberación de aliento, y luego la postura relajándose. A veces podía hacer eso cuando lo intentaba, calmar a la gente. Mi hermano decía que era un don; Sam me aseguró que era la desgracia esperando a suceder. —¿De qué conoces a Eddie? —Preguntó al mismo tiempo que marcaba y ponía su oreja al teléfono, la mitad de su atención en mí, el resto en escuchar. —Vamos al mismo gimnasio, —mentí tranquilamente. Asintió, apretando la mano mientras miraba lejos de mí. —Cris, soy Paz. Voy a llevar a Eddie a tu casa. Tuvimos algunos problemas en lo de Peretti. Lo observé, vi que su mandíbula se apretaba, observé la preocupación deslizándose sobre él, arrugando el espacio entre sus
cejas en una mueca. Lo que el hombre del otro lado de la línea había dicho no era bueno. —¡Problemas! —Gritó Eddie de repente, cogiéndole el teléfono al hombre, su guardián, y gritando en él. —¡Cris, los hombres de Miller casi me pusieron en el puto pavimento! Si no hubiera sido por mi amigo, Jor… ¡No! Sólo estaba hablando con Nina en Duvall's, y ella… —Dame el maldito teléfono, —gruñó el hombre más grande, arrebatándoselo de nuevo mientras yo me alejaba un paso. Yo quería irme, tenía que irme. Tenía esa sensación de hundimiento 40 en la boca del estómago de que todo iba a ir muy mal muy rápido. Necesitaba inyectar algo normal, de alguna parte, en la situación. Eddie agarró el teléfono de su guardaespaldas, y aproveché ese momento para girar y dar un paso hacia la izquierda y luego a la derecha. Segundos después me dejé absorber por la multitud, 10/2017 cruzando la habitación y acercándome a la puerta principal. Escudriñé la habitación rápidamente, buscando a Harris, una última mirada para poder decir que lo comprobé, y luego me eché hacia la puerta. Tenía un sentido muy desarrollado para el peligro, y en ese momento me sentía como si una luz roja se estuviera encendiendo en mi cabeza. Afuera, en el vestíbulo, tomé aliento. —Jory. Volviéndome, me encontré a Eddie. —¿A dónde vas? Ambos oímos el grito al mismo tiempo, vi a los hombres saliendo del ascensor. Ambos vimos los cortavientos azules con la gran palabra amarilla POLICIA escrita en negrita. Agarré su brazo, tiré de él hacia adelante, y empecé a bajar por el pasillo. En la puerta que conducía a las escaleras, golpeé la barra de pánico y se abrió. Dio un paso para bajar, pero yo sabía de estas cosas y tiré de él de nuevo, tironeando
de él detrás de mí para subir. Cuando estábamos casi a punto de 41 atravesar la puerta en el piso sobre nosotros, oímos a gente subiendo la escalera. Eddie miró por encima de la barandilla, pero le empujé 10/2017 hacia adelante, abriendo la puerta para que la atravesara. —¿Qué coño era todo eso? —No tengo ni idea, —dije mientras le rodeaba. —¿Quién demonios sois vosotros, chicos? Abrió la boca para responder, pero se detuvo, entrecerrando los ojos, y luego se encogió de hombros. —Te he salvado, —le dije, —dos veces. Me debes una explicación. Suspiró pesadamente mientras empujaba las manos en los bolsillos de sus pantalones. —Vale, entonces yo soy Eddie Liron, y Cristo Liron es mi hermano. Sólo esperé. —¿Nunca has oído hablar de Cristo Liron? Me encogí de hombros. —Vale, tenemos un negocio de construcción, bueno, mi hermano tiene una empresa de construcción, y está en el negocio con Peretti, el piso en la planta de abajo es suyo, y Adrian Miller. No tenía idea de quiénes eran esas personas. –¿Qué tiene eso que ver esto con la redada de la policía ahí abajo? —Puede que piensen que Peretti, Miller y mi hermano están traficando con armas y drogas. —¿Y lo están? —le pregunté. Hizo una mueca. —¿Y lo están? —Le presioné. —Tal vez. —Mierda, —gemí. Me dio un duro golpe con dos dedos en la clavícula.
—Dices a alguien que he dicho esto y estás muerto, ¿me oyes? 42 Le arqueé una ceja. —Lo siento, —se desinfló, y me di cuenta de lo joven que era. 10/2017 —¿A quién diablos se lo voy a decir? Se encogió de hombros antes de mirar por el pasillo. —¿Y ahora qué? —Ahora bajamos por el ascensor hasta el primer piso y salimos. —¿Así como así? —Sí, ¿por qué alguien te querría? —No sé. —¿Cuántos años tienes? —Veintidós, ¿por qué? Gemí y me dirigí al ascensor. Se puso a caminar a mi lado, igualando mi rápida zancada, su mano dirigiéndose hasta mi hombro. —Pienso que Peretti y Miller están jodidos. —Tal vez, —estuve de acuerdo mientras llegábamos al ascensor. — Pero es suerte que tu hermano no estuviera allí. Él asintió rápidamente. —Sí, es una suerte. En la calle cinco minutos más tarde, conseguimos taxis separados después de que él me abrazó tan fuerte que pensé que mis costillas iban a quebrarse. Me alegré de irme a casa. Había sido una noche muy extraña. —Jory. Miré a Michelle, que se había quedado blanca como una sábana. —¿Qué?
—Jory, Cristo Liron, Adrian Miller... son hombres que dan mucho miedo. —¿Sí? —Oh Dios. —¿Qué? Su boca estaba abierta. Lisa se veía igual, como un pez, y Hayes Fisher me miraba fijamente. —¿Qué? 43 —Eres como un choque de trenes esperando para reclamar vidas. Yo no lo era. —Eres peligroso. —¿Quién es peligroso? La profunda voz resonante, rica, suave y cálida, al mismo tiempo que sonaba nítida y culta, estaba claramente divertida. Incluso antes 10/2017 de darme la vuelta, sabía a quién me iba a encontrar. —Ey. —Sonreí a mi hermano. Como siempre, su expresión mientras me miraba era una mezcla de diversión y curiosidad. —¿Que has hecho ahora? —¿Yo? Los ojos grises se calentaron, convirtiéndose en mercurio. Miré más allá de él a los hombres que tenía con él: su mejor amigo Jude Coughlin, su cuñado Alex Greene, y otro buen amigo, Rick Jenner, el marido de mi amiga Aubrey. Todos me saludaron calurosamente, pero antes de que Dane pudiera hacer las presentaciones, Hayes dio un paso adelante. —Señor Harcourt —dijo, inspirando profundamente mientras le ofrecía a Dane su mano. —Es un placer. Las casas que ha diseñado son algunas de las mejores que he visto.
Dane tomó la mano ofrecida, dándole al hombre la menor sonrisa. —Gracias. —Tengo una cita para verle dentro de tres meses. He estado en la lista durante seis. —¿Sólo seis? —Arqueó una ceja. Dane Harcourt entendía lo que valía su tiempo. La modestia no vivía en el hombre. Como uno de los mejores arquitectos del país, sabía que era una mercancía deseada. Era una señal de que habías llegado si podías permitirte contratar a Dane Harcourt para diseñar tu 44 casa. Los ricos y famosos lo querían, pero sólo los serios lo veían alguna vez. Él eliminaba a le nouveau riche y el frívolo; sólo los conocedores de la arquitectura alguna vez conseguían citas, e incluso entonces esperaban. Era una prueba y sólo pasaba un pequeño número. Esos se consideraban a sí mismos un grupo muy de élite. 10/2017 —Estoy esperando nuestra reunión. —Y ahora yo también —dijo, dejando caer la mano del hombre para poner sus ojos de carbón sobre mí. —¿Cómo estás? —¿Estoy bien, y tú? —¿Por qué eres peligroso? —Preguntó, ignorando mi pregunta, llegando directamente al punto como era su marca registrada. —¿Qué? —Realmente no quería que Dane lo supiera. —¿Por qué —dijo, enunciando las palabras— eres peligroso? —Jory estuvo con Joshua Peretti anoche antes de que él muriera. Me volví para mirar a Michelle. Su rostro permaneció neutral durante varios segundos antes de que una mirada de terror se deslizara sobre ella. —Gracias. Ella murmuró las palabras “oh mierda”.
—¿Perdón? —Dane se aclaró la garganta, cruzando los brazos, mirándome desde su altura. Con un metro noventa y seis, el hombre bajaba la mirada hacia prácticamente todo el mundo, pero esa no era la razón por la que la gente se detenía a mirarlo fijamente en la calle. Era la forma en que caminaba, como si fuera el dueño del mundo y tú sólo estuvieras de visita, respirando su aire. La confianza salía de él, como si lo hubiera averiguado todo. Y resultó que lo hacía. Nada alteraba a Dane 45 Harcourt excepto su esposa... y yo. —¿Jory? —Espera. —Le sonreí mientras me miraba con los ojos entornados. —No es lo que estás pensando. —¿No? Me agarró por el brazo y me tiró de un lado para otro, 10/2017 empujándome hacia el hueco entre la puerta y el baño. Mirando a mi alrededor, vi las miradas envidiosas lanzadas en mi dirección, y no sólo por las mujeres. Difícil no querer ser el que Dane Harcourt estuviera maltratando. Eran el cabello negro azabache y los ojos de granito con chispas de plata en ellos, el perfil cincelado y el profundo sonido resonante de su voz los que lo hacían. Su altura, los anchos hombros y pecho, la forma en que su ropa encajaba, como todo hubiera sido hecho a la medida, sólo el porte del hombre como un Dios estrella del cine clásico te quitaba el aliento. Mi hermano pertenecía a las revistas, no a una mesa de dibujo. —Joshua Peretti tiene... tenía, —se corrigió, —conexiones con la mafia. Todo el mundo lo sabía. Fue la razón por la que me negué a diseñar para él. ¿Qué estabas haciendo allí?
Le expliqué sobre estar en un trabajo y luego aceptar ser el compinche de Jeffrey Harris, y cómo había salvado a Eddie en el patio. Hablé muy rápido porque por la forma en que Dane me miraba, solo tenía minutos para vivir. —No puedes ir a citas, —me dijo en cuanto terminé. ¿De dónde había sacado por mi explicación que estaba en una cita? —No, yo... fue un negocio primero y luego diversión y… —Jory, no puedes ser el compinche de un hombre una vez que 46 estás casado. Se considera… —¿Por qué no? ¿No soy el que iba a ir a una cita? Sus ojos me sostuvieron allí, como un insecto bajo un microscopio. —Escúchame. Tú no… Lo interrumpí. —¿Quién es Adrian Miller? Eddie dijo que su hermano, Joshua 10/2017 Peretti y Adrian Miller estaban todos en el negocio juntos. Observé los músculos de su mandíbula apretarse. —Adrian Miller es un matón. Su empresa de construcción no sólo limpia los escombros del edificio, limpia todo tipo de cosas. —¿Qué cosas? —Cosas como gente, —me espetó, su mano repentinamente sobre mi hombro, apretando. —No debes acercarte a Eddie Liron ni a su hermano Cristo, ni a Adrian Miller de nuevo. ¿Me entiendes? ¿Estamos siendo claros? Me pregunté vagamente si se daba cuenta de que yo era un adulto. —Dane… —¿Estás escuchándome? —preguntó, su voz toda profesional. —¿Cómo sabes en realidad qué tipo de negocio Adrian Miller o…?
—Solías trabajar para mí. Sabes lo estrechos que son mis vínculos 47 con la industria de la construcción. Las personas con las que trabajo no trabajarán con Adrian Miller, y tú tampoco. 10/2017 —No trabajo con él ahora, —me defendí. —Yo fui con Jeff Harris, que me abandonó, por cierto, y terminé reuniéndome con Eddie Liron. No lo planeé. Él asintió, con los ojos clavados en mi cara. El escrutinio era desconcertante. —¿Qué estás haciendo aquí? —Debería ser obvio que voy a tomar el brunch en uno de mis restaurantes favoritos. Puedo recordarte que fui yo quien te trajo aquí por primera vez. Oh sí. —¿Dónde está Aja? —No intentes cambiar de tema. Quiero tu palabra de que te vas a quedar lejos de Eddie Liron, su hermano homicida Cristo y Adrian Miller. Le di un largo suspiro de irritación. —De acuerdo. Le diré a Eddie que mi hermano ha dicho que ya no puedo jugar con él. El entrecerrar de ojos se convirtió en un ceño fruncido. —Por amor de Dios, ¿es el día de pinchar a Jory para hacer algo? Porque si lo es, me perdí el memo. —Vamos a comer, —ordenó, alejándose de mí, así que no tuve más remedio que seguirle. Levanté las manos en la derrota. —Haz lo que digo, —me advirtió mientras nos reuníamos con los demás.
Ni siquiera tuvo que darse la vuelta para saber que estaba disgustado con él. —Preséntame, —ordenó. Así que presenté a Dane a Michelle y Lisa y las miré a las dos. Michelle tomó aire y se quedó fría, pero Lisa.... vi a la mujer derretirse en un charco justo ahí. Miró hacia arriba y hacia arriba, su cabeza se inclinó todo el camino hacia atrás para que pudiera mirar en la cara de Dane Harcourt. Cuando él sonrió, ella, como todo el mundo, vio las manchas de mercurio en sus ojos. El escalofrío fue adorable, su 48 aliento retenido esperado. Pero no estaba de humor para ser encantador, no le ofreció su brazo para llevarla a la mesa; me agarró a mí en lugar de eso, empujándome delante de él, apuntando hacia la parte de atrás, donde sólo me sentaba cuando cenaba con él. No le dije a Dane sobre lo de aceptar volver a ver a Eddie Liron. No 10/2017 le dije que iba a ser presentado a su hermano. Incluso cuando sentí que mi teléfono vibraba con el mensaje de texto, me lo guardé para mí.
Capítulo 3 Realmente necesitaba dejar de tener ideas preconcebidas sobre las 49 cosas. Por la fiesta en el lugar en el que había estado la noche anterior, pensé que iba a ir a otro gran ático de lujo con una vista 10/2017 panorámica de la ciudad. Lo que conseguí fue una casa en Highland Park, que era una enorme mansión neo-renacentista. Yo había trabajado para un arquitecto durante cinco años; sabía lo que estaba mirando. Si el número de coches en la calzada era cualquier indicación, la fiesta era más que una pequeña reunión. Cuando llamé a la puerta principal, respondió Eddie. —Ey, —dijo, sonriéndome. —¡Has llegado! Tomé la mano que me ofreció, dejando que me llevara a la hermosa casa. Los suelos de mármol, los pasillos tan anchos que podrías conducir un coche por ellos, la madera tallada y pulida, era como estar en un museo. Y eso tenía sentido ya que el resurgir del renacimiento por lo general sólo se ve en los edificios públicos u hogares de los muy ricos. Él estaba a punto de coger mi chaqueta de estilo militar cuando otro hombre vino corriendo y dijo que los planes habían cambiado y todos se dirigían a una fiesta. —Podemos hacer esto en otra ocasión entonces, —le dije a Eddie, dando un paso atrás hacia la puerta.
—Oh, mira, —dijo el mismo guardaespaldas de la noche anterior, 50 sonriendo mientras me saludaba. Noté el diamante en el diente derecho. —Es el ángel de la guarda. 10/2017 —Ey —le sonreí, extendiendo la mano. —¿Cómo estás, Paz? Me miró con los ojos entornados. —¿Te dije mi nombre? —No, pero te oí decirlo en el teléfono. Él asintió y me sonrió, tomando mi mano duramente, tirando de mí hacia adelante para que pudiera darme el apretón de tío. Después de que él me hubiese maltratado, me dejó ir, y cuando me quedé atrás, había otro hombre allí también. Se inclinó hacia delante y me ofreció la mano. —Soy Adan. —Me sonrió mientras nos estrechábamos la mano. — Buen trabajo en el cuidado de nuestro chico anoche. Lo apreciamos. —No hay problema. —Asentí, empujando las manos en mis bolsillos. —Por eso Cristo quiere verte, ángel, y hablarte un poco, ¿de acuerdo? Así que vienes con nosotros. Nos dirigimos al centro de la ciudad. Tenemos una reunión en un yate. —Podríamos reprogramar. Paz sacudió la cabeza. —No hay necesidad de hacer eso. Sólo síguenos, ¿de acuerdo? —Iré con Jory, —propuso Eddie. —Eddie. Todos nos volvimos hacia la voz y vimos a un hombre que venía por el pasillo hacia nosotros. Se adelantó hasta que tuve que inclinar la cabeza hacia atrás para mantener la mirada. Sentí su aliento soplar sobre mi cara cuando exhaló. —Eres el ángel de la guarda, ¿verdad?
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